Categoría: POLÍTICA

¿BAMBI O GILIPOLLAS?/BAMBI OR DOUCHEBAG?

(No se engañe. Es una forma delicada de decir ‘la España gilipollas’. 

Más aún, ‘más gilipollas que nadie’. Al menos en Europa.

PD. No es para tomárselo a broma. Cuando una persona crece en años pero no madura, hay un problema. Esta generalizada actitud infantil impide afrontar los problemas con la necesaria madurez. Un ejemplo entre miles. El expresidente Zapatero no se levantó al paso de la bandera de Estado Unidos. Esto es- hasta cierto punto- comprensible en un adolescente, pero no en una persona que debería haber madurado. Mucho más si es presidente.

Pues bien, los que le votaron son como él. O parecidos. Este es el grave problema.)

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LA ESPAÑA BAMBI.

Cuentan que fue Alfonso Guerra, tan aficionado a los motes, quien llamó Bambi a Zapatero por primera vez. Eran las formas de la vieja guardia socialista para despreciar aquello del talante, el optimismo antropológico del ex presidente, la izquierda amable, la alianza de civilizaciones, los cafés a 80 céntimos y eso de que la Tierra no pertenece a nadie salvo al viento. Si uno busca buenismo en wikipedia, aparece Zapatero. En serio.

Pero… ¿Y si en realidad todos somos un poco ZP? Un poco Bambi, vamos. ¿Y si los españoles somos irremediablemente de izquierdas? 

La Fundación BBVA presentó ayer la primera parte de su estudio internacional sobre valores y actitudes en Europa acerca de la esfera pública y el retrato que traza de los españoles dibuja un panorama casi enternecedorLos españoles somos más solidarios que nadie, más empáticos que nadie, más generosos y tolerantes que nadie, más europeístas que nadie y, sí, más de izquierdas que nadie.

España es el país con más ciudadanos situados ideológicamente en el extremo izquierdo del espectro político (un 20% frente al 10% de Francia o Alemania, el 11% de Reino Unido o el 8% de Italia). Los ciudadanos que se declaran claramente de izquierdas duplican en nuestro país a los de derechas, justo al contrario de lo que ocurre en países como Italia.

«Esta autodefinición ideológica no es un indicador directo del voto», advirtió durante la presentación del informe el director de la Fundación BBVA, Rafael Pardo. «Sino que encapsula un modo de ver y estar en el mundo».

Y resulta que nosotros, tras el boom de las políticas neoliberales de los años 80, con la socialdemocracia en el diván, en pleno auge global de los movimiento de extrema derecha y con PSOE y Podemos disfrazados de Pimpinela desde hace meses, aún vemos el mundo desde la izquierda. ¿Por qué?

Ignacio Urquizu, profesor de Sociología en excedencia en la Universidad Complutense y alcalde socialista de Alcañiz publicó este año ¿Cómo somos? Un retrato robot de la gente corriente, una radiografía del hombre medio en España que ya buceaba en los anclajes ideológicos de nuestra sociedad. «El español medio es progresista», dice su libro, publicado justo antes de las últimas elecciones generales, las que dieron un amplia (e insuficiente) mayoría al PSOE de Pedro Sánchez, favorito en todas las encuestas en caso de inminente repetición electoral. 

«En España, la memoria histórica ha desempeñado un papel muy importante en la conformación de los principios y valores de nuestra sociedad y la ideología no es algo que cambie de año a año», advierte Urquizu a Papel. «La ideología tiene un fuerte componente emocional que racionalizamos a posteriori, es decir, la gente decide a quién votar y luego busca los argumentos que justifiquen su decisión. Y aquí el vínculo con el pasado es más fuerte que en otros países porque no hace tanto que vivimos la Guerra Civil, la última guerra romántica ideológica del siglo XX». 

La memoria histórica ha desempeñado un papel muy importante en la conformación de los principios y valores de nuestra sociedad

Ignacio Urquizu

El trabajo de la Fundación BBVA ha recopilado las respuestas de 1.500 personas de más de 18 años de cada uno de los cinco países más poblados de la Unión Europea: Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España. Sus conclusiones no son nuevas, pero ayudan a situarnos en tiempos de tormentaDesde la Transición, cuando arrasaban los cómics de la editorial Bruguera, siempre ha habido más españoles que se reconocían de izquierdas, incluso cuando gobernó la derecha. 

Así lo ratifican todas las series del CIS, independientemente de lo que después pasara en las elecciones.

«Que los indicadores de izquierda-derecha mantengan cifras similares a pesar de los cambios (de Gobierno) podría explicarse si los atributos asignados por el conjunto de la sociedad a la izquierda fueran considerados mejores valores, con mayor preferencia moral que los asignados a la derecha, de tal forma que cada individuo tienda a considerar esos valores cercanos a sí mismo y a sus preferencias morales», escribía el profesor Manuel Herranz Montero en un estudio publicado en 2014 bajo una pregunta: ¿España es un país de izquierdas?.

«Siempre ha sido así y no es algo que salga de la nada. La forma de ser progresista de los españoles es coherente con lo que piensan antes distintas cuestiones y con cómo articulan esos pensamientos», apunta la socióloga Belén Barreiro, presidenta del CIS entre 2008 y 2010 y autora del libro La sociedad que seremos, un ensayo que decía, entre otras cosas, que la crisis económica nos ha hecho más empáticos y mejores personas.

 «Cuando se pregunta en las encuestas por asuntos que tengan que ver con la redistribución o con el apoyo al estado del bienestar, siempre salen posiciones más socialdemócratas que en otros países, incluso entre gente que dice votar a la derecha. 

Hay una tradición de solidaridad en España incluso entre los más conservadores, quizás por los valores católicos y por esa visión más compasiva de la sociedad que marca nuestra forma de pensarTambién somos más abiertos y tolerantes en todo lo que tenga que ver con los estilos de vida. El apoyo al matrimonio homosexual, por ejemplo, es bastante transversal porque colocamos nuestras formas de vida por encima de los prejuicios».

Volvamos a nuestro retrato robot. Los españoles no sólo somos más de izquierdas que los ingleses, los alemanes, los franceses o los italianos, sino que la diferencia entre nuestros jóvenes y los jóvenes de los otros países es aún mayor. Casi cuatro veces mayorEl 31% de los españoles de entre 18 y 24 se sitúa en la extrema izquierda, frente al 8% del resto de países. Y la identificación con esta ideología crece conforme es mayor el nivel educativo: el 44% de los ciudadanos que estudiaron hasta al menos los 20 años son progresistas.

Hay una tradición de solidaridad en España incluso entre los más conservadores, quizás por los valores católicos.

Belén Barreiro

Somos los europeos que menos representados se sienten por los partidos políticos tradicionales, los más hartos de la corrupción (junto a los italianos), los menos activistas pero a la vez los que acuden a más manifestaciones y secundan más huelgaslos que apuestan con mayor convicción por la responsabilidad del Estado y su intervención para garantizar la cobertura sanitaria de todos los ciudadanos, las pensiones, el control de los precios y los salarios y hasta los beneficios de las empresasY nos apartamos del promedio también al sostener que los ingresos de los españoles deberían ser más equilibrados, al margen de la formación de cada uno.

«A diferencia de lo que ocurre en otras sociedades europeas, en España las personas que se definen de derechas también defienden la igualdad«, sostiene Barreiro.

También somos los más europeístas. El 63% de los españoles valora de forma positiva o muy positiva la pertenencia a la Unión Europea, 15 puntos por encima del promedio del resto de países. «En este aspecto somos más racionales que emocionales», apunta Urquizu. «No es que seamos europeístas convencidos, es que en Europa nos ha ido bien, nos ha beneficiado mucho«. 

«Sentimos que dentro estamos mejor y que Europa nos da más de lo que damos», sostiene Barreiro. «Pero es verdad que la tradición europeísta en nuestro país siempre ha sido fuerte, al menos hasta la crisis, que debilitó ese sentimiento».

¿Nos preocupa la inmigración? Pues tampoco mucho. Al menos no tanto como a nuestros vecinos. En plena metástasis de los discursos xenófobos y los proyectos para levantar un muro en cada esquina, los españoles decimos que nos preocupa más un ciberataque (7,4 sobre 10) que la inmigración (6,7)

«Es curioso porque nosotros tenemos la frontera más desigual del mundo. Sólo nos supera Corea«, dice Urquizu. El PIB per cápita de España es casi diez veces mayor al de Marruecos. «Sin embargo nuestros valores de tolerancia se han impuesto siempre».

A diferencia de otras sociedades europeas, en España las personas que se definen de derechas también defienden la igualdad

Belén Barreiro

Según el informe de la Fundación BBVA, el 49% de los españoles cree que el Gobierno debería permitir la libre entrada de las personas que buscan oportunidades en nuestro país siempre y cuando haya puestos de trabajo disponibles. El 15% aboga, incluso, por la libre entrada de inmigrantes. Ningún otro país de nuestro entorno llega a esas cifras y casi todos apuestan mayoritariamente por establecer cupos de entrada, una opción que en España sólo defiende un 25% de los encuestados. 

«La idea de los cupos no está presente entre los españoles, pero la población sí espera que la entrada de inmigrantes no comprometa el mercado laboral, así que no se defiende mayoritariamente una apertura indiscriminada», matizó ayer Rafael Pardo.

La encuesta también nos dice que España es el país más abierto a los refugiados. Estamos mayoritariamente de acuerdo con recibir a las personas que huyen de territorios en guerra, personas que huyen de una persecución política, étnica o religiosa e incluso a quienes huyen de la pobreza, un motivo que genera mucho más recelo en el resto de estados. Ningún otro país cree con tanta convicción que acoger refugiados es «un deber moral» y «enriquece a la sociedad». 

Qué nos preocupa entonces. Principalmente el cambio climático, quizás el asunto que mejor nos retrata. Somos el país más alarmado por el calentamiento global y el más crítico con la responsabilidad del ser humano, pero también el más optimista al respecto. ¡Qué narices! El 44% de los españoles aún cree que el cambio climático es reversible. 

¿Ingenuos? La España Bambi es así.

(Rodrigo Terrasa/ElMundo/17/9/2019.)

 (UN EJEMPLO MÁS DE LO GILIPOLLAS QUE ES ESTE PAÍS. ESTO NO PASARÍA EN NINGÚN SITIO EXCEPTO EN ESTA SOCIEDAD ABORREGADA Y BAMBINA.)

El internacional con España Mikel San José apoya a 47 acusados de formar parte del entramado de ETA

San José, siete veces internacional con la selección española de fútbol, aseguró en su día que se puede «ser independentista y jugar con la selección».

E.S.A (Libertad Digital)

2019-09-16

FUENTE: Sebastián Urbina

Inmigración musulmana: cuidado/Muslim immigration: care

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Por Ramón Reig.- Diré algo políticamente incorrecto, pero que a esta edad me lo puedo permitir: la inmigración musulmana es inasimilable, y con ella estamos recurriendo a nuestro suicidio como cultura”. Con estas palabras concluyó una entrevista que hace poco le hicieron al novelista y ensayista Juan Eslava Galán en El Mundo. Se puede decir más alto, pero no más claro. Y yo estoy de acuerdo con él, no sé si puedo decirlo a mi edad porque soy más joven que él –no mucho más- pero es que ya hay que empezar a perder el miedo a hablar y temer que te tachen de islamófobo, cuando uno tiene derecho a simpatizar o no con quien o con lo que crea conveniente, siempre que no se emplee la violencia y se ofrezcan argumentos. El mío principal está claro: la teocracia y el totalitarismo islámico atentan contra los valores de mi cultura, unos valores que han costado mucha sangre y aún cuestan.

Con que de mil inmigrantes uno sea un fundamentalista, ya está justificado que haya que mirar con lupa a quienes entran en territorio propio y más si lo hacen clandestinamente, gracias a la caridad de unos señores y señoras que se dedican a lavar sus conciencias recogiendo menesterosos del mar y luego endosarles la responsabilidad de darles una vida digna a los gobiernos que no sólo los representan a ellos sino a todos los demás ciudadanos, muchos de los cuales –como Eslava Galán- no deseamos musulmanes en Europa. Oigan, hagan lo difícil, lleven sus barcos a las costas de Estados Unidos que son los principales causantes del desastre actual en el mundo árabe. Y si les cogen lejos, a algunas de sus bases militares que las hay por todas partes.

En Radio Nacional de España (RNE) todos los domingos por la madrugada ofrecen programas para diversas religiones, entre ellas la musulmana. Ahí están, expresándose con toda libertad, hablando de grupos de mujeres en Órgiva (Granada) que, desde el catolicismo, se han convertido al sufismo, cuyas opiniones sobre el papel de la mujer se supone que deberían levantar la cólera de las feministas que intentan destruir a celebridades como Plácido Domingo. Pero callan. ¿Dónde está la correspondencia en el mundo musulmán? Salvo excepciones, el dominio coránico es total, los grupos de comunicación se ven afectados en su programación por las prohibiciones gubernamentales, tan unidas a la religión. En Europa, millones de personas han muerto para que se le dé a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, aunque aún quede mucho camino por recorrer en el tema de la separación religión-estado. No quiero que esas conquistas se vean amenazadas por personas que le tienen un evidente miedo a la libertad, que no conocen o apenas conocen los espíritus liberales del Renacimiento, de la Ilustración y del Romanticismo del siglo XIX.

Ya me siento alarmado con lo que dijo Eslava Galán: “a esta edad me lo puedo permitir”. ¿Qué significa eso? Pues que incluso en esta sociedad a la que llamamos democrática no se puede hablar libremente a cualquier edad porque te pueden crucificar verbalmente, te pueden golpear o apuntarte en una invisible lista negra para no darte trabajo por xenófobo. Los nuevos sanedrines puritanos se las gastan así. Entonces, si estos son los demócratas, ¿qué podría pasar en una Europa musulmana? O, mejor dicho, ¿qué está pasando ya en algunas zonas? ¿Qué sería de la vieja Europa que aún tiene mucho que enseñar al resto del planeta por eso, por vieja? En efecto, como también afirmó Eslava, que se fuera a la mierda, a pesar de que estoy seguro de que el Islam poco a poco camina hacia occidente y su mercado –ya está en él- pero las resistencias al cambio tardan mucho en desaparecer, son peligrosas y se contagian.

A veces tengo la esperanza de que Europa conduzca hacia su cultura –que aún precisa tantas mejoras- a las personas de principios coránicos, pero si pienso que la personalidad se forma entre los 0 y los 6 años, como mucho, sólo me quedan los bebés y los que llegan en los vientres de sus madres. Pero de educar a esas criaturas se van a encargar sus madres, en primer lugar. En caso de duda, a favor del reo que en este caso es Europa, todo sin negar la necesidad de escuchar las aportaciones que puedan hacernos para mejorar lo que ya tenemos, pero para ir hacia adelante, no hacia atrás. No puedo olvidar, por ejemplo, que a filósofos vinculados al Califato de Córdoba les debemos conocer mejor a Aristóteles, entre otras aportaciones.

Vía El Correo de Andalucía

Manadas magrebíes / herds magrebíes

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Xavier Rius.- Voy a hacer una pregunta aterradora: ¿Cuántas violaciones o agresiones sexuales de las últimas semanas han sido cometidas por extranjeros?

Así, a bote pronto Santa Coloma, Sabadell, Manresa, Drassanes, Sant Sebastián. Quizá me dejo alguna.
Pero tengo la sensación de que los medios de comunicación les han dado menos cancha que a las autóctonas.

Recuerdo que un diario aparentemente serio como La Vanguardia publicó el 22 de junio del 2018 el titular que ilustra este artículo: “La Manada andará suelta” después de que el tribunal de Pamplona rechazará su ingreso en prisión a la espera de la sentencia definitiva.

En la siguiente página publicaban los nombres, apellidos y profesión de los autores. Sólo faltaba la dirección. Parecía el típico cartel del Far West: Se busca.

Bueno, había todo el morbo parta satisfacer al personal más exigente en Catalunya, incluso el sector hiperventilado: ¡uno era militar y el otro guardia civil en prácticas!

Luego la cosa empezó a torcerse cuando descubrimos poco después que los catalanes también teníamos manadas.

Una manada en Molins de Rei ¡Nada menos que uno de los feudos del proceso! Sin ir más lejos el ex-alcalde, Joan Miquel Casals, es el jefe de gabinete de Torra.

Aquí El Punt-Avui ya hablaba de “presunta” en portada. Y dieron antes la reacción de la gente que los hechos. La noticia quedó relegada a la página 17. Claro, no eran españoles.

Además, la reacción de Ada Colau, los medios, la progresía y las feministas ha quedado atenuados en el caso de violaciones por extranjeros por el hecho de que eran ¡menas!. Al menos los de Santa Coloma, Sabadell y Manresa.

Recuerdo que hace años ompareció el entonces conseller de Interior, Felip Puig, en el Parlament -el 8 de marzo del 2012- para hablar de violencia de género.

Había habido una oleada de crímenes y la oposición pedía resultados.

A Puig se le ocurrió mencionar la nacionalidad de las víctimas.

Xavier Sabaté, del PSC, se quejó del “lenguaje”; Jaume Bosch, de ICV, dijo que era “irrelevante”; Oriol Amorós, de Esquerra -ahora Secretario de Migraciones- le acusó de estigmatizar a la gente e incluso el diputado del PP en la comisión, Pere Calbó -una promesa que no cuajó- dijo que “la violencia machista no tiene nacionalidad”.

Pero lo cierto es que de las siete víctimas mortales en los primeros meses de aquel año tres eran españolas, una magrebí, una hindú, una brasileña y otra alemana.

Y todo el mundo sabe, aunque algunos se empeñen en negarlo, que hay sociedades más machistas que las otras.

En el Islam, sin ir más lejos, parece evidente que los derechos de las mujeres están todavía a años luz de los derechos de las mujeres en las sociedades occidentales.

Y en algunos países de América Latina hay, probablemente, más machismo que en Europa.

Por supuesto no se puede generalizar. Y hay excepciones.

De hecho, aquí hemos aprendido mucho. En tiempos del franquismo el marido daba un guantazo a la mujer y la cosa quedaba en casa.

Hace unos meses los colegas de la Crónica de El Mundo publicaron una “Anatomía de las 101 manadas”. En el largo reportaje había un dato escalofriante, eso sí no destacado en los titulares.

“Un 49% de los integrantes son extranjeros, grupo en el que destaca el 22% de ciudadanos procedentes del Magreb, principalmente de Marruecos, y el resto está por determinar”.

“Una sobrerrepresentación muy controvertida y muy ocultada”, añadían.

Esconder la realidad sólo es meter la cabeza bajo el ala y hacer un flaco favor a las víctimas. Pasadas y futuras.

Director de E-noticies

FUENTE: ALERTANACIONAL

LOS DISCURSOS DEL ODIO / THE SPEECHES OF HATE

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Hola, esta vez quiero tratar un tema que está muy de moda últimamente, y que se oye mucho en los llamados “medios de comunicación” (cuando en realidad, para que haya una comunicación debe haber alguien que emita un mensaje y alguien que responda, lo que excluye a la televisión, a la prensa y a la radio). Se trata de los discursos del odio. Escuchad, no hay dictadura más totalitaria que la que afirma ser ejercida en nombre de la libertad, del amor, de la paz, de la tolerancia. Ninguna dictadura podría funcionar a las claras, por lo que necesitan muchísimas capas de maquillaje lingüístico, palabras que suenen bien al oído, que deleiten al que escucha, que haga caer en sus redes a cualquiera que no sea crítico o que no piense por si mismo. Pues eso es lo que está pasando en los tiempos actuales sin que la inmensa mayoría de la población se dé cuenta de ello. Estamos llegando al punto alarmante en el que a cualquiera que discrepa de los temas predominantes en la “opinión pública” (opinión difundida mediante el marketing masivo y asimilada sin razonar por las masas) se le tacha de realizar algo llamado un discurso del odio.

Lejos de mi intención querer propagar el sentimiento del odio. Este sentimiento puede comprenderse cuando ha sucedido algo horrible en nuestras vidas, causado por otros, por ejemplo, si han asesinado a alguien muy querido, o si han quemado nuestro hogar, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, nunca es un sentimiento que nos favorezca: lo ideal es mantenernos en un estado de calma, de serenidad sostenida. Sin embargo, el hecho de que se aplique la palabra odio a la simple discrepancia con un punto de vista predominante, es algo que no deberíamos permitir, y muy peligroso, pues nos acerca cada vez más a una dictadura ideológica, política y social.

Cuando veáis en lo sucesivo que alguien o algo (como la televisión o la prensa) habla de discurso del odio, hazte la siguiente pregunta: ¿realmente quien habla ha manifestado que desea algún mal a otras personas, o simplemente está hablando de lo que piensa?

 

Muy lejos de defender la libertad de expresión, quienes hablan de discursos del odio creen que hay una serie de dogmas que son incuestionables, que nunca pueden ni deben ser criticados, porque hacerlo es para ellos expresar odio. Por eso, imágenes como la siguiente no tienen ningún sentido (a veces, el supuesto discurso del odio es, precisamente, un simple uso de la libertad de expresión, aunque algunos totalitarios quieran llamarlo de otro modo):

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Otra pregunta que podéis haceros es: ¿quién está cortando realmente la libertad de expresión, quién no permite hablar al otro, el que emite su opinión, aunque sea discrepante, o quien le tacha de emitir un discurso del odio por ello?

 

De este modo, usando el sentido común, podréis distinguir entre lo que es dar una simple opinión o punto de vista, y la ignorancia más profunda. Pongamos algunos ejemplos.

1) El feminismo.

Este es sin duda uno de los dogmas incuestionables de nuestro tiempo, si lo criticas se te califica como emisor de un discurso del odio (contra las mujeres en este caso) si no de cosas aún peores. Y sin embargo, ¿qué pasa si simplemente dudas de algunos de los postulados de este movimiento ideológico? Por ejemplo, si dudas que exista un patriarcado (pues los hombres son sometidos al mismo nivel o más que las mujeres) o de esa otra afirmación según la cual las mujeres cobran menos que los hombres en igualdad de condiciones, siendo que esto carece de datos o evidencias? Si dudas de esto, se te calificará como machista, agresor, o de odiar a las mujeres en general, o de considerarlas inferiores. Cosas todas muy distantes de la realidad, que no provienen del uso de la lógica, sino de la estupidez, y que no honra al movimiento feminista actual (le honraría más bien dar datos objetivos de lo que afirman sin alarmarse de que alguien se los pregunte).

1) La inmigración masiva a Europa.

Otro de los temas en los que se tergiversa la realidad es la inmigración de millones de personas de los inmensos continentes africano, asiático, etc, a la pequeña Europa. Muchas son las dudas o planteamientos que esto puede generar de un modo natural, pero todos serán calificados como ‘discurso del odio’ o xenofobia por todos aquellos que solo se centran en el dogma de que la inmigración es algo bueno y solidario, y que solo puede traer bien, o de que tenemos la obligación moral de aceptarlo. ¿Qué tiene que ver dudar de las ventajas de esta inmigración masiva de extranjeros a Europa con el odio personal a esas gentes? Creo yo que absolutamente nada. Pero cuidado con no estar conforme o de acuerdo con lo que está ocurriendo, con nada que tenga que ver con los extranjeros, porque ellos están “libres de crítica” como un limbo que escapa a la lógica humana, a la razón. Se esconde tras ello la ideología de que ellos son buenos y nosotros malos. Si te sales de ese patrón, serás tachado de racista, xenófobo, o fascista.

FUENTE: Para Mi Son Enigmas

La plaga de la solidaridad / The plague of solidarity

Voluntarios de la progre Caritas haciendo campaña en favor de de la diversidad y la gratuidad de las ayudas.

BD.- Vivimos inmersos en la representación continua de una formidable farsa que se ha dado en llamar “la Cultura de la Solidaridad” (así con mayúsculas). Esta ridícula comedia, que mortifica cualquier inteligencia medianamente exigente y ofende sin miramientos todo estómago normalmente constituido, consiste en loar polifónicamente sobre todos los tonos y registros la buena nueva de la fraternidad multicolor que ha de prohijar la era del amor eterno. “¡Hermanos, formenos una cadena y cantemos todos juntos: “¡We are the world, we are the childrens!” La verdadera solidaridad no puede ser esta indigna bufonada. Rechazamos sin contemplaciones esta bazofía. Cadena, que corra el agua.

La solidaridad es una actitud moral que distingue a las personas decentes, es un sentimiento superior que enaltece al que lo profesa y ennoblece al que se ha hecho merecedor de él. No es una simple demostración superficial o convencional de simpatía, es identificación activa con un igual: la solidaridad no tiene sentido de ser con los diferentes, con los “otros”. Eso es un contrasentido, un error, un imposible, o entonces estamos confundiendo la solidaridad con la compasión, la caridad, la misericordia, la piedad que toda criatura viviente, incluso la más vil, tiene derecho a reclamar. La solidaridad sólo puede darse entre miembros de una misma especie, entre componentes de una misma familia, entre las partes de un mismo todo, entre grupos afines, entre seres que profesan una comunión de intereses, se reconocen una unidad de espíritu y participan de unos valores comunes.

La solidaridad no es esa estúpida y aberrante moda de amar y ensalzar incondicional e irreflexivamente todo lo sucio y hediondo, todo lo deforme y ofensivo, todo lo ajeno y diferente, todo lo malo y lo peor que camina o se arrastra sobre la superficie de la tierra, biblia actual de una sociedad narcotizada de propaganda alienante y ebria de eslóganes huecos que se cree (que le han hecho creer) que la solidaridad es adorar sin freno ni medida las infinitas miserias y las repulsivas lacras del Tercer Mundo y sus comarcas vecinas y a colmar de atenciones a los extraños al tiempo que se impone ignorar a los hermanos. Ya decía Rousseau: “Desconfíen de esos filántropos que van a buscar lejos de su país o de sus compatriotas unos deberes que desdeñan cumplir en casa. Tal filósofo ama a los tártaros para estar dispensado de amar a sus vecinos”.

La solidaridad significa coincidencia y afinidad con aquél a quien va dirigida. No se puede ser solidario con el enemigo, el adversario, el extraño, el ajeno, o con un exponente de degradación sin cubrirse asi mismo de oprobio ni ensuciarse con la mancha indeleble de la infamía. Un acto de esa naturaleza entrañaría abdicar de la propia estatura como consecuencia de un impulso indigno y un gesto equivocado. Toda vez que los valores son expresiones del espiritu, si los valores se corrompen es porque el espíritu está corrompido. Este es el verdadero sentido de la solidaridad actualmente en boga: una perversión espiritual, una aberración moral.

Esta equivocada solidaridad es el síntoma de una profunda tara intelectual, la expresión inequívoca de un desequilibrio mental severo, la manifestación de una quiebra interior, de un extravío sin remedio, de una renuncia sin excusa, de una debilidad sin perdón, de una traición sin redención, de una capitulación sin honor.

La vocinglera moda de la presente solidaridad mediatizada en un derroche indecoroso de exhibicionismo farisaíco es, en la mejor de las eventualidades, una grosera impostura, y en todos los casos, un escándalo para la inteligencia humana, una afrenta al sentido común, una humillación para todo sentimiento elevado. Que esa encumbrada solidaridad sea celebrada como un valor supremo por la cultura dominante, seca, estéril e inhumana, habla a las claras de lo hundida y desorientada que está esta sociedad, aquejada de una devastadora subversión de los valores y ayuna de todo ideal verdadero, y volcada toda ella a una empresa de autosabotaje que es la prueba definitiva de la confusión en la que se halla. Tirar piedras a su propio tejado es la etapa última de la cretinidad, la firma auténtificada del desvario.

La mejor demostración de la falsedad de esta cacareada solidaridad es que pocas veces como hoy en España se había vivido una realidad tan huérfana de genuino hermanamiento entre compatriotas, un clima tan enrarecido de enfrentamiento entre hijos de un mismo suelo e historia, una alarmante y áspera desunión en medio de contínuas llamadas al odio entre españoles (de aquellos que quieren dejar de serlo contra los que pretenden seguir siéndolo), habiendo llegado a un grado tal de indiferencia e insolidaridad, cuando no de abierta hostilidad entre españoles de toda clase y condición, que vuelve risible y despreciable toda pretensión y exhibición de “buenas intenciones”, “amor al prójimo” y filantropía gaseosa: un festival de hipocresía travestida de ideales superiores, que es una de las peores plagas de nuestro tiempo.

Mientras la patria común amenaza ruina y nuestra casa se tambalea sobre sus cimientos corroidos por el veneno de la sedición, fuera arrecia con alegre inconciencia e insultante descaro la ruidosa cantinela de la solidaridad, el canto de todo lo extraño, la alabanza de todo lo enemigo, la exaltación del mal que nos aqueja y que nos habrá de llevar a la catástrofe.

FUENTE: ALERTANACIONAL

La dictadura del telediario

 

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«El propósito de la educación totalitaria nunca ha sido infundir convicciones, sino destruir la capacidad para formar alguna.» Hannah Arendt

A través de: La dictadura del telediario

El aparato mediático progresista

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Los medios de comunicación, en su abrumadora mayoría, son hoy un mero aparato de propaganda de la ideología progresista. La idea de que su tarea principal es informar, y que cada cabecera, cada canal, posee su propia línea editorial, que se limita a ver con el color de su cristal los hechos de los cuales nos informa diligentemente, peca de una ingenuidad totalmente injustificada. Prácticamente todos los medios no hacen apenas otra cosa que dictarnos, de manera más o menos explícita, lo que tenemos que pensar, lo que tenemos que opinar, lo que nos debe interesar o inquietar. Y prácticamente todos lo hacen en una misma dirección. Los periódicos de tendencia supuestamente conservadora se limitan en España a apoyar al Partido Popular, en la sección de política nacional; en todo lo demás, y en consonancia con la borrosa ideología de esa formación, son indistinguiblemente progresistas, sin apenas excepciones.

Estos son algunos de los principales métodos por los cuales se nos inocula la propaganda.

1) El más descarado es la mentira directa, lo que ahora está de moda llamar fake news, como si se tratara de un fenómeno nuevo que nos hubieran traído los “populismos”. No es tanto que los periodistas u otros agentes se inventen directamente hechos, o los fabriquen (que también), como que nos los sugieren sutilmente, sobre todo mediante el uso manipulador de imágenes. La imagen tiene la fuerza de un hecho incontestable, pero se puede usar, incluso sin necesidad de ningún montaje, para apoyar interpretaciones en absoluto evidentes. Así se hace con las fotografías o vídeos del deshielo estacional en regiones polares, utilizadas rutinariamente para crear alarmismo sobre el cambio climático en los espectadores profanos, que somos la inmensa mayoría. Toda imagen fuera de una adecuada contextualización objetiva (no la totalmente insuficiente y ya tendenciosa que suele aportar el pie de foto) debe siempre inspirarnos la máxima desconfianza.

2) Mucho más corriente es la confusión de opinión e información. El ejemplo paradigmático es el titular de portada de El País del 12 de setiembre de 2001, al día siguiente de los atentados islamistas contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono: “El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush”. A partir de un hecho como que unos terroristas suicidas habían estrellado varios aviones de pasajeros contra objetivos civiles y militares, provocando miles de muertos y heridos, el periódico dirigido entonces por Juan Luis Cebrián se sacó de la manga un sentimiento imaginario (estar en vilo) aplicado a un sujeto sin voz propia (el mundo) respecto a algo que no había ocurrido, y que se anticipaba a juzgar, implícitamente, con un término (represalias) más cercano semánticamente a la venganza que a la Justicia o la Defensa.

Esa utilización de falsos sujetos es un procedimiento constante y generalizado de la prensa. A veces son puramente ficticios, otras se basan en confundir a las organizaciones que se arrogan la representación de los trabajadores, los estudiantes, las mujeres o los homosexuales con estos conjuntos de personas. Se da por sentado que todos los trabajadores o todas las mujeres piensan igual, salvo que sean idiotas. Un ejemplo de ayer mismo, 7 de agosto, entre miles, leído en el Diari de Tarragona: “La comunidad hispana pide a Trump que cese su discurso antiinmigrantes.” Habitualmente, el carácter manipulador del titular se puede descubrir o al menos sospechar simplemente con leer el cuerpo de la noticia. En este caso descubrimos que la “comunidad hispana” son en realidad cuatro personas entrevistadas: tres dirigentes de asociaciones de inmigrantes y un “estratega demócrata”.

También es frecuente sugerir una interpretación con la mera elección de una palabra aparentemente inocente. Por no salirnos del sesgo sistemático que se aplica a toda noticia relacionada con el actual inquilino de la Casa Blanca, el mismo periódico local titulaba el 6 de agosto: “Trump condena ahora el racismo”. Observen las connotaciones que se introducen con un simple adverbio como “ahora”, que no aporta ninguna información objetiva: que Trump antes no rechazaba el racismo, que su postura es hipócritamente electoralista… Por supuesto, uno puede pensar que esto es así, pero para decirlo están las columnas de opinión, no los titulares de las noticias.

3) Un tercer método es la burla o caricaturización, tanto gráfica como verbal. La fuerza de este procedimiento no es en absoluto desdeñable, porque incide directamente sobre nuestras emociones, no sobre la razón. El humor, bajo su carácter innegable de saludable ejercicio crítico o de mera diversión, en ocasiones se prostituye con el fin de ridiculizar, denigrar o incluso fomentar el odio contra determinadas personas, ideas o actitudes, sin apenas necesidad de argumentos o datos. A ello contribuye eficazmente el carácter gregariamente contagioso de la risa, que refuerza eficazmente los sentimientos que se pretenden inculcar.

4) Ahora bien, el recurso más poderoso y más difícil de detectar de los medios de comunicación no se basa en lo que dicen, sino en lo que no dicen: es decir, en su selección de los hechos que “son noticia” y su constante ocultamiento de información que es imprescindible para comprender adecuadamente la realidad, en especial para situar en su justo lugar la que nos proporcionan selectivamente. Por supuesto, es imposible contarlo todo; siempre resultará inevitable seleccionar, recortar, priorizar, dadas las limitaciones humanas. Pero lo cierto es que los periodistas encuentran aquí la excusa perfecta para imponernos su visión del mundo progresista.

Pensemos en algo tan premeditado como ocultarnos la nacionalidad de los delincuentes extranjeros, o en no contabilizar delitos cometidos por mujeres, o aquellos en los que las víctimas son hombres, para alimentar la ideología de género que criminaliza al varón. O, por terminar de decirlo todo sobre Trump, reflexionemos sobre la gran cantidad de informaciones favorables al presidente americano, que se nos hurtan sistemáticamente con el fin de crear una sensación, por acumulación de noticias exclusivamente negativas y desagradables, de que se trata de un personaje impresentable, que no hace una buena, ni de obra ni de palabra.

Los ejemplos en muchos otros temas son innumerables. Para no alargarnos, recordemos sólo la cobertura del conflicto palestino-israelí, que de manera sistemática oculta la mayor parte de la violencia ejercida por los palestinos, tanto contra la población civil israelí como contra los propios palestinos, en unos casos reprimidos brutalmente por sospechas de disidencia, y en su gran mayoría utilizados por los terroristas como escudos humanos.

Hemos aportado sólo unos pocos ejemplos muy obvios de información política. Pero para comprender el alcance de la propaganda mediática progresista deberíamos analizar no sólo la información de todas las demás secciones periodísticas, en especial la cultural y la social, sino la entera industria del entretenimiento, tanto televisivo como cinematográfico. En todos estos ámbitos se transmite, como quien no quiere la cosa, y con métodos muy similares a los aquí descritos, una misma cosmovisión poscristiana, que a la postre resulta siempre anticristiana, con la que se cuestionan de manera constante y reiterativa las bases de nuestra civilización occidental.

No se trata de imaginar conspiraciones. No hay probablemente ninguna conspiración mundial y eterna, no al menos de carácter humano. Sin negar la importancia de sociedades secretas como la masonería, o el poder de ciertas organizaciones y corporaciones internacionales, o de “filántropos” como George Soros, ellos por sí solos no son la explicación de los pecados de cada uno de nosotros, de las idolatrías en las que una y otra vez cae el hombre. Son solo agentes del error, que es lo que debemos identificar y combatir realmente, más que buscar chivos expiatorios. Los intelectuales son en general progresistas, incluso de izquierdas, porque el progresismo es un error intelectual. Los intelectuales son de izquierdas de manera análoga a como los médicos, y no los profanos, son los que cometen errores médicos. No debería hacer falta decir que señalar esto no es ir contra la inteligencia o contra la medicina. Ni tampoco contra el periodismo.

De lo que se ha librado España: las medidas que proponía Podemos para ‘sus ministerios’

Diseccionamos el programa electoral de los morados en aquellas áreas en las que se planteó su entrada en el Ejecutivo.

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Pedro Sánchez escucha a Pablo Iglesias durante su intervención en la tercera jornada del debate de investidura, este jueves, en el Congreso. | EFE

Pablo Iglesias no será ministro, ni Irene Montero vicepresidenta. Al menos por ahora. En septiembre, ya veremos. Las negociaciones para un Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos han fracasado. Y sí, se ha hablado mucho de cargos y de nombres propios. Pero no podemos olvidar el contenido. Lo sustancial. Las propuestas.

Como explican Cristina Losada y Alberto Penadés, nunca ha habido un gobierno de coalición en la UE formado exclusivamente entre socialistas y comunistas. Ni siquiera aquel primer Ejecutivo de François Miterrand de comienzos de los años 80 era como éste que proyectaban Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, porque en aquel caso había otros partidos involucrados. Por una parte, parece que a los socialdemócratas europeos no les atrae demasiado la posibilidad de compartir en exclusiva el Consejo de Ministros a unos tipos poco preparados, en muchas ocasiones sin ninguna experiencia de gestión y con propuestas que ya parecían antiguas en 1989.

Desde el lado de la extrema izquierda, entrar en un Gobierno como socio minoritario puede ser un arma de doble filo: durante unos años pisas moqueta y ganas relevancia, pero también perderás la pureza ideológica ante tu electorado al que tendrás que explicar por qué se aprueban o no se aprueban determinadas medidas. Y casi siempre, en las siguientes elecciones, el socio minoritario sale trasquilado. Quizás por eso el empeño de Podemos en crear una especie de Gobierno B, en el que los ministros de uno y otro partido marchasen en paralelo, cerca pero sin tocarse.

Mientras tanto, los españoles se preguntan qué habrían hecho los ministros de Podemos si hubieran llegado al poder. Por ahora, es una incógnita. Eso sí, las peticiones de ministerios de los de Iglesias no son producto de la casualidad. Hablamos de carteras clave en el área económica, con mucho presupuesto y competencias muy relevantes. Con una enorme capacidad para intervenir el mercado, las relaciones laborales y la vida de las empresas.

Para los seguidores de Podemos, éste será un resumen de lo que España se pierde. Los que temían la llegada de la dupla Iglesias-Montero al Consejo de Ministros pensarán «de la que nos hemos librado».

Las propuestas

Dividimos las propuestas en cinco apartados. Los que corresponden con los cinco ministerios incluidos en el documento que filtró el PSOE con las exigencias de Podemos. Y tomamos como referencia el programa de la formación de extrema izquierda para las elecciones del pasado abril.

– Ministerio de Trabajo, Seguridad Social y Lucha contra la Precariedad

En este punto, el objetivo está claro. Podemos quiere «derogar las dos reformas laborales, de Zapatero y Rajoy». Por aquí se intuye el primer elemento de fricción con sus posibles socios. Porque en cada punto del programa en el que se habla del tema, se asocian las reformas aprobadas en 2011 y 2013, por PP y PSOE. Tanto en lo que hace referencia al coste del despido, como en lo que tiene que ver con la negociación colectiva. Podemos quiere cargárselo todo.

De hecho, en las modalidades de contratación y coste del despido, Podemos pide ir más allá de lo que había vigente hasta 2011. No les gusta que se diga esto, pero lo cierto es que plantea un modelo de relaciones laborales más parecido al que salió del franquismo que a cualquiera que haya vigente en la Europa actual. Así, la contratación temporal sería casi imposible: se prohíben los contratos de menos de un mes, se obliga a hacer fijo a los seis meses de contrato y se amenaza con inspecciones a las empresas que despidan temporales para comprobar que no se hace para evitar hacerlos fijos.

Evidentemente, este endurecimiento contra los contratos temporales no va en la línea de promover una contratación indefinida algo más flexible (similar al contrato único propuesto por Ciudadanos), sino todo lo contrario. Podemos pide endurecer las causas de despido objetivo para hacer más complicado recurrir a esta herramienta. Por lo tanto, lo que tendríamos es un encarecimiento muy importante de la contratación, menos flexibilidad para hacer frente a imprevistos en las empresas y un mercado laboral más rígido.

Además, en este mismo sentido, Podemos propone «recuperar el poder de la negociación colectiva, devolviendo a los sindicatos la fuerza que les quitaron las reformas de Zapatero y de Rajoy», otorgando prioridad a los convenios sectoriales sobre los de empresa (más poder para las centrales sindicales frente a los sindicatos de empresa) y retomando la ultraactividad de los convenios (un arma de bloqueo para los sindicatos, que pueden exigir lo que deseen en la negociación, porque mientras no haya acuerdo, se mantiene el convenio anterior).

Pero hay más en este Ministerio. Podemos también propone una «jornada laboral de 34 horas semanales (siete horas de lunes a jueves y seis horas los viernes), sin reducción de salario, y reorganización de los tiempos de trabajo, ocio y cuidados». Puede que a algunos les suene bien, pero en realidad es un aumento de costes muy importante para unas empresas españolas que no andan precisamente sobradas en productividad y competitividad.

A los autónomos, se les promete que cotizarán por los «ingresos realmente obtenidos». En el programa electoral se asocia esta promesa a los autónomos de muy bajos ingresos que, efectivamente, verían una reducción de su cuota. A cambio, más del 85% de los trabajadores por cuenta ajena verían un incremento en lo que pagan mes a mes.

Por último (y hablamos de una selección de artículos, en el programa hay mucho más), Podemos introduce una de esas medidas que pueden pasar desapercibidas, porque suenan a lo ya escuchado, pero que tendrían un enorme impacto. Así, la formación morada propone que se considere «discriminación salarial una brecha de más del 20% en las retribuciones de las empresas, de manera que deberán justificarlas ante los tribunales». O lo que es lo mismo, cualquier empresa en la que esto ocurra (el 20% de diferencia) se considerará culpable por defecto y tendrá que demostrar su inocencia. Es decir, se invierte la carga de la prueba, con una consecuencia indeseada muy posible: habrá empresas que se pensarán mucho contratar mujeres con baja cualificación, porque sólo por tenerlas en plantilla se podría ampliar la brecha estadística y tener un problema con la inspección.

En pensiones, Podemos pide derogar la reforma de 2013 (es decir, acabar con cualquier medida de control del gasto) y subir las mínimas y no contributivas (erosionando, todavía más, el carácter contributivo del sistema). Además, propone cambiar las reglas de cálculo para que los nuevos jubilados puedan elegir los años para el cómputo de su base (de nuevo, más gasto). Y, por supuesto, eliminar los topes de cotización (sin tocar la pensión máxima, es decir, sistema todavía menos contributivo) y acabar con los incentivos fiscales a los planes de pensiones.

Por cierto, para cerrar este capítulo, una curiosidad: las políticas activas de empleo, ese conejo que se sacó de la chistera Podemos justo antes de la segunda votación, el pasado jueves, sólo tienen una mención en el programa electoral, en el apartado dedicado a los españoles que viven fuera y quieren retornar. No hay nada sobre el tema en el resto del documento ni propuestas concretas para mejorar la formación de parados o los trabajadores. Es extraño que cobrara tanta importancia a última hora.

– Ministerio de Justicia Fiscal y Lucha contra el Fraude

Detrás de este novedoso nombre (y no es el único ministerio bautizado de forma algo peculiar), lo que se esconden son las propuestas de podemos en materia de impuestos. Aquí el resumen es sencillo: los de Iglesias piden subirlos todos. O casi todos. Hay algunos productos (pocos) que verían reducido el IVA. A cambio, las principales figuras impositivas incrementarían sus tipos:

  • «Tipo efectivo mínimo en Sociedades del 15% sobre el rendimiento neto positivo de los grupos empresariales y del 20% para entidades financieras y empresas de hidrocarburos». A cambio, proponen una rebaja del 25 al 23% para las pymes que facturen menos de un millón de euros al año.
  • «Crear un impuesto para las grandes fortunas que grave los grandes patrimonios con el fin de recaudar un 1el PIB. Este impuesto sustituirá al actual impuesto sobre el patrimonio, que es inoperativo, y no podrá bonificarse por parte de las comunidades autónomas»
  • Subida del IRPF: por un lado, con dos nuevos tipos del 47 y el 55% para rentas superiores a los 100.000 y 300.000 euros. A esto se le suma la igualación de la tributación sobre el ahorro a los tipos de las rentas del trabajo (esto afectaría a todos, no sólo a las rentas más altas). A cambio, Podemos propone fijar el tramo más bajo del IRPF en el 18% desde el 19% actual.
  • Fijar «un impuesto de transacciones financieras que grave las ventas brutas en el mismo día, y no solo las netas».
  • Establecer un impuesto a la banca que aumente 10 puntos el tipo impositivo de las entidades financieras en el impuesto sobre sociedades.
  • «Bajar el IVA al tipo del 4% a más alimentos y bebidas no alcohólicas, y del 10% a todos los suministros básicos (calefacción, gas, electricidad). También se bajará el IVA de los servicios veterinarios, del 21% actual al 10%, y de los productos de higiene femenina y de alimentación animal, del 10% actual al 4%».
  • Fijar un impuesto para operaciones de la economía digital para «empresas con ingresos anuales totales mundiales de al menos 500 millones y con ingresos en España superiores a los 3 millones».

Eso sí, aquí hay un desequilibrio: son muchas subidas tributarias, pero no especialmente importantes en términos de recaudación. A pesar de la retórica habitual, el grueso de lo que recauda el Estado llega de las clases medias, no de las grandes fortunas (que no hay muchas en España) o de las multinacionales. Si no subes los impuestos a esas clases medias, no subirás sustancialmente los ingresos.

Por eso, si combinamos estas propuestas con el resto del programa de Podemos que, como veremos, implica muchísimo más gasto, las cuentas no salen. La clave está en lo que proponen los de Iglesias en su primer punto para el Ministerio de Hacienda: derogar el artículo 135 de la Constitución, aquel que se reformó en 2011 y dice que «el Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros. Una ley orgánica fijará el déficit estructural máximo permitido al Estado y a las Comunidades Autónomas, en relación con su producto interior bruto. Las Entidades Locales deberán presentar equilibrio presupuestario». Y junto a ese artículo de la Constitución, pide derogar también la «Ley de Estabilidad Presupuestaria«.

En resumen, lo que quería Podemos es un ministro de Hacienda con las manos libres en lo que tiene que ver con el déficit. Con barra libre de gasto «social» y apenas medidas impopulares por el lado de los impuestos. Con unos números rojos disparados y sin restricciones legales a ese desequilibrio. Otro problema, y este de los gordos, para Sánchez y para el ministro de Economía al que le tocase ir a Bruselas a defenderlo ante los socios comunitarios.

– Ministerio de Transición Energética, Medioambiente y Derechos de los Animales

Éste es un tema central para Podemos. De hecho, es el que abre su programa electoral: el primer capítulo está dedicado a estos temas. ¿Y qué es lo que se proponía hacer el posible ministro designado por Pablo Iglesias? Pues intervenir en el mercado energético de una forma desconocida en nuestro país desde hace décadas: volvemos, de nuevo a un diseño que se parece más a lo que había vigente durante el franquismo que a cualquier otra cosa.

En este punto, la formación neo-comunista es coherente con lo que tradicionalmente ha propuesto la extrema izquierda y pide crear una «empresa pública de energía» que, para empezar, recupere la gestión de las centrales hidroeléctricas. Y por supuesto, intervenir en el mercado eléctrico de forma directa, entre otras cosas abaratando la factura de la luz vía decreto y escogiendo tecnologías ganadoras (con ayudas) y perdedoras.

El ministro morado tendría también el cometido de cerrar cuanto antes las centrales nucleares y las de carbón. Eso sí, con un matiz interesante: Podemos asegura que «antes de que se pierda un empleo del sector de los combustibles fósiles, se crearán dos empleos con condiciones laborales idénticas o mejores en la misma comarca y que tendrán prioridad absoluta de acceso a ellos las personas afectadas». ¿Cómo se crearán esos empleos en las comarcas mineras afectadas? ¿Quién los creará? ¿Por decreto? No hay detalles al respecto.

Por supuesto, esta lucha por un futuro «más verde» se haría con subvenciones: a la compra de coches eléctricos, a las instalaciones de renovables (pasadas y futuras), a la rehabilitación de viviendas, a las empresas que «adopten las tecnologías más eficientes», a la inversión en baterías, a las infraestructuras de recarga, a las infraestructuras ferroviarias, a la implementación de una estrategia de «reindustrialización verde y economía circular»… ¿Quién pagará todo esto? ¿A cuánto ascendería el coste? Sobre eso no se dice nada. De eso se ocuparía el ministro de Hacienda, el que quiere cargarse la Ley de Estabilidad Presupuestaria.

En este punto Podemos plantea otra propuesta que sería muy polémica, en Madrid y en Bruselas. La formación morada quiere crear un «Banco de Inversión para la Transición Tecnológica y Económica (BITTE) con el fin de asumir las principales inversiones para la transformación productiva que vamos a emprender» y «aprovechar Bankia como banco público» que atienda las «funciones sociales de la banca». ¿Un sector financiero público que disponga barra libre de crédito para lo que el Gobierno exija y sin atender a criterios comerciales? Nuestros socios en la UE, los que pusieron el dinero para el rescate financiero, algo que no hay que olvidar, seguro que tendrían bastante que decir al respecto.

– Ministerio de Derechos Sociales, Igualdad y Economía de los cuidados

En este epígrafe hay un poco de todo. Sonaba a Ministerio batiburrillo, que mezclaba dependencia, mayores, educación infantil, pobreza infantil, lucha contra la pobreza, derecho a la vivienda, juventud, familia…

En la mayoría de estos capítulos hay mucho margen para políticas de poco presupuesto (en términos relativos), algunas cedidas a las CCAA, pero con mucho impacto en la opinión pública, con grandes titulares y muy populares para el público de izquierdas: subvenciones, ayudas, programas integrales, observatorios, comisionados contra la pobreza…

Pero por encima de todo, destaca la política de vivienda. Aquí Podemos sí quería entrar a por todas. Su programa electoral implicaba una intervención radical en el mercado inmobiliario que empezaba por la exigencia de «blindar» en la Constitución el derecho a la vivienda. ¿Y esto qué significa? ¿Cómo se hace? Pues garantizando, todavía más, que el ocupante de un inmueble, no importa cuáles sean las circunstancias de esa ocupación, tendrá prioridad sobre el propietario del mismo.

De esta manera, Podemos propone «prohibir los desalojos sin alternativa habitacional»: o lo que es lo mismo, una vez que una persona o familia esté dentro de una casa, no podrán sacarla de la misma si no le garantizan otra vivienda similar (sin que eso quiera decir que tengan que pagar algo, por la primera o la segunda vivienda). En términos prácticos, esto supondría legalizar la ocupación. De hecho, supondría incentivarla hasta extremos desconocidos en ningún otro país europeo. Para tener casa gratis sólo habría que entrar en una que ya estuviese construida y hacerse fuerte allí.

Evidentemente, la formación morada no se queda ahí. También quiere meter la mano en el mercado de alquiler: obligará a los grandes tenedores a ceder sus viviendas vacías para ponerlas en el mercado en régimen de «alquiler social», aseguran que incrementará el parque público de viviendas durante toda la legislatura y prometen «garantizar un alquiler estable, asequible y seguro» limitando las causas de rescisión del contrato. Por supuesto, todo esto unido a una «intervención» decidida en el mercado para «impedir subidas abusivas mediante el control de los precios». Ningún Gobierno europeo ha planteado nunca un programa de intervención del mercado inmobiliario como éste.

Pues bien, esto es lo que lleva Podemos en su programa y lo que habría hecho en el Gobierno. Porque, además, si hay una cartera que desde el principio se dio por hecho que terminaría en sus manos, era la de vivienda.

– Ministerio de Ciencia, Innovación, Universidades y Economía Digital

Aquí Podemos rompe con todo lo anterior, al menos en lo que tiene que ver con la retórica fiscal. Para las universidades, la formación morada apuesta por la política más regresiva posible: la gratuidad total de la matrícula en la educación superior. Los ricos del pasado y los del futuro podrán acceder a un servicio de primer nivel financiado con los impuestos de todos los contribuyentes, ricos y pobres. Ni una palabra de posibles préstamos o de otras opciones similares, que garanticen la igualdad de acceso sin que esto implique cargar al contribuyente con la financiación de este servicio.

En lo que tiene que ver con Ciencia, Podemos promete convertir la «I+D+i en un puntal de nuestra economía», aumentando la inversión pública hasta el equivalente al 2% del PIB. Además, hablamos de «ayudas directas», que superarán «ampliamente a los créditos». En resumen, dinero a fondo perdido, con retorno o no. En esta misma línea, el programa incluye aumentar la inversión de la Agencia Estatal de Investigación con préstamos del citado BITTE (el nuevo banco público que plantean).

Por último, están una serie de propuestas que podríamos denominar voluntaristas acerca de los investigadores y científicos. El partido morado habla de lograr «un aumento neto de 5.000 investigadores e investigadoras cada año» y que «hasta un 75e las personas que inician una carrera científica puedan dedicarse de manera estable a la ciencia o a la educación superior». Es complicado imaginar cómo puede asegurarse esto. ¿Van a ofrecer un puesto de trabajo, sí o sí, al 75% de los licenciados en las carreras de ciencia? ¿Una nueva empresa pública para incluirlos a todos? ¿Sin más requisitos? ¿El objetivo es puramente numérico? Tampoco sobre esto hay demasiados detalles. Como no habrá ministro, por ahora quedará la incertidumbre de cómo lo habrían intentado lograr.

FUENTE: LIBREMERCADO

 

La servidumbre voluntaria es el nuevo desafío a la libertad – Agustín Etchebarne

Agustín Etchebarne considera que después de la caída del muro de Berlín se ha venido expandiendo rápidamente la nueva amenaza a la sociedad abierta: El Estado Benefactor.

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Aquí puede descargar este ensayo en formato PDF.

La lucha por la libertad ha existido desde siempre. Herodoto nos cuenta la historia de Otanes, el demócrata, hijo de Phartanes que defiende la independencia del gobierno para él y su familia.1 La Biblia relata cómo Jesús coloca a la libertad como un fin y la verdad como un medio: “La verdad os hará libres”. Santo Tomás y los autores de la escuela de Salamanca razonan a partir de ella. El libre albedrío recorre la obra de Shakespeare, donde aparece el individuo como protagonista, Romeo y Julieta. El más grande de la lengua española nos dice: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). En la filosofía la encontramos por doquier, desde Diógenes a Spinoza o Locke.

Pero recién en el siglo XVIII las ideas de la libertad iluminaron al mundo en Occidente con pensadores como Montesquieu, Hume, Burke, Quesnay, Smith, Paine y sus ideas impulsaron las revoluciones y las guerras de la independencia. Por fin comprendimos que cada hombre nace con los mismos derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y a la búsqueda de la propia felicidad. Se hizo carne en la máxima inglesa: “La casa de un hombre es su Castillo”.

“El hombre más pobre puede que en su choza desafíe todas las fuerzas de la corona. Puede que sea frágil — su techo puede temblar — el viento puede atravesarlo — la tormenta podrá entrar — la lluvia podrá entrar — pero el Rey de Inglaterra no puede entrar”
William Pitt.2

En el siglo XIX estas ideas se consolidaron en todo el mundo anglosajón, en otras partes de Europa y hasta en lugares tan alejados como la Argentina. Fue entonces cuando la libertad obtuvo contundentes triunfos sobre los reyes totalitarios y sobre la pobreza. La esclavitud y los privilegios eran reemplazados por la igualdad ante la ley, con una justicia independiente que limitaba el poder de los gobiernos y avanzaba hacia los ideales republicanos. La posición social de una persona ya no estaba determinada de por vida al momento de nacer. Al abolirse los privilegios, si un hombre nacía pobre de él dependía la posibilidad de enriquecerse, y si nacía rico, podía morir en la miseria. Así nació la movilidad social y con ella el principal impulso para el progreso.

El siglo XX no se quedó atrás, mientras el capitalismo multiplicaba la riqueza en todo el Occidente, el principal debate ideológico se definió con un nuevo triunfo de las ideas de la libertad, esta vez, sobre el fascismo, el comunismo y el socialismo.

Pero diez años después de la caída del muro de Berlín, cuando estas ideas parecían no tener rival y optimistas como Fukuyama declaraban “El fin de la historia”, un nuevo desafío a la libertad se expandía con virulencia: El Estado Benefactor.

Las democracias republicanas habían logrado albergar a más de la mitad de la población mundial, pero no lograban evitar las crisis económicas. Las dos grandes, la de la década del 30 y la nueva gran crisis en la que caímos al despuntar el siglo XXI, sirvieron como excusa para aumentar la intervención estatal, tanto en gobiernos de derechas como de izquierdas, avanzando en el camino hacia la servidumbre voluntaria.

Como indicamos, ya a mediados del siglo XIX era imposible dejar de observar que el capitalismo multiplicaba la riqueza. El propio Karl Marx constataba que “En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas”3. El mundo había logrado escapar de la trampa Malthuseana que suponía que la población fluctuaba alrededor de un número estable porque no había suficiente alimento, de modo que en cuanto aumentaba la cantidad de gente, las hambrunas, las guerras y las pestes restablecían el equilibrio. La explosión de bienes y servicios y los avances tecnológicos de la revolución industrial permitieron expandir un 50% la esperanza de vida promedio de la población de 30 años a 45 años en Europa, y más tarde, en el resto del mundo. Se reducían drásticamente la mortalidad infantil, las muertes de las parturientas y las hambrunas.

En ese contexto de optimismo por el progreso es que Karl Marx concibió un sistema que permitiría mejorar la distribución de la riqueza. Lamentablemente creyó que para hacerlo era necesario exacerbar el odio entre los trabajadores y los empresarios y propuso la “lucha de clases”, en lugar de sostener los valores que surgían de la “Iluminación” y que eran compatibles con el amor, la tolerancia, el respeto a los derechos de cada uno, el intercambio voluntario, la responsabilidad individual y la libertad de expresión. Todos estos, valores compatibles con los de la civilización judeo-cristiana, y brutalmente destruidos en el mundo Marxista-Leninista-Maoista, sea en la URSS, en China, en Camboya, en Corea del Norte, en Cuba o en cualquier otro lugar donde se aplicaron —o aún aplican.

Pero dos jóvenes economistas contemporáneos al genio del socialismo, Carl Menger y Böhm Bawerk, desarrollaron el Marginalismo y la Teoría del Valor Subjetivo que daba por tierra con la Teoría del Valor Trabajo de Smith en la que se basaba todo el andamiaje de la Plusvalía. Por este motivo, que los marxistas convenientemente omiten, el propio Marx jamás publicó el segundo y el tercer tomo de “Das Kapital”.

Más tarde, en el siglo XX, economistas como Mises, Hayek o Read, demostraron la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, por la carencia de un sistema de señales que sólo los precios de mercado pueden brindar, así como las dificultades insalvables de la planificación centralizada por la falta de conocimiento suficiente, y sobre todo, por su obvia incapacidad para procesar el cambio de los gustos de los consumidores, las ideas y los fines de cada individuo, la tecnología y el medio ambiente. Al mismo tiempo, Joseph Schumpeter enseñaba cómo el capitalismo era precisamente un proceso de destrucción creativa,4 en permanente y vertiginoso cambio, imposible de imitar por los rígidos sistemas de planificación centralizada.

El intenso debate teórico culminó en la práctica, con el colapso del socialismo, al costo de más de 20 millones de vidas en la URSS, 5 más de 40 millones en China 6 y un tercio de la población en Camboya.7

En 1979 el pragmático Deng Xiaoping liquidó el sistema comunista con una sola frase: “No importa si el gato es blanco o negro, mientras que cace ratones, es un buen gato”. Desde entonces, China tuvo una espectacular recuperación basada en una economía más libre y con mayor respeto de los derechos de propiedad de los inversores. Así logró eliminar dos terceras partes de la pobreza de su población en apenas tres décadas. Casi al mismo tiempo, los trabajadores polacos sindicalizados en Solidaridad y alentados por la visita del Papa Juan Pablo II derribaban el comunismo en Polonia. En noviembre de 1989 la caída del muro de Berlín marcaba un nuevo hito; permitió que los fanáticos socialistas constataran cómo el sistema comunista había logrado el milagro de que los mismos laboriosos alemanes obtuvieran una productividad y un ingreso cuatro veces inferior por el sólo hecho de estar al Este del muro. Se conocieron también los relatos de la opresión, persecuciones, carencias de todo tipo y el miedo a la nefasta policía secreta Stasi, que competía en maldad con la KGB soviética, que habían logrado anular casi por completo la libertad de elegir.

Así, fueron cayendo uno tras otro los regímenes comunistas hasta la disolución final de la URSS el 26 de diciembre de 1991 y el siglo XX pareció terminar con un decidido triunfo de las ideas de la libertad, con decenas de países que se volcaban al capitalismo.

Hoy día, los pocos países comunistas que todavía quedan, sirven como demostración cabal de la inoperancia y maldad de tales regímenes. Esto puede observarse incluso desde el espacio exterior, basta con tomar una foto nocturna de la península de Corea para observar como miles de ciudades son iluminadas por el capitalismo en el sur; mientras que las tinieblas comunistas se expanden en el norte, con la sola excepción de la ciudad de Pyongyang donde disfrutan su perversidad los miembros de la dinastía Kim y su corte de jerarcas que los endiosan. No es fácil imaginar lo que significa una ciudad sin electricidad, sin posibilidad de leer, estudiar, ver televisión, ir al cine, escuchar radio, disfrutar del aire acondicionado o siquiera de un ventilador. Esto es comparable con lo que ocurría en cualquier ciudad pre-capitalista, donde sólo los ricos podían comer bien, calentar sus casas en invierno e iluminarlas con velas para poder leer de noche y extender sus días.

Pero hubo otro debate, algo más sutil, que continuó infectando inteligencias durante décadas. Ese debate se centró en dos críticas que han minado la fe en el sistema económico y rentístico basado en la libertad de los hombres y el intercambio voluntario:

No incluimos en este debate la vieja crítica marxista que sostenía que los ricos sólo podían beneficiarse de los pobres mientras estos siguieran siendo siempre pobres. Esa crítica derivaba de la falsa “Ley de hierro de los salarios”, que sostenía que bajo el capitalismo los salarios de los trabajadores no excederían el nivel de subsistencia. Si crecían los salarios crecería la población y el aumento de la oferta de trabajadores reduciría los salarios. Esta crítica fue rebatida por la realidad: la población se multiplicó 20 veces en 200 años y el nivel de vida y los salarios aumentó sostenidamente en todos los países capitalistas sin excepción.8

Pero sí hay dos críticas que parecen más difíciles de superar. Por un lado, se dice que el sistema es sumamente exitoso para generar riqueza pero es ineficiente en la distribución de la misma, genera grandes desigualdades, y mantiene a una parte de la población fuera de los beneficios del sistema. Es interesante observar que pese a la enorme mejoría económica en todos los países de la tierra, no hemos logrado convencer a las grandes mayorías. Por fortuna, tenemos una nueva potente herramienta creada por el profesor sueco Hans Rosling: un gráfico interactivo donde concentra las estadísticas de 200 países. Allí puede observarse con claridad la historia de la salud y la riqueza de 200 países. 9 Las cifras muestran que en 1800 los países más prósperos alcanzaban entre 2.000 y 3.000 dólares per capita, pero ninguno sobrepasaba una esperanza de vida promedio de 40 años, el resto de los países tenían una esperanza de vida cercana a los 30 años y los menos favorecidos, la India y unos pocos países africanos apenas alcanzaban los 25 años, con ingresos de entre 300 y 1000 dólares per capita. La maravillosa herramienta de Hans Rosling nos permite, con sólo hacer un click, avanzar desde 1800 hasta 2010, y allí encontraremos que, dos siglos más tarde, todos los países han mejorado sustancialmente. El mundo muestra una impresionante mejoría en los ingresos y en la expectativa de vida de la población, tanto en países centrales como en países periféricos (como Australia, Chile o la Argentina). Estos datos sirven también para desbaratar la tesis de Prebisch que sostenía que los países centrales crecen más rápido porque explotan a los países periféricos a través del deterioro de los términos de intercambio.10 Incluso podemos ver cómo los países invadidos por EE.UU. al finalizar la segunda Guerra Mundial (Japón, Alemania e Italia) crecieron frenéticamente en la posguerra y acortaron rápidamente la brecha de riqueza con el país invasor, transformándose en la segunda, la tercera y la quinta potencia mundial.

Otro gigante de la historia económica, Angus Maddison, reconstruyó los datos de los últimos 2000 años.11 En nuestro caso, sirven para constatar que en los 80 años de estrecha relación de la Argentina con Inglaterra (1853-1930), el primero fue el más beneficiado y logró acortar dos tercios de la brecha de riqueza que separaba ambos países. Otro ejemplo de que el país periférico es quien más se beneficia con el intercambio. Así, todos crecieron con la única excepción del Congo, que había multiplicado por 3 su PBI per capita, pero las guerras civiles desde su independencia, el 30 de junio de 1960, lo devolvieron a niveles que podemos denominar pre-capitalistas. Sin embargo, aún allí en medio de las matanzas, los avances de la medicina y la alimentación permitieron alargar un 50% la expectativa de vida promedio de la población, hasta los 48 años.

Como decíamos, la crítica más sutil parece vigente, la referida a la gran desigualdad que se produce debido a las asimetrías estructurales y de acceso a la información. Si bien todos mejoraron, algunos lo hicieron más que otros. Nuevamente el gráfico de Hans Rosling es útil para observar que precisamente mejoran más rápido aquellos países que acogen el sistema de libre mercado, la división de poderes republicana y se atienen al Imperio de la Ley (Rule of Law). Cronológicamente podemos ver que Holanda avanza primero, seguida por Inglaterra —donde se desata la revolución industrial—, luego por el resto de Europa y poco después EE.UU. Extrañamente, la Argentina ingresa al “top ten”, hasta 1930 (momento a partir del cual se suceden golpes de estado y gobiernos populistas, que adoptan ideas proteccionistas que la alejan de la libertad de mercados).12 La correlación entre las instituciones de la libertad y el progreso de los países se mantiene hoy día como lo muestra el Índice de Calidad Institucional publicado por la Fundación Libertad y Progreso que resume ocho estudios internacionales sobre 200 países en todo el mundo.13

Pero los números no alcanzan a mostrar una verdad esencial, y es que la brecha entre ricos y pobres se ha cerrado enormemente en los países capitalistas. Hace un par de siglos, los hijos de los pobres no tenían zapatos, ni calefacción, apenas algo de carbón para los días más fríos, muchos no tenían techo, la mortalidad infantil era inmensa, las madres morían al parir, no tenían velas para ver de noche, no sabían leer ni escribir, ni tenían atención médica. Hoy la diferencia entre un obrero y un empresario capitalista es que uno llega a trabajar en un Ford y el otro en un Cadillac. Pero no todos aceptan que estos datos sean del todo concluyentes y se mantiene la crítica, de Amartya Sen entre otros, que podría sintetizarse en que, si bien es cierto que todos mejoran la enorme desigualdad, a sus ojos, es inadmisible en un mundo rico tanto entre diferentes países como entre ciudadanos de un mismo país.

La segunda crítica al sistema económico y rentístico de la libertad es que produce crisis o ciclos económicos en cuya fase recesiva pueden producirse altos niveles de desempleo y sufrimiento de la población. Esta crítica fue impulsada, entre otros, por John Maynard Keynes a quien le tocó vivir y describir la crisis del 30.

Frente a ambas críticas, la solución propuesta fue la intervención del Estado. Decenas de economistas y científicos sociales dieron rienda suelta a su imaginación para ver nuevas formas en las que el Estado podía intervenir para mejorar los resultados de los mercados libres. Así, el Estado fue avanzando progresivamente, el gasto público creció de niveles de entre 10 y 15% del PIB en las primeras décadas del siglo XX a niveles de entre 35 y 50% del PIB en EE.UU., Europa, Japón y en casi todas partes. Pasó a llamarse “Estado Benefactor”, y comenzó a ofrecer seguros de desempleo, jubilaciones, salud gratuita, planes sociales de todo tipo, asegurar salarios mínimos, vacaciones pagas. Para financiarse inventó todo tipo de nuevos impuestos, expropió el dinero privado (el oro) e impuso el papel moneda de curso “forzoso”, y se dedicó a manipular las políticas monetarias y fiscales para “evitar” las recesiones y crecer sostenidamente.

El camino a la servidumbre voluntaria, o la verdadera causa de la crisis mundial

Como el Estado Benefactor todo lo promete, sin esfuerzos, y todo lo puede; los pueblos del mundo captaron la idea y todo lo piden, casi como si se tratara de una nueva religión. Sin embargo, es evidente que algo no salió bien. En todo el mundo desarrollado el Estado está en crisis, sabemos que es grave y que tal vez llevará una década para solucionarlo.

Pero antes de encontrar la salida debemos ponernos de acuerdo con el diagnóstico. Existe cierto consenso en que la crisis actual se debe a que durante la década del 90 el mundo se enamoró nuevamente del “capitalismo salvaje” e impuso el “Consenso de Washington”. Entonces sobrevinieron las desregulaciones de los mercados financieros y, combinadas con la irrefrenable codicia de los financistas que aprovecharon las nuevas tecnologías para crear complejos productos estructurados, tomando excesivos riesgos que transfirieron a los incautos ahorristas, generaron enormes burbujas que inevitablemente estallaron.

Si este fuera el problema, la solución sería que los Estados intervengan decidida y coordinadamente para rescatar a la economía y sanear a los bancos para que no quiebre el “sistema”. Y eso están haciendo los bancos centrales, les prestan dinero al 0,25% o al 1% anual para que compren bonos de los gobiernos que pagan intereses entre 4% y 6% anual, inyectando masivamente dinero para reactivar la economía y rescatando al mismo tiempo a los Estados sobre-endeudados, que suben impuestos y recortan módicamente sus gastos para sanear las cuentas fiscales, creando nuevos institutos y cantidad de nuevas regulaciones para que los banqueros no reincidan en su afán de lucro y rezando para que funcione, que la economía se reactive y el crecimiento económico permita diluir los problemas. El problema es que, al final, el Estado termina con una mayor proporción de la torta económica.

Pero existe otra manera de ver el problema: Lo que está en crisis es el Estado Derrochador. El Estado ha crecido desmedidamente influyendo en casi todos los aspectos de la vida humana, limitando las libertades individuales, gastando más, año tras año. Ya es considerado normal que el gasto público supere a los ingresos del Estado, y esto, pese a que los impuestos son cada vez más numerosos y las alícuotas más altas. Así, las deudas fueron creciendo vertiginosamente y están en niveles récords en muchos países, sólo la deuda pública contabilizada alcanza al 229% en Japón, al 100% en EE.UU., al 86% en promedio en Europa, con picos de 144% en Grecia o 120% en Italia.

El problema se agravó porque, en todas partes, durante décadas el Estado Benefactor utilizó el impuesto de la jubilación obligatoria para financiar gastos corrientes (en lugar de acumular fondos para pagar el retiro a los futuros jubilados). El sistema jubilatorio funcionó como un esquema Ponzi donde los nuevos trabajadores pagaban a los antiguos. Pero el sistema se agotó porque necesitaba que los jóvenes de las nuevas generaciones superen en número a los anteriores, y esto dejó de ocurrir al disminuir la tasa de natalidad en Japón, Europa y en menor grado en EE.UU. Hoy día, si incluimos las deudas previsionales a las cifras de endeudamiento, se duplican o triplican las anteriormente mencionadas.

Por supuesto, aún falta mencionar la creación de los bancos centrales, empezando por el más poderoso, la Reserva Federal de los EE.UU., en 1914. Con este invento, los estados se adueñaron del dinero legal, inclusive en algunos casos confiscaron el oro. Crearon grandes centros de planificación estatal, no ya para ver qué producir, sino para manipular la cantidad de dinero, la ayuda a los bancos y posteriormente junto con el FMI, el BID y otros organismos multilaterales, intervenir para supuestamente evitar crisis en otros Estados. Sin el menor éxito, intentaron evitar las recesiones y sólo por casualidad cada tanto acertaron en sus predicciones. No pocas veces han servido para generar o agravar las recesiones, como en la crisis del 30. En otros lograron postergarla como en la crisis de 2000, pero al costo de endeudar los Estados y agravar las crisis futuras. A pesar de las enseñanzas de Hayek, no logran comprender que la complejidad de las implicancias de reducir artificialmente las tasas de interés escapa al análisis de los planificadores centrales.

La cantidad de intervenciones es cada vez mayor. En 1994, la Fed y el Tesoro de EE.UU. rescataron a México. En 1997 a Tailandia y Hong Kong. En 1998 a Rusia y luego rescataron un fondo de cobertura —Long Term Capital. En 1999 sostuvieron a Brasil. Al año siguiente intervinieron para frenar el desplome de la economía frente a la implosión de la burbuja en las acciones tecnológicas estadounidenses. En cada intervención la receta fue la misma, facilitar el crédito, bajar las tasas de interés y aportar “fondos frescos” y, en cada caso, la economía terminó reactivándose. Pero ya en el 2001 las tasas de interés habían caído artificialmente hasta un casi 0% anual en EE.UU. y Japón, y apenas algo más en Europa. Lo cual generó una nueva burbuja, la descomunal burbuja del sector inmobiliario, en muchos países, en simultáneo, en todos los continentes. Fatalmente, la burbuja explotó con las tasas ya en 0% y la deuda de EE.UU. en récords históricos.

¿Qué hacer? ¿Revisar las premisas y repensar la estrategia? No, pues siguieron profundizando el mismo camino. Lo llamaron “Quantitative Easing” (QE), que significa, básicamente, imprimir dinero para salvar a los bancos con problemas. Esta política no fue del todo consistente porque huo dos graves excepciones, la Argentina y Lehman Brothers, las consecuencias inmediatas fueron una importante recesión local, en el primer caso, y una recesión internacional en el segundo.

Pero aún suponiendo que hubieran sido consistentes y hubieran logrado prevenir o postergar estas recesiones, la tendencia global seguiría siendo la misma. Luego de décadas de intervencionismo y oleadas de nueva legislación regulatoria, la consecuencia sigue siendo el extraordinario aumento del poder del estado, y su correlato, la disminución de las libertades individuales. Así, mientras que hace 100 años el Estado representaba poco más del 10% de la economía, en casi todo el mundo ha crecido desproporcionalmente hasta ocupar entre el 40 al 50% del PIB de cada país. Imaginemos un monopolio que ocupe el 50% de la economía y comprenderemos que su poder dominante es tan descomunal que las libertades individuales pasan a ser casi nominales. Sumemos además las generosas deudas que han acumulado. Agreguemos también que ha abusado de su capacidad legislativa escribiendo semejante cantidad de leyes que sólo las pueden albergar las más grandes bibliotecas.

Irónicamente, muchos economistas atribuyen la crisis actual a la “desregulación de los mercados financieros” de la década del 90. Conviene recordar que sólo en EE.UU. existen 75.000 páginas de regulaciones en ese mercado. O bien atribuyen la crisis a la codicia de los banqueros, como si las tasas de interés en 0% anual y los salvatajes no actuaran como estímulo adicional y extraordinario para exacerbar estas características de la naturaleza humana.

Todavía podemos añadir algo más grave. Muchos economistas creen que para salir de la crisis las guerras son indispensables. Tal vez esto influya para mantener la permanente guerra contra el terrorismo y la inútil guerra contra las drogas, y sus inevitables consecuencias en términos de pérdidas de libertades ciudadanas como el “Acta Patriótica” en EE.UU., la “Ley antiterrorista” en la Argentina, o las leyes anti-lavado en todo el mundo. Podríamos concluir sin asombro que el resultado no deseado es que el poder del Leviathán se ha vuelto inconmensurable, está totalmente fuera del control ciudadano y de manera que los hombres libres de antes, casi sin darse cuenta, se han ido transformando en siervos del Estado.

El desafío del siglo que estamos viviendo es recuperar el control sobre el Estado, “ponerlo en caja” y reducir el porcentaje que ocupa en la economía. Tal vez, la manera de lograrlo sea la competencia entre ciudades con diferentes legislaciones como propone Paul Romer con sus Free Cities. Si estas ideas logran imponerse, en algunas décadas más, los ciudadanos elegirán vivir en ciudades de servidumbre voluntaria, definidas como ciudades con altísimos impuestos a cambio de la promesa de seguridad provista por el Estado; o bien en ciudades con bajos impuestos y alta responsabilidad individual, en ciudades de hombres libres.

Referencias:

1. Herodotus. Histories. Traducido por George Rawlinson(1996). Wordsworth Edition, pp. 255-265.

2. William Pitt the elder quotes (British Statesman 1st Earl of Chatham, Viscount Pitt of Burton-Pynsent , byname The Great Commoner, 1708-1778). Traducción libre en el texto de versión original en inglés: “The poorest man may in his cottage bid defiance to all the forces of the crown. It may be frail — its roof may shake — the wind may blow through it — the storm may enter — the rain may enter — but the King of England cannot enter.”

3. Karl Marx y Federico Engels (original 1848; versión alemana de 1872). Manifiesto comunista. Edición Alemana traducida por José F. Polanco. Disponible en: http://www.marxists.org/espanol/me/1840s/48-manif.htm

4. Joseph A. Schumpeter (1942). Capitalism, Socialism and Democracy (Londres), pp. 81.

5. “Soviet Union, Stalin’s Regime” en “Source List and Detailed Death Tolls for the Primary Megadeaths of the Twentieth Century”. Disponible en: http://users.erols.com/mwhite28/warstat1.htm#Stalin. Ver también: Alexander Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag, Barcelona, 3 vols. 2005, Tusquets Ed.

6. “People’s Republic of China, Mao Zedong’s Regime” en “Source List and Detailed Death Tolls for the Primary Megadeaths of the Twentieth Century”. Disponible en: http://necrometrics.com/20c5m.htm#Mao

7. Ben Kiernan (2003) “The Demography of Genocide in Southeast Asia: The Death Tolls in Cambodia, 1975-79, and East Timor, 1975-80”. Critical Asian Studies Vol. 35 (No. 4), pp. 585-597. Disponible en: http://www.yale.edu/gsp/publications/KiernanRevised1.pdf

8. Gapminder: Wealth and Health of Nations. Disponible en: http://www.gapminder.org/world

9. Gapminder: Wealth and Health of Nations. Disponible en: http://www.gapminder.org/world

10. Agustin Etchebarne (2005). “El cambio tecnológico y los términos de intercambio”. Revista de Instituciones, Ideas y Mercado, No. 48, mayo de 2008. ESEADE. Disponible en: http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/55_RIIM%2048.pdf

11. Angus Madisson. Contours of the World Economy: Essays in Macroeconomic History. Oxford University Press, septiembre de 2010.

12. Roberto Cortes Conde (2001). Progreso y declinación de la economía argentina: Un análisis histórico institucional. Fondo de Cultura Económica

13. Índice de Calidad Institucional 2011. Fundación Libertad y Progreso (Argentina). Disponible en: http://www.libertadyprogresonline.org/2011/06/15/indice-de-calidad-institucional-de-2011resumen/

 

Origen: La servidumbre voluntaria es el nuevo desafío a la libertad | elcato.org

LIBERTAD INDIVIDUAL

“Será mucho más grande” advierte el primer ministro húngaro, Viktor Orban, sobre la SEGUNDA invasión masiva de musulmanes a Europa

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El primer ministro húngaro, Viktor Orban, advirtió que la crisis de inmigrantes de 2015, que vio a millones de  inmigrantes principalmente  musulmanes en Europa, fue solo el comienzo y una nueva ola de inmigrantes musulmanes africanos pronto podría abrumar completamente al continente. Por supuesto, se refiere a Europa occidental, con la excepción de Italia. Europa del Este (Hungría, Polonia, República Checa, Eslovaquia) ya ha cerrado sus fronteras a los invasores musulmanes.

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Todo lo que experimentamos en 2015 volverá a suceder, y será más grande”, dijo el líder nacionalista al diario alemán Die Welt “Pronto los países árabes superarán a los países europeos en población. Y aún no he mencionado África, donde pronto habrá más personas de las que puedan alimentarse “.

Orban se ha convertido en uno de los opositores más vocales de la inmigración no europea en los últimos años. En 2015, a medida que las olas de migrantes fluían desde el Medio Oriente, Orban construyó una cerca de alambre de púas y rechazó el paso de los solicitantes de asilo cuyas solicitudes fueron rechazadas. Desde entonces, se ha negado a cumplir con las cuotas de reubicación de migrantes de la UE y ha criminalizado a individuos y ONG sospechosas de “permitir la inmigración ilegal”.

“Hungría es un país fronterizo”, dijo Orban a Die Welt. “Vivimos nuestras vidas en completa disposición. Tenemos muchos miles de soldados y policías en nuestra frontera sur “ , agregó, y advirtió que ” hoy depende solo de las decisiones del gobierno turco si los muchos millones de refugiados que están allí se dirigirán a Europa “.

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A medida que avanzaba la crisis de los migrantes musulmanes, África reemplazó a Oriente Medio como la fuente de la afluencia de migrantes en Europa. Orban pidió el establecimiento de un nuevo cuerpo de ministros en Europa para tratar con cualquier futura inmigración del continente de 1.300 millones de personas.

“Se necesita crear un cuerpo separado para esto, donde solo los ministros del interior de la zona Schengen se sentarían” , explicó. “Los ministros del interior de la zona de Schengen tendrían que convertir esto en un consejo muy fuerte, donde las cuestiones que conciernen a toda la zona de Schengen se decidirían a la manera de expertos y no de políticos”.

Sin embargo, es poco probable que el liderazgo de la UE recurra a Orban en busca de asesoramiento sobre políticas. El Parlamento Europeo votó para sancionar a Hungría por las políticas contra la migración de Orban en septiembre, y actualmente se está desarrollando un impulso para expulsar al partido Fidesz del líder húngaro del grupo paraguas del Partido Popular Europeo.

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El primer ministro independiente de Hungría, Viktor Orbán, del partido Fidesz, fuereelegido para un cuarto mandato en la aplastante victoria de abril, e hizo una campaña implacable a un tamborileo de la retórica xenófoba, culpando a la totalidad de los problemas de Hungría, desde su colapso educativo. Sistema de corrupción política generalizada, a los pies del migranj .

Orban, que disfruta de niveles de popularidad casi mesiánicos, se ha referido a todos los refugiados como ” invasores musulmanes ” y a los inmigrantes que intentan llegar a Hungría como un ” veneno ” que su país no necesita. Alentado por el resultado de las elecciones, el gobierno de Orbán ha presentado una nueva legislación contra los migrantes, llamada de manera informal el proyecto de ley “Stop Soros”.

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Hungría está construyendo o ya ha levantado cercos con guardias de seguridad armados en todas sus fronteras.

La propuesta lleva el nombre del donante estadounidense / húngaro y de la sociedad civil, George Soros , quien afirma que el Sr. Orbán está tratando de “liquidar a millones de África y Oriente Medio” para alterar la homogeneidad de Hungría.

Controversialmente, el proyecto de ley declara que cualquier ONG que “patrocine, organice o apoye la entrada o permanencia de ciudadanos de terceros países en territorio húngaro” se considerará como un “riesgo de seguridad nacional”.

Las ONG deberán obtener el permiso del ministro del interior de Hungría para continuar operando y se les ha dicho a las personas que infringen las reglas para apoyar a los migrantes de cualquier tipo que serán multadas y cerradas. Increíblemente, sus empleados también podrían enfrentarse a la cárcel

 

Según el Comité Húngaro de Helsinki (HHC), solo 1,216 solicitantes de asilo recibieron protección en Hungría en 2017. En el mismo año, 325,400 solicitantes de asilo recibieron protección en Alemania , seguidos de 40,600 en Francia, 35,100 en Italia, 34,000 en Austria y 31.200 en Suecia.

JIHAD DE INMIGRACIÓN, también conocida como la invasión islámica de Europa, que fue acelerada en 2015, gracias a las políticas de Angela Merkel y las fronteras abiertas de la UE.

Necesitamos una nueva Comisión Europea comprometida con la defensa de las fronteras de Europa. Necesitamos una Comisión después de las elecciones europeas que no castigue a esos países, como Hungría, que protejan sus fronteras ”. El Primer Ministro húngaro, Viktor Orbán.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, se comprometieron a crear un “eje contra la inmigración” destinado a contrarrestar las políticas de inmigración de la Unión Europea.

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Orbán y Salvini,  reunidos en Milán el 28 de agosto,  prometieron trabajar junto con Austria y el Grupo Visegrad (República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia) para oponerse a un grupo pro-migrante de países de la UE liderado por el presidente francés Emmanuel Macron.

Orbán y Salvini están  buscando  una estrategia coordinada antes de las elecciones al Parlamento Europeo de marzo de 2019 para derrotar al Partido de los Socialistas Europeos (PSE) pro inmigración, un partido paneuropeo que representa a los partidos socialistas a nivel nacional de todos los estados miembros de la UE. El objetivo es cambiar la composición política de las instituciones europeas, incluido el Parlamento Europeo y la Comisión Europea, para revertir las políticas de migración de puertas abiertas de la UE.

Salvini  propuso  que la red incluya al canciller austriaco Sebastian Kurz, al líder del Partido de la Libertad Holandesa Geert Wilders, al líder del Frente Nacional de Francia Marine Le Pen, y al húngaro Orbán, entre otros. También  dijo  que las elecciones al Parlamento Europeo en 2019 deberían ser un referéndum sobre “una Europa sin fronteras” frente a “una Europa que protege a sus ciudadanos”.

Cómo Hungría y los otros 3 países de Visegrad se salvaron de la invasión musulmana:

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Y gracias a la elección de Donald Trump, las políticas migratorias anti-musulmanas de Estados Unidos están empezando a parecerse a las de Hungría:

 

FUENTE: La Reconquistablog

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