El presentador de ‘Al Rincón’ atacado por cuestionar la poca ‘autenticidad’ del líder de Podemos . El publicista se toma con ironía las críticas y aprovecha para invitar, de nuevo, a Iglesias a su programa
Categoría: POLÍTICA
Los envíos desde Brasil del gran Mariano: No votar es como esconder la cabeza bajo tierra, pero cuidado…
Y RECUERDA: NO VOTES A PODEMOS.
PODEMOS = TOTALITARISMO, DESPOTISMO, RUINA, RACIONAMIENTOS, EXPROPIACIONES, OCUPACIONES LEGALES, FIN DE LA LIBERTAD INDIVIDUAL, FIN DEL DERECHO A LA PROPIEDAD, IMPUESTOS SUPERLATIVOS.
Los “Ripiejos jodiernos” de Curro de Utrilla: De la serie “Los maitines”, hoy el Soneto de la «Yoya»
ESTA ES LA IZQUIERDA ESPAÑOLA.
Violentos, totalitarios; auténticos delincuentes que solo buscan imponer el pensamiento único machacando cabezas.
Para ellos, los resultados electorales solo valen CUANDO ELLOS GANAN.
NI UN VOTO A LA IZQUIERDA EN GENERAL Y SOBRE TODO A ESOS MACARRAS BARRIOBAJEROS ESTALINISTAS DE PODEMOS.
Cocéanle los asnos que ha encumbrado
y jáctanse orgullosos de su hazaña
¿A dónde hemos llegado, que en España,
el mal triunfa y el bien es castigado?
***
Contempla su ex-votante traicionado
con asco y rabia cómo la alimaña
se adueña de la patria
con vil saña y siéntese vendido y entregado.
***
La yoya que le han dado nos vacuna de
lo que nos espera si votamos
a quienes se han creído nuestros amos.
***
Votar PP es seguir con la tontuna
de ver cómo nos vence Batasuna,
de ver cómo se pierde cuanto amamos.
***
MORIR MATANDO
El lunes, lo que se dibujaba en un principio como un debate entre dos presidenciables, el único encuentro serio entre aspirantes a presidir el país, después del bochornoso show a lo «final de Gran Hermano» que organizó Atresmedia, culminó en otro espectáculo dantesco de proporciones «sextarias». No fue por Mariano Rajoy quien, más allá de simpatías, mantuvo la compostura como alguien que aspira a dirigir una nación, sino por un líder de la oposición que creyó estar en una taberna aldeana, o peor aún, en una de esas tertulias en las que el gallinero y el eslogan arrancan el aplauso fácil. Pedro Sánchez se sentó en aquella mesa de la Academia de Televisión con la intención exclusiva de reventar el debate. No pasaron ni treinta segundos después de abrir la boca cuando Manuel Campo Vidal tuvo que llamarle la atención al comenzar, sin pudor, a atacar al presidente cuando aún estaban en la…
Ver la entrada original 1.158 palabras más
La relación de Pablo Iglesias con el chavismo | Verdadera Izquierda
LAS TRAMPAS DE PODEMOS EN TWITTER
«AL PABLONE» Iglesias y su GANG, además de totalitarios, manipuladores, bolcheviques, estalinistas, parásitos, perroflautas, vividores y lumpens, TRAMPOSOS, MUUUUUY TRAMPOSOS.
La pena es que, debido al ANALFABETISMO POLÍTICO y GARRULISMO presente en una gran parte de la ciudadania española, MUCHOS SE LO TRAGAN, SE DEJAN ADOCTRINAR ESTUPIDAMENTE Y LES VOTAN.
Hace tiempo, en febrero más o menos, escribí un artículo que tuvo una gran aceptación «El ejército de trolls de Podemos», con más de 40.000 visitas , 150 comentarios y más de 10 mil comparticiones. Hoy, 10 meses después y a una semana prácticamente de las elecciones generales, se está haciendo cada vez más que evidente la estrategia del equipo de redes sociales del partido morado. Son muchos, muchísimos, se estima que unos 400 entre contratados y voluntarios los que se dedican sistemáticamente a crear los trendings topics y encumbrarlos a la cima de las tendencias. No, tanto amor al líder no es espontáneo, aunque haya un gran número que efectivamente sí lo sea. El alcance de estos hashtags no es en absoluto orgánico y responde a una estrategia perfectamente diseñada, aunque en mi opinión, como community manager, bastante cutre por usar un vulgarismo, debido a que es…
Ver la entrada original 1.256 palabras más
Los nocivos antisistema: mentira, fraude y corrupción
A los que simpatizáis con el proceso Bolivariano.

A Eiffel pongo por testigo.
No deja de ser evidente para todos observar un curioso fenómeno que se da en este trozo de tierra, que tanto amamos, pero que a veces, y parafraseando a Machado, nos hiela el corazón. Me refiero a la simpatía manifiesta hacia el mundo musulmán, incluso justificando su vertiente más extrema del terrorismo, que ciertos sectores de nuestra sociedad llegan a apoyar abiertamente; culpando incluso a las víctimas. Es más, su veta sectaria jamás han mostrado más que desprecio hacia las víctimas, lo que indica un rabioso cainismo, rayando la locura, y muy cercano al síndrome de la mujer maltratada: algo malo les hemos hecho y por eso nos matan es lo que intentan justificar. Ello actúa como trampolín hacia el racismo positivo, con lo cual poco hacen por integrar a nadie. Será que les interesa que no se integren.
Este curioso fenómeno se muestra más virulento entre ciertos sectores de la hipersubvencionada izquierda más “progre” de salón, champagne y caviar, en perfecta comunión con otras facciones de una izquierda rabiosamente antisistema y extremista. Si unos se pasean sin ningún pudor por el buenismo más pasteloso de las fracasadas alianzas de civilizaciones, los otros azuzan el fuego de la destrucción de nuestro sistema social para imponer su nuevo orden mundial; donde ellos, claro está, ocuparían los nichos vacantes de poder.
Tanto los que pertenecen a ese exclusivo club de artistas y actores mediocres; ya que de no serlo no necesitarían el trampolín de la subvención y eco mediático de causas buenistas, como los que se apuntan a esa izquierda extrema antisistema, muestran todos una veneración casi religiosa ante todo aquello que tenga sabor a musulmán. Si por ellos fuese les entregarían todas nuestras plazas de toros, nuestras iglesias y catedrales para que pudiesen imponer sus mezquitas y su forma de vida sobre nosotros. Y sin pudor alguno salen en procesión con parafernalia religiosa a defender unos derechos supuestamente inalienables pertenecientes a los que degüellan, asesinan, crucifican o queman vivos a unos infelices que han tenido la mala suerte de coincidir en espacio y tiempo con los musulmanes equivocados en el momento equivocado.
Ante los atroces crímenes cometidos en París los franceses se levantaron como una solo voz al himno de la Marsellesa, y los perroflautas en comitiva procesionaria les acusan a ellos, a los patriotas, de terroristas por no dejarse asesinar impunemente. Por estas latitudes los bien pagados pancarteros profesionales vuelven a martillearnos con el mantra del “No a la Guerra” , como si los pueblos amasen las guerras porque sí y las madres desearan enviar a sus hijos al sacrificio. Pero ya el simple hecho de que cierto sector del mundo izquierdista salga vociferante en comitiva procesionaria a la calle implica que disfrutan de poder, algo de lo que los ciudadanos de a pie que pagamos nuestros impuestos religiosamente y trabajamos carecemos. No nos engañemos, después del franquismo los españoles no hemos tenido ni un solo átomo de poder.
Dudo que los okupas paguen ni la luz y mucho menos impuestos, pero no carecen de móviles, tablets y ordenadores de última generación; dominan las redes sociales; y al no tener que someterse como nosotros a la disciplina de un horario y calendario de trabajo pueden desplazarse cuando quieran al país y ciudad donde les manden a romper escaparates, quemar coches o contenedores en un tiempo récord; y disponen de un dinero y tiempo del que los trabajadores carecemos. ¿De dónde sale tanto dinero y tanto poder? Grecia, por ejemplo, ardía por los cuatro costados y así se mostraba en las redes sociales antes de que la izquierda tomase el poder. Es la primera pregunta que debemos plantearnos. ¿Quién paga a los pancarteros, voceros, rompe escaparates, pirómanos y quema coches profesionales? ¿Quién paga su amplio eco mediático ante cualquier tropelía que se les ocurre hacer, pero cuya importancia queda amplificada exponencialmente como si de hechos transcendentales se tratasen? Porque si a Vd, amigo lector, se le ocurre la mala idea de romper un escaparate o quemar un coche seguro que la policía lo coge y un juez le multará y se lo hará pagar. Además, Vd. nunca saldrá por televisión. Pero ellos no solo se van de rositas sino que el protagonismo ante los grandes medios de comunicación está garantizado. No me extraña que protesten ante la ley mordaza.
Para mejorar las cosas, queda por plantear ¿de dónde proviene esa fascinación y adoración de esa izquierda extremista hacia el Islamismo, llegando incluso a justificar los ataques terroristas de París o los trenes de Madrid?
De entre todas las conjeturas, apliquemos la navaja de Ockham y escojamos la más sencilla, pues ésta tiene más probabilidades de ser la cierta. Hemos de considerar que ambos extremismos tienen en su punto de mira un objetivo común, pero por motivos distintos. Ambos extremismos constituyen, ante todo, una ideología, cuya único y principal objetivo consiste en la destrucción de nuestra cultura occidental; de nuestra forma de vida. Si para unos el capitalismo es el monstruo a abatir, para los otros el enemigo que han mantenido durante más de 1400 años es el cristianismo y cualquier otra religión y forma de vida que no sea la suya. Si unos sueñan con izar la bandera roja de la hoz y el martillo sobre la cúpula de San Pedro o el Capitolio, los otros desearían izar la bandera de la media luna. Y sobre todo, su odio se centra en nuestra cultura y nuestra forma de vida. Ambos extremismo desean nuestra destrucción y aniquilación total como sociedad: unos con objeto de imponer el Comunismo y los otros con objeto de imponer el Islamismo. Ambos, de esclavizarnos y aniquilarnos y ambos han demostrado ser capaces de aplicar el genocidio a quienes se les oponían. He aquí una sencilla explicación: los enemigos de mis enemigos son mis amigos, pero de momento. Luego los destruiré también. No nos extrañemos de las simpatías aparentes de los unos hacia los otros, de los “No a la Guerra” y de la caída de gobiernos ante atentados, como ya nos ocurrió una vez.
Evidentemente, no a todas las guerras que en este momento se estén dando en contraposición a una en particular, pero siempre y sin excepción la libertad tiene un precio y siempre existirán facciones que deseen arrebatárnosla. Nuestra defensa ante estas atrocidades está en nuestra unión. En la unión de la nación española, tal como muy bien han ejemplarizado los franceses. Está en una #EspañaUnida
Vicente Jiménez
Izquierda e Islam, la extraña pareja

Nada hay más contrario a todo lo que defiende la izquierda que el islam. Porqué son aliados hoy en Occidente es uno de los grandes misterios de nuestro tiempo.
«Hay muchísima gente que aquí, en Occidente, no tiene ninguna salida y yo creo que son elementos estructurales en donde hemos fallado. No sólo en la seguridad, no sólo en las agencias de información».
Son las palabras ya famosas/infames del eurodiputado de Podemos Miguel Urbán explicando la negativa de su partido a sumarse al Pacto Antiyijadista. Olviden por un momento el esperpéntico concepto de «estructurar gente», fruto probable de haber oído campanas sin saber muy bien dónde. Con diferentes grados de confusión o precisión gramatical y semántica, Urbán está lejos de encontrarse solo en su postura más que comprensiva con los radicales islámicos, en España y en el resto de Occidente.
Lejos de ello: desde el propio Pablo Iglesias pidiendo diálogo, a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena asegurando que «la respuesta a la barbarie no es la venganza, sino hablar» o su homóloga barcelonesa Ada Colau y su concejal Gerardo Pisarello («el Gobierno de Hollande responde a las muestras de solidaridad y de condolencia con más terrorismo desde el aire. Un acto indecente que no resolverá nada»), son otros tantos indicios de uno de los fenómenos más curiosos de la historia ideológica de nuestros tiempos: la alianza antinatural de la izquierda con el islam.
El Islam -más el radical, pero incluso el moderado- representa una visión de la sociedad que está en el extremo opuesto de lo que la izquierda defiende con más énfasis. Todo aquello de lo que los podemitas puedan y suelan acusar a la derecha, el Islam lo cumple elevado a la máxima potencia. ¿Estado secular? Imposible: el islam no diferencia entre ambos, y muchos de sus mandatos exigen una autoridad política que los aplique. ¿Ideología de género? Absolutamente ‘haram’. ¿Feminismo? No me haga reír. Pacifismo, tolerancia, libertad de expresión… Elijan el campo que quieran.
Y, sin embargo, las evidencias de una alianza táctica entre la izquierda, y especialmente la más radical, y el islam, y especialmente el islam más radical, están por todas partes. Ante cualquier comportamiento violento de grupos islamistas, es siempre la izquierda la que muestra la reacción más comprensiva, esforzándose por ‘explicar’, minimizar o incluso justificar el acto.
Vivimos un momento de extraños compañeros de cama, de fractura de las líneas ideológicas de la posguerra y alianzas inesperadas. Ante cada nueva crisis observamos cómo ya no hay una derecha que defienda en bloque una postura, atacada también en bloque por la izquierda. Así, el conflicto de Ucrania o la figura de Putin agrupa a izquierdistas y derecha en un bando y a otra izquierda y otra derecha, en el otro.
Pero ninguna de estas alianzas es, como señalamos, tan violentamente antinatural como la que une al islam con la izquierda. ¿Cómo es posible, de dónde nace este estrambótico ‘pacto de suicidio’?
Lo primero que hay que entender, el sucio secreto de la izquierda occidental, es que a lo largo de la posguerra fue perdiendo su base natural, su ejército proletario, los parias de la tierra de los que canta la Internacional. El obrero fabril, lejos de cumplir las profecías de Marx y depauperarse hasta la absoluta indigencia y multiplicarse en número, mejoró de forma constante sus perspectivas económicas y nivel de vida, pasando a engrosar la creciente clase media. La izquierda, aunque mantuvo la retórica obrerista, necesitaba urgentemente otra ‘clase oprimida’ que justificara su visión y su lucha, y encontró muchas: el propio planeta, con el ecologismo, las mujeres oprimidas por el Patriarcado, los homosexuales y demás compañeros de viaje, los pueblos indígenas oprimidos por la herencia colonial, los inmigrantes discriminados por nuestra sociedad xenófoba…
El Islam representa a estos dos últimos grupos. El islamismo exterior, en el extranjero, viene a ser una revuelta marxista de los desheredados con un pintoresco disfraz religioso; el interior, es la reacción contra la opresión xenófoba. Los musulmanes son, en fin, una potente internacional proletaria que aún no tiene la conciencia correcta, pero es solo cuestión de tiempo.
Basta con observar una lista parcial de intelectuales de izquierdas que mostraron una actitud ambigua, justificaron o incluso celebraron públicamente el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York de 2001 para hacerse una idea de la amplitud del fenómeno: Jean Baudrilliard, Damien Hirst, Norman Mailer, Dario Fo, Nelson Mandela, Harold Pinter, Arundhati Roy, Jose Saramago, Susan Sontag, Karlheinz Stockhausen, Oliver Stone, Hunter S. Thompson, Ted Turner, Desmond Tutu, Peter Ustinov, Gore Vidal…
Sí, el islam parece representar todo lo que la izquierda aborrece, pero eso es solo producto de la ‘falsa conciencia’. El enemigo es el de siempre, Occidente, y muy especialmente su herencia cristiana. Explica perfectamente el periodista y autor británico Peter Hitchens:
“La hostilidad de la izquierda hacia el cristianismo es específica, porque el cristianismo es la religión de sus propios hogares y de su tierra. El Islam ha sido un credo distante y exótico que nunca se les ha enseñado como una fe viva y probablemente nunca se les ha propuesto en la práctica como opción de vida. Por tanto pueden simpatizar con él porque es el enemigo de su monocultura y como un factor anticolonialista y, por tanto, progresista. Algunos marxistas formaron alianzas con los musulmanes británicos pese a sus muy reaccionarias actitudes con respecto a las mujeres y los homosexuales. Otros prefieren vivir en un estado de doblepensar no resuelto.”
La izquierda está atrapada en una prisión conceptual marxista que la obliga a ver el mundo bajo un prisma simplista, el de opresor/oprimido, ciega para cualquier realidad que no quepa en ese esquema aunque le golpee en la cara. Como resume el periodista americano Dennis Mitzner,la izquierda pasa por alto la religiosidad islámica porque ve a los musulmanes como parte de su propia lucha contra la hegemonía occidental. «El islam no parece a la izquierda una amenaza en el mismo sentido que el cristianismo o el judaísmo. Miran a cristianos y judíos y ven riqueza; miran a los musulmanes y ven pobreza». Siendo hijos de Marx, «ver el mundo bajo el prisma de las condiciones económicas es perfectamente lógico».
En Occidente, el islam se deja querer. Vota a esa misma izquierda sin dios porque es votar concesiones, sin más. Pero la ironía es que la victoria total de cualquiera de los dos aliandos es el exterminio absoluto del otro. Si la izquierda triunfa absolutamente, impondrá un régimen en el que no habrá lugar para la discriminación de los homosexuales, la discriminación de las mujeres o, ya que vamos a ello, la religión, mucho menos una que pretenda imponerse políticamente. Si, por el contrario, los islamistas se salen con la suya, la izquierda sufrirá el mismo destino que el resto de los infieles, multiplicado. Los cristianos tienen un lugar, subordinado y servil, en la cosmovisión islámica. Los ateos, en cambio, son reos de muerte. De la independencia de la mujeres o de la ‘visibilización’ de los homosexuales, mejor nos olvidamos.
Para los izquierdistas más perceptivos, los que advierten estas irreconciliables diferencias -igual que para los islamistas más astutos-, se trata de una carrera. La izquierda confía en ‘domar’ a los islamistas, que a corto plazo suponen, sin más, un contingente añadido de votos. Confían en que nunca lleguen a imponerse numéricamente o que, cuando lo hagan, ya hayan sido convenientemente secularizados por la influencia de la vida occidental. En su cosmovisión, la religión no es más que «superestructura». Su ignorancia sobre los siglos de historia musulmana suele ser total.
Para los islamistas, en cambio, la izquierda occidental son traidores útiles en Dar al Herb, la Tierra de la Guerra, de los que han encontrado muchos a lo largo de la historia, fenómenos pasajeros que serán absorbidos y sometidos a su tiempo sin problemas. Y que, si se obstinan en sus ideas seculares y nefandas, ni siquiera obtendrán el magro consuelo de los dhimmis y su destino será la espada.











