El expresidente de EE.UU. Donald Trump cargó este martes contra la candidatura de Biden, al tiempo que habló sobre sus propuestas de ser posible un próximo gobierno. Entre ellas proporcionar «bonos para bebés» a familias jóvenes para ayudar a iniciar «un baby boom muy necesario», «recompensar la producción nacional y aumentar los aranceles a los fabricantes extranjeros» y «eliminar toda regulación federal innecesaria que obstaculice la producción de energía doméstica».
Miami, 25 abr (EFE).- El expresidente de EE.UU. Donald Trump afirmó este martes a través de un mensaje de su equipo de campaña que “la Presidencia de Joe Biden ha sido un fracaso” y “no merece cuatro años más para seguir destruyendo Estados Unidos”.
En un largo mensaje tras el anuncio de Biden de que buscará la reelección en 2024, el equipo de Trump hace un balance muy negativo de la situación del país con el actual presidente demócrata y expone en detalle lo que hará el expresidente si gana las elecciones del próximo año.
El resumen de la Presidencia de Biden es según Trump: “Estados Unidos está al borde de una guerra nuclear mortal. Los estadounidenses están luchando para pagar los alimentos y la gasolina. La frontera se ha abierto a millones de inmigrantes ilegales desconocidos y toneladas de drogas mortales”.
Trump (2017-20021) y Biden fueron los candidatos republicano y demócrata, respectivamente, en las elecciones de 2020, un escenario que se repetiría en 2024 si, como por ahora indican las encuestas, el primero logra la nominación por el Partido Republicano.
Entre las medidas que Trump se propone implantar si regresa a la Casa Blanca está el proporcionar “bonos para bebés” a familias jóvenes para ayudar a iniciar “un baby boom muy necesario”, “recompensar la producción nacional y aumentar los aranceles a los fabricantes extranjeros” y “eliminar toda regulación federal innecesaria que obstaculice la producción de energía doméstica”.
Además, promete sacar a EE.UU. del Acuerdo Climático de París y emitir rápidamente aprobaciones para proyectos de infraestructura energética, desplegar todos los activos militares necesarios para imponer un embargo naval completo a los carteles de la droga y declararlos organizaciones terroristas.
En su agenda está también pedir al Congreso que se asegure de que los narcotraficantes reciban la pena de muerte y hacer “una inversión récord en la contratación, retención y capacitación de oficiales de policía”.
Asimismo, garantizar que las agencias policiales locales cooperen con las autoridades migratorias “para arrestar y deportar extranjeros criminales” y “asegurar por completo la frontera”.
Varios párrafos están dedicados a la lucha que Trump entablará contra “los fiscales marxistas radicales”, en la cual incluye nombrar “a 100 fiscales estadounidenses que serán el polo opuesto de los fiscales de distrito de Soros que están destruyendo el estado de derecho en Estados Unidos”.
Esa medida es una alusión al hecho de que un fiscal de distrito de Manhattan, Alvin Bragg, al que acusa de ser marxista y de estar pagado por el financiero George Soros, le imputó cargos penales por los pagos supuestamente ilegales que hizo a una actriz porno en 2016 para comprar su silencio.
El desmantelamiento de “todas las pandillas, grupos callejeros y redes de drogas” en Estados Unidos, el despliegue de “activos federales, incluida la Guardia Nacional, para restaurar la ley y el orden cuando las fuerzas del orden locales se nieguen a actuar” son otras de las medidas de un posible segundo mandato de Trump.
En materia de Educación, cortará los fondos federales a cualquier escuela que promueva las teorías de racismo sistémico, la ideología de género y otro “contenidos inapropiados”.
NOTA PERSONAL: Apoyaría totalmente y sin el menor reparo, todas esas medidas para España, pero claro, primero hay que aplastar a toda la izquierda. Complejo asunto.
Los “okupas”, como se conocen en España a los invasores de la propiedad privada, se han convertido en un problema que en este país se agrava con una legislación tan laxa. Es justamente por la falta de respuesta efectiva por parte del Estado que han surgido emprendimientos privados para recuperar lugares ocupados ilegalmente. Desokupa es tal vez una de las empresas más conocidas en materia de desalojos. Su CEO y fundador, Daniel Esteve, ha acaparado espacio en la prensa local e internacional no solo por los resultados conseguidos por su compañía sino también por señalar directamente como responsable de que esta situación se haya agudizado al Gobierno de Pedro Sánchez, al que califica sin tapujos como “comunista”.
“En España, por desgracia, no se defiende la propiedad privada, como me imagino ya sabe todo el mundo. Es una vergüenza”, así comienza a responder Daniel Esteve la entrevista que concedió a PanAm Post en la que también explica que se trata de una situación que es más grave en algunas zonas del país que en otras. Por ejemplo, lamenta que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, incluso haya sido okupa antes de llegar al cargo e imparta talleres con dinero del erario público para enseñar a invadir. “Es una apología del delito, es una locura”, señala Daniel Esteve al respecto.
Más que un negocio, Desokupa ha asumido una labor de principios, ya que brinda servicios de forma gratuita para ancianos. Cuenta que el caso más emotivo fue cuando recuperó la vivienda de un anciano que estaba hospitalizado. Además, parte de la ganancia se dedica a la Fundación Alberto Tres Huevos para niños con cáncer.
La situación de irrespeto a la propiedad privada es de tal magnitud en España que hasta la policía ha solicitado sus servicios para ayudar a desalojar okupas en más de 450 circunstancias.
“En España, por desgracia, no se defiende la propiedad privada, como me imagino ya sabe todo el mundo. Es una vergüenza”, aseguró Daniel Esteve, CEO y fundador de Desokupa. (PanAm Post)
Uso político de los okupas
Daniel Esteve destaca que hay un móvil político detrás de los okupas. “Yo tengo una teoría, que esto [se permite] para el mantenimiento del actual gobierno comunista del querido Pedro Sánchez, que permite la inmigración, sobre todo la de Marruecos, de una manera brutal, permite la ‘okupación’. Esos inmigrantes cuando llegan ya tienen casa, permite el empadronamiento, les da ayudas y persigue a las empresas como la mía”.
En exclusiva confesó que el gobierno pretende cerrar la empresa Desokupa, ya que desde la izquierda se defiende a los invasores por encima de los propietarios. Pero él asegura contar con los alegatos jurídicos para responder así como lo hizo en el pasado con una demanda que presentó contra el exvicepresidente segundo del Gobierno de España, Pablo Iglesias, por calumnias, tras haberlo acusado de “nazi” por defender la propiedad privada.
Esta política del Gobierno español estaría además alineada con los objetivos de la Agenda 2030, que uno de ellos reza que “no poseerás nada y serás feliz“. En España existe incluso el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, presidido por una militante comunista de Podemos, y el ataque contra la propiedad privada va de la mano con su discurso e ideales comunistas.
El candidato de Vox en Valencia, Juanma Badenas, en un mitin electoral
«¡Follar!» «¡Ha dicho “follar”!» «¡Vade retro, Satanás!», han exclamado los ofuscados oponentes de Juanma Badenas, el candidato de Vox a la alcaldía de Valencia.
¡Quién lo hubiera podido creer! ¡Quién se hubiera podido imaginar dos cosas! La primera, que, a estas alturas de la película, la pudibundez pudiese regresar con tamaña fuerza a nuestros pagos (y no, no regresa desde el campo en el que estuvo haciendo estragos durante tanto tiempo: regresa desde el campo opuesto). Lo segundo que uno tampoco se habría podido imaginar es que lo publicado por un periódico como EL MANIFIESTO pudiese acabar impactando con tanta fuerza en la campaña electoral de unas elecciones: las próximas.
Viene lo anterior a cuento de lo sucedido en Valencia, donde los oponentes a Juanma Badenas, candidato de Vox a la alcaldía de la capital han lanzado toda una campaña en Redes Sociales para intentar denigrarlo a propósito de unas declaraciones que, hace dos años, efectuó en un almuerzo entre amigos y que, hasta ahora, sólo figuraban en este periódico, en el que también colabora el —así lo presentan— lujurioso, procaz candidato de Vox.
¿Cuáles fueron las obscenas palabras que sus adversarios le echan en cara? Helas aquí, en este video de YouTube que reproduce ABC :
«¿Por qué somos contraculturales? —se preguntaba Juanma Badenas—. No lo somos porque estemos en contra de la cultura, sino porque nos quieren imponer una cultura que no es la nuestra. Y nuestra cultura la queremos defender hasta el final, también comiendo, y bebiendo, y follando», concluyó.
«¡Follar!» «¡Ha dicho “follar”!» «¡Vade retro, Satanás!» «¡¿Cómo es posible?!», han exclamado sus ofuscados oponentes.
Pues sí, señores (o señoras, o señoris, o lo que sea), el erotismo —«follar», expresado en lenguaje coloquial— forma parte integrante de la cultura; es decir, de la manera de ser, vivir y sentir de un pueblo. Y no hay en ello nada de reprobable u ominoso. Al contrario, es cosa altamente gozosa y virtuosa, siempre que por «virtud» se entienda lo que «virtus» significaba en Roma: lo elevado, lo grande, lo poderoso.
Pero da igual. Por más que uno se lo explique, esta gente nunca lo entenderá. No lo entendían los compungidos mojigatos de antaño (pero éstos al menos ya han cerrado prácticamente el pico) y tampoco lo entienden los desvergonzados puritanos de hoy: feministas radicales, identitarios genéricos, elegetebeicuístas (en claro: LGTBIQ+), que amenazan dar al traste con todo nuestro mundo de dos formas que parecen diametralmente opuestas. Por un lado, lo hacen con la desvergüenza hortera de quienes no tienen empacho en desnudarse y hasta en fornicar públicamente (por ejemplo, en la gran mascarada anual del «Orgullo Gay»). Por otro lado, lo hacen con la hipocresía de quienes se escandalizan (o lo simulan) cuando oyen que alguien habla públicamente de follar.
Pero se escandalizan sobre todo si ese alguien es un destacado candidato de Vox. Se rasgan las vestiduras si, además, ese candidato (un contumaz combatiente de lo políticamente correcto, cuyo último libro se titula precisamente Contra la corrección política) pone en relación el placer erótico con las virtudes —con la fuerza y la grandeza, decía— propias de la cultura.
Porque es sobre todo la cultura —esa que el hombre blanco ha ido forjando a lo largo de siglos— lo que está marcado, para esta gente, con el sello mismo del diablo. Para esta gente: para ese estado de espíritu que considera, entre otras cosas, que se deberían prohibir obras como las de un Homero o un Beethoven. ¡Sí, sí, han leído bien! Deberían prohibirse las mayores obras de nuestra civilización porque —así lo pretenden— son tan nocivas como el conjunto de una «elitista cultura clásica, que refuerza el poder de los hombres blancos y reprime las voces de las mujeres, los negros y la comunidad LGTBIQ+», puede leerse, por ejemplo, en Vox.com, un digital estadounidense que nada tiene que ver (salvo el nombre) con quienes en España pretenden exactamente todo lo contrario.
Y para defender, frente a tanta aberración y tanto desvarío, la cultura y la civilización, la verdad y la belleza —tanto las del espíritu como las de la carne—, es por lo que gente como Juanma Badenas han saltado a la palestra.
La correspondencia que han intercambiado el CIADI y el Gobierno pone en un compromiso internacional al Estado. Los funcionarios nacionales consideran que el organismo no tiene potestad para hacerles pagar
Pedro Sánchez junto a la carta del CIADI, institución del Banco Mundial Jesús García
El CIADI enviaba a la Abogacía del Estado una carta, a la que ha tenido acceso este medio, para exigir que afrontara el pago de cerca de 120 millones de euros por el denominado ‘caso Antin’, por la compensación del recorte más los costes judiciales e intereses. España perdió este arbitraje ante el CIADI en 2018 y el Tribunal internacional ratificó su decisión un año después a favor de los inversores en energías renovables Infrastructure Services Luxembourg S.A.R.L y Energia Termsolar B.V, titulares del laudo Antin.
“El CIADI ha recibido la comunicación adjunta de fecha 16 de diciembre de 2022, junto con los poderes de representación también adjuntos, recibidos por el Centro el 23 de enero de 2023, informando que, a la fecha, el Reino de España no ha cumplido con el Laudo. En este sentido, hacemos referencia al Artículo 53 del Convenio del CIADI que dispone que el Laudo y la Decisión de Anulación son definitivos y obligatorios para las partes”, explica la carta del organismo del Banco Mundial.
Esta misiva, con fecha 25 de enero, era una reacción del organismo a la queja por parte de los inversores. Estas firmas internacionales quieren cobrar lo que les ha reconocido el Banco Mundial. Su protesta reside en que consideran a España una “democracia avanzada” que debe cumplir sus obligaciones dentro de su marco de seguridad jurídica. Sin embargo, los incumplimientos e impagos siguen escalando, hasta el punto de que solo Venezuela tiene tantos laudos pendientes de pago como informó Vozpópuli.
“Agradeceremos que el Reino de España informe al CIADI las medidas que hayan sido adoptadas para cumplir con los términos. En caso de que no se haya adoptado ninguna medida hasta la fecha, instamos al Reino de España a cumplir y acatar los términos del Laudo tal como lo dispone el Convenio del CIADI y con el fin de evitar la acumulación de los intereses previstos en el Laudo”, añaden.
España no ve motivos para pagar
El Reino de España, a través del Ministerio de Justicia, contestó a esta carta el pasado 22 de marzo a la exigencia del Banco Mundial. “El CIADI no juega ningún papel en el reconocimiento y ejecución de los laudos bajo el Convenio del CIADI, el cual no le reconoce ningún papel en esta materia. Por otra parte, este convenio no impone al Reino de España obligación alguna de informar sobre las medidas adoptadas”, apuntan desde el actual Gobierno.
Para el Ministerio de Justicia “desgraciadamente” este tipo de comunicaciones castigan a la UE porque ofrecen una “publicidad indebida” de los intereses e imagen del Reino de España. El Gobierno español le recuerda al organismo del Banco Mundial que tanto España como los demás estados miembros de la Unión Europea no han sometido a la jurisdicción del Centro los litigios que afectan con el Tratado sobre la Carta de la Energía a nivel europeo.
“Razón por la cual cualquier laudo dictado en una controversia de esta naturaleza constituye una extralimitación del tribunal arbitral”, afirman los funcionarios españoles. “En este sentido, el Reino de España solicita al CIADI que se abstenga de registrar solicitudes de arbitraje que se encuentren manifiestamente fuera de la jurisdicción del Centro, de conformidad con el artículo 36(3) del Convenio”, explican.
Carta del Ministerio de Justicia Jesús García
La UE es el escudo
España se agarra a su papel de país miembro de la Unión Europea, que están sujetos a los Tratados y sus disposiciones sobre Ayudas de Estado. La Comisión Europea actualmente está analizando si un laudo arbitral constituye una ayuda de estado. Algo que no es compatible “con la integridad del mercado interior”, como le recuerda Justicia al CIADI.
“El propio inversor es plenamente consciente de esta situación y del motivo por el cual España no ha procedido al pago de la cantidad fijada en el laudo, ya que se le ha dado la oportunidad (junto a otros inversores) de presentar las oportunas alegaciones en el procedimiento iniciado por la Comisión”, asegura esta carta a la que ha tenido acceso este medio.
El Gobierno también considera que los demandantes del ‘caso Antin’ saben que, de acuerdo con el Derecho de la Unión Europea y su interpretación por parte del Tribunal de Justicia, que debería ser el sistema judicial de la propia Unión donde debería haber acudido para hacer valer los derechos que le confiere el ordenamiento jurídico europeo.
“Sin embargo, esta información ha sido silenciada por Antin en su carta”, apuntan. Una respuesta contundente al Banco Mundial que ni el Ministerio de Justicia ni la Secretaría de Estado de Comunicación han querido añadir más ante la consulta de Vozpópuli.
CONTEXTO SOCIO-POLÍTICO: crisis de la sociedad industrial
La democracia liberal creció al tiempo que el capitalismo y mientras se desarrollaron las clases medias. Este proceso tuvo su apogeo tras la Segunda Guerra Mundial y hasta que sobrevino la crisis de las hipotecas subprime, aunque a mediados de los años setenta del siglo XX se empezaron a manifestar algunos signos de decadencia del sistema. Alvin Toffler y su mujer Heidi publicaron en 1994 un ensayo titulado Creating a New Civilization: the Politics of the Third Wave; si bien, en 1970, Alvin ya había logrado un superventas con su libro Future Shock en el que introdujo el concepto de “crisis general de la sociedad industrial”.
La crisis de la sociedad industrial, que en el fondo no es más que la manera en que el capitalismo se transforma a sí mismo, tiene consecuencias económicas, sociales y políticas. Las económicas son bastantes conocidas y tienen que ver con el globalismo, la hiperinternacionalización de los mercados y la tendencia al oligopolio (con la consiguiente acumulación de la propiedad en pocas manos). Las sociales con la disminución de la influencia del factor trabajo (en favor del capital y del uso progresivo de máquinas para la fabricación y prestación de servicios), el estancamiento (e incluso mengua, en algunos casos) de los salarios, el aumento del desempleo y el empobrecimiento de las clases medias. Y las políticas con la pérdida de poder de los Estados en favor de las corporaciones globales, la pérdida de transparencia en la toma de decisiones (y de democracia), el sacrificio del individuo en favor de la colectividad y, como decían los Toffler en 1994, que “carezcan ya de aplicación las antiguas formas de análisis político, tales como los términos derecha e izquierda o liberal y conservador, entre otros”.
INFLUENCIA EN EL MODO DE VIDA DE LOS INDIVIDUOS
De las anteriores consecuencias, acaso las más relevantes son las que afectan directamente al individuo y su forma de vida. Siguiendo el orden expuesto, una de ellas es, sin duda, la tendencia a la concentración de la propiedad y del capital en pocas manos, así como el fortalecimiento de las grandes corporaciones internacionales. En el año 2000, Jeremy Rifkin empezó a hablar del tránsito de la “era de la propiedad” (base de la actual sociedad occidental) a la “era del acceso” (que da título a una de sus más conocidas obras). En la misma línea, veinte años después, el Foro Económico Mundial (WEF), en un documento titulado 8 predictions for the world in 2030, afirma que en menos de una década “no tendremos nada y seremos felices. Cualquier cosa que deseemos alquilar nos la llevará a casa un dron”. En el plano doméstico español, Santiago Niño-Becerra, en su libro Capitalismo 1679-2065, comparte las mismas posiciones y pone como ejemplo lo que la compañía Ikea anunció en enero de 2020 al decir que va a establecer un sistema por el cual los consumidores podrán acceder a un catálogo de productos sin necesidad de comprarlos, pagando únicamente por su uso. Por consiguiente, estamos asistiendo al proceso inverso al que tuvo lugar en España (entre otros países) cuando en el año 1965 se aprobó la Ley sobre Venta a Plazos de Bienes Muebles que tuvo por finalidad facilitar la adquisición de productos duraderos, tales como electrodomésticos y vehículos, por parte de una clase media creciente, tanto en número como en poder adquisitivo. Ahora el fenómeno es justamente al revés; el último estertor del sistema tuvo lugar, como dije antes, al tiempo que las hipotecas subprime, que –como es conocido, visto hoy con perspectiva– fue un intento de enmascarar el declive de la capacidad adquisitiva de las clases medias y el ensanchamiento de la baja. Por medio de su posterior titulización, estas hipotecas crearon, en extensas capas de la población, el espejismo de que podían seguir accediendo a bienes que, si no hubiera sido por créditos falsamente garantizados, no habrían podido adquirir.
La disminución de la influencia del factor trabajo –y la consiguiente mengua de los salarios– es otra circunstancia preocupante. Según Niño-Becerra, “a partir de 1973, la inflación, y no el desempleo, fue el enemigo a batir”. Esto trajo consigo la aparición de dos fenómenos que han terminado por influir en el statu quo de los ciudadanos, que son los siguientes: de un lado, la deslocalización de la producción y de los servicios y, del otro, la sustitución de puestos de trabajo por máquinas. Como señala Esmeralda Linares en su trabajo La Deslocalización Industrial en Europa, “el outsourcing está siendo una de las estrategias más frecuentes de las empresas” para adaptarse a la realidad económica (global) que vivimos. Este outsourcing puede ser nacional o internacional, y tanto interno como externo; pero casi siempre comporta un elemento externo y/o internacional. Aquellas empresas que por su envergadura y capacidad necesitan abaratar costes, trasladan una parte de su producción, a través de filiales, a países donde la mano de obra es mucho más barata o compran componentes, que anteriormente fabricaban por sí mismas, en naciones con precios más reducidos. Tanto una cosa como la otra tienen como efecto la disminución del número de puestos de trabajo disponibles a nivel nacional y el estancamiento (o incluso reducción) de los salarios.
La sustitución de puestos de trabajo por máquinas es otra manera que tienen las empresas de reducir costes y de maximizar el valor del accionista. Las máquinas no cobran, no cotizan a la Seguridad Social, no tienen derecho a vacaciones pagadas, ni pagas extra, ni derechos sindicales y, además, pueden llegar a producir, en algunos casos, más que veinte trabajadores juntos. En la duda, cualquier empresa preferirá comprar máquinas que contratar nuevos empleados. Durante algunos años se pensó que la tecnologización traería consigo la destrucción de puestos de trabajo que después serían sustituidos por otros de mejor calidad. Hecho que, según los Toffler y otros muchos autores, sucedió en el tránsito de la Primera Ola (la agrícola) a la Segunda Ola (la industrial). Sin embargo, los datos ponen de manifiesto que no es así, que los empleos que destruye la tecnología no son repuestos en ninguna otra parte. Al menos de momento, y no se espera que pueda cambiar durante las próximas décadas, motivo por el cual, tal y como vaticinaban los referidos autores, nos aproximamos inexorablemente a momentos socialmente convulsos.
Una opinión semejante se deduce del documental American Dharma, dirigido por Errol Morris, cuando entrevista al estratega de Donald Trump, Steve Bannon. A mayor abundamiento y con datos más concretos, según un informe reciente de la OCDE, “más de cuatro millones de españoles pueden perder su empleo por los robots y la automatización” (el informe habla exactamente de 4.200.000 puestos de trabajo que van a desaparecer en nuestro país por esta causa). Un efecto de todo esto puede que ser que el nivel de paro entre quienes buscan su primer empleo sea descomunal y que la calidad y retribución de los pocos que son contratados sea ínfima. Un reciente editorial del diario español El Mundo hablaba de “la cicatriz laboral de los jóvenes” y de que “el salario mensual real de los jóvenes de entre 18 y 35 años es hoy menor que en la década de los 80, con caídas que van dese el 26% para la franja entre los 30 y los 34 años y hasta el 50% para la de los de 18 a 20” (datos apoyados en informes de fundaciones de estudios económicos de prestigio, como FEDEA).
Por otra parte, la disminución de los puestos de trabajo tiene otro efecto preocupante que es el relativo al mantenimiento del sistema de pensiones. Como advirtió el excanciller alemán Gerhard Schröder en el año 2003, “en 1960 trabajaban cinco por cada jubilado, hoy en día son solo tres y en el año 2030, por cada dos en activo habrá un jubilado”. Actualmente, esta ratio, por ejemplo, en España ya es menor.
El empobrecimiento de las clases medias es un hecho evidente, progresivo y constante. Como sostiene Niño-Becerra, “la clase media está desapareciendo por una razón muy sencilla: está dejando de ser útil para el sistema. Los elementos que la caracterizaban, el trabajo y el consumo, han perdido su significado debido a la disminución de los salarios y a la capacidad de endeudamiento cada vez más limitada desde 2007”. Siguiendo a Richart Sennet, uno de los mayores expertos sobre la materia, “el modelo anterior, cuya crisis se puso de manifiesto en 2007, suponía el equilibrio entre oferta y demanda de trabajo, y eso ya no tiene arreglo posible”. Se acabó la clase media, título de uno de los libros de otro de los especialistas sobre este tema, el economista y profesor norteamericano Tyler Cowen, publicado en 2013, es lo suficientemente elocuente para no tener que añadir mucho más. Este autor también hace hincapié en el desarrollo tecnológico como causa del derrumbe de la citada clase media.
Según otro informe reciente de la OCDE, “la clase media española pierde peso y cae a niveles de los años noventa”. La distribución de la renta se acerca cada vez más a la de USA y se aleja de la media europea. A pesar de lo que opinan los sociólogos y economistas, un 70% de los españoles desea identificarse con el citado término “clase media” aunque, conforme a la tabla de equivalencias que utiliza la OCDE, para ello sea necesario que la renta de tales personas sobrepase los 11.200 euros, cosa que no sucede en tan alto porcentaje en la población española. Esta situación, en la que los deseos y la realidad no coinciden, también será un factor de inestabilidad social. Conviene ver también el documento Cómo salvar a la clase media publicado por el diario El Mundo el 11 de abril de 2021 y el editorial de ese mismo día titulado “La agonía de la clase media pone en riesgo la estabilidad”. Como señalaban los Toffler en 1994, “cuando unas destrezas profesionales se tornan anticuadas de la noche a la mañana, puede quedar sin trabajo gran número de personas de la clase media, incluso muy capacitadas”.
Finalmente, respecto de lo señalado al principio, otro tema que tiene –y tendrá– consecuencias respecto de la vida de la gente, es la pérdida de poder de los Estados en favor de las corporaciones globales, tal y como anticipó Georges Soros en 1996, cuando dijo que “los mercados votan cada día, obligan a los gobiernos a adoptar medidas impopulares, pero imprescindibles. Son los mercados los que tienen sentido de Estado”. Tal pérdida de poder estatal produce un debilitamiento de la soberanía popular y de la democracia respecto de los tres poderes: ejecutivo, legislativo e incluso judicial. El sociólogo y escritor Carlos Malo de Molina, en su reciente libro El mercado de las ideas, hace una encendida defensa de la democracia y denuncia la opacidad de la ONU y de la UE, y de otras organizaciones internacionales, en la toma de decisiones que afectan directamente en la vida de los ciudadanos.
LA CONQUISTA DEL MAÑANA
El conocido economista austro-estadounidense Joseph Schumpeter habló de “la destrucción creativa” como necesidad para el progreso. Y nadie duda que, efectivamente, como sostenía Ortega y Gasset, la historia es un proceso inexorable en donde las etapas se suceden unas a otras, sin que el devenir se pueda parar. No obstante, hay dos cosas dignas de tenerse en cuenta. La primera, que el declive de las eras y de los periodos históricos no es lineal (quiero decir, en forma de línea recta), sino que, como ocurre a los seres vivos, salvo que la muerte les sobrevenga de manera violenta (lo que en el campo social equivaldría a una guerra o revolución), ésta tiene lugar poco a poco –con altibajos–, pudiéndose alargar más o menos. La segunda que, como ya advertían los Toffler, “la cuestión política fundamental no es quién domina en los últimos días de la sociedad industrializada, sino quien configura la nueva civilización, que surge rápidamente para reemplazarla (…). Este conflicto es la superlucha por el mañana”. Niño-Becerra se refiere a ello de otra manera, “la dinámica histórica y el avance tecnológico pueden ser retrasados por conveniencia, durante un breve periodo de tiempo, pero son imparables”. Por consiguiente, la generación presente tiene, como mínimo, un par de alternativas. Una de ellas es –si lo que queremos es mantener, al menos en parte, las estructuras de la Segunda Ola (industrial), que tan buenos resultados nos ha dado durante la mayor parte del siglo XX y que, aunque de manera no perfecta sigue proporcionando más beneficios que perjuicio– es luchar social y políticamente para retrasar lo más que se pueda su declive. Respecto de ello no sólo estarían en juego las condiciones de vida de la generación presente y de la sucesiva, sino quizá también, dependiendo de lo tenaz que sea la resistencia, las de dos o tres generaciones más. La segunda es no impedir el tránsito de la Segunda Ola a la Tercera, pero sin dejar que sean “las fuerzas indeterminadas del progreso”, los mercados desbocados, casi sin ningún control gubernamental, y los movimientos políticos “progresistas”, alineados estratégicamente con las grandes corporaciones globales, las que impongan su modelo al resto del mundo.
La tercera posibilidad, a priori no se debería contemplar, si bien no debe ser completamente descartada porque, si las tensiones sociales y políticas arriba descritas, por afectar a capas de la población cada vez más numerosas, provocan estallidos violentos y revueltas prolongadas, el devenir de los acontecimientos, tal y como nos enseña la ciencia de la prospectiva y la propia historia, podría ser incierto y derivar en algo completamente imprevisible o que, desde la perspectiva actual, pudiera parecer poco probable.
En todo caso, en toda evolución histórica siempre existe margen para lo improbable y lo imprevisible. Determinado acontecimiento (quizá una guerra) podría desencadenar las circunstancias que podrían hacer que el futuro evolucionarse de una manera que en este momento parece menos probable. Por consiguiente, es responsabilidad de cada uno de nosotros estar preparado y dispuesto para aprovechar las circunstancias, si es que se dan.
LA PROPIEDAD: ELEMENTO CRUCIAL
Antes me referí al vaticinio del Foro Económico Mundial (WEF) para 2030: “no tendrás propiedades y serás feliz, alquilarás lo que quieras y será entregado por un dron”. Expuesto así, parece algo inofensivo, diríase que incluso bienintencionado, pues habla de que seremos felices sin necesidad de tener nada. Nos recuerda un refrán que bien podría haber inventado el Papa Francisco, “no es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita”. En efecto, ser propietario implica preocupaciones, ya que hay que cuidar y conservar la cosa, mantenerla, pagar impuestos y otras molestias. No obstante, también comporta ciertas ventajas.
Veamos algunos ejemplos que ya he puesto en otro lugar. Muchos tenemos un coche e incluso una casa, lo cual nos permite desplazarnos por cuenta propia y habitar en una morada estable en compañía de nuestra familia. Es verdad que poseer un coche obliga a mantenerlo, pagar un seguro, impuestos, etc., y que para tener una casa casi siempre hace falta constituir una hipoteca, contribuir con el IBI, cuidarla e incluso tener que pagar los gastos de comunidad; pero mientras somos propietarios estamos seguros de que normalmente, hasta que decidamos venderlos, podemos seguir utilizando el coche y la casa sin que haya nadie que nos lo pueda impedir.
Sin embargo, la propiedad no es lo mismo que el arrendamiento. El inquilino tiene un contrato temporal que necesita ser renovado cada cierto tiempo. No es lo mismo ser el propietario de un coche que ser su arrendatario, y tampoco es igual ser el dueño del inmueble que estar a merced de un alquiler. Hay algunas cosas que conviene tener en cuenta: sólo el propietario de la vivienda puede hacer reformas en ella y ajustarla plenamente a sus necesidades, mientras que el inquilino ha de pedir permiso al propietario a veces incluso para cambiar el color de las paredes. La situación actual de propiedad e inquilinato se corresponde con la de un mercado en el que hay una gran variedad de propietarios (grandes y pequeños, empresarios y particulares), con unos Derechos nacionales muy protectores de los intereses de los inquilinos. Pero la situación no será la misma si los propietarios son solo unos pocos fondos internacionales, radicados en no se sabe dónde, con unos Derechos nacionales cada vez más irrelevantes, sin papel moneda –sino simplemente monedas digitales, controladas por unos pocos bancos centrales y otros agentes desconocidos —y en la que todos los arrendamientos serán celebrados por medio de smart contracts (contratos inteligentes), que seguidamente explicaré.
Los smart contracts son un tipo de programas informáticos que, según una definición bastante extendida, “facilita, hace cumplir y ejecuta acuerdos registrados entre dos o más partes”. Es decir, son unos contratos digitalizados que al mismo tiempo que formalizan un acuerdo entre las partes (por ejemplo, un arrendador y un arrendatario), permiten que el contrato se vaya ejecutando minuto a minuto y segundo a segundo, de acuerdo con la programación establecida en el propio contrato. De manera que ya no hace falta que haya leyes ni jueces, ni nada parecido, porque es el propio contrato, basado en la tecnología blockchain (cadena de bloques), el que actúa como intermediario entre las partes. Todo se debe realizar conforme a lo establecido en la cadena de bloques de información, de manera que si una de las partes deja de cumplir lo estipulado en el contrato inteligente la relación queda rescindida desde ese mismo momento. Veamos otro ejemplo. Algunas compañías de alquiler de vehículos están empezando a plantearse el uso de smart contracts para la celebración de sus contratos con los consumidores. Cuando el arrendatario del coche firma digitalmente el contrato recibe una llave que le permite acceder al vehículo y usarlo, a condición de que cumpla todo lo estipulado; porque, en el caso de que el contrato detecte algún tipo de irregularidad, la llave del coche queda automáticamente bloqueada, de manera que el arrendatario es privado, desde ese mismo instante, de su uso. La misma práctica se podría trasladar a los arrendamientos de viviendas o de cualesquiera otros bienes. Si el contrato inteligente, tal y como ha sido programado por la parte arrendadora, detecta algún tipo de incumplimiento por parte del inquilino (por ejemplo, un “uso inadecuado” del inmueble, un retraso en el pago de la renta, etc.), automáticamente se bloquea la llave de acceso a la casa, el suministro de gas y electricidad y cualquier otra cosa vinculada con la vivienda. Todo ello en cuestión de segundos, sin posibilidad de reclamación ni desahucio, porque es el propio contrato inteligente el que actúa como intermediario y juez entre las partes.
Esto, desde el punto de vista jurídico es muy interesante; pero, desde el de los usuarios, no parece tan divertido. Sobre todo, si tal y como prevé el WEF en los próximos ocho años la propiedad queda concentrada en muy pocas manos y Europa se convierte en un continente de arrendatarios.
Durante la Edad Media la propiedad también estuvo concentrada en pocas manos; pero, al menos, los señores, por medio del acuerdo de vasallaje, tenían un compromiso de defensa y protección de los vasallos que trabajaban sus tierras, cosa que no es seguro que se produzca entre los inquilinos y los titulares anónimos de los fondos internacionales que terminaran por convertirse en propietarios de los bienes. Porque la Agenda 2030 habla de que todos seremos arrendatarios, sin decir que alguien deberá seguir siendo el dueño de las cosas; pues no puede haber arrendamiento sin alguien que ostente la propiedad del bien que se arrienda. Lo que se nos viene encima quizá no sea como el Comunismo (en que la propiedad de los bienes correspondía al Estado), pero acaso pueda ser mucho peor.
Decía Ayn Rand, “sin derechos de propiedad ningún otro derecho es posible”. Quien tiene el control sobre tus cosas tiene el control de tu vida. De qué sirve reclamar el derecho a la libertad de expresión o de asociación, ideológica o religiosa, si tu vida depende de que un gran fondo internacional esté contento contigo. El derecho a disfrutar de “tu casa”, de “tu coche”, de “tu teléfono”, de tu conexión de internet, estará a merced de un click del gran suministrador de los bienes y de los servicios, por medio de los contratos inteligentes. También los “jueces” (aunque se habilitará una especie de justicia automática, por medio de programas informáticos) y los “políticos” habitarán en las casas y utilizarán los coches y los teléfonos, ordenadores, etc. de las grandes compañías, controladas por los fondos internacionales, señores de todos los bienes.
Al final todo concuerda, Santiago Niño-Becerra lleva algunos años hablando de la defunción del sistema capitalista que trajo consigo la Ilustración, la democracia liberal y el Estado de Derecho, tal y como hasta ahora lo estábamos conociendo. Él sitúa el colapso definitivo en torno a 2065, aunque reconoce que la crisis del Covid-19 está acelerando el derrumbe (la guerra de Ucrania también contribuye a ello). Coincide con los representantes del Foro Económico Mundial y de las restantes organizaciones globalistas en que el futuro al que nos encaminamos será sin derecho de propiedad (con un mero “derecho de acceso”, como sostiene Riftin), en un mundo lleno de arrendatarios felices que esperarán la llegada del dron milagroso.
¿Por qué las predicciones de Niño-Becerra y del Foro Económico Mundial se van a cumplir tan rápidamente? Pues porque el empobrecimiento causado por la “gran pandemia”, que nos ha traído el coronavirus –que no se sabe muy bien cómo se originó– las guerras y otros problemas, provocarán más pronto que tarde, un abaratamiento del precio de los bienes que muchas personas no tendrán más remedio que vender, lo cual producirá, a su vez, que quienes tengan liquidez (especialmente, los grandes fondos internacionales) compren muy barato. Y si esto no se consigue a la primera, vendrán dos, tres o más crisis económicas –como la de 2007– que conseguirán que se produzca el definitivo abaratamiento de los bienes, y que todos terminen siendo comprados por los citados fondos (esto en lo que respecta a los inmuebles). La proscripción de los combustibles fósiles también traerá consigo que, en menos de diez o quince años, todos nuestros coches de gasoil y gasolina resulten inservibles y que muy probablemente terminemos recurriendo al alquiler de vehículos eléctricos de uso temporalizado.
En conclusión, estoy de acuerdo con el filósofo José Luis L. Aranguren cuando en su obra Ética sostiene que “los hombres –todos los hombres—necesitan una cierta cuantía de bienes, materiales e inmateriales, para su perfección moral. Por debajo de ella, tratados como seres inferiores, sin libertad social, se ven obligados para subsistir a abdicar de su humana dignidad. Por encima de ella, adquieren una ilusión de sobrehumano poder que les conduce a la perdición”. Por tanto, un mundo donde la propiedad estuviera en muy pocas manos sería necesariamente malo e injusto, y nada ético. Este podría ser un argumento a favor de quienes piensan que el paso de la Segunda a la Tercera Ola no se puede dejar al albur del globalismo y de que los Estados necesitan jugar el papel que las sociedades democráticas les han otorgado, al menos, durante el último siglo.
EL PARTIDO DE LO TUYO
Ante los acontecimientos económicos, sociales y políticos que ya se están poniendo de manifiesto y, sobre todo, frente a la agitación social que progresivamente se va a ir concentrando en España y el resto de los países occidentales, alguien tendrá que vertebrar y dar voz a la inmensa mayoría de gente que directa o indirectamente está sufriendo, y seguirá haciéndolo con más intensidad, las consecuencias de la crisis de la sociedad industrial.
Harán falta pensadores, comunicadores, estrategas, juristas, etc., pero sobre todo un partidos o movimientos que encaucen la voluntad de tantísimas personas. Partidos que defiendan los intereses de cada ciudadano en los órdenes económico, social y político y que, de acuerdo con los criterios y principios de la democracia parlamentaria (que sigue siendo la mejor forma de regir el destino de los seres humanos, mientras no se demuestre lo contrario, aunque es cierto también que “is the worst form of government, excep for all the others”, según la opinión de Churchil), contribuya a construir una sociedad ética y democrática en la que los ciudadanos sigan mereciendo tal nombre, por poseer un nivel de dignidad y derechos políticos y patrimoniales que les permita seguir siendo libres y autónomos.
¿Qué postulados o proposiciones deberán sustentar el ideario de tales partidos? Pues, entre otros, según mi opinión, los que se exponen a continuación:
La nación o la patria como baluarte frente a un globalismo desbocado e incontrolable. Nación no es sinónimo de nacionalismo. El nacionalismo es una posición política sentimental que huye del racionalismo. Sin embargo, se puede llegar al convencimiento racional de que la nación sigue siendo el mejor ecosistema político para la convivencia de las personas. Los humanos siempre hemos sido– y seguiremos siendo– seres de comunidad, cuyas relaciones de confianza mutua necesitan de un capital social que sea compartido por sus miembros. Sin nación no puede haber soberanía nacional, ni Estado de Derecho ni del bienestar.
La comunidad nacional debe ser entendida como un todo integrado por individuos libres e iguales, lo cual es incompatible con las políticas de identidad que enfrentan mujeres contra hombres, nacionales contra extranjeros, homosexuales contra heterosexuales, o personas de una raza contra las de otra, etc.
El pasado no es un compartimento estanco del que únicamente merece la pena enorgullecerse o ser recordado con añoranza. La tradición es un vínculo entre generaciones y también una entidad viva, capaz de adaptarse constantemente a la realidad (de acuerdo con la opinión, entre otros, de Edmund Burke y Roger Scruton). Lo mejor que tenemos no nos lo debemos sólo a nosotros mismos. El olvido del esfuerzo empleado por los que nos precedieron es una actitud presuntuosa e irreal y, por tanto, perjudica a la sociedad.
El Derecho nacional no sólo sirve para regular las relaciones de convivencia entre los miembros del grupo, asimismo es el límite (quizá el único) frente al poder omnímodo de los poderosos. La defensa de los débiles exige leyes nacionales que los protejan, tribunales independientes que los amparen, y que castiguen e impidan los abusos de los más fuertes.
La propiedad debe ser tenido como el primero de los derechos individuales y ser elevado a la categoría de fundamental. Sin este derecho, los demás no son posibles. Las personas necesitan una morada estable para su familia y un mínimo control sobre sus bienes, para desarrollar su vida con dignidad y seguridad. El partido de lo tuyo deberá promover los cauces para el acceso a la propiedad del mayor número de ciudadanos y para que la mantengan quienes ya la tienen.
La ciencia objetiva, la razón y la verdad de los hechos son imprescindibles para el avance social y para la misma cohesión de las sociedades. La razón es el elemento que nos hace comunes a todos los hombres, a diferencia del misticismo de cualquier tipo: político, religioso y, aunque parezca un oxímoron, científico, que produce división social. Salvo que se trate de una sociedad o nación teocrática o totalitaria, obviamente, en cuyo caso la adhesión no es voluntaria de los individuos, sino externamente impuesta, en algunos casos incluso por la fuerza. El abuso del misticismo y de la corrección irracional son algunas de las causas de la decadencia de las sociedades occidentales. El progreso social exige la defensa a ultranza de la libertad de expresión, de pensamiento y de cátedra. El mercado de las ideas es el que ha permitido que nuestras naciones hayan alcanzado las cuotas de desarrollo social, cultural, científico y económico que poseen.
La defensa de la clase media para evitar el extremismo que produce la polarización entre muy ricos y demasiado pobres. No puede haber verdadera democracia sin una clase media abundante.
El fomento de las capacidades del individuo, de su libertad y responsabilidad, la igualdad de oportunidades, y el mérito –no como elementos formales de selección, sino reales y efectivos–, también son condiciones necesarias para el verdadero progreso social. El mejor ciudadano es el que es capaz de obtener, a través de su ingenio y de su trabajo, lo necesario para valerse por sí mismo y cuidar de sus hijos, y que, además, genera un excedente que le permite ahorrar y contribuir al bien común por medio de unos impuestos limitados y proporcionados.
CONCLUSIÓN
Ante la disgregación política y social, producida por el choque entre el final de una etapa y el comienzo de una nueva, se abre un espacio en el que han dejado de ser útiles y válidas las referencias que durante las últimas décadas han servido para el posicionamiento político en las naciones occidentales.
Un Partido de lo Tuyo, con este o con cualquier otro nombre, está llamado a jugar un importante papel social y político durante las próximas décadas.
Hablar de éxito o de fracaso de los partidos o de los movimientos políticos es algo relativo. Al final todos se extinguen, pues nacen en función de unas circunstancias y mueren cuando tales circunstancias desaparecen. En efecto, hay algunos que duran muy poco; pero no será el caso del Partido de lo Tuyo, porque el movimiento político-social en la que nos encontramos no ha hecho sino empezar.
El Partido de lo Tuyo no va a ser un fenómeno nacional. La mayor parte de los países occidentales van a tener su propio “partido de lo tuyo”. De hecho, es muy previsible un “efecto contagio” entre ellos; pues los problemas que se detectan en unos países tienen su correlato en otros, como consecuencia de la globalización.
Como dije antes, un mundo donde la propiedad estuviera en muy pocas manos sería necesariamente malo e injusto, y nada ético. Y cuando digo propiedad, incluyo, por extensión, todos y cada uno de los derechos individuales que permiten que los ciudadanos tengan el margen de libertad que necesitan para tener una vida digna. En su defensa deberá emplearse, a fondo, el Partido de lo Tuyo.
Juanma Badenas es catedrático de Derecho civil de la UJI, su último libro es Contra la corrección política, Ediciones Insólitas.
Seguramente muchos de ustedes conocen una expresión coloquial, atribuida a la milenaria cultura china, que es, por su ambigüedad, bendición y maldición a la vez. Me refiero a ese «¡Ojalá te toque vivir tiempos interesantes!», que según parece se deseaban de reojo y con retranca unos a otros al cruzarse…
Seguramente muchos de ustedes conocen una expresión coloquial, atribuida a la milenaria cultura china, que es, por su ambigüedad, bendición y maldición a la vez. Me refiero a ese «¡Ojalá te toque vivir tiempos interesantes!», que según parece se deseaban de reojo y con retranca unos a otros al cruzarse. Si lo analizamos, a todos se nos antoja que la felicidad, el bienestar, es más fácil de alcanzar en tiempos estables, apacibles, de rutina bien llevada, sin exceso de sobresaltos, que en épocas turbulentas, presididas por cambios, revoluciones y pérdida colectiva del oremus.
Que estamos viviendo «tiempos interesantes» es más que evidente. Tras dos años de pandemia, confinamiento y restricciones, nos hemos zambullido en un marco global de crisis e inestabilidad económica, hiperinflación, incremento estratosférico del coste de vida, pobreza y desigualdad social galopante, guerra a las puertas de casa e innegable geoestrategia de bloques, y muy negros augurios en el horizonte. Es decir, que vamos de sobresalto en sobresalto comiéndonos las uñas, si es que nos queda alguna por morder.
Los capitostes que mueven los hilos del mundo nos advirtieron nuevamente, hace muy pocos días, durante la reciente reunión del Foro Económico Mundial, de que la huella de carbono que vamos dejando diariamente en nuestras pequeñas e insignificantes vidas no es asumible, y que de seguir así nos vamos todos al garete; también de que más de dos terceras partes de la población del planeta sobra… Y de que en los dos próximos años –la alerta la emite la Interpol, no la T.I.A. de Mortadelo y Filemón– la probabilidad de que un ciberataque terrorista nos deje sin electricidad, a oscuras, sin Internet, sin cajeros, sin dinero de plástico y sin poder ir a Mercadona o a Zara –más que para comprar, que todo está carísimo, para pasar la tarde y hacer rabiar un rato a Pablo Echenique, Ione Belarra y compañía– es altísima. El caos, vaya…
El Reto Climático de Santa Greta Thunberg, el Big Reset, y un imprescindible cambio de paradigma planetario a todos los niveles, se han convertido en el nuevo caballo de batalla, en el becerro de oro a idolatrar con la fe del carbonero. Consumimos exceso de energía; exceso de agua y alimentos –toma grillo que te crió; «¡rico, rico!» como diría Karlos Arguiñano–; abusamos del transporte todo el año; y producimos residuos por un tubo cada día. Pues menuda novedad… ¡Maldita Revolución Industrial! ¡Malditos ingleses! ¡Maldita máquina de vapor de Watt!
Y de nada sirve ante dogma de fe tan asumido el que eminentes científicos nieguen rotundamente lo que consideran un bulo; o que brillantes escritores y analistas de lo político y social, como Konstantin Kisin, orador ruso-británico, autor de «An Inmigrant’s Love Letter To The West», desarbolara con su viral y demoledor discurso anti-woke en la Oxford Union Society toda la argumentación que sostiene la teoría del apocalipsis climático.
En lo personal, amigos, yo «ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor». Eso dicen que dijo Bertrand Duguesclin, condestable francés, al voltear y dar ventaja a Enrique de Trastamara en su sañudo combate cuerpo a cuerpo con Pedro I «El Cruel». Pues eso. Que personalmente ni suscribo ni niego lo del Cambio Climático, pero ayudo a mi señor, que en mi caso es la duda eterna que me lleva, y tal vez debería llevarnos a todos, a someter a revisión constante todas nuestras convicciones, todo lo que damos por hecho. Y ahí incluyo, por descontado, la fidelidad de voto. Que de borregos está el prado lleno.
Cuanto más uno lee, se informa, analiza y reflexiona (sobre cualquier cosa), más interrogantes y dudas afloran. Y la duda es el motor de combustión del pensamiento crítico, libre y no adscrito a ningún credo institucionalizado. Cada vez resulta más difícil dilucidar lo que es cierto de lo que no lo es. Porque además, la tentación que supone considerar escenarios distópicos y teorías de la conspiración, acaba convirtiéndose en un imán tan irresistible como poco aconsejable.
No pasa día, ni semana, en que no nos lleven, con su orwelliano bombardeo mediático, al paroxismo; porque tan pronto nos venden la probabilidad de una invasión extraterrestre tras derribar, aquí y allá, media docena de ORNIS (Objetos Ridículos No Identificados) en forma de globo, como nos hielan la sangre con la ralentización del núcleo de la Tierra. Menos mal que lo del núcleo seguro que ya lo está arreglando –tentado estuvo de dar explicaciones en el Congreso– Super Pedro Sánchez. Podemos estar tranquilos.
Ahora, como guinda al pastel, Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea, acaba de anunciar que en 2035 quedarán prohibidos por completo los coches de combustión. Y lo argumenta diciendo que «los incendios o huracanes son solo un botón de muestra de lo que puede ser nuestro futuro». Las estadísticas dicen, además, que la contaminación de los vehículos en las ciudades causa en Europa 30.000 muertes prematuras anuales. Pues nada… ¡Que viva el tren de San Fernando, un ratito a pie y otro andando! Porque el coche gilipijo eléctrico, que es ahora mismo ecológicamente –¿estamos hablando de ecología, no?– inasumible en su fabricación masiva, y carísimo, y se quema, y la lía parda, y no tiene apenas puntos de carga, no lo va a comprar ni Dios. Así que estamos condenados, nos guste o no, al downsizing empezando por el coche. Si lo sé me pulo los doce puntos del carné que aún tengo intactos.
Tras explorar durante siglos un mundo que se nos antojaba inmenso, inagotable en recursos, de horizonte inalcanzable, el nuevo paradigma nos dice ahora, en su Agenda 2030, que donde dijeron consumismo querían decir: consumismo pantalón y consumismo calzoncillo (serán ustedes felices). Y que todo debe ser pequeño, mucho más pequeño, de proximidad y sostenible, y BIO, y vegano a tope. Bueno, vale, pues muy bien…
Y ahí tenemos, en esa Hégira de lo macro a lo micro, a todas las grandes capitales del mundo estudiando cómo remodelar a contrarreloj su filosofía, su razón de ser y su trazado urbano, a fin de poder izar cuanto antes la bandera verde que las homologue como Ciudad de los 15 Minutos. Ya saben, todo a tiro de piedra: domicilio, trabajo, centro de salud, institutos y facultades, zonas verdes y deportivas, área lúdica y centro comercial. La idea, aplicable a ciudades de más de 50.000 habitantes, es de Carlos Moreno, urbanista francocolombiano, profesor de La Sorbona y autor del libro «La Revolución de la Proximidad». Anne Hidalgo, alcaldesa de París, se pirra con sus teorías. Y Ada Colau ya se ha puesto manos a la obra, creando ejes verdes y supermanzanas de felicidad, ínsulas de paz. Barcelona es indudablemente la urbe perfecta para implementar una remodelación de esas características, gracias al trazado reticular, hipodámico –de Hipodamo de Mileto–, de su gran Ensanche central. En Pontevedra también están en ello.
Ese nuevo concepto a aplicar en aras de la ciudad verde, ecológica, humana y sostenible cuenta con el apoyo entusiasta de muchos, pero también con el rechazo de tantos otros, que consideran que esas zonas se revalorizarán en detrimento de las circundantes, o que las supermanzanas afectarán negativamente el comercio, o que son el primer paso, de muchos pasos, hacia el barrio gueto y vulneran la libertad de movimiento. We will see…
Todos tranquilos, porque en el peor de los casos, si todas las medidas de la Agenda 2030 fracasan, y todo se pone aún más feo, los que dirigen el mundo encontrarán nuevas salidas. Seguro que ya están en ello. Me viene al recuerdo esa maravilla de película de la Sci-fi clásica, «El increíble hombre menguante», y también «Una vida a lo grande», protagonizada por Matt Damon y el gran Christoph Waltz, en la que la salvación del planeta y sus recursos pasa por reducir, gracias a la tecnología, el tamaño de los seres humanos a poco más de diez centímetros de altura y ponerlos a vivir en un diorama perfecto, a escala, adecuado a su nueva medida.
Un invento así podría solventar todos los problemas habidos y por haber. Con un garbanzo cocido o cinco granos de arroz por persona al día se acabaría el hambre. Y con una bobina de tela vestiría media ciudad. Todo es una cuestión de magnitudes. Y el tamaño, siendo lo que somos, no importa un pito. A nivel cósmico somos infinitamente menos que un microbio, ni la lente del telescopio James Webb lograría detectarnos.
Leí con atención el último artículo de José Javier Esparza publicado en este periódico. En él se aborda el llamado “Gran Reinicio” (Great Reset, según su nombre original en inglés). No me voy a extender sobre su contenido (de imprescindible lectura), simplemente voy a recordar al lector que el reinicio consiste en lo que las élites financieras mundiales han decidido que será nuestro mundo dentro de diez años. Esparza nos advierte de que no se trata de un plan oculto, sino de una planificación completamente abierta y transparente en la que están de acuerdo el Fondo Monetario Internacional, el Foro Económico Mundial y otras instituciones globalistas, entre las que se encuentra el Partido Demócrata norteamericano. La reelección de Trump hubiera supuesto un pequeño inconveniente en la producción de estos planes, así que había que hacer todo lo posible (los lectores ya me entienden), para evitar la reelección, tal y como los hechos acontecidos antes, durante y después de las elecciones del pasado 3 de noviembre han demostrado con claridad.
El Gran Reseteo se apoya en ocho puntos, siendo el primero de ellos, a mi juicio, el de mayor transcendencia: “No tendrás propiedades y serás feliz, alquilarás lo que quieras y será entregado por un dron”. Expuesto así, parece algo inofensivo, diríase que incluso bienintencionado, pues habla de que seremos felices sin necesidad de tener nada. Me recuerda un refrán que bien podría haber inventado el papa Francisco: “no es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita”.
En efecto, ser propietario implica preocupaciones, ya que hay que cuidar y conservar la cosa, mantenerla, pagar impuestos y otras molestias. Así que si —de acuerdo con la Agenda 2030— en los próximos diez años vamos siendo todos y cada uno de nosotros progresivamente despojados de la carga de la propiedad, seguramente seremos más felices. ¿O no?
Veamos algunos ejemplos. Hoy, muchos tenemos un coche e incluso una casa, lo cual nos permite desplazarnos por cuenta propia y habitar en una morada estable en compañía de nuestra familia. Es verdad que poseer un coche obliga a mantenerlo, pagar un seguro, impuestos, etc., y que para tener una casa casi siempre hace falta constituir una hipoteca, contribuir con el IBI, cuidarla e incluso tener que pagar los gastos de comunidad; pero mientras somos propietarios estamos seguros de que normalmente, hasta que decidamos venderlos, podemos seguir utilizando el coche y la casa sin que haya nadie que nos lo pueda impedir.
Sin embargo, como sabe el lector, la propiedad no es lo mismo que el arrendamiento. El inquilino tiene un contrato temporal que necesita ser renovado cada cierto tiempo. No es lo mismo ser el propietario de un coche que ser su arrendatario, y tampoco es igual ser el dueño del inmueble que estar a merced de un alquiler. Hay algunas cosas que conviene tener en cuenta: sólo el propietario de la vivienda puede hacer reformas en ella y ajustarla plenamente a sus necesidades, mientras que el inquilino ha de pedir permiso al propietario a veces incluso para cambiar el color de las paredes. La situación actual de propiedad e inquilinato se corresponde con la de un mercado en el que hay una gran variedad de propietarios (grandes y pequeños, empresarios y particulares), con unos Derechos nacionales muy protectores de los intereses de los inquilinos (en España vamos a tener hasta una Ley antidesahucios). Pero la situación no será la misma si los propietarios son solo unos pocos fondos internacionales, radicados en no se sabe dónde, con unos Derechos nacionales cada vez más irrelevantes, sin papel moneda —sino simplemente monedas digitales, controladas por unos pocos bancos centrales y otros agentes desconocidos— en la que todos los arrendamientos serán celebrados por medio de smart contracts (contratos inteligentes), que seguidamente explicaré.
Los smart contracts son un tipo de programas informáticos que, según una definición bastante extendida, “facilita, hace cumplir y ejecuta acuerdos registrados entre dos o más partes”. Es decir, son unos contratos digitalizados que al mismo tiempo que formalizan un acuerdo entre las partes (por ejemplo, un arrendador y un arrendatario), permiten que el contrato se vaya ejecutando minuto a minuto y segundo a segundo, de acuerdo con la programación establecida en el propio contrato. De manera que ya no hace falta que haya leyes ni jueces, ni nada parecido, porque es el propio contrato, basado en la tecnología blockchain (cadena de bloques), el que actúa como intermediario entre las partes. Todo se debe realizar conforme a lo establecido en la cadena de bloques de información, de manera que si una de las partes deja de cumplir lo estipulado en el contrato inteligente la relación queda escindida desde ese mismo momento. Veamos otro ejemplo. Algunas compañías de alquiler de vehículos están empezando a plantearse el uso de smart contracts para la celebración de sus contratos con los consumidores. Cuando el arrendatario del coche firma digitalmente el contrato recibe una llave que le permite acceder al vehículo y usarlo, a condición de que cumpla todo lo estipulado; porque, en caso de que el contrato detecte algún tipo de irregularidad, la llave del coche queda automáticamente bloqueada, de manera que el arrendatario es privado, desde ese mismo instante, de su uso.
La misma práctica se podría trasladar a los arrendamientos de viviendas o de cualesquiera otros bienes. Si el contrato inteligente, tal y como ha sido programado por la parte arrendadora, detecta algún tipo de incumplimiento por parte del inquilino (por ejemplo, un “uso inadecuado” del inmueble, un retraso en el pago de la renta, etc.), automáticamente se bloquea la llave de acceso a la casa, el suministro de gas y electricidad y cualquier otra cosa vinculada con la vivienda. Todo ello en cuestión de segundos, sin posibilidad de reclamación ni desahucio, porque es el propio contrato inteligente el que actúa como intermediario y juez entre las partes.
Esto, desde el punto de vista jurídico es muy interesante; pero, desde el de los usuarios, no parece tan divertido. Sobre todo, si —tal como prevé el Gran Reseteo— en los próximos diez años la propiedad queda concentrada en muy pocas manos (las de los grandes plutócratas globales) y Europa se convierte en un continente de arrendatarios. Aunque felices (¿o no?).
Durante la Edad Media la propiedad también estuvo concentrada en pocas manos; pero, al menos, los señores, por medio del acuerdo de vasallaje, tenían un compromiso de defensa y protección de los vasallos que trabajaban sus tierras, cosa que no estoy seguro de que se produzca entre los inquilinos y los titulares anónimos de los fondos internacionales que terminarán por convertirse en propietarios de los bienes. Porque la Agenda 2030 habla de que todos seremos arrendatarios, sin decir que alguien deberá seguir siendo el dueño de las cosas; pues no puede haber arrendamiento sin que alguien ostente la propiedad del bien que se arrienda. Lo que se nos viene encima no será como el comunismo (en que la propiedad de los bienes correspondía al Estado), pero acaso sea mucho peor.
Como decía Aynd Rand, “sin derechos de propiedad ningún otro derecho es posible”. Quien tiene el control sobre tus cosas tiene el control de tu vida. ¿De qué sirve reclamar el derecho a la libertad de expresión o de asociación, ideológica o religiosa, si tu vida depende de que un gran fondo internacional esté contento contigo? El derecho a disfrutar de “tu casa”, de “tu coche”, de “tu teléfono”, de tu conexión de internet, estará a merced de un click del gran suministrador de los bienes y de los servicios, por medio de los contratos inteligentes. También los “jueces” (aunque se habilitará una especie de justicia automática por medio de programas informáticos) y los “políticos” habitarán en las casas y utilizarán los coches y los teléfonos, ordenadores, etc. de las grandes compañías, controladas por los fondos internacionales, señores de todos los bienes.
Al final todo va concordando. Santiago Niño-Becerra lleva algunos años vaticinando la defunción del sistema capitalista que trajo consigo la Ilustración, la democracia liberal y el Estado de derecho, tal como hasta ahora lo estábamos conociendo. Él sitúa el colapso definitivo en torno a 2065, aunque reconoce que la crisis del Covid-19 va a acelerar el derrumbe. Coincide con los representantes del Foro Económico Mundial y de las restantes organizaciones globalistas en que el futuro al que nos encaminamos será sin derecho de propiedad, en un mundo lleno de arrendatarios felices que esperarán la llegada del dron milagroso.
¿Por qué las predicciones de Niño-Becerra y del Foro Económico Mundial se van a cumplir tan rápidamente? Pues porque el empobrecimiento causado por la “gran pandemia”, que nos ha traído el coronavirus —que no se sabe muy bien cómo se originó— provocará, más pronto que tarde, un abaratamiento del precio de los bienes que muchas personas no tendrán más remedio que vender, lo cual producirá, a su vez, que quienes tengan liquidez (especialmente, los grandes fondos internacionales) compren muy barato. Y si esto no se consigue a la primera, vendrán dos, tres o más crisis económicas —como la de 2008— que conseguirán que se produzca el definitivo abaratamiento de los bienes y que todos terminen siendo comprados por los citados fondos (esto en lo que respecta a los inmuebles). La proscripción de los combustibles fósiles también traerá consigo que, en menos de diez años, todos nuestros coches de gasoil y gasolina resulten inservibles y que terminemos recurriendo al alquiler de vehículos eléctricos de uso temporalizado. En fin, seremos muy felices, aunque ya no tengamos nada. También la molestia de pensar cómo repartir nuestra herencia dejará de ser una preocupación; pues lo único que tendremos será un puñado de contratos inteligentes y de cadenas de bloques de información, junto a la esperanza de que un dron nos traiga algo que realmente no necesitamos, pero que los grandes amos del mundo han decidido que sí deberíamos necesitar.
Juanma Badenas es catedrático de Derecho civil y miembro de la Real Academia de Ciencias de Ultramar de Bélgica. Su último libro publicado es La Derecha (Almuzara, 2020).
El WEF ha ordenado a los principales medios de comunicación que comiencen a impulsar la narrativa en otros países. No se equivoquen, esto no se trata solo de España. Quieren extender esta enfermedad por todo el mundo.
El Foro Económico Mundial ha ordenado a los gobiernos mundiales infiltrados que tomen medidas inmediatas hacia una nueva y controvertida iniciativa que debería hacer que todas las personas sensatas se levanten en armas.
El Foro Económico Mundial ahora pide que las personas tengan derecho a juntarse con animales en un esfuerzo por promover la diversidad y la inclusión.
España es el primer país en aprobar una nueva legislación dando pasos agigantados hacia la iniciativa. Esto no es sorprendente si se considera que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, es tanto un socialista declarado como colaborador de la agenda del Foro Económico Mundial. Dentro del gobierno socialista de Sánchez, la ley pro-zoofilia fue impulsada por Ione Belarra Urteaga, afiliada al WEF, ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030.
Así es, España está tan infiltrada por el WEF que de hecho tienen un Ministro para la Agenda 2030.
El mundo estaba en una pendiente resbaladiza con toda la locura de género y pedofilia, pero la nueva Ley de Bienestar Animal de España que despenaliza el sexo con animales es un nivel completamente nuevo de locura.
La nueva ley establece: “La persona que por cualquier medio o procedimiento maltrate a un animal doméstico o amansado, a un animal habitualmente domesticado, a un animal que temporal o permanentemente viva bajo control humano fuera de las actividades legalmente reguladas, incluidos los actos de carácter sexual, causando lesiones que requieran tratamiento veterinario para el restablecimiento de su salud, será sancionado con un mínimo de tres meses hasta un máximo de 18 meses de prisión.”
Básicamente, esto significa que mientras no haya una lesión física que requiera tratamiento veterinario, las personas son libres de tener relaciones sexuales con animales.
Si esto no es lo suficientemente perturbador, el WEF ha ordenado a los principales medios de comunicación que comiencen a impulsar la narrativa en otros países. No se equivoquen, esto no se trata solo de España. Quieren extender esta enfermedad por todo el mundo.
Según la élite mundial, los zoófilos son solo otro espectro en la bandera del orgullo trans. Esto ya no es una pendiente resbaladiza. Estamos en caída libre por un precipicio. La élite mundial está decidida a destruir nuestra civilización y todo lo que hemos construido como sociedad.
Porque no se equivoquen, las élites tienen la intención de hacer colapsar las economías y destruir nuestra civilización. ¿Cuándo fue la última vez que las personas se casaron con animales? La respuesta es la antigua Roma, en los oscuros días del emperador Calígula, justo antes de que el imperio romano colapsara.
Calígula cometió incesto con sus hermanas y tuvo conversaciones con la luna —hasta ahora se parece mucho a uno de los hijos de Joe Biden— y también planeó casarse con su caballo favorito Incitatus y solo fracasó porque primero lo asesinaron.
Los últimos días del imperio romano tienen sorprendentes paralelismos con nuestros propios tiempos.
Las protestas están comenzando en toda Europa a medida que los zoófilos exigen el derecho a tener relaciones sexuales y relaciones con animales en sus países.
Según los manifestantes en Alemania, los ciudadanos deberían tener derecho a tener relaciones sexuales con animales y quieren que el movimiento arcoíris LGBTQ+ agregue una Z a su nombre.
En una entrevista publicada por RUPTLY, uno de los manifestantes del orgullo de Zoophilia defiende el concepto de relaciones sexuales con animales. Según la marchante del orgullo, el sexo con animales debería despenalizarse porque “es mucho más fácil entablar una relación con animales que con humanos”.
La principal razón por la que los zoófilos no deberían ser aceptados por la sociedad en general tiene que ver con el tema del consentimiento. El sexo con animales es similar al abuso infantil, donde el dominio se impone a una parte más débil que es incapaz de dar su consentimiento.
Pero la influencia tóxica del Foro Económico Mundial y sus legiones de Jóvenes Líderes Globales corruptos incrustados en los gobiernos de todo el mundo está moviendo a la sociedad en la dirección opuesta a la decencia común y los valores tradicionales.
La zoofilia y la pedofilia están siendo normalizadas actualmente por la élite mundial y aquellos que se consideran liberales están cada vez más presionados para aceptar la desviación como algo normal. No se equivoquen, vienen por nuestros hijos.
Un consejero del Departamento Correccional de Pensilvania que trabaja con delincuentes sexuales avivó la controversia la semana pasada después de defender a las ” personas atraídas por menores “, también conocidas como MAP, y quejarse de que el término ” pedófilo ” es un ” insulto hiriente y crítico”.
En un video publicado en YouTube que desde entonces ha sido recortado y se ha vuelto viral en Twitter, Miranda Galbreath dice que los pedófilos son “probablemente la población más vilipendiada de nuestra cultura”.
El sexo con bebés tan pequeños como de 1 año no está mal, según el profesor de SUNY Fredonia, Stephen Kershnar, quien ha dejado constancia de que no ve nada malo en que los hombres adultos tengan relaciones sexuales con niños “dispuestos”.
Según el profesor Kershnar, que enseña ética aplicada en la universidad de Nueva York, existen “ ventajas evolutivas” de la pedofilia que la raza humana debería utilizar en su beneficio.
La podredumbre llega hasta la cima. Los gobiernos de todo el mundo, que operan bajo el control del Foro Económico Mundial, están librando una guerra contra nuestros niños.
El año pasado, en Nueva Zelanda infiltrada por WEF, un juez declaró que los niños de 12 años pueden consentir en tener relaciones sexuales con adultos. No es necesario presionar rebobinar. Me escuchaste bien. El caso en cuestión presentaba a un hombre de 45 años cuya defensa se centró en la afirmación de que su víctima de 12 años “lo quería”. Según el hombre de mediana edad, la niña de 12 años lo presionó para tener relaciones sexuales.
Francia, también dirigida por un joven líder mundial en Emmanuel Macron, no tiene edad de consentimiento.
Hollywood y CNN impulsan constantemente una agenda a favor de la pedofilia.
Con las élites globales detrás del plan, la única pregunta es si primero se agrega una P o una Z al movimiento del arcoíris LGBTQI+.
Si quieres vivir en un mundo seguro para aquellos que no pueden protegerse a sí mismos, es hora de tomar una posición.
El biólogo Paul Ehrlich dijo en la cadena estadounidense CBS que «la humanidad no es sostenible». En los años 70 vaticinó que cientos de millones de personas morirían de hambre en esa década. Pero no fue así
Este planteamiento de que la humanidad no es sostenible calza perfecto en los planes de los políticos y economistas que pretenden mayor control. (PanAm Post)
El alarmismo climático ha normalizado un discurso de control de consumo e intervencionismo estatal que paulatinamente incluye también la promoción del control de población. Pero comenzando el año 2023 este planteamiento parece haber ido un paso más allá. “La humanidad no es sostenible”, afirmó el biólogo Paul Ehrlich en la cadena estadounidense CBS.
“La humanidad no es sostenible. Para mantener nuestro estilo de vida (el tuyo y el mío, básicamente) para todo el planeta, necesitarías cinco Tierras más. No está claro de dónde van a venir los recursos necesarios, los sistemas que sustentan nuestras vidas, que por supuesto son la biodiversidad que estamos acabando. La humanidad está muy ocupada sentada en una rama que estamos cortando”, sentenció Ehrlich en “60 Minutes”, uno de los programas de mayor audiencia en Estados Unidos.
Sus teorías alarmistas han fallado
El presentador Scott Pelley mencionó que Ehrlich había sido visto como un alarmista cuando salió “Population Bomb“. Dicha obra insinúa que la supuesta sobrepoblación acabará con el planeta.
“Estaba alarmado. Todavía estoy alarmado. Todos mis colegas están alarmados”, dijo Ehrlich. “La tasa de extinción es extraordinariamente alta ahora y aumenta todo el tiempo”.
A lo largo de su carrera, Ehrlich ha promovido un discurso fatalista. Desde los años 70 auguró que cientos de millones de personas morirían de hambre en esa década. Pero no fue así. Pronosticó que Inglaterra no existiría para el año 2000 y su fatalista profecía no se cumplió. También advirtió en la década de los 80 sobre “una ruptura total de la capacidad del planeta para sustentar a la humanidad”. Pero aquí sigue.
La fertilidad se desplomó 50 % en los últimos 70 años
Así como el exvicepresidente de EE. UU., Al Gore, desacertó con el alarmismo climático, también falla Ehrlich. En realidad está sucediendo lo contrario a lo que él ha vaticinado. La pirámide poblacional está invertida. No existe un problema de sobrepoblación sino de baja natalidad. La tasa de fertilidad humana se desplomó aproximadamente 50 % en todo el mundo en los últimos 70 años. La familia promedio tenía cinco hijos en 1952, pero ahora tiene menos de tres. Para el año 2020, el Ministerio de Sanidad de España reportaba 341.315 nacimientos y 493.776 defunciones. Una tendencia similar a la del año anterior. Esto indica que en este país mueren más personas de las que nacen.
Si las tasas de fertilidad no se elevan por encima de los niveles actuales, aproximadamente la mitad de los países de Europa perderían 95 % o más de su población. Así lo pronostica un informe de la ONU titulado Población mundial a 2300, que hace proyecciones poblacionales para ese año. «La Unión Europea, que recientemente se ha expandido para abarcar a 452 – 455 millones de personas (según cifras 2000 – 2005 ), caería en 2300 a solo 59 millones. Aproximadamente, la mitad de los países de Europa perderían 95 % o más de su población; y países como la Federación de Rusia e Italia tendrían solo el 1 por ciento de su población actual”.
Reducción de población para mayor control
En lugar de incentivar el crecimiento poblacional, la izquierda política promueve la disminución de la población, sembrando una profunda misantropía, donde retrata al ser humano como el problema y no la solución. De la mano de la radicalización del Partido Demócrata hacia la izquierda, el senador Bernie Sanders ha propuesto financiar abortos en países en vías de desarrollo para combatir el “cambio climático”. Una vez en el poder, Joe Biden revocó el Acuerdo de Ciudad de Méxicopara costear abortos con fondos federales desde México y más al sur.
Para comprender el alcance de estas propuestas es necesario conocer al economista marxista Robert Heilbroner. Con la caída del Muro de Berlín, él llamó a volcar la revolución socialista del obrero a la salvación del planeta.
«Las fábricas y almacenes y las granjas y tiendas de una formación socioeconómica socialista deben coordinarse… y esta coordinación debe conllevar la obediencia a un plan central», proclamó. Llamó a «repensar el significado del socialismo» para enfrentar «la carga ecológica que el crecimiento económico está imponiendo al medio ambiente».
De aquí surge el término “sandía” (verdes por fuera y rojos por dentro), un disfraz ecologista que encubre un discurso socialista, sobre todo totalitario, pues sus promotores proponen que todo, desde la producción hasta la reproducción, sean planificadas por el poder central.
Este planteamiento de que la humanidad no es sostenible calza perfecto en los planes de los políticos y economistas que pretenden mayor control. Como Thanos, el villano de los Vengadores, proponen eliminar a la mitad de la población “para salvar el planeta”. Y al hacerlo, en nombre de la naturaleza, promueven ir contra el sentido de supervivencia, una incoherencia total.
Invertir en oro y en monedas que mantengan su valor supone un desafío para el monopolio del gobierno sobre la moneda y su explotación de ese monopolio. (Archivo)
“Como el oro es dinero honesto, no gusta a los hombres deshonestos”.
– Ron Paul
La compra de oro físico es un método de probada eficacia para asegurar la riqueza generacional, y una medida de seguridad que se adopta a menudo en tiempos de turbulencias económicas. La inversión en oro se considera desde hace tiempo una cobertura contra la inflación y un depósito de valor frente a las divisas. A lo largo de la historia, a medida que las monedas y divisas se devaluaban, quienes tenían más metales preciosos a mano disponían de muchas más opciones para comprar lo necesario e invertir.
Invertir en una moneda de oro, como sugirió el economista F.A. Hayek, también actúa como competencia al papel moneda y a cualquier intento de monopolio coercitivo de las divisas. Cuando las monedas están estrictamente controladas, se refuerza el poder del gobierno. Hayek especificó: “[El monopolio de la moneda] se ha convertido, por supuesto, en un instrumento principal para las políticas gubernamentales imperantes y ha ayudado profundamente al crecimiento general del poder gubernamental.”
SegúnInvestopedia, la devaluación de la moneda consiste en reducir intencionadamente su valor mediante diversos métodos monetarios y fiscales. En el pasado, la devaluación se asociaba a la sustitución de metales preciosos por metales básicos, como el uso de menos oro o plata en las monedas y su sustitución por cobre o níquel, manteniendo el mismo valor nominal. Hoy en día, la degradación se produce principalmente mediante la impresión de más dinero en forma de moneda fiduciaria, un proceso conocido como inflación monetaria.
La razón por la que los gobiernos suelen iniciar el envilecimiento de la moneda es para ampliar el gasto público y el poder adquisitivo. Sin embargo, se produce a expensas de los ciudadanos, que finalmente se quedan con menos riqueza, costes más elevados y menor poder adquisitivo. La devaluación de la moneda, así como la inflación monetaria en general, tiende a la inflación de precios. En pocas palabras, la devaluación de la moneda en forma de inflación monetaria es una falsificación legalizada.
Desde que EE.UU. comenzó a abandonar el patrón oro en 1933 -y finalmente eliminó por completo el respaldo en oro en 1971- el valor del dólar ha caído significativamente en comparación con una onza de oro. A partir de 2023, el valor de la moneda estadounidense estará en entredicho a medida que el dólar se devalúe lentamente. El poder adquisitivo de un dólar en 1913 valdría unos 30,22 dólares; un dólar en 1933 valdría unos 23 dólares; un dólar en 1970 valdría 7,71 dólares; y un dólar en 2003 valdría 1,63 dólares.
¿Cómo protege el oro contra la inflación?
El oro es una materia prima valorada y comercializada internacionalmente. El oro se valora por muchas razones, entre ellas su apreciación estética, su oferta limitada, su durabilidad, su carácter imperecedero, su popularidad y sus usos industriales. Debido a estas razones y a otras más, el oro ha mantenido su valor global a lo largo de los milenios. Cuando la moneda de un país empieza a deslizarse o a tambalearse, el oro es probablemente la materia prima mejor compartida para transferir riqueza entre monedas de otros países, manteniendo al mismo tiempo un mayor atractivo para la inversión. Sobre todo cuando las monedas de algunos países no son aceptadas en todas partes debido a conflictos o discrepancias políticas.
Al medir la tasa de inflación, Inflation Tool demuestra que, desde 1971 hasta 2023, la tasa media de inflación del dólar estadounidense ha sido del 3,93%, mientras que la tasa de inflación acumulada ha sido de la friolera del 641,44%. En términos sencillos, esto significa que 100 dólares en 1971 equivalen ahora a 741,44 dólares, lo que representa una importante disminución del poder adquisitivo.
Como afirma Lawrence White, profesor de economía de la Universidad George Mason, “la tasa de inflación fue de sólo el 0,1% durante los 93 años que Gran Bretaña estuvo en el patrón oro clásico. En Estados Unidos sólo fue del 0,01 por ciento entre la reanudación del oro en 1879 y 1913”. Sin embargo, debido a los fracasos de las políticas monetarias de la Reserva Federal, y las políticas fiscales del Congreso, la tasa de inflación hoy en día es mucho mayor empujando por encima del 6 por ciento con una tasa de inflación media de 1960 a 2023 con un promedio cercano al 5 por ciento.
¿Es volátil el oro?
Algunos economistas, especialmente aquellos con tendencias socialistas y de planificación centralizada, sugerirán que los precios del oro son volátiles. Sus afirmaciones tergiversan el oro como si la “volatilidad” significara que el oro no es tan sostenible en precio como el dólar. En contra de su opinión, el precio del oro sólo se considera volátil cuando se compara con una divisa como el dólar estadounidense en plazos relativamente cortos. Cuando el oro se mira a través de una lente de valores globales a lo largo de la historia, más allá de una moneda única, vemos que ha mantenido un valor significativo, y cuando las monedas fracasan es el oro el que ha ayudado a la gente a recuperar la riqueza. Comparando el valor global del oro con el dólar, vemos que el valor del oro se ha mantenido intacto en general.
En EE.UU., en 1913 el oro costaba 20,67 dólares; en 1933, unos 32,32 dólares; en 1970, 38,90 dólares; en 2003, 417,25 dólares; y hoy, unos 1800 dólares. Según Statista, de 1971 a 2022, el oro tuvo un rendimiento del 7,78 por ciento anual en términos de USD.
Aunque el gobierno estadounidense ha seguido fijando, cambiando e influyendo artificialmenteen el precio del oro, el valor del oro ha seguido siendo superior al del dólar en general. Esto indica además que el oro sigue siendo una buena cobertura contra la inflación. El oro ha superado a la inflación en los EE.UU. a largo plazo, lo que indica que el oro no es tan volátil como el dólar a largo plazo.
¿Puede la inversión en oro mejorar al dólar?
El dólar fiduciario de los EE.UU. es lo que permite a los políticos, en conjunción con el Tesoro y la Reserva Federal, imprimir arbitrariamente más dólares para financiar guerras casi interminables, programas de bienestar inflados, y para entregar ayuda exterior sin límites. Más impresión de dólares tiende a disminuir el valor de los otros dólares en circulación, y esto puede conducir a la inflación de precios. El fiat actúa simultáneamente como una forma de esclavitud indirecta y de robo de segunda mano una vez que esos dólares se gastan, del mismo modo que lo hace la falsificación. Si el dólar no vuelve a un patrón oro para crear un valor natural del dólar acordado por el mercado con una oferta más restringida, es probable que el dólar siga debilitándose, ya que los incentivos para estos programas y dádivas gubernamentales son mayores que los costes inmediatamente percibidos.
Incluso si el dólar no vuelve al patrón oro, el hecho de que un número cada vez mayor de personas invierta fuertemente en oro en lugar de en bonos del Tesoro, cuentas del mercado monetario, certificados de depósito, acciones y similares, crea cambios en los incentivos que animan y presionan a otras personas a unirse a la inversión más sólida del oro. El mercado ve la estabilidad a largo plazo y las ganancias de los que invierten en oro, y la gente tiende naturalmente a querer obtener el mayor rendimiento de la inversión. El oro no es una panacea para la inflación y la deflación, sino una opción más estable a largo plazo que el dinero fiduciario.
Invertir en oro y en monedas que mantengan su valor supone un desafío para el monopolio del gobierno sobre la moneda y su explotación de ese monopolio. O, como dijo Hayek: “Del mismo modo que la ausencia de competencia ha impedido que el monopolista proveedor de dinero esté sujeto a una disciplina saludable, el poder sobre el dinero también ha liberado a los gobiernos de la necesidad de mantener sus gastos dentro de sus ingresos.”