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La libertad individual y el Estado.

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Ensayo de Enrique Arenz sobre la doctrina liberal

La libertad individual es la gran conquista de la civilización occidental. Pero una conquista permanentemente amenazada y puesta en tela de juicio por el deseo de algunos de imponer su voluntad a sus semejantes.

Siempre hay personas que aspiran a gobernar a los demás, a pesar de que nadie en el mundo tiene el derecho de hacerlo. Es inevitable que esto ocurra en todos los tiempos y en todas las sociedades. Por eso la libertad no puede conservarse si los hombres no están dispuestos a defenderla cada día de su existencia, siendo muchos los peligros que la acechan permanentemente. Tanto la sociedad en su conjunto, al ejercer sobre las energías creativas de las personas ciertas presiones inhibitorias, como algunos hombres antisociales, al intentar someter a otros hombres, tejen una sutil trama de coacciones que tienen a limitar, restringir o, en algunos casos extremos, a impedir el ejercicio de las libertades individuales.

Por algo el premio Nobel de economía, Friedrich A. Hayek definió a la libertad como aquella condición por la cual la coacción que algunos ejercen sobre los demás queda reducida, en el ámbito social, al mínimo. “La libertad es la independencia frente a la voluntad arbitraria de un tercero”, afirmó resumiendo su claro concepto.

Pero Manuel Tagle va aun más lejos y asevera que la libertad es algo más que la simple ausencia de coerción. En su artículoAlberdi y de Tocqueville, dos almas gemelas, publicado en el diario La Prensa del 25/9/84, dice este pensador argentino: “En una primera instancia menos madura, la libertad se reduce a cortar los lazos dealgo que nos sujeta. Pero una vez alcanzada esa ausencia de coerción, la libertad del individuo se transforma en libertad para algo por realizar”.

Ahora bien, suele pensarse erróneamente que todo orden social implica inevitablemente una disminución de la libertad individual como precio por las ventajas de la civilización. Algunos opinan que el hombre primitivo disfrutaba plenamente de su derecho natural a ser absolutamente libre, pero que al organizarse socialmente debió sacrificar parte de su libertad en beneficio del conjunto.

No es así. La pérdida de la libertad jamás podría ser el precio de la civilización por la sencilla razón de que no puede haber libertad sin civilización. Imposible fuera concebir la libertad individual desvinculada de un ámbito de organización y cooperación social. Sólo en la esfera de las relaciones humanas cobra sentido la idea de la libertad. Tiene razón von Mises cuando nos señala que el hombre no nació ni fue libre en sus orígenes, puesto que en el orden biológico los más fuertes dominan y vencen a los más débiles, razón por la cual nuestros antepasados, los hombres primitivos, aún no organizados socialmente, sólo eran libres hasta que tropezaban con criaturas más fuertes. Cabe afirmar, por lo tanto, que el hombre no puede ser libre si no se organiza socialmente para serlo.

Suele decirse también que el “bienestar común” exige progresivas restricciones a la libertad individual. Debemos rechazar esta cómoda y peligrosa idea sencillamente porque tal “bienestar común” no existe, es una mera abstracción. Sólo existe el bienestar de los individuos siempre y cuando éstos dispongan de suficiente libertad y medios adecuados para alcanzar sus propios y personales fines. Resulta inimaginable una sociedad bien alimentada y feliz, salvo que esté integrada por individuos bien alimentados y felices. La sociedad es una abstracción cuya existencia sería inconcebible sin los individuos que la componen. La sociedad fue voluntariamente creada por las personas cuando éstas comprendieron las ventajas de unirse y cooperar entre sí frente a las dificultades que implicaba tratar de sobrevivir aisladamente. Por lo tanto el individuo está antes que la sociedad. El llamado “bienestar común” deriva en todo caso del bienestar de los individuos que componen la sociedad. Von Mises afirmaba que en libertad las mentes más agudas y ágiles son impulsadas a promover el bienestar de las más rezagadas.

Diferente, en cambio, es el concepto del bien común siempre que con él estemos señalando las condiciones políticas y jurídicas que aseguran las libertades del individuo y a las cuales éste se subordina. El bien común es la finalidad del derecho, según veremos más adelante.

Límites de la libertad

La libertad, sin embargo, nunca es absoluta, ya que necesariamente debe el hombre someterse a tres categorías de leyes que limitan sus acciones: las leyes físicas, las leyes praxeológicas y las leyes humanas de orden público. (En cierto sentido, el orden moral también condicionaría la libertad. Jorge García Venturini afirmada que no hay libertad sin moral ni moral sin libertad. “El hombre -decía- es libre, pero no hace lo que quiere sino lo que puede, y tampoco debe hacer lo que pueda sino lo que deba”. Sin embargo, debemos advertir que esta cuestión pertenece al ámbito de la conciencia individual. Desde el estricto punto de vista de la doctrina libertad todo aquello que contribuye a fortalecer la cooperación social voluntaria es moral, en tanto que lo que tienda a entorpecer o impedir dicha cooperación debe considerarse inmoral).

Las tres categorías de leyes mencionadas arriba (físicas,praxeológicas y humanas) establecen límites a la libertad individual, pero cuando una sociedad está organizada para la libertad, estos límites tienden a expandirse en lugar de contraerse. Puede decirse que la libertad es un sistema de fronteras móviles que el hombre puede ampliar permanentemente.

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Este concepto encierra tanta importancia para la comprensión de nuestra doctrina que es conveniente demorarnos en una más detallada explicación.

Todo el mundo acepta la soberanía de las leyes físicas como razonable límite a la libertad. No ocurre así con las leyes praxeológicas que, por desconocimiento, suelen ser resistidas por las personas. Esto se refleja en las leyes humanas. Cuando la sociedad dicta sus leyes de orden público, respeta escrupulosamente la jurisdicción de las leyes físicas. Ninguna ley humana, por ejemplo, puede contradecir la Ley de gravitación universal de Newton. Sin embargo, las leyes humanas suelen extralimitarse en lo referente a las leyes praxeológicas cuyas zonas invaden por desconocimiento.

Absurdo sería aun para el más ignorante decir que un hombre no es libre porque no puede arrojarse desde un décimo piso y volar como las aves. Cualquier necio comprende las leyes físicas que impiden hacer tal cosa. Sin embargo, cuando se trata de juzgar la suba de precio de un producto que escasea, pocos son los que advierten (aún entre los más cultos) la existencia de leyes praxeológicas que producen ese fenómeno, y la mayoría prefiere culpar a los comerciantes y exigir la intervención del Estado en resguardo de la “libertad” de comprar barato. En muchos casos (en la Argentina y en muchos otros países, sobre todo en tiempos de inflación o de crisis) este reclamo popular induce al legislador a sancionar leyes arbitrarias que comprimen las libertades individuales, vulneran el derecho de propiedad y alteran el orden espontáneo del mercado agravando aun más el problema que se pretendía solucionar. (Comprobaremos más adelante que la “libertad de comprar barato” es equivalente a la “libertad de volar”. Tan ilusoria una como la otra, salvo que atinemos a ampliar inteligentemente las fronteras móviles de la acción humana, en cuyo caso ambas serán posibles.)

El hombre nunca podrá lograr absolutamente todo lo que se propone. Sus deseos son ilimitados, pero las posibilidades de que dispone para satisfacerlos son siempre escasas. Por eso su libertad se halla necesariamente restringida y condicionada a esfuerzos y sacrificios personales para ampliar sus límites.

Las leyes físicas y las leyes praxeológicas son dóciles con quienes las entienden y respetan. Pero castigan implacablemente a quienes las llevan por delante. “La naturaleza no consiente burlas -escribió Goethe-, es siempre verdadera, siempre seria, siempre rigurosa; tiene siempre razón, y los errores y equivocaciones son siempre de los hombres. Ella repudia al inepto y se rinde tan sólo a quien es capaz, verdadero y puro, revelándole sus secretos”

Pero así como las leyes físicas y las leyes praxeológicas ofrecen flexibilidad en el trazado de sus límites a la libertad individual, con la sola condición de que el hombre sepa descubrir y respetar sus postulados, las leyes humanas, cuando pretenden modificar la naturaleza de las cosas, crean barreras rígidas que reducen arbitrariamente la esfera de la acción humana. No hay forma de ensanchar las posibilidades del hombre dentro de un sistema jurídico que pretenda crear y conceder derechos contrarios al orden natural, cuando sólo debiera limitarse a proteger la propiedad privada, la libertad de todos y el ámbito de la convivencia pacífica.

Nadie se rebela contra las leyes físicas cuando son éstas las que se oponen a los caprichos humanos- Pero cuando se trata de leyes praxeológicas las personas suelen resistirse a sus designios simplemente por ignorancia, y en lugar de buscar las soluciones por los cauces que esas mismas leyes les ofrecen, prefieren inducir a los políticos a dictar leyes que expropien (porque de eso en definitiva se trata) los frutos del trabajo de unos en beneficio de otros, creyendo que la falla está en la distribución de la riqueza. Todos pierden libertad y prosperidad por este camino. La invocada “libertad de comprar barato” (que ciertamente no puede concederse por decreto por ser ella el resultado laborioso de comprender y respetar las leyes praxeológicas) se transforma así en una aspiración ilusoria.

Las leyes físicas le dicen al hombre que no puede volar, pero al mismo tiempo le sugieren las soluciones científicas para fabricar una máquina voladora. ¿A quién se le ocurriría pedir al gobierno la derogación de la ley de Newton en resguardo de la “libertad de volar”? Tan sólo respetando esta ley y otras leyes físicas ha podido el hombre volar libremente como los pájaros.

Ahora apliquemos este razonamiento a las leyes praxeológicas. Si un producto comienza a faltar en el mercado, es natural que suba de precios, porque hay una ley praxeológica que se llama “Ley de la oferta y la demanda” que dice que si muchas personas desean al mismo tiempo un bien escaso, se producirá una competencia entre los potenciales consumidores quienes ofrecerán más dinero para quedarse con el producto anhelado. El precio que finalmente se forme en el mercado debido a esta presión de la demanda será el factor selectivo que se encargue de segregar quiénes pueden pagar de quiénes no pueden hacerlo, ya que si así no ocurriera, la violencia o el azar serían los que decidirían a manos de qué consumidores irían a parar las limitadas existencias disponibles.

Puede parecer injusto que en una sociedad civilizada unos puedan pagar y otros no. Sin embargo no es así. Von Mises nos explica en La acción humana que la desigualdad económica entre las personas es en sí misma el resultado de una previa selección del mercado, el cual, en decisiones que se modifican todos los días, hace a la gente rica o pobre, triunfadora o fracasada, según haya sabido o no interpretar y satisfacer los caprichos de… nosotros los consumidores.

Por otra parte, para comprar un producto a un determinado precio, no basta solamente con “poder pagar”, también es indispensable estar dispuesto a hacerlo. Recordemos que todo intercambio comercial se produce únicamente si cada parte valora en más lo que recibe que lo que da. Por consiguiente, habrá consumidores que no aceptarán el precio de un bien deseado a pesar de contar con el dinero necesario, sencillamente porque no lo considerarán un buen negocio y preferirán destinar sus limitados recursos a la compra de otros bienes aun más deseados.

El precio de mercado (esto lo veremos detalladamente más adelante), como fenómeno social selectivo, se produce por influencia de muchos factores concurrentes en cada consumidor y en cada vendedor. Algunos de estos factores son de carácter subjetivo (valor atribuido, preferencia, necesidad, emotividad), y otros, rigurosamente objetivos (capacidad económica, apremio legal, etc.)

Pero retornemos a la cuestión de las leyes praxeológicas. Si bien el fenómeno de los precios nos suele llamar la atención únicamente en aquellos productos que experimentan alteraciones en su abastecimiento, se verifica, en rigor, en todos los bienes y servicios que existen, ya que la oferta siempre es menos a la demanda potencial.

Es la escasez (combinada con su utilidad) lo que convierte a las cosas en bienes económicos. Todo cuesta, todo es dificultoso, todo tiene su precio porque todo lo útil o bien es difícil de obtener, o es obra de la creatividad y del esfuerzo humano. Sólo el aire abunda en todas partes, y por eso no tiene precio. El agua, en cambio, tiene valor comercial en muchos lugares, y aun donde abunda, debe pagarse por el servicio de su potabilización y traslado a los domicilios. Decía Röpke: “Toda sociedad debe confrontar el hecho de que, por un lado están nuestros deseos ilimitados, y por el otro, nuestros limitados recursos para satisfacer dichos deseos”. Es por ello -según ya lo hemos dicho antes-  que nadie ve totalmente satisfechas sus ambiciones. Y cuando alguien se enfrenta a dos cosas que desea ardientemente pero que no puede obtener al mismo tiempo, debe siempre elegir una y renunciar a la otra.

Estas leyes praxeológicas parecen muy antipáticas porque se empeñan en poner freno a nuestros antojos y caprichos. Sin embargo, son estas mismas leyes las que nos enseñan a economizarrecursos escasos a la vez que nos revelan sus secretos sugiriéndonos la forma científica de producir más y mejor para satisfacer cada vez en mayor medida nuestros ilimitados deseos.

Respetando las leyes praxeológicas logramos ampliar sus fronteras y con ellas el campo de las posibilidades humanas. La libertad de comprar barato resulta así tan posible como la libertad de volar. Nada más destructivo para el hombre civilizado que ir contra ellas. Tan vano resulta fijar precios y salarios por decreto (por mencionar tan sólo una de las insensateces de la política moderna, como derogar la ley de Newton.

La libertad debe ser de todos

Ahora bien, de la misma manera que nadie puede considerarse menos libre porque debe obedecer las leyes físicas y las leyes praxeológicas, tampoco puede hablarse de pérdida de libertad cuando el hombre debe respetar los límites que le imponen las leyes humanas, siempre que estas leyes tengan por finalidad únicamente la protección del individuo y la defensa de la libertad de todos. Si las leyes humanas van más allá de este objetivo -que es, por otra parte, su única justificación- la libertad individual es irremediablemente lesionada.

“El derecho -escribe Kant- puede definirse en general como la limitación impuesta a la libertad de un individuo hasta donde lo permite su acuerdo con la libertad de todos los otros individuos, en cuanto ello es posible por medio de una ley universal”.

Y recordemos a nuestro Alberdi: “Lo que llamamos nuestro deber no es más que la libertad de los otros: es la libertad nuestra que paga el respeto que debe a la libertad de otros”

La libertad, pues, debe ser de todos, y ella presupone la existencia de un contexto de cooperación e interdependencia social y la ausencia de coacción. Más allá de los límites impuestos por la libertad de los demás, el individuo libre disfruta de una amplia esfera de actividad privada en la cual no pueden intervenir los otros ni la sociedad.

A cada integrante de la sociedad le conviene que sus vecinos y conciudadanos desarrollen al máximo sus energías creadoras a fin de que el aporte de cada uno de ellos hacia la comunidad sea el máximo que su capacidad le permita. Un país con abundancia es un país donde todos producen y se benefician con la diversidad creciente de posibilidades y recursos. Ahora bien, si la libertad individual (según lo hemos visto en el capítulo anterior) es la condición indispensable para el fenómeno productivo se multiplique geométricamente mediante la liberación de las energías creativas individuales, es natural que todos nosotros, desde el más pobre al más rico, tengamos especial y personal interés en la libertad de los otros. En las antiguas monarquías absolutas el rey no era más libre que sus siervos: no podía curar sus enfermedades, no disponía de medios para viajar cómodo y seguro, no había calefacción en sus húmedos y fríos aposentos, no era dueño de darse una ducha caliente ni de hacer sus necesidades en un cómodo sanitario.

“¡El Estado soy yo!”  “¡Después de mí el diluvio!”  Así expresaban su arrogancia los soberanos absolutos cuya autoridad de origen divino les concedía la potestad sobre vidas y haciendas de sus súbditos. Sin embargo no podían disfrutar de las mínimas comodidades que hoy tiene a su alcance el más humilde obrero de un país capitalista. Con todo acierto William Allen White dijo que la libertad es la única cosa que uno no puede tener sin estar dispuesto a que los demás también la tengan. Porque si yo tengo libertad para trabajar, comerciar y poseer bienes y las demás personas no la tienen, no podré intercambiar nada con ellas, por lo cual no dispondré de aquellos indispensables medios que sólo la múltiple creatividad de los otros podría proporcionarme. Y sin tales medios, de poco habrá de servirme la libertad, pues mis posibilidades de elección serán casi nulas. Por el contrario, si todos somos libres, aún el más pobre recibirá parte de la riqueza creada por todos. “La vida del hombre medio es hoy más fácil, cómoda y segura que la del más poderoso en otro tiempo. ¿Qué le importa no ser más rico que otros, si el mundo lo es y le proporciona magníficos caminos, ferrocarriles, telégrafo, hoteles, seguridad corporal y aspirina?” (Ortega y Gasset, La rebelión de las masas).

Yo viajo diariamente en autobús. Mi asombro se renueva en cada uno de esos fantásticos viajes. Confortablemente sentado en una mullida y bien tapizada butaca individual, suelo preguntarme si no estoy soñando al desplazarme velozmente como en un cuento de hadas por lisos y bien nivelados pavimentos, protegido del frío y de la lluvia por grandes y transparentes ventanilla. Cuando llego a destino, oprimo un botón y como en el país de las maravillas de Alicia, el vehículo se detiene y la puerta trasera se abre para que yo, el soberano del siglo XX, pueda descender. ¿Cómo es posible no asombrarse frente a ese prodigio de la civilización? ¿Es que a alguien puede parecerle cosa natural un autobús circulando a frecuencia regular al servicio de la gente? Yo, al menos, no lo creo así. Soy consciente de que cada vez que hago ese fantástico viaje estoy recibiendo generosamente la cooperación acumulada de millones de personas que trabajaron, estudiaron, crearon, inventaron, ahorraron e invirtieron para que yo, por unos centavos, me pueda dar diariamente ese lujo inconcebible en otros tiempos. He ahí un sencillo ejemplo -a menudo inadvertido- de lo mucho que nos beneficia la acumulación de capital y la creatividad libremente expresada.

Gracias al capitalismo, cualquier trabajador recibe de millones de personas que jamás conocerá, más servicios y ventajas personales que los que obtenía a fuerza de látigo un señor feudal de sus esclavos.

Fácilmente deducimos, entonces, que el principal interés de toda comunidad consiste en asegurar a todos por igual el ejercicio de la libertad individual, creando leyes y costumbres tendientes a tal fin y abjurando del principal enemigo de la libertad, la divinización del poder, ya sea en su forma individual o colectiva.

El Estado y el orden jurídico 

Recapitulando, recordaremos que libertad individual es aquella condición por la cual todo hombre disfruta de una amplia esfera de actividad privada en la cual los demás no pueden interferir.

Si quisiéramos analizar el significado de la libertad desde un punto de vista negativo, deberíamos definir la esclavitud. Para ello nada mejor que recurrir a Herbert Spencer. Decía este pensador que esclavo es alguien que trabaja sometido a coerción para satisfacer los deseos de otro, y el grado de severidad de la esclavitud a que está sometido depende de la mayor o menor medida en que el esfuerzo es aplicado compulsivamente en beneficio de otro en lugar de serlo en propio beneficio.

Hemos analizado hasta aquí las dos condiciones extremas de un hombre: la total libertad individual (limitada por las físicas, las leyes praxeológicas y las leyes humanas), y la máxima esclavitud posible (también limitada por la última y trágica libre opción del esclavo: obedecer o suicidarse). Todos los infinitos estados intermedios que puedan imaginarse entre ambas condiciones extremas, son exponentes de pérdida de libertad del hombre. No es una exageración tautológica afirmar que el hombre nunca es más o menos libre, sino más o menos esclavo. La condición del hombre libre es una sola: no absoluta ni ilimitada, como queda dicho, pero sí susceptible de constante perfeccionamiento. Nadie puede considerarse libre “a medias”. Sólo se puede ser esclavo a medias.

Ahora bien, cuando se pierde la condición de hombre libre, la disminución progresiva de la libertad no se detiene. Lamentablemente esto ocurre en forma gradual y las personas no advierten lo que les está sucediendo, sobre todo cuando la pérdida de la libertad se produce por el avance del Estado sobre el ámbito de acción privativo de los particulares, en violación de las leyes praxeológicas del mercado, provocan desocupación de un sector laboral en beneficio de los obreros que conservan sus empleos. Con esta arbitrariedad no solamente limitan la libertad del empleador -y del consumidor, que en definitiva es quien fija precios y salarios- sino que también limitan la libertad de los propios trabajadores que quizás preferirían trabajar por un sueldo menor antes que quedar sin empleo.

Los límites del Estado han sido siempre un motivo de discusión, ya que de la misma manera con que algunos pretenden llevar su poder hasta extremos en que el hombre se transforma en su siervo, otros pretenden negar toda forma de autoridad política, aduciendo que el menor atisbo de coerción gubernamental implica pérdida de libertad.

Ninguna de ambas posiciones es aceptable. Es más, constituyen las dos caras de una misma moneda totalitaria: el colectivismo y el anarquismo.

Von Mises se encargó de aclarar, con estas palabras los fundamentos del orden jurídico en un sistema de libertad: “Mientras el gobierno, es decir, el aparato social de autoridad y mando, limita sus facultades de coerción y violencia a impedir la actividad antisocial, la libertad individual prevalece intacta. Esta coerción no limita la libertad del hombre, pues aunque éste decidiera prescindir del orden jurídico y el gobierno, no podría al mismo tiempo disfrutar de las ventajas de la cooperación social, y actuar sin frenos obedeciendo a sus instintos de violencia y rapacidad”.

En efecto, cuando el hombre delega la defensa de su libertad en una organización social, no renuncia a dicha libertad, ya que lo que quiere es precisamente preservarla. A lo que renuncia es a la irracionalidad y a la violencia. Por eso el hombre no puede ser libre si no se desenvuelve en un medio social donde todos los hombres hayan pactado cooperar entre sí para ser libres.

Es obvio que los gobiernos carecerían de toda justificación moral si los hombres no tuvieran aquellos instintos de rapacidad y violencia que los llevan a enfrentar permanentemente entre sí. De no existir reglas estipuladas de convivencia y una fuerza defensiva organizada, los más fuertes e inescrupulosos terminarían por someter a los más débiles e indefensos. La justificación moral de todo gobierno se nutre en un derecho natural de todo ser viviente: usar de la fuerza para defenderse de las acciones destructivas de los demás.

Nadie pone en duda que el derecho más elemental e incuestionable de todo ser humano es el derecho a vivir y a conservar la propia existencia. Este derecho, lógicamente, implica el uso de los medios adecuados para la obtención del sustento y la preservación de la vida y la salud. (Recuérdese que hay una sola cosa que el hombre puede hacer sin medios: dejarse morir). Ahora bien, si admitimos el presupuesto del derecho a la vida y al uso de los medios idóneos para defenderla, fácilmente deducimos que el hombre es libre para elegir, usar y disponer de una variedad ilimitada e imponderable de dichos medios con los cuales ha de conservar la vida, ponerla a cubierto de futuros riesgos, asegurar la supervivencia y bienestar de los hijos, acumular reservas para la vejez y eventuales enfermedades y, finalmente, alcanzar fines superiores. Nadie puede razonablemente negarle al hombre tales lógicas atribuciones, con lo cual queda claramente perfilado su derecho natural e inalienable a poseer bienes y disponer libremente de ellos. He aquí el sentido de la propiedad privada.

Pero la propiedad privada sería ilusoria si no se la protegiera en forma efectiva mediante el orden jurídico. Los más fuertes y violentos impedirían este derecho a los más débiles y terminarían por apropiarse de todo. La vida humana se extinguiría en el planeta.

En todos los tiempos han existido hombres pacíficos y hombres violentos. Hombres buenos y hombres malos. Los pacíficos han intentado vivir en comunidad, trabajando, creando e intercambiando libremente el fruto de su trabajo. Pero los violentos, han utilizado sus energías destructoras para imponer su voluntad a sus semejantes y apropiarse por la fuerza de las energías creadoras de los demás.

He aquí, en esta realidad de la condición humana, la primera amenaza a la libertad del hombre. Caín impone su violencia homicida sobre el pacífico Abel. El Antiguo Testamento nos muestra descarnadamente esta trágica circunstancia que habrá de acompañar eternamente el destino del hombre: la libertad y su amenaza permanente. El hombre pacífico frente a su tirano, el hombre violento.

Como se recordará, Leonard Read define a esta realidad como “el único problema social que existe”, ya que todo lo demás queda en la jurisdicción de lo creativo y lo individual.

Según hemos visto, el derecho a la vida y a conservar la propia existencia, implica necesariamente el derecho a la libre elección de los medios con los cuales lograr tales primarios fines. No cabe pues duda de que la libertad individual es un derecho anterior al hombre mismo ya que proviene de su Creador que lo dotó de la voluntad de vivir y del instinto de la supervivencia. La libertad, sin embargo (y esto también lo dijimos), sólo es posible en un contexto de organización social, ya que el hombre primitivo jamás pudo ejercerla. Es, por lo tanto, un derecho que requiere el voluntario propósito de cultivarlo (la conciencia del hombre libre es, en rigor, un estado cultural), un derecho que exige una clara convicción de su conveniencia social y, sobre todo, una firme decisión de preservarlo. La manera moderna de ejercer la libertad individual (sobre todo en el plano económico que es donde alcanza su máxima significación social) constituye, como afirmamos al principio de este capítulo, la gran conquista de la civilización occidental. Pero una conquista constantemente amenazada y puesta en tela de juicio. Por ello la libertad es un derecho que debe ser defendido todos los días, un derecho ligado a la vida misma que -al igual que ésta- se halla expuesta a mil peligros y acechanzas.

Por esta razón la libertad no es posible sin los medios adecuados para defenderla. Ahora bien, cualquiera tiene el derecho moral de impedir las acciones destructivas de los demás. Pero, por las razones que analizaremos a continuación, el hombre pacífico no puede enfrentar por sí mismo a los seres violentos que amenazan su libertad.

En primer lugar porque el hombre pacífico que dedica todas sus energías creativas a su trabajo, no puede estar de vigilante, temeroso de las acechanzas de los demás. Y aunque así lo hiciera, su reducido ámbito de información no le permitiría conocer los peligros que se ciernen sobre su vida y bienes, tramados a veces a mucha distancia.

Porque si cada individuo se hiciera cargo personalmente de su propia defensa, tendríamos en la Argentina 35 millones de tribunales de justicia, cada cual con su propia concepción del derecho.

Porque al hombre sólo le está moralmente permitido usar la “fuerza defensiva” y jamás la “fuerza agresiva”. La diferencia entre ambas es demasiado sutil para que cada cual la interprete a su manera.

Y finalmente el argumento más convincente: porque si se trata de imponerse por el uso de la fuerza, es imprescindible el empleo de las armas, y en este terreno siempre ganan los que las manejan mejor. Entre un hombre laborioso y pacífico y un delincuente, sin duda este último habrá de manejar más hábilmente las armas. Si cada cual estuviese librado a su propia defensa, los delincuentes no tardarían en erigirse en gobernantes y someter por la fuerza agresiva a todos los seres pacíficos.

Con lo cual no podemos sino llegar a la siguiente conclusión:El hombre debe delegar la defensa de su libertad en una organización que utilice con carácter de monopolio la fuerza defensiva, a fin de enfrentar -orgánica y eficientemente- el único problema social que existe: las agresiones de algunos individuos contra la libertad individual. De ahí la necesidad de que exista un gobierno y un orden jurídico.

La organización de un Estado sólo se justifica, entonces, en la necesidad de los individuos de defenderse contra las acciones humanas que inhiben la energía creadora y su libre intercambio. Un gobierno justo deriva de esta única motivación: la necesidad común de todos los hombres de protegerse contra aquellos que quisieran limitar sus posibilidades creativas.

“El principio que justifica la organización, por parte de la sociedad, de una función defensiva -nos advierte Leonard Read-, impone limitaciones a lo que debe realizar dicha organización. En una palabra, la limitación del derecho reside en la propia justificación del derecho.La fuerza es una cosa peligrosa. Por lo tanto, la función organizada de la sociedad es un instrumento peligroso. Contrariamente a lo que algunos sostienen, no es un mal necesario. Siempre que se limite a su debido alcance defensivo, es un bien positivo. Cuando excede sus justas limitaciones y se convierte en una agresión, no es un mal necesario sino un mal, directamente.”

Es simple deducir que las facultades de un Estado están limitadas por los mismos principios que justificaron su creación. Si ningún individuo tiene el derecho de gobernar a otro, mucho menos la asociación de muchos individuos (el Estado) formada precisamente para proteger a sus integrantes de aquellos que aspiran a imponerles su voluntad por la fuerza, podría asumir facultades que el individuo no tiene. Es decir, si yo me organizo junto a otros individuos en una sociedad para evitar que los merodeadores violentos intenten limitar mi libertad, mal puedo aceptar que esa misma sociedad vaya más allá de sus fines y avance sobre los derechos para cuya preservación fue creada.

Podemos, en fin, hacer un resumen de lo expresado hasta aquí diciendo que el ámbito donde la criatura humana puede desarrollar al máximo sus potencialidades creativas e intercambiar libremente sus energías en una cooperación voluntaria que beneficia a todos, es la libertad individual. Como dicha libertad está siempre amenazada, el hombre debe hacer algo para preservarla. El Estado, pues, es la consecuencia de la necesidad del hombre de proteger su libertad. Por tal razón el Estado es una organización subordinada al hombre que tiene, por definición, facultades estrictamente limitadas. Si estos límites defensivos son sobrepasados, cosa que ocurre hoy, lamentablemente, en todos los países del mundo, el individuo pierde independencia y ve interferida y reducida su esfera privada de acción.

Digamos, para finalizar este capítulo que existen dos tipos de fuerza  según ya lo insinuamos antes: la fuerza defensiva y lafuerza agresiva. La primera es un derecho indiscutido de todo ser viviente sobre la tierra. La segunda, en cambio, es siempre inmoral y socialmente destructiva. La violencia agresiva sólo es legítima en el mundo salvaje, en medio de la competencia biológica por la supervivencia.

 La competencia social propia del hombre civilizado se basa en la cooperación y en la búsqueda de ganancias mediante un mejor servicio a los demás. Decididamente, toda forma de agresividad es dañina y antisocial.

Hemos visto que el hombre se ve precisado a delegar en el cuerpo político de la sociedad, el uso de la fuerza defensiva. Ahora bien, si nadie tiene el derecho moral de emplear la fuerza agresiva contra sus semejantes, nadie tampoco puede delegar en el gobierno ese derecho que no tiene. Además, lo que no puede hacer un solo individuo, tampoco lo puede hacer un grupo de individuos o una sociedad. Sólo la fuerza defensiva podemos moralmente utilizar, y sólo la fuerza defensiva delegamos legítimamente en el gobierno,

Sin embargo, los gobiernos suelen atribuirse derechos y facultados que los individuos no tienen. A raíz de esta extralimitación, la fuerza defensiva del Estado puede transformarse, casi inadvertidamente, en una fuerza agresiva y volverse contra aquellos mismos a los cuales debiera proteger.

El padre del liberalismo político, John Locke, ha dicho que la grande y principal finalidad de los hombres que se unen en república y se someten al gobierno es el mantenimiento de su propiedad. Podríamos agregar que la única función de un gobierno republicano es defender la propiedad privada, amparar la libertad de los ciudadanos y asegurar la convivencia pacífica.

Podemos afirmar que todo empleo de la fuerza agresiva por parte del gobierno atenta contra la propiedad, reduce las esferas privadas de acción, inhibe las energías creadoras de los individuos y disminuye las posibilidades y recursos globales perjudicando a toda la sociedad. En este aspecto la doctrina liberal es, como acertadamente la definió Carlos Sánchez Sañudo, la doctrina de la limitación del poder.

En resumen: el orden social de la libertad es un inteligente sistema de fronteras móviles que el hombre puede ensanchar hasta el infinito siempre que tenga la sabiduría de armonizar sus propias y falibles leyes con aquellas otras leyes perfectas que el Creador estableció en todo el Universo para nuestro exclusivo uso y beneficio.

El Estado Islámico pide a sus terroristas que ataquen de nuevo a Barcelona

 

¡¡A VER SI NOS ENTERAMOS DE UNA PUTA VEZ, COÑO!!!

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El Estado Islámico lanzó el pasado jueves una nueva amenaza contra España, la primera de este año y una de las pocas que ha realizado sobre Europa, en el que pide a los “actores (mal llamados “lobos”) solitarios que ataquen a España, según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas. La amenaza ya ha sido comunicada al Centro Nacional de Protección de Infraestructuras y Ciberseguridad (CNPIC).

La amenaza se ha publicado en una de las páginas que los terroristas tienen en Telegram (Muharar al Ansar) y recomienda el uso de vehículos de todo tipo (coches, furgonetas o camiones) o cuchillos para atacar personalmente a los “infieles”.

Junto a la proclama se inserta un cartel en el que se distingue la Sagrada Familia de Barcelona, lo que demuestra, según las citadas fuentes, que los yihadistas no han renunciado a atacar este templo católico.

Los atentados del pasado mes de agosto en Cataluña constituyeron, pese al elevado número de víctimas, un “fracaso” para el Estado Islámico, que pretendía cometer varias acciones criminales simultáneas con un número de muertes entre los 150 o los 200, aunque la cifra podría ser incluso superior.

Desarticulada la célula de Ripoll, la banda terrorista echa mano de los “actores solitarios” que puedan tener en España. El hecho de que reproduzcan la imagen de la Sagrada Familia no significa que no puedan atacar en otro punto del territorio nacional.

Estos individuos, como ha quedado demostrado en algunos ataques habidos en Europa, actúan bajo el mandato de un coordinador que ha llegado a darles instrucciones hasta minutos antes de la acción criminal. De hecho, esta circunstancia está recogida en las diligencias judiciales abiertas por dichos atentados. No se trata de conjeturas sino de una realidad que hay que tener en cuenta.

El Estado Islámico ha difundido en los últimos tiempos varios manuales para los “actores solitarios”. En uno de los últimos, escrito en turco, difundido a mediados del año pasado, se dan instrucciones para la confección de artefactos explosivos; el modo de causar el mayor número de víctimas con camiones u otro tipo de vehículos; incendios forestales y, aquí está la novedad, provocar accidentes de tráfico.

El manual consta de unas 70 páginas, con numerosas ilustraciones, y exige a los yihadistas que ataquen ciudades de Europa. Ahora, extremo que analizan los expertos, concretan que los atentados deben cometerse en España.

FUENTE:  La Razón

Cuestión catalana por Florentino Portero (vídeo)

MAGISTRAL conferencia sobre el tema del independentismo catalán. Muy recomendable ver desde el primer hasta el último segundo.

FLORENTINO PORTERO RODRÍGUEZ

Profesor Titular

CURRICULUM

(Madrid, 1956) Licenciado en Geografía e Historia, especialidad de Historia Contemporánea, por la Universidad Complutense de Madrid en el año 1980. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Nacional de Educación a Distancia, con una tesis realizada bajo la dirección del Catedrático D. Javier Tusell Gómez titulada Política exterior española. Las relaciones hispano-británicas, 1945-1950. Junio 1988.

Profesor del Centro de Estudios Universitarios San Pablo, desde Octubre de 1984 hasta Julio de 1986. Profesor Colaborador del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED, desde Octubre de 1985 a 1987. Profesor del Centro de Estudios Internacionales, Toledo, (Programa de la Universidad de Minnesota en España). Profesor Ayudante LRU del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED, desde Octubre de 1987 a 1989.Visitong Fellow del Centre for Contemporary Spanish Studies del Queen Mary College, University of London, durante los cursos académicos 1988-89 y 1989-90. Profesor Titular Interino del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED, desde Enero de 1989 a 1990. Profesor Titular del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED, desde Octubre de 1990. Visiting Professor del Spanish and Portuguese Studies Department de la University of Minnesota, cursos 2001-02 y 2006-07.

DATOS PERSONALES

  • Categoria Profesional: Profesor Titular.
  • Departamento:          Historia Contemporánea
  • Número de Teléfono:  91 398 67 46
  • Número de fax:           91 398 67 18
  • Correo electrónico:     fportero@geo.uned.es
  • Dirección de trabajo:  Edificio de Humanidades.

                                      Paseo Senda del Rey 7, Despacho 520, 28040, Madrid.

FUENTE: UNED

Cabalgando contradicciones

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Podemos ha llegado a la vida política española para darnos momentos gloriosos, en eso estamos todos de acuerdo. Pero esos momentos gloriosos, lejos de consistir en brillantes intervenciones parlamentarias o televisivas, se han convertido en escenas de sketch, es cómicas situaciones que rozan el ridículo y el esperpento. La cuestión se resumiría en “haz lo que yo diga pero no lo que yo haga”. Y es que nuestra querida izquierda anticapitalista, tolerante y social, nos da continuamente lecciones de lo que hay que hacer para ser un buen ciudadano, un buen demócrata para conseguir la justicia social y la verdadera democracia eso sí, lecciones que solo nosotros debemos seguir, ellos están exentos y pueden hacer todo lo contrario a lo que predican. Son lo que llamaríamos unos yonkis del capitalismo. Aunque lleven un disfraz maravilloso que incluye coleta, rastas, ropas baratas y un discurso proletario de principios de los años 20, no pueden negar que aman el capitalismo, que no pueden vivir sin él y que su única razón de ser es vivir en la continua protesta haciendo creer a sus votantes que pretenden gobernar algún día. Saben que no lo harán jamás, que su único fin es la crispación de la sociedad para conseguir más y más titulares y estar el máximo tiempo posible en el candelero, cobrando los 5.000 euros de diputado y seguir chupando del capitalismo que tanto adoran y que, de cara a la galería y a la manada, deben intentar hacer ver que odian. Como dijo Pablo Iglesias, en la política se cabalgan contradicciones. No sabemos exactamente qué significa eso, pero lo que sí sabemos es que los podemitas nos regalan momentos para la historia política que nos hacen ver el grado de sectarismo que calzan. Comencemos.

 

La última contradicción cabalgada por Podemos nos lleva a fijarnos en el diputado Ramón Espinar. Puede que Ramontxu sea, casi con seguridad, el que más camina a lomos de la contradicción. El niño de papá en cuestión, hijo de un diputado socialista que ha vivido siempre a cuerpo de rey, no ha dejado de hacer el ridículo desde que apareció en la escena política. Tal y como dijo el periodista Carmelo Encinas, lo peor que te puede pasar en política es hacer el ridículo y en esto Espiblack es experto.

Se trata de un tipo que, con casi 30 años, se comporta como el típico adolescente revolucionario que aún no le ha dado tiempo a salir ahí afuera para ver lo que es la vida en realidad. Ramón ha pasado toda su existencia bajo el manto protector de su adinerada familia con un padre que se gastó 200.000 euros en una tarjeta black, lo que no le impedía declararse hijo de obrero o escribir este insultante tuit.

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Y por supuesto Ramón también tiene sus dramas familiares pues por culpa de los recortes del gobierno y con un padre diputado, las hermanas de Ramón no pudieron realizarse como personas con una beca Erasmus. Todo una catástrofe.

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La última de Ramón fue pedirse dos coca colas en el restaurante del Senado el mismo día que pedía un boicot contra la marca. Pero no seáis malpensados, Ramón solo estaba haciendo acopio de las dos últimas botellas que quedaban para impedir que nadie más se hiciera con ellas y acto seguido tirarlas a la basura. Seguramente en el contenedor de vidrio, pues esta izquierda también presume de ecologismo.

Del piso del diputado Espinar ya hablamos en alguna ocasión, puedes todos sabemos que Ramón jamás especuló con una vivienda pública, solo se benefició de la diferencia entre el precio de venta y el precio de compra. Que meses antes declarara en la comisión de investigación al gobierno regional de Esperanza Aguirre que el fin de la Vivienda Pública no es especular sino cubrir las necesidades de los más necesitados es una contradicción más que Ramón estuvo dispuesto a cabalgar. No se asusten.

Esto de los boicots a las grandes marcas no es algo nuevo, pues todos sabemos que la izquierda anticapitalista odia la riqueza de puertas para afuera, pero les encanta todo lo relacionado con ella. El capitalismo es su modo de vida (y muy bien hecho) y nos alegramos por ello. Para que nos entendamos, es como el marido que se disfraza con la ropa de su mujer a escondidas cuando esta no está en casa o mantiene relaciones con hombres en la oscuridad de un motel de carretera pero luego en el rutina de la vida marital se declara un odiador de los homosexuales que deberían recibir un tratamiento porque bastante tienen con lo que son. Algo así. Mientras ellos se benefician de una riqueza que odian, de unas empresas que piden boicotear, sus seguidores, que en muchas ocasiones no pueden acceder a esa riqueza les aplauden cuando les pillan cabalgando una contradicción. Me viene a la mente el bufón del Congreso, la copia defectuosa de Miguel Poveda, sí, el diputado de ERC Gabriel Rufián.

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Como vemos, Rufi, es uno más de esa izquierda que odia al ciudadano que más riqueza y empleo genera en nuestro país, no como él que ha creado la friolera de cero empleos. Pero el caso es que Inditex siempre está en el punto de mira de la izquierda y en este caso a Rufian le hicieron un Espinar cuando Risto Mejide lo pilló, durante una entrevista, con una chaqueta de Zara. Pero lo más sorprendente es la capacidad que tienen para justificarse pues, ante la pillada, Gabri declaró que “se puede comprar en zara y ser crítico con su política económica”. Veamos, Rufián no ha dicho ninguna tontería, pues efectivamente también se puede criticar la práctica de la caza e irte  a disparar ciervos cada domingo, o también se puede criticar a los carnívoros mientras te aprietas un filete de ternera. Por supuesto también puedes ser antitaurino mientras le sacas el pañuelo a Enrique Ponce por cortar dos orejas. También puedes ser monárquico mientras cuelgas de tu balcón la bandera tricolor. Como vemos, Rufián tiene razón, no hay por qué alarmarse.

Hablando de república, como todos sabemos y ellos no para de repetir, la república es transparencia y sinónimo de democracia y libertad como demuestran las repúblicas de Venezuela, Corea del Norte o Irán en contraposición a las corruptas monarquías que tienen a su pueblo oprimido como Suecia, Dinamarca o Noruega.

Pero hablemos de palabras mayores, ya que el multimillonario empresario Jaime Roures, dueño del imperio Mediapro, de La Sexta y del diario Podemita Público, declaró lo siguiente hace muy poco tiempo:

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Vamos a ver Jaime, VAMOS A VER. No te llaman millonario, eres millonario. Un señor que oculta en Holanda,tal y como constató el Juez Alberto Mata, 500 millones de euros para ahorrarse impuestos, no es lo que llamaríamos un trabajador de base. Es una contradicción más que cabalga la izquierda. Quizás algunos podamos penalizar sus ideas porque el marxismo habla de la acumulación de capital como causa de la pobreza, que es justo lo que él hace, pero los locos somos el resto de la sucia jauría capitalista-fascista-neoliberal-franquista.

Pero Roures no es el único yonki del capitalismo, tenemos también al célebre Juan Carlos Monedero, quien realizó un informe para Venezuela tallado en oro y escrito con tinta de pulpo de la fosa de las Marianas, lo que hizo que el precio de aquel trabajo ascendiera a 425.000 euros, los cuales intentó ocultar a Hacienda pagando por Sociedades en lugar de hacerlo a través de IRPF ahorrándose casi 200.000 euros en impuestos. Pero tal y como dijo Rufián, eso no impide que se pueda criticar el neoliberalismo. Qué país, Juanki…

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Hablando de gente que evita pagar a Hacienda, mención especial merece Pablo Echenique, el antiguo pepero, después naranjito y hoy comunista, que proponía que los ricos pagaran un 95% de IRPF mientras tenía a su cuidador lavándole la minga dominga sin contrato.

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Seguimos con las empresas ultracapitalistas odiadas por la izquierda en público pero amadas en secreto. El iPhone de Pablo Iglesias es ya famoso en nuestro país.

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Es posible que Pablo haya tenido todos los modelos de iPhone que han salido al mercado desde 2007, es un auténtico yonki de Apple, y lo entendemos pues es una gran marca con productos excelentes. El caso es que su precio hace que en la mayoría de ocasiones solo sea accesible para clases media-altas, pues alguien que no es capaz de pagar la luz o el gas es posible que no pueda acceder a un teléfono de 900 euros. Pero el líder de Podemos es capaz de comprarse todos los modelos del popular teléfono de Apple y a la vez criticar con dureza a esta empresa amenazándola con expulsarla del país en el caso de que algún día gobierne. Ya lo dijo Rufián, se puede comprar en Apple y criticar su política neoliberal, que se refiere a evadir impuestos, como Monedero, por ejemplo. Esto no puede ser.

Iglesias va camino de convertirse en otro Espinar, aunque lo vemos complicado, pues en menos tiempo, Ramón ha hecho más el ridículo que toda la bancada podemita junta, pero lo importante es intentarlo y Pablo está en ello.

El propietario de la coleta más famosa de España ha criticado en numerosas ocasiones y con vehemencia la titularidad privada de los medios de comunicación, eso lo sabemos todos, a pesar de que se ha servido de ellos para llegar a donde está, pero ese no es el caso. Lo más llamativo es cuando acusó al gobierno de permitir que la Iglesia financie medios de “extrema derecha” como Intereconomía o 13tv. ¿saben cuál es el primer medio de comunicación en el que Pablo Iglesias apareció y en el que fue contratado de manera regular acudiendo semana tras semana a sus debates? Exacto, Intereconomía y posteriormente, 13tv.

Pablo se sentía como pez en el agua en esta cadena. Nadie le coartaba la libertad de expresión, incluso podía decir con absoluta libertad que prefería a Maduro o Chávez antes que a Zapatero o Rajoy. También fue la cadena donde se declaró abiertamente comunista antes de renegar del marxismo leninismo. La misma cadena donde no dejaba de hablar de Venezuela cuando ahora critica duramente a todos los que nos atrevemos a mencionar al país bolivariano para relacionarlo con él. Es todo maravilloso.

También resultó fascinante ver  cómo el líder comunista se sumaba a la iniciativa #PuentesNoMuros para combatir la xenofobia y el patriarcado.

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Nos parece una gran idea, es una propuesta bastante interesante. Claro, que depende de quién construya el muro, ya que Pablo sufrió y mucho con la caída del muro del Berlín.

La libertad de expresión es otro tema por el que la izquierda anticapitalista lucha cada día. Esta dictadura democrática en la que vivimos donde opositores políticos como Andrés Bódalo o Alfon van a la cárcel tiene que desaparecer para parecernos a nuestro país hermano, Venezuela, donde la policía estatal no mata a manifestantes ni inhabilita al parlamento para legislar de modo autoritario. Es importante defender democracias como Cuba y demonizar las tiranas dictaduras de la Unión Europea.

La libertad de expresión es lo que defendía también la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestrecuando entró en una capilla semidesnuda gritando “vamos a quemar la conferencia episcopal”. Pero esto no es incompatible con que la misma Rita se indignara y estuviera dispuesta a investigar si el autobús de Hazte Oír , que portaba un cartel que rezaba “los niños tiene pene y las niñas tienen vulva”, había incurrido en un delito de incitación al odio. Las palabras de Rita en aquella capilla de la Universidad Complutense eran claramente un canto al amor y la concordia, no sé cómo se nos ocurre pensar otra cosa.

Hablando de tolerancia y respeto se nos viene a la cabeza Irán, ese país que financiaba a Pablo Iglesias para transmitir valores de amor y libertad. Es llamativo ver al líder de Podemos bailando una conga en la celebración del orgullo gay mientras recibe dinero de un país que cuelga a homosexuales de las grúas. Otra contradicción a cabalgar. También enarbolan la bandera del feminismo mientras defienden al colectivo de los estibadores donde las mujeres tienen la entrada vetada por ser mujeres.

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Podríamos seguir así lustros, viendo con entusiasmo cómo nuestra izquierda cabalga sus contradicciones pero creo que con esto nos podemos hacer una idea de qué va la historia. Todo es mucho más sencillo. Ni son anticapitalistas, ni son nada. Lo único que buscar es vivir bien, cobrar del estado y si, por algún casual, les tocara gobernar, y no tienen la más mínima intención de hacerlo, íbamos a echar de menos esa ley mordaza del PP que dicen que ha convertido España en una dictadura. Ya lo he dicho muchas veces, la mejor forma de curarse del comunismo es sufriéndolo. Y ardo en deseos de que algún día eso ocurra y España quede inmunizada de una vez.

Isaac Parejo

Tolerancia suicida: la enfermedad de la estupidez / Suicidal tolerance: the disease of stupidity

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¿Qué ha pasado con los pueblos europeos, otrora inteligentes y capaces, para llegar a esa degeneración absoluta de su capacidad de pensar? ¿Cómo se ha estupidizado a los europeos de esta manera? ¿Cómo se puede forzar a unos pueblos a que escojan su propio genocidio y marchen felices a su exterminio o su sumisión gritando «¡Queremos acoger!»?

Por / By Yolanda Couceiro Marín

Cada día escuchamos o leemos noticias que, por una razón u otra, nos resultan (incluso a estas alturas) chocantes por ser contrarias al sentido común, a la lógica, a la ciencia, o incluso al buen gusto y la educación. Muchos coincidimos en la sorpresa («¡Parece mentira!», la indignación (¡»Es increíble que nadie haga nada!») o en la incredulidad («¡No me lo puedo creer!»). Y lo dejamos ahí, con nuestra confusión, con nuestra sorpresa, incluso con nuestro desconcierto de que las cosas estén mal, de que vayan a peor, y que la reacción de los españoles, de los europeos, sea la que es.

Estamos viendo cada día las aportaciones de la multicultura a nuestras sociedades. Barrios enteros donde las mujeres europeas no pueden entrar sin llevar velo para evitar sufrir el acoso de los foráneos. Zonas «no go» (donde imperan bandas islámicas y rige la sharia) en las principales ciudades europeas en las que ni la policía se atreve a entrar. Hasta tal punto es un problema, que han surgido numerosas app para advertir al incauto viajero que no debe adentrarse en ellas. Atentados día sí y casi día también en cualquier ciudad europea de cualquier modo: cuchillos, camiones, furgonetas, bombonas de gas, cubos de explosivos, siempre en nombre de una «religión de paz» que día a día crece en nuestro territorio y que juega al juego de pedir tolerancia para imponer su intolerancia. El islam organizado se libra de toda responsabilidad diciendo que «son unos pocos que han entendido mal sus escrituras», pero jamás manifiestan diciendo «No a la islamofobia» en lugar de «No a los atentados en nombre del islam».

Sin embargo, los pueblos europeos reaccionan de una manera cuanto menos sorprendente: sale a la calle a gritar «Welcome refugees» y «Queremos acoger», mostrando una suicida benevolencia con los que precisamente causan estos problemas. No es que no haya realmente refugiados que necesiten ser acogidos. Pero ni mucho menos los miles que vienen a Europa buscando en realidad que les den un piso gratis, una paga, y una vida cómoda y fácil. «Refugiados» que nada más ser rescatados preguntan dónde hay wifi, o exigen comida adecuada a sus gustos y tiran la que se les ha dado, o queman sus propios centros de acogida para protestar por la mala calidad de los colchones o la inadecuada temperatura del agua del grifo… La mayoría, por descontado, no son mujeres con niños pequeños o ancianos, sino hombres jóvenes, que no son originarios de Siria y que en realidad no vienen huyendo por motivos políticos, sino de culturas donde el conflicto es algo innato y endémico.

Y entonces nos preguntamos: ¿Qué ha pasado con los pueblos europeos, otrora inteligentes y capaces, para llegar a esa degeneración absoluta de su capacidad de pensar? ¿Cómo se ha estupidizado a los europeos de esta manera? ¿Cómo se puede forzar a unos pueblos a que escojan su propio genocidio y marchen felices a su exterminio o su sumisión gritando «¡Queremos acoger!»?

En realidad, el universalismo y el relativismo cultural procedentes de la Ilustración, sumados al buenismo cristiano procedente de un mal entendimiento de los Evangelios, todo ello aderezado con el marxismo cultural, ha producido un pueblo decadente, estúpido, ignorante e incapaz de hacer nada por sí mismo, y que pide en cambio que le lleven al matadero. De aquellos polvos vinieron estos lodos. Así, tenemos un pueblo que cree que «todas las culturas enriquecen» (aunque a título personal, no me gustaría que me enriqueciera una cultura caníbal, la verdad….). Un pueblo que cree que «Todos somos iguales», como si el ser humano pudiera quitarse de un entorno y trasplantarse a otro sin mayores consecuencias. La propia naturaleza nos enseña que cuando llevas animales o plantas foráneas a un hábitat ya formado, tiende a destruir a los animales o plantas nativos e imponerse. Igualmente, las personas no pueden concebirse fuera de una conformación genética, cultural y social que determina su modo de vida, sus costumbres, su modo de pensar y actuar. Un pueblo borracho de solidaridad enfermiza, de tolerancia suicida, de estupidez autodestructiva. Un pueblo relativista para el que todo vale. Un pueblo estúpido que no ve que su decadencia, su soberbia, su estupidez, simplemente sirven para que los que quieren imponerse tengan el camino casi hecho. 

Quizás los más necios, o los más soberbios, piensan que al contacto con nuestra superior cultura cambiarán, se integrarán, y acabarán siendo como nosotros, pero de otro color de piel. La esquizofrenia de ese planteamiento es tan evidente que no me molesto en desarrollar más el tema. Así, una Europa en la que habíamos avanzado algo en el tema del maltrato animal, vuelve a la época pre-medieval permitiendo el cruento sacrificio halal por cuestiones «religiosas». Una Europa en la que habíamos avanzado en el tema de la mujer se encuentra con que la ablación está tan extendida que empieza a ser un problema serio, se encuentra que las violaciones a mujeres que no llevan velo están a nivel de países como Somalia o Nigeria, se encuentra que los abusos y acosos sexuales por parte de «refugiados» están tomando proporciones dantescas. Una Europa que dio filósofos, músicos, arte, literatura, está involucionando hacia el pasado más oscuro y sombrío en favor de una religión que niega la filosofía, la música, el arte, la literatura. Y hemos renunciado a nuestra cultura para aceptar esto, para acoger esto, para pedir esto. Hemos renunciado a grandes logros para conseguir inseguridad, miseria, pérdida de derechos personales y sociales, delincuencia, retroceso en costumbres y… y a todo eso lo llamamos «enriquecimiento multicultural». No hay más explicación que la enfermedad de la estupidez. 

La situación, a estas alturas, ya no puede considerarse ni siquiera crítica. Es mucho peor. El europeo, consumido en su endofobia, en su soberbia, en su ignorancia y en su estupidez, se machaca en la esquizofrenia del odio a lo propio y del amor por lo extraño y a la vez, de considerar que lo propio es tan bueno que todos lo quieren para sí y por eso hay que compartirlo. Siempre hay quienes justifican y defienden lo extraño, porque odian lo propio, pero también hay quienes son tan estúpidos que exigen tolerancia con los intolerantes, respeto a las culturas que no nos respetan, flexibilidad con quienes no nos permiten seguir nuestras costumbres, comprensión con quienes nos imponen su cultura en el sagrado nombre del respeto y nos piden cambiar la nuestra y renunciar a ella en caso de ser incompatibles. ¿En cuántos colegios se ha exigido prohibir el cerdo en nombre de la tolerancia, por poner un ejemplo sencillo? Y ¿qué tolerancia practican los que lo exigen? En eso radica la imbecilidad de la propuesta: ser tolerante con los intolerantes es un sofisma que no lleva a ninguna parte, como no lleva a ninguna parte gritar «No tengo miedo», con las nalgas apretadas por si acaso, o «No nos quitarán la libertad», cuando sabemos pertinentemente que vamos de cabeza a la tiranía. 

Decía Schiller que «contra la estupidez hasta los dioses luchan en vano». Y si los dioses luchan en vano, más en vano luchamos nosotros, pobres mortales, que vemos la estupidez de nuestros compatriotas sin poder hacer nada para evitarla.

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Every day we hear or read news that, for one reason or another, we find (even at this point) shocking to be contrary to common sense, logic, science, or even good taste and education. Many agree on the surprise («It seems a lie!», The indignation («It’s incredible that nobody does anything!») Or in disbelief («I can not believe it!») And we left it there, with our confusion, with our surprise, even with our confusion that things are wrong, that they are going to get worse, and that the reaction of the Spaniards, of the Europeans, is what it is.

We are seeing every day the contributions of multiculture to our societies. Whole neighborhoods where European women can not enter without wearing a veil to avoid being harassed by outsiders. Zones «no go» (where Islamic gangs rule and sharia rules) in the main European cities where even the police dare not enter. So much is a problem, that numerous app have emerged to warn the unsuspecting traveler that he should not go into them. Attempted yes and almost day also in any European city in any way: knives, trucks, vans, gas cylinders, explosives cubes, always in the name of a «religion of peace» that grows every day in our territory and that plays to the game of asking for tolerance to impose their intolerance. Organized Islam escapes all responsibility by saying that «there are a few who have misunderstood their scriptures,» but never say «No to Islamophobia» instead of «No to attacks in the name of Islam.»

However, the European peoples react in a less surprising way: they go out to the streets to shout «Welcome refugees» and «We want to welcome», showing a suicidal benevolence with those who precisely cause these problems. It is not that there are not really refugees who need to be welcomed. But far from it, the thousands who come to Europe are really looking for a free flat, a pay, and a comfortable and easy life. «Refugees» who, just after being rescued, ask where there is Wi-Fi, or demand food that suits their tastes and throw away the one they have been given, or burn their own reception centers to protest the poor quality of the mattresses or the inadequate temperature of the tap water … Most, of course, are not women with young children or the elderly, but young men, who are not originally from Syria and who do not actually flee for political reasons, but from cultures where the conflict is something innate and endemic.

And then we ask ourselves: What has happened to the European peoples, once intelligent and capable, to reach that absolute degeneration of their ability to think? How has the Europeans been stupid in this way? How can people be forced to choose their own genocide and march happily to their extermination or submission by shouting «We want to welcome!»?

In fact, universalism and cultural relativism from the Enlightenment, coupled with Christian goodness from a misunderstanding of the Gospels, all seasoned with cultural Marxism, has produced a people decadent, stupid, ignorant and unable to do anything for himself, and asking instead to be taken to the slaughterhouse. From those powders came these muds. Thus, we have a people who believe that «all cultures enrich» (although on a personal basis, I would not like to be enriched by a cannibal culture, the truth …). A people that believes that «We are all equal», as if the human being could be removed from one environment and transplanted to another without major consequences. Nature itself teaches us that when you take foreign animals or plants to an already formed habitat, it tends to destroy native animals or plants and impose itself. Likewise, people can not be conceived outside of a genetic, cultural and social conformation that determines their way of life, their customs, their way of thinking and acting. A drunken people of sickly solidarity, of suicidal tolerance, of self-destructive stupidity. A relativist people for whom anything goes. A stupid people who do not see that their decadence, their arrogance, their stupidity, simply serve so that those who want to prevail have the road almost done.

Perhaps the most foolish, or the most arrogant, think that in contact with our superior culture they will change, they will be integrated, and they will end up being like us, but of another skin color. The schizophrenia of that approach is so obvious that I do not bother to develop the subject further. Thus, a Europe in which we had advanced something on the subject of animal abuse, returns to the pre-medieval era allowing the bloody halal sacrifice for «religious» issues. A Europe in which we had advanced on the issue of women finds that the ablation is so widespread that it begins to be a serious problem, it is found that rapes against women who are not veiled are at the level of countries such as Somalia or Nigeria. , it is found that sexual abuses and harassment by «refugees» are taking Dantesque proportions. A Europe that gave philosophers, musicians, art, literature, is involucionando towards the darkest and darkest past in favor of a religion that denies philosophy, music, art, literature. And we have renounced our culture to accept this, to welcome this, to ask for this. We have renounced great achievements to achieve insecurity, misery, loss of personal and social rights, delinquency, regression in customs and … and we call all this «multicultural enrichment». There is no more explanation than the disease of stupidity.

The situation, at this point, can no longer be considered even critical. It’s much worse. The European, consumed in his endophobia, in his arrogance, in his ignorance and in his stupidity, is crushed in the schizophrenia of hatred of one’s own and of the love for the strange and, at the same time, of considering that one’s own is so good that all they want it for themselves and that is why we have to share it. There are always those who justify and defend the strange, because they hate their own, but there are also those who are so stupid that they demand tolerance with the intolerant, respect for the cultures that do not respect us, flexibility with those who do not allow us to follow our customs, understanding with whom They impose their culture on us in the sacred name of respect and ask us to change ours and renounce it if they are incompatible. How many schools have been required to ban the pig in the name of tolerance, to give a simple example? And what tolerance do those who demand it practice? That is the imbecility of the proposal: to be tolerant of the intolerant is a sophism that leads nowhere, as it leads nowhere to shout «I am not afraid», with the buttocks pressed just in case, or «They will not take us away freedom «, when we know pertinently that we are heading to tyranny.

Schiller said that «against stupidity even the gods fight in vain.» And if the gods fight in vain, we fight in vain, poor mortals, who see the stupidity of our compatriots without being able to do anything to avoid it.

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¿Cómo funciona la economía fascista? / How does the fascist economy work?

ESTE MAGNÍFICO Y DIDÁCTICO ARTÍCULO está ESPECIALMENTE DEDICADO a toda esa «progresia», como los afiliados, votantes y simpatizantes de esa ESCORIA llamada «PODEMOS» o, de forma global, a esos que hoy en día se hacen llamar, curiosamente, «ANTIFAS» que se dedican a llamar «FASCISTA» a todo aquel que no conculca con sus ideas, SIN TENER NI LA MENOR IDEA DE LO QUE ES EL FASCISMO Y, POR TANTO, MUCHO MENOS DE QUE COMO ES SU SISTEMA ECONÓMICO, MUY PARECIDO POR CIERTO, AL SUYO PROPIO.

LOS EXTREMOS SE TOCAN.

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Por/By 

INTRODUCCIÓN

mussolini2-300x244El fascismo como doctrina política es ampliamente conocido, sin embargo es muy poco conocido como sistema económico. El padre indiscutible del fascismo fue Benito Mussolini, como jefe de Estado desde la perspectiva política  su discurso estaba encaminado a la creación de un Estado Corporativo, entendido como la unión monolítica entre población y gobierno mediante el caudillismo o populismo nacionalista, la violencia institucional y la propaganda.

Desde su creación, distintos gobiernos (marxistas inclusive) han adoptado en todo o parcialmente la doctrina política fascista en la praxis pero siempre bajo una constante negación frente a las masas por su asociación con regímenes como la Alemania Nazi.

Pero desde el punto de vista económico, el fascismo se distancia de su concepto político ya que busca la consolidación del Estado Corporativo a expensas de una población obligada a sostenerlo con cargas fiscales, lo cual ha sido y sigue siendo de gran utilidad por los políticos. El gobierno y la población ya no son idealizados románticamente como unidad corporativa sino que desde el prisma económico el fascismo se revela en toda su pureza y esplendor como el parasitismo que es: el gobierno como parásito y la población como huésped.

LA ECONOMÍA FASCISTA

La economía fascista se caracteriza por ser esencialmente antiliberal,  por ende antimercado y anticapitalista, en palabras de Benito Mussolini ‘‘El fascismo rechaza frontalmente las doctrinas del liberalismo, tanto en el campo político como económico’’, y del propio Adolf Hitler ‘‘Somos enemigos del sistema económico capitalista’’ es decir, se trata de una economía planificada, controlada o dirigida por un órgano centralizado de poder: el monopolio estatal.

A decir de Murray Rothbard: ‘‘El fascismo y el nazismo fueron la culminación lógica en los asuntos internos de la corriente moderna hacia el colectivismo de extrema derecha. Se ha hecho habitual entre los defensores de las libertades, considerar el fascismo y el comunismo como fundamentalmente idénticos. Pero si bien ambos sistemas fueron indudablemente colectivistas, diferían mucho en su contenido socio-económico’’, en efecto, a diferencia de una economía marxista donde todos los medios de producción están en manos del Estado o en propiedad colectiva, el fascismo económico permite la propiedad privada de medios de producción y la competencia de mercado aunque bajo el control o la influencia directiva del Estado; la empresarialidad se encuentra subordinada a los intereses del proyecto colectivista  de unidad nacionalista de la administración pública, donde pueden existir algunas nacionalizaciones o confiscaciones dentro sectores de la economía considerados presuntamente ‘‘estratégicos para el interés nacional’’ así como el proteccionismo de empresas igualmente consideradas ‘‘estratégicas’’ en el mismo sentido.

La regulación fascista de la economía se realiza obviamente como toda intervención en la economía, a través de un marco de derecho positivo, pero destinado especialmente a estructurar un esquema jurídico capaz de proporcionar las condiciones institucionales necesarias para el desarrollo del Bienestar Corporativo (en inglés Corporate Welfare).

 BIENESTAR CORPORATIVO

20140315_ird001_0-300x168Este mecanismo por lo general se mantiene oculto de las masas, porque dentro de la propaganda y el populismo fascista suele hablarse del llamado Bienestar Social (o Estado de Bienestar Paternalista) que se trata de un conjunto de programas o políticas de subsidios, que se obtienen con dinero arrancado por la fuerza a través de impuestos bajo el pretexto de sostener un supuesto interés colectivo o ‘‘ayudar’’ a la población o a un sector determinado de la misma manteniéndolos en estado de expectativa y mendicidad, mientras que el Estado Corporativo se desarrolla detrás del velo populista. La alegoría que resulta es la del borrego (la población) persiguiendo constantemente una zanahoria (subsidios) atada a una caña que sostiene el político montado en su lomo, así básicamente funciona el llamado Bienestar Social.

El principal objetivo del fascismo económico es el de ejecutar una política fiscal para beneficiar un entramado compuesto por burocracia y empresariado privado, a través del proceso llamado cabildeo (en inglés lobbying) que es una simbiosis que se manifiesta de las siguentes formas:

● Políticos miembros de la burocracia propietarios o accionistas de empresas privadas que utilizan su influencia para apartar a la competencia de su camino o ser rescatados de una inminente quiebra (también pueden operar a través de testaferros)

● Empresarios privados que se valen de favoritismo o conexiones políticas  usando los mismos medios para perseguir los mismos fines del punto anterior.

Como les había comentado, un mecanismo jurídico de  regulaciones, subsidios y concesiones selectivas sobre sectores de la economía es esencial para desplegar el fascismo económico por ello los elementos de la intervención del Estado fascista sobre la economía los he logrado diseñar en un Esquema del Bienestar Corporativo. A continuación haré una explicación detallada de los elementos en los que todo libertario debe enfocarse para abolir de raíz el sistema fascista.

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1.- Regulación de la competencia

También llamadas leyes anti-trust o antimonopolio, son aquellas que según la versiónantitrust-act-276x300 demagógica dicen estar elaboradas con el propósito de proteger al consumidor de los monopolios,  pero que no por casualidad, terminan siempre en detrimento tanto de los consumidores como de las pequeñas empresas, porque transforman el ambiente natural de cooperación contractual y civilizada de mercado en un entorno troglodita, donde la supervivencia del más apto, es decir el que tenga mejores conexiones políticas,  es el que siempre se posiciona por encima de los demás competidores por medio de la violencia legal del monopolio estatal, formando en consecuencia monopolios u oligopolios coercitivos y distorsiones dentro de la economía.

Las leyes anti-trust se basan en una lógica totalmente absurda y ajena al funcionamiento del mercado: cobrar más que la competencia sería abuso de posición dominante, cobrar menos sería competencia desleal y cobrar lo mismo que la competencia sería colusión, así que la única forma de evadir esta situación es colocándose por encima de la misma Ley, en pocas palabras, las leyes antimonopolio proporcionan sus propios incentivos para corromperse.

Las leyes anti-trust no son originales del fascismo económico pero si son un elemento complementario para  la realización del bienestar corporativo,  por lo tanto derogar las leyes anti-trust sería un paso fundamental para desmontar el corporativismo estatal fascista. No se debe entorpecer el surgimiento y desarrollo de PYMES, que las empresas se posicionen en el mercado por los méritos en satisfacer mejor a sus consumidores, no por pertenencia o contactos con las mafias políticas.

2.- Propiedad intelectual

protect_your-_intellectual_property-300x300Las patentes de propiedad intelectual son una concesión muy particular ya que con ellas se está otorgando un monopolio sobre las ideas. Con el pretexto de proteger o incentivar la creatividad o la investigación, las patentes siempre logran exactamente lo opuesto, sólo incentivan costosos litigios judiciales por un lado y aumentan el coste para investigar por el otro, cuando la realidad demuestra que sin las patentes de todas formas habría incentivos para la investigación.

Las ideas son bienes incorpóreos que cuando se hacen públicas son automáticamente de dominio universal, no se debe controlar o impedir por la fuerza el proceso humano de percepción, aprehensión y difusión de ideas, persiguiendo físicamente a todos aquellos que deseen emprender soluciones usando ideas precedentes no solamente se impide el mercado, sino que en muchos casos también la libertad de expresión.

Las patentes si bien tampoco son propias del fascismo económico si constituyen un instrumento de relevancia, no son más que otra forma de intervención del Estado sobre la economía que termina gestando monopolios protegidos bajo el mismo principio explicado en el punto anterior, ninguna empresa puede por sí misma impedir violentamente que otra le haga competencia. Si se quiere abolir el corporativismo fascista es necesario que el Estado deje de conceder patentes.

3.- Subsidios corporativos

Es un elemento sine qua non de la política económica fascista. Es el mecanismo por20140315_ldp001_0-300x1681 medio del cual se sostiene todo el andamio de bienestar corporativo donde por medio de la exacción fiscal y subsidios selectivos al sector privado se internalizan las ganancias y se socializan los costes y las pérdidas.

De esta política económica surge el aforismo ‘‘socialismo para ricos’’: los empresarios adláteres del gobierno, testaferros y políticos que en muchos casos son accionistas o propietarios de grandes empresas privadas recurren a las arcas del Estado para salvar su patrimonio de una eventual insolvencia.

De todos los subsidios, los corporativos se caracterizan por ser uno de los más excesivos y despilfarradores, son colosales cantidades de dinero robadas a través de los impuestos al ciudadano trabajador destinadas a financiar grandes empresas de manera  extremadamente anti competitiva, con la excusa de amparar un supuesto bienestar general o nacional, una de las mentiras populistas más grandes jamás inventadas.

Usualmente los políticos dicen que son subsidios destinados a financiar a productores independientes y PYMES cuando en realidad rescatan a las corporaciones más influyentes, por ejemplo, el gobierno fascista de Estados Unidos destina de 40 a 50 billones de dólares anuales de su presupuesto para supuestamente ‘‘incentivar’’ la pequeña y mediana empresa cuando en realidad se tratan de beneficios para los peces gordos de la industria.

Este proteccionismo cuyo origen es mercantilista, de ganancias concentradas y pérdidas difusas es especialmente nocivo porque perpetúa un círculo vicioso de ineficiencia y distorsiones de mercado profundas de gran impacto social, son empresas que en un mercado libre están destinadas a ser absorbidas  o quebrar para dar paso a una competencia que ofrezca bienes de mejor calidad o servicios más eficientes logrando un ritmo de desarrollo sostenido y saludable en la economía.

4.- Banca central

european-central-bank-300x225Es una herramienta fundamental de la economía fascista, por medio del banco central se obtiene un poder ilimitado para efectuar la planificación central,  desde donde se orquestan los ciclos de expansión y contracción de la economía y se fijan por decreto las tasas de interés. Cuando el banco central compra bonos suministra dinero nuevo y no ganado para el vendedor del bono, los banqueros centrales hacen absolutamente nada para ganarse el dinero, simplemente lo crean de la nada, es lo que se conoce como impresión de dinero FIAT, es decir dinero sin ningún respaldo real de valor en metales preciosos o en su valor intrínseco sino simplemente por la confianza en un decreto estatal y una promesa de pago, es una estafa a gran escala, este mecanismo se conoce como inflación.

Los primeros receptores del dinero fresco de la imprenta, el gobierno y las grandes corporaciones bancarias son los que se benefician directamente del poder adquisitivo adquirido recientemente mientras que los ahorradores comunes sufren  la evaporación de su poder adquisitivo con el antiguo dinero.

Los bancos centrales fijan artificialmente las tasas de interés muy por debajo de lo que vendría siendo el precio normal del mercado para proveer financiamiento barato y casi regalado a la administración pública, incentivando el derroche y crecimiento del Estado en actividades que no hubiesen tenido lugar bajo precios o tasas de interés normales o de mercado, por lo tanto se hace necesario abolir la banca central para acabar con éste mecanismo perverso de fascismo monetario.

 CONSIDERACIONES FINALES

romper-cadenas-21-300x205La solución elemental para abolir el Estado Corporativista fascista es la vía liberal: reducir progresivamente cargas fiscales hasta eliminarlas, con ello se disuelve la burocracia, todo subsidio, privilegio, controles y lógicamente toda posibilidad de financiamiento o rescate de corporaciones ineficientes. Lo contrario sería contraproducente, mantener el statu quo del fascismo económico o la vía marxista: amplificar la burocracia y la coacción en todos los aspectos, que es el sendero que desgraciadamente están tomando muchas naciones desorientadas por la ignorancia supina en ciencia económica.

En el capitalismo las empresas privadas que tengan que desaparecer tienen que quebrar, asumir ganancias pero también las pérdidas, así de sencillo, la realidad es que no existe interés colectivo o nacionalista alguno que justifique la semejante arbitrariedad de un rescate corporativo.

Una vez más está de parte de nosotros los libertarios ilustrar a la población en general, especialmente a los marxistas declarados y de closet y anarquistas confundidos sobre la naturaleza esencialmente antiliberal, anticapitalista, antimercado del fascismo.

El liberalismo como medio y el anarcocapitalismo como fin es la solución verdaderamente revolucionaria, la única vía sensata y posible para lograr la tan anhelada sociedad libre.

inglaterra

HIS MAGNIFICENT AND DIDACTIC ARTICLE IS ESPECIALLY DEDICATED to all that «progression», as the affiliates, voters and supporters of that ESCORIA called «PODEMOS» or, in a global way, to those who today call themselves, curiously, «ANTIFAS» who are dedicated to calling «FASCIST» anyone who does not infringe with their ideas, WITHOUT HAVING THE SMALLER IDEA OF WHAT IS THE FASCISM AND, THEREFORE, MUCH LESS THAN AS IT IS ITS ECONOMIC SYSTEM, VERY LIKE A CERTAIN, YOURSELF.

THE EXTREMES ARE TOUCHED.

INTRODUCCIÓN

Fascism as a political doctrine is widely known, however it is little known as an economic system. The undisputed father of fascism was Benito Mussolini, as head of state from the political perspective his speech was aimed at the creation of a Corporate State, understood as the monolithic union between population and government through caudillismo or nationalist populism, institutional violence and propaganda.

Since its creation, various governments (including Marxist) have adopted all or part of the fascist political doctrine in practice but always under constant denial in the face of the masses for their association with regimes such as Nazi Germany.

But from the economic point of view, fascism distances itself from its political concept as it seeks the consolidation of the Corporate State at the expense of a population forced to support it with fiscal burdens, which has been and continues to be very useful for politicians. The government and the population are no longer idealized romantically as a corporate unit but from the economic prism fascism is revealed in all its purity and splendor as the parasitism that is: the government as a parasite and the population as a guest.

 THE FASCIST ECONOMY

The fascist economy is characterized by being essentially antiliberal, therefore anti-market and anti-capitalist, in the words of Benito Mussolini «Fascism frontally rejects the doctrines of liberalism, both in the political and economic fields,» and Adolf Hitler himself. enemies of the capitalist economic system «that is, it is a planned economy, controlled or directed by a centralized organ of power: the state monopoly.

To say of Murray Rothbard: » Fascism and Nazism were the logical culmination in the internal affairs of the modern current towards extreme right-wing collectivism. It has become common among the defenders of freedoms to consider fascism and communism as fundamentally identical. But while both systems were undoubtedly collectivist, they differed greatly in their socio-economic content «, in effect, unlike a Marxist economy where all means of production are in the hands of the State or collective property, economic fascism allows the private ownership of means of production and market competition, although under the control or directive influence of the State; Entrepreneurship is subordinated to the interests of the collectivist project of nationalist unity of the public administration, where there may be some nationalizations or confiscations within sectors of the economy considered to be «strategic for the national interest» as well as the protectionism of companies equally considered » strategic » in the same sense.

The fascist regulation of the economy is obviously carried out as any intervention in the economy, through a framework of positive law, but especially aimed at structuring a legal framework capable of providing the necessary institutional conditions for the development of Corporate Wellbeing (in English Corporate Welfare).

CORPORATE WELFARE

This mechanism usually remains hidden from the masses, because within the propaganda and fascist populism is often spoken of the so-called Social Welfare (or State of Paternalistic Welfare) which is a set of subsidy programs or policies, which are obtained with money taken away by force through taxes under the pretext of sustaining a supposed collective interest or » helping » the population or a specific sector of it by keeping them in a state of expectation and begging, while the Corporate State develops behind the populist veil. The allegory that results is that of the sheep (the population) constantly chasing a carrot (subsidies) tied to a cane that holds the politician mounted on his back, so basically the so-called Social Welfare works.

The main objective of economic fascism is to implement a fiscal policy to benefit a network composed of bureaucracy and private business, through the process called lobbying (in English lobbying) which is a symbiosis that manifests itself in the following ways:

● Political members of the bureaucracy, owners or shareholders of private companies that use their influence to separate the competition from their path or be rescued from an imminent bankruptcy (they can also operate through nominees)

● Private entrepreneurs who use favoritism or political connections using the same means to pursue the same purposes of the previous point.

As I had told you, a legal mechanism of regulations, subsidies and selective concessions on sectors of the economy is essential to deploy economic fascism, which is why the elements of the intervention of the fascist State on the economy have been designed in a Corporate Welfare Scheme. . Below I will make a detailed explanation of the elements on which every libertarian should focus to abolish the fascist system at its roots.

1.- Regulation of competition

Also called anti-trust or antitrust laws, are those that according to the demagogic version claim to be developed for the purpose of protecting the consumer from monopolies, but that not by chance, end always to the detriment of both consumers and small businesses, because they transform the natural environment of contractual and civilized market cooperation into a troglodyte environment, where the survival of the fittest, that is to say, the one with the best political connections, is the one that always positions itself above other competitors through violence legal monopoly, thus forming coercive monopolies or oligopolies and distortions within the economy.

The anti-trust laws are based on a totally absurd logic and outside the functioning of the market: charging more than the competition would be abuse of a dominant position, charging less would be unfair competition and charging the same as competition would be collusion, so the only way to evade this situation is placing itself above the Law itself, in a few words, antitrust laws provide their own incentives to corrupt themselves.

 The anti-trust laws are not original of the economic fascism but if they are a complementary element for the realization of the corporate welfare, therefore repealing the anti-trust laws would be a fundamental step to dismantle the fascist state corporatism. The emergence and development of SMEs should not be hindered, for companies to position themselves in the market because of the merits in better satisfying their consumers, not because of belonging or contacts with political mafias.

  2.- Intellectual property

Intellectual property patents are a very special concession because with them a monopoly on ideas is being granted. Under the pretext of protecting or encouraging creativity or research, patents always achieve exactly the opposite, only encourage costly legal litigation on the one hand and increase the cost to investigate on the other, when reality shows that without patents anyway There would be incentives for research.

Ideas are disembodied goods that when they are made public are automatically universal domain, the human process of perception, apprehension and diffusion of ideas must not be controlled or impeded by force, physically persecuting all those who wish to undertake solutions using previous ideas. only the market is prevented, but in many cases also the freedom of expression.

Although patents are not specific to economic fascism if they are an instrument of relevance, they are no more than another form of State intervention on the economy that ends up creating protected monopolies under the same principle explained in the previous point, no company can by itself to violently prevent another from competing with him. If one wants to abolish fascist corporatism, it is necessary for the State to stop granting patents.

3.- Corporate subsidies

It is a sine qua non of fascist economic policy. It is the mechanism by means of which the entire scaffolding of corporate well-being is maintained where, through tax levying and selective subsidies to the private sector, profits are internalized and costs and losses are socialized.

From this economic policy arises the aphorism » socialism for the rich »: business executives government, figureheads and politicians who in many cases are shareholders or owners of large private companies resort to state coffers to save their assets from an eventual insolvency .

Of all the subsidies, the corporative ones are characterized as being one of the most excessive and wasteful, they are colossal amounts of money stolen through taxes to the working citizen destined to finance large companies in an extremely anti competitive way, with the excuse of protecting a supposed general or national well-being, one of the biggest populist lies ever invented.

Usually politicians say that they are subsidies destined to finance independent producers and SMEs when in reality they rescue the most influential corporations, for example, the fascist government of the United States allocates from 40 to 50 billion dollars a year of its budget for supposedly » incentivize » the small and medium enterprises when in fact they are about benefits for the big shots of the industry.

This protectionism whose origin is mercantilist, of concentrated profits and diffuse losses is especially harmful because it perpetuates a vicious circle of inefficiency and deep market distortions of great social impact, are companies that in a free market are destined to be absorbed or broken to make way to a competition that offers better quality goods or more efficient services achieving a sustained and healthy development rhythm in the economy.

4.- Central banking

It is a fundamental tool of the fascist economy, through the central bank you get an unlimited power to carry out central planning, from where the cycles of expansion and contraction of the economy are orchestrated and interest rates are set by decree. When the central bank buys bonds supplies new money and not earned for the bond seller, the central bankers do absolutely nothing to earn the money, they simply create it from nothing, this is what is known as FIAT money printing, ie money without any real value backing in precious metals or their intrinsic value but simply by trust in a state decree and a promise of payment, is a scam on a large scale, this mechanism is known as inflation.

The first recipients of fresh money from the printing press, the government and large banking corporations are those who benefit directly from the purchasing power recently acquired while ordinary savers suffer the evaporation of their purchasing power with the old money.

Central banks artificially set interest rates well below what would be the normal market price to provide cheap and almost gifted financing to the public administration, encouraging the waste and growth of the State in activities that had not taken place at low prices. Or normal or market interest rates, therefore it is necessary to abolish the central bank to end this perverse mechanism of monetary fascism.

FINAL CONSIDERATIONS

The elemental solution to abolish the fascist corporatist state is the liberal way: progressively reduce tax burdens until they are eliminated, thereby dissolving the bureaucracy, all subsidies, privileges, controls and logically any possibility of financing or rescue of inefficient corporations. The opposite would be counterproductive, maintain the status quo of economic fascism or the Marxist way: amplify bureaucracy and coercion in all aspects, which is the path that unfortunately are taking many nations disoriented by supine ignorance in economic science.

In capitalism private companies that have to disappear have to break, take profits but also losses, that simple, the reality is that there is no collective or nationalist interest that justifies the similar arbitrariness of a corporate bailout.

Once again, libertarians are there to illustrate the population in general, especially the declared Marxists and closet and anarchists confused about the essentially antiliberal, anti-capitalist, anti-market nature of fascism.

Liberalism as a means and anarcho-capitalism as an end is the truly revolutionary solution, the only sensible and possible way to achieve the long-awaited free society.

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El nuevo telón de acero.Europa occidental, llena de musulmanes y atentados / The new steel curtain. Western Europe, full of Muslims and attacks

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Parecen haber cambiado las tornas. El telón de acero ya no está en el Este sino en el Oeste. Europa occidental se ha llenado de musulmanes y sufre las consecuencias del yihadismo. Pero la del Este, contraria a la política de Welcome Refugees y con escasa inmigración musulmana, está a salvo de la amenaza.

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Número de muertos por atentados yihadistas en Europa / AMB

Por/By Pablo González de Castejón

El islam es una religión de paz. Nadie puede discutir eso, a menos que quiera ser tachado de racista o islamófobo. Y es verdad que una parte del islam predica la paz, el amor, la limosna, etc. Pero no se puede obviar que en aquellos países donde más musulmanes hay, más atentados y muertos se registran.

Europa es un gran ejemplo de ello. Si se tiene en cuenta la diferencia que ha existido en estos años en la aceptación o en la negación de la acogida de refugiados por parte de los países del Este y del Oeste de Europa con respecto a los refugiados e inmigrantes musulmanes, se puede comprobar la gran diferencia de víctimas de atentados yihadistas: por lo menos 618 muertos en los países del Welcome Refugees frente a  0 en los países que rechazan esa política.

Es como si el telón de acero hubiera cambiado: el telón de la amenaza y el miedo está ahora en Occidente y no en muchos de los países que sufrieron la bota comunista. Con la excepción de Rusia, con la amenaza del terrorismo checheno.

También se podría hablar del Muro de Carlomagno (los francos fueron capaces de frenar el avance del islam en la Edad Media). Cada vez más países del Centro o del Este de Europa rechazan la política del Welcome Refugees, como el caso de Austria, con su recién nombrado gobierno conservador, de Sebastian Kurz.

Si miramos el mapa elaborado con los últimos atentados acontecidos en Europa por parte de yihadistas, una cosa queda clara: Sea o no el islam una religión de paz, a menos musulmanes en un país, menos atentados y menos muertos.

Por ejemplo, durante los últimos años, en Francia han muerto 251 personas por terrorismo yihadista, siendo así el país con mayor número de víctimas. Le sigue España, con 206, en especial por culpa del atentado del 11M que tuvo un total de 191 muertos.

Después se encuentra Reino Unido con 90, muchos de los cuales han tenido lugar en los últimos dos años; le sigue Bélgica con 39; Alemania con 15; Suecia con 6; Dinamarca con 3 e Italia con 2 muertos.

Y la población de los países con más asesinatos por terrorismo yihadista coincide casi al completo (excepto España por la magnitud del 11M) con los índices de población musulmana.

En Francia casi el 9% de la población es musulmana, en Bélgica llega al 7,1%, en Gran Bretaña alcanza el 6,3%, Suecia tiene un 8,1% y España un 2,1%, y en todos ellos estos porcentajes crecerán en el futuro inmediato, según el Pew Research Center.

Sin embargo, en Polonia hay menos de un 0,1% de población musulmana, la República Checa tiene menos de un 0,2 y Hungría no alcanza el 0,4%.

Así, se puede comprobar que los países del Este no han sufrido ni un solo atentado yihadista en los últimos años, a excepción -repetimos- de Rusia que hace décadas convive con el problema del intento de independencia de Chechenia.

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Ilustración Viktor Orban/ Actuall-AMB

Pero en el resto, entre los que se encuentra el grupo de Visegrado (República Checa, Polonia y Hungría) contrario a la política de los refugiados, el cero es el resultado de la búsqueda de víctimas del terrorismo yihadista.

Un futuro poco esperanzador

Este mismo estudio del Pew Research Center hace una predicción, según los datos actuales, sobre el futuro de la sociedad europea, que debido a esa política de puertas abiertas verá aumentar de forma considerable el porcentaje de población musulmana.

El análisis contempla tres posibilidades para el 2050, según las decisiones políticas: un escenario con una inmigración cero, otra media y otra fuerte.

Si la inmigración fuese cero, en Gran Bretaña pasarían del 6.3 al 9,7% de población musulmana; en Alemania del 6.1 al 8,7%, en Suecia llegarían al 11,1% y  Francia alcanzaría el 12,7%.

Sin embargo, los países del grupo de Visegrado seguirían por debajo del 1% de población musulmana.

En un escenario de inmigración media, Francia llegaría al 17,4%; Alemania al 10,8%, Reino Unido a un 16,7% y Suecia hasta el 20%. España se quedaría en un 6,8%.

En este mismo escenario, solo República Checa y Hungría pasarían del 1% de población musulmana, mientras que Polonia y otros países del este no llegarían a ese porcentaje.

Ya en un escenario de inmigración masiva las cifras aumentan, aunque menos. Francia llegaría al 18%, Reino Unido al 17,2%; Alemania al 19,2% y Suecia sería líder en inmigración musulmana con un 30%. La media europea sería de un 14%.

Sin embargo, Polonia se mantendría con un 0,2%, la República Checa obtendría un 1,2% y aquí sí, Hungría sufriría una fuerte subida con un 4,5%.

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Musulmanes rezando en las calles de Clichy

La batalla por los refugiados

Este es uno de los principales argumentos del grupo de Visegrado para oponerse a la imposición de las tasas de refugiados que, desde Bruselas, buscan aprobar desde hace casi tres años.

Pero el centro financiero de Europa no ha logrado imponer esa política por la aguerrida defensa de su soberanía por parte de Polonia, Chequia o Hungría. Una  lucha a la que cada vez se adhieren más países, como Austria.

Por supuesto hay excepciones, ya que en países como Chipre, con un 25% de población musulmana, o Bulgaria, con  un 11%, no se han registrado atentados yihadistas en los últimos años.

Sin embargo no se puede negar la correlación entre población islamica e inseguridad, y no solo por el caso de Europa del Este, sino por el incansable mantra de que la mayoría de las víctimas del terrorismo yihadista son musulmanes.

Si se sale fuera de Europa se comprueba, evidentemente, que la mayoría de las víctimas de estos grupos armados (suníes) son musulmanes (principalmente chiíes), con países especialmente golpeados como Afganistán o Irak (especialmente inestables desde la intervención de EEUU), Nigeria, Siria o Yemen.

Es cierto que la mayoría de los asesinados por este terrorismo son musulmanes, pero es igual de cierto que la causa de esta lacra tiene la misma raíz: el islam.

Los datos no se pueden manipular, y si alguien busca seguridad con respecto el terrorismo yihadista en Europa, el destino está claro: tendría que salir del telón de acero del Oeste y viajar al otro lado del muro de Carlomagno…. en el Este.

inglaterra

They seem to have changed the tables. The iron curtain is no longer in the East but in the West. Western Europe has been filled with Muslims and suffers the consequences of jihadism. But the East, contrary to the policy of Welcome Refugees and with little Muslim immigration, is safe from the threat.

 

Islam is a religion of peace. No one can argue that, unless you want to be branded as racist or Islamophobic. And it is true that a part of Islam preaches peace, love, almsgiving, etc. But it can not be ignored that in those countries where there are more Muslims, more attacks and deaths are recorded.

Europe is a great example of this. If one takes into account the difference that has existed in these years in the acceptance or in the denial of the reception of refugees by Eastern and Western European countries with regard to Muslim refugees and immigrants, one can verify the great difference of victims of jihadist attacks: at least 618 dead in the countries of the Welcome Refugees compared to 0 in the countries that reject that policy.

It is as if the iron curtain had changed: the curtain of threat and fear is now in the West and not in many of the countries that suffered the Communist boot. With the exception of Russia, with the threat of Chechen terrorism.

  One could also talk about the Charlemagne Wall (the Franks were able to stop the advance of Islam in the Middle Ages). More and more countries in Central or Eastern Europe reject the policy of the Welcome Refugees, as in the case of Austria, with its newly appointed conservative government, of Sebastian Kurz.

If we look at the map prepared with the latest attacks in Europe by jihadists, one thing is clear: Whether or not Islam is a religion of peace, unless Muslims in a country, fewer attacks and fewer deaths.

For example, in recent years, 251 people have died in France due to jihadist terrorism, making it the country with the highest number of victims. It is followed by Spain, with 206, especially because of the 11M attack that had a total of 191 deaths.

Then there is the United Kingdom with 90, many of which have taken place in the last two years; Belgium is next with 39; Germany with 15; Sweden with 6; Denmark with 3 and Italy with 2 dead.

And the population of the countries with the most murders due to jihadist terrorism coincides almost completely (except Spain for the magnitude of 11M) with the Muslim population indexes.

In France almost 9% of the population is Muslim, in Belgium it reaches 7.1%, in Great Britain it reaches 6.3%, Sweden has 8.1% and Spain 2.1%, and in all of them these percentages will grow in the immediate future, according to the Pew Research Center.

However, in Poland there is less than 0.1% Muslim population, the Czech Republic has less than 0.2 and Hungary does not reach 0.4%.

Thus, it can be seen that the countries of the East have not suffered a single jihadist attack in recent years, with the exception, we repeat, of Russia, which decades ago coexisted with the problem of the attempted independence of Chechnya.

But in the rest, among which is the group of Visegrad (Czech Republic, Poland and Hungary) contrary to the policy of refugees, zero is the result of the search for victims of jihadist terrorism.

A little hopeful future

This same study by the Pew Research Center makes a prediction, according to current data, about the future of European society, which due to this open door policy will see a considerable increase in the percentage of Muslim population.

The analysis contemplates three possibilities for 2050, according to political decisions: a scenario with zero immigration, another media and a strong one.

If immigration were zero, in Britain they would go from 6.3 to 9.7% of the Muslim population; in Germany from 6.1 to 8.7%, in Sweden they would reach 11.1% and France would reach 12.7%.

However, the countries of the Visegrad group would remain below 1% of the Muslim population.

In a scenario of average immigration, France would reach 17.4%; Germany at 10.8%, the United Kingdom at 16.7% and Sweden at 20%. Spain would remain at 6.8%.

In this same scenario, only the Czech Republic and Hungary would pass the 1% Muslim population, while Poland and other Eastern countries would not reach that percentage.

Already in a scenario of massive immigration the numbers increase, although less. France would reach 18%, the United Kingdom 17.2%; Germany at 19.2% and Sweden would be leader in Muslim immigration with 30%. The European average would be 14%.

However, Poland would remain at 0.2%, the Czech Republic would get 1.2% and here, Hungary would suffer a strong rise with 4.5%.

The battle for refugees

This is one of the main arguments of the group of Visegrad to oppose the imposition of refugee rates that, from Brussels, seek to approve for almost three years.

But the financial center of Europe has not managed to impose this policy because of the strong defense of its sovereignty by Poland, the Czech Republic or Hungary. A fight to which more and more countries adhere, such as Austria.

Of course there are exceptions, since in countries like Cyprus, with a 25% Muslim population, or Bulgaria, with 11%, there have been no jihadist attacks in recent years.

However, there is no denying the correlation between the Islamic population and insecurity, and not only because of the case of Eastern Europe, but because of the tireless mantra that most of the victims of jihadist terrorism are Muslims.

If it goes outside of Europe it is evident that the majority of the victims of these armed groups (Sunni) are Muslims (mainly Shiites), with countries especially hit like Afghanistan or Iraq (especially unstable since the US intervention), Nigeria , Syria or Yemen.

It is true that the majority of those killed by this terrorism are Muslims, but it is equally true that the root cause of this scourge has the same root: Islam.

The data can not be manipulated, and if someone looks for security with respect to jihadist terrorism in Europe, the fate is clear: he would have to leave the Western Iron Curtain and travel to the other side of Charlemagne’s wall …. in the East.

 

Erradicar la pobreza, no demoler la riqueza / Eradicate poverty, do not demolish wealth

LIBERALISMO47

“Same old story, that’s a fact. One step up and two steps back”

Bruce Springsteen.

En el tiempo en el que usted termine de leer este artículo, si llega al final, unas seiscientas personas de todo el mundo habrán salido de la pobreza.

En 1990, el 35% de la población mundial vivía en la pobreza extrema. Hoy no llegan al 10,7% según el Banco Mundial.

En 1987, en China había 660 millones de pobres. Tras la apertura económica, esa cifra ha caído hasta solo 25 millones. En Indiala cifra de pobres desde ese año se ha reducido en más de cien millones de personas.

140 millones de personas se incorporan a la clase media cada año

Sin embargo, estamos viviendo la época en la que se ignoran estas magníficas noticias para centrarse en mensajes intervencionistas sobre la riqueza. Usted leerá que “el 1% del mundo controla el 87% de la riqueza” y cosas como “si las diez personas más ricas del mundo entregaran su riqueza no habría pobreza”.

Los 635 millones de chinos que han abandonado la pobreza en los últimos treinta años disienten. Están encantados de que China sea el país donde más millonarios se crean cada año y donde más crece la clase media, y gracias a esa prosperidad se da una “desigualdad creciente” que no solo no es negativa sino que es positiva. Millones de pobres que dejan de serlo, millones de pobres que pasan a la clase media y unos cuantos que, gracias al progreso, son millonarios.

En vez de fijarnos en los modelos de éxito que han llevado a la caída sin precedentes de la pobreza, los intervencionistas se preocupan. Si se acaba la pobreza, se acaba su trabajo. Al contrario de lo que le dicen los defensores de la represión, el capitalismo está encantado con la caída de la pobreza y la mejora de la clase media. Significa más y mejores consumidores, mejores productos, más sostenibles y mayor desarrollo… y con ello, más beneficios y mejores servicios públicos. Los que sufren ante la caída de la pobreza son los redistribuidores de la nada.

Es una ridiculez de tal calibre pensar que confiscando la riqueza de los ricos se acabaría la pobreza que parece increíble que en 2017 haya que recordar el desastre y aumento exponencial de la pobreza que supuso la idea mágica del expolio al exitoso desde la época de los assignats tras la Revolución Francesa hasta los ejemplos recientes de Argentina, Zimbabue, Venezuela, etc. La lista es interminable.

El expolio a la riqueza solo ha generado pobreza y peores condiciones para todos. Además, es una mentira. Expropie la riqueza de los ciudadanos más ricos y con ello, además de destruir el empleo de miles de personas, no solo no saca a los pobres de su miseria, sino que ¿qué ocurre al año siguiente? Ya no hay ricos que expoliar. Los pobres aumentan y la miseria se multiplica ante la evidencia de que, si penalizas el éxito, repartes el fracaso.

Todos los meses de enero coinciden dos eventos, Davos y el informe de Oxfam. Muchos de ustedes pensarán que son dos eventos diferentes e incluso antagónicos, y sin embargo tienen un tronco común. La glorificación del intervencionismo como solución a los problemas creados por… el intervencionismo.

No es una casualidad. La transferencia de riqueza de los ahorradores y exitosos hacia los gobiernos es un buen negocio. Porque cuando falla siempre se achaca a que no se intervino suficiente. Y es curioso, porque la evidencia del desastre económico que supone poner como objetivo único y central de la política la redistribución y la igualdad es evidente. Porque son consecuencias de la prosperidad, el crecimiento y el empleo.

Los objetivos no pueden centrarse en las segundas derivadas, porque desde la intervención solo se consigue que no quede nada que distribuir. La desigualdad no es lo mismo que la injusticia, como bien explica el Nobel Angus Deaton, y no nos sorprende que los intervencionistas se empeñen en situar como problema la desigualdad, cuando es de un 40% (es decir, un nivel de igualdad muy alto) en vez de la pobreza y cómo acelerar el crecimiento de la clase media, la principal pagafantas -vía impuestos- de los excesos estatales.

No es una casualidad que las sociedades con mayor libertad económica tengan también rentas más altas y Estados de bienestar más sólidos. Y eso lo saben hasta los que predican llevar a cabo lo contrario. Pero es que para e burócrata el objetivo es mantener el aparato, no hacerlo innecesario.

El capitalismo y el libre comercio han hecho más por la reducción de la pobreza que todos los comités gubernamentales juntos.

El debate de la pobreza y la desigualdad se ha convertido en una excusa para intervenir, no en cómo seguir mejorando. No quieren que los pobres sean menos pobres, solo que la clase media y alta sean menos ricos

El intervencionismo asume que la desigualdad es un efecto perverso, no una consecuencia de la prosperidad. Y la desigualdad es positiva. Si mis compañeros de trabajo tienen más éxito que yo es un incentivo para hacerlo mejor. Solo cuando hay una desigualdad por éxito progresan las sociedades, y se garantiza un Estado de bienestar sostenible. No hay mayor desigualdad que el igualitarismo, que elimina el mérito y el incentivo a mejorar. Y el igualitarismo no solo no reduce la pobreza, la aumenta. Pero, eso sí, como aplaudía Oxfam sobre Venezuela hace ocho años, “se reduce la desigualdad”. Haciendo a todos pobres, menos a los redistribuidores. Esos se forran.

inglaterra

“Same old story, that’s a fact. One step up and two steps back”

Bruce Springsteen.

By the time you finish reading this article, if it reaches the end, some six hundred people from all over the world will have come out of poverty.

In 1990, 35% of the world population lived in extreme poverty. Today they do not reach 10.7% according to the World Bank (SEGÚN EL BANCO MUNDIAL pdf)

In 1987, there were 660 million poor people in China. After the economic opening, that figure has fallen to only 25 million. In India, the number of poor since that year has been reduced by more than one hundred million people.

140 million people join the middle class every year.

However, we are living in a time when this magnificent news is ignored to focus on interventionist messages about wealth. You will read that «1% of the world controls 87% of wealth» and things like «if the ten richest people in the world gave their wealth there would be no poverty».

The 635 million Chinese who have left poverty in the last thirty years disagree. They are delighted that China is the country where most millionaires are created each year and where the middle class grows the most, and thanks to that prosperity there is a «growing inequality» that is not only negative but positive. Millions of poor people who stop being poor, millions of poor people who move to the middle class and a few who, thanks to progress, are millionaires.

Instead of looking at the models of success that have led to the unprecedented fall of poverty, the interventionists worry. If poverty ends, your work is finished. Contrary to what the defenders of repression say, capitalism is delighted with the fall of poverty and the improvement of the middle class. It means more and better consumers, better products, more sustainable and more development … and with it, more benefits and better public services. Those who suffer from the fall of poverty are the redistributors of nothingness.

It is a ridiculousness of such caliber to think that confiscating the wealth of the rich would end poverty that it seems incredible that in 2017 we must remember the disaster and exponential increase in poverty that brought the magical idea of ​​plundering to the successful since the time of the assignats after the French Revolution until the recent examples of Argentina, Zimbabwe, Venezuela, etc. The list is endless.

The plundering of wealth has only generated poverty and worse conditions for all. Besides, it’s a lie. Expropriate the wealth of the richest citizens and with this, in addition to destroying the employment of thousands of people, not only does it not remove the poor from their misery, but what happens next year? There are no more rich people to plunder. The poor increase and misery multiplies before the evidence that, if you penalize success, you share failure.

Every January there are two events, Davos and the Oxfam report. Many of you will think that they are two different and even antagonistic events, and yet they have a common trunk. The glorification of interventionism as a solution to the problems created by … interventionism.

It is not a coincidence. The transfer of wealth from savers and successful to governments is a good business. Because when it fails it is always blamed on not enough intervention. And it is curious, because the evidence of the economic disaster that supposes to put as a single and central objective of the policy the redistribution and the equality is evident. Because they are consequences of prosperity, growth and employment.

The objectives can not be focused on the second derivatives, because from the intervention only is achieved that there is nothing left to distribute. Inequality is not the same as injustice, as the Nobel Angus Deaton explains well, and it is not surprising that interventionists insist on placing inequality as a problem, when it is 40% (that is, a very high level of equality) instead of poverty and how to accelerate the growth of the middle class, the main payfantas – via taxes – of the state excesses.

It is not a coincidence that societies with greater economic freedom also have higher incomes and stronger welfare states. And even those who preach to carry out the opposite know this. But it is that for the bureaucrat the objective is to maintain the apparatus, not to make it unnecessary.

Capitalism and free trade have done more to reduce poverty than all government committees combined.

The debate about poverty and inequality has become an excuse to intervene, not how to keep improving. They do not want the poor to be less poor, just that the middle and upper classes are less rich.

Interventionism assumes that inequality is a perverse effect, not a consequence of prosperity. And the inequality is positive. If my co-workers are more successful than me it is an incentive to do better. Only when there is an inequality for success do societies progress, and a sustainable welfare state is guaranteed. There is no greater inequality than egalitarianism, which eliminates merit and the incentive to improve. And egalitarianism not only does not reduce poverty, it increases it. But, yes, as Oxfam applauded Venezuela eight years ago, «inequality is reduced». Making everyone poor, less redistributors. Those are lined.

Por/by Daniel Lacalle

LIBERALISMO36

El falso relato sobre las pensiones

jubilados

La izquierda culpa del déficit de las pensiones a la gestión del PP, pero este relato no se sostiene.

Por Diego Barceló Larran

Los socialistas de todos los partidos explican la situación del sistema de pensiones con el siguiente relato. En la época de ZP, los salarios eran altos. Por eso se recaudaba mucho por cotizaciones sociales y el sistema tenía un superávit que se acumuló en la «hucha» de las pensiones (Fondo de Reserva de la Seguridad Social, FRSS). Pero luego vino Rajoy, que es facha e insensible, e hizo una reforma laboral para facilitar el despido y bajar los salarios. Por eso hay menos empleos y salarios muy bajos, y eso explica que la recaudación de cotizaciones sociales no alcance para pagar las pensiones. Como la maldad de Rajoy no tiene límites, se gastó casi todo lo que había en la «hucha».

Puede que ese relato tenga sentido para algún desprevenido. El problema es que es esencialmente falso. Durante las dos legislaturas de ZP, el salario promedio aumentó 24,3% (de 1.313 euros/mes a 1.633). Pero en ese mismo período la inflación fue 24,2%. Por lo tanto, es falso que ZP fuera el campeón de los altos salarios: su poder de compra no varió.

Es cierto que la Seguridad Social tenía superávit. ¿Por qué? No fue porque los salarios eran altos, sino porque se crearon muchos puestos de trabajo artificiales financiados por el aumento del gasto público y una explosión de crédito bancario (a su vez financiado con endeudamiento exterior). Eran empleos artificiales porque la productividad caía (cada nuevo ocupado producía, en promedio, menos que los que ya estaban trabajando). En 2007 la productividad media era un 4,8% menor a la de 1997. ¿Cómo pudo la economía soportar los mayores costes que suponía la menor productividad? Aumentando los precios (por eso la inflación era alta) y su deuda.

 

La crisis corrigió de manera brutal los desequilibrios acumulados. Todos esos empleos artificiales fueron eliminados. Ese fue el mayor engaño de ZP: hizo creer a la gente que tenía un empleo, cuando lo que tenía era un ingreso insostenible financiado con deuda.

No fue la reforma laboral la que destruyó empleo. En los cuatro años anteriores a su aprobación, la Seguridad Social perdió 2,4 millones de cotizantes. Desde que se aprobó la reforma laboral, ganó 1,6 millones. Además, los nuevos empleos son genuinos: en 2017, la productividad media fue un 12% mayor a la de 2007.

La reforma laboral no provocó una caída masiva de salarios. Desde su aprobación, el poder de compra del salario medio apenas cayó 3,6%. Los salarios no suben porque el paro sigue siendo elevado y la productividad sigue siendo baja (desde 1995 hasta 2017, la productividad creció solo 6,5%, pero el salario medio, corregido por la inflación, lo hizo un 23,3%).

El déficit del sistema de pensiones tiene muchas causas: la gente vive cada vez más, por lo que cada vez hay más pensionistas (ahora hay 700.000 más que en 2011) y la pensión media no deja de crecer (14% desde 2011). Además, inciden el todavía elevado desempleo y la aún baja productividad.

Lejos de aprender de los errores del pasado, la «solución» socialista es simple: forzar una subida de salarios y aumentar los impuestos. Eso sería la semilla de una nueva crisis. Dentro del actual sistema, la verdadera solución es hacer muchas más reformas para que la productividad dé un salto y puedan crecer de manera sostenible tanto el empleo como los salarios.

A largo plazo, la única forma de blindar el sistema de pensiones de las tendencias demográficas y los vaivenes del empleo es convertir el actual sistema de reparto en uno de cuentas nocionales (como ya hacen Suecia, Italia y Polonia), para que cada uno cobre esencialmente lo que ahorró (más los intereses capitalizados), sin perjuicio de las fórmulas de solidaridad que se estimen oportunas.

PD: el Fondo de Reserva fue creado durante el gobierno de Aznar en el año 2000. Cuando ZP llegó a La Moncloa, el FRSS ya tenía acumulados más de 12.000 millones de euros. ZP lo elevó hasta unos 66.000 millones (tal vez lo mejor que hizo). Con lógica, Rajoy utilizó el FRSS para cubrir parte del déficit del sistema (las alternativas eran subir los impuestos, aumentar más la deuda pública o bajar las pensiones; si los ahorros no se utilizan en una situación de emergencia, ¿para qué están?). El FRSS tiene ahora poco más de 8.000 millones de euros.

Diego Barceló Larran es director de Barceló & asociados (@diebarcelo)

Ideología de género: ¿dictadura internacional? / Gender ideology: international dictatorship? Por/By Agustín Laje

dictadura-de-genero

«Si las dictaduras modernas se caracterizan por constituir regímenes políticos que operan con autoritarismo al margen de la voluntad de la ciudadanía, es evidente que estamos en presencia de la formación de una dictadura internacional.»

Por/by Agustín Laje Arrigoni

El pasado 9 de enero conocimos que la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió una Opinión Consultiva apoyando con determinación la ideología de género. La opinión fue peticionada por Costa Rica, con claros objetivos políticos: el oficialismo es consciente de que le costará imponer la ideología de género en su estructura legal sin apoyo externo. Hace algunas semanas, valga recordar, miles de ciudadanos costarricenses —pueblo de escasa efervescencia política— salieron a las calles a marchar contra la ideología de género.

En resumidas cuentas, la Corte manifestó que la llamada “identidad de género” es ‘‘la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento’’, para luego insistir en que existe un “derecho a la identidad de género”. Sabemos bien que, en este contexto, “derecho” no significa libertad de vivir su sexualidad e identidad como le plazca a cada quien, sino obligación para los demás de ser partícipes de lo que es, en rigor, una fantasía personalísima.1

Así por ejemplo, la Corte nos dice que es un “derecho humano” que el Estado modifique los registros y documentos de identidad de las personas, sin considerar nada más que su “auto-percepción”: ya no se le puede exigir a nadie siquiera acreditaciones médicas, quirúrgicas o psicológicas. Si la auto-percepción de un individuo pasa a condicionar la percepción estatal entera, esto significa que, por añadidura, condiciona la percepción de la sociedad toda. ¿Por qué un equipo de hockey femenino, por ejemplo, debería a excluir de su plantel a un hombre que, en virtud de su auto-percepción, el Estado lo ha consagrado como mujer?

Por otra parte, la Corte establece del mismo modo que cualquier unión constituye familia y, por lo tanto, que de cualquier unión entre personas, independientemente del género y la orientación sexual de sus partes, derivan los mismos derechos inherentes al matrimonio. ¿Qué es esto si no la imposición externa del “matrimonio” homosexual y la consiguiente adopción de menores por parte de éste?

En efecto, aquello de “Opinión Consultiva” es eufemístico. La “opinión” de la Corte tiene efectos jurídicos, políticos y administrativos en todos los Estados que son parte de la Convención Americana: 22 en total. La Corte lo deja muy en claro cuando, a colación de su apoyo a la ideología de género, sentencia que “se estima necesario que los diversos órganos del Estado realicen el correspondiente control de convencionalidad aplicando los estándares establecidos en esta Opinión Consultiva”. Por ello, el Tribunal insta “a esos Estados a que impulsen realmente y de buena fe las reformas legislativas, administrativas y judiciales necesarias para adecuar sus ordenamientos, interpretaciones y prácticas internos”.

El poder en la sociedad posmoderna, al decir de Toni Negri, está descentrado. La soberanía de los Estados-nación es cosa del pasado. Las realidades nacionales son hoy un producto de la doble determinación de un poder interno y otro internacional. En este caso, el poder no se divide: se multiplica. En virtud de su dimensión internacional, se vuelve ineludible.

No se trata, desde luego, de un poder democrático. Si el ideal democrático puede definirse a partir de un régimen político que hace emanar el poder desde el pueblo para gobernar al pueblo, y que en la práctica se traduce en la determinación de la voluntad ciudadana con arreglo al uso de instrumentos electorales, el actual orden internacional carece de todos estos componentes. Todavía más: destruye los regímenes democráticos de los Estados que han optado por ellos, en la medida en que las decisiones de las Organizaciones Internacionales se imponen sobre nuestras sociedades en un movimiento que va de arriba abajo, no de abajo arriba.

¿Qué rol puede tener un Congreso Nacional en la cuestión del “matrimonio” homosexual, después de esta “Opinión Consultiva” de carácter imperativo? ¿Qué facultades tendrá en otros asuntos como la adopción homoparental? Ninguno. Estas cuestiones fueron ya resueltas y decididas no por aquellos connacionales que la ciudadanía eligió como representantes del pueblo, sino por 9 personas extranjeras que tienen poder sobre 22 Estados americanos y sus respectivas sociedades.

Si las dictaduras modernas se caracterizan por constituir regímenes políticos que operan con autoritarismo al margen de la voluntad de la ciudadanía, es evidente que estamos en presencia de la formación de una dictadura internacional. El margen de maniobra de los Estados-nación es cada vez más reducido. A partir de ahora por ejemplo, un Estado que no reconozca la adopción homosexual podrá ser denunciado por el lobby LGTB en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y de ahí tener luego un problema en la propia Corte. ¿Qué gobierno querrá ganarse un problema de este calibre para el Estado bajo su gestión?

En las dictaduras modernas, la última evasión que un individuo tenía al alcance frente a los tentáculos del poder era el exilio. Escapar al poder suponía escapar del lugar donde ese poder tenía centro. La actual desterritorialización del poder supone, no obstante, la imposibilidad del exilio. La internacionalización borra todo límite territorial; el espacio se modifica quedando todo determinado por él, lo cual significa que paulatinamente se va borrando toda posibilidad de auto-determinación. ¿Cómo eludir un poder que, a partir de la opinión de 9 personas, condiciona el marco regulatorio, jurídico y administrativo de 22 Estados?

Todavía queda, empero, una esperanza. Dijimos anteriormente que las realidades nacionales son en este momento el producto de dos fuerzas que a veces colisionan y a veces se retroalimentan: el poder interno y el internacional. En un sistema democrático, el poder interno se estructura a partir del voto popular. Los políticos que se lanzan a la carrera democrática, si quieren ganar, necesitan adecuarse a lo que piensan que la ciudadanía piensa. Si se lograra generar movilizaciones de tal magnitud que los políticos percibieran que el precio a pagar por someterse a la Corte Interamericana es mayor al precio de tener eventualmente problemas de derecho internacional con ella, el poder interno podría barrer con el internacional.

Las movilizaciones ciudadanas son de vital importancia como mecanismo de información: en la masa de gente movilizada el político recibe el mensaje de qué tiene que hacer y decir si quiere seguir siendo votado. Allí donde la ciudadanía no se moviliza, los medios de comunicación, los grupos de género y las organizaciones internacionales son los que informan al político.

Hay razones para guardar todavía esperanzas. Lo que no hay son razones para pensar que, de no actuar con urgencia, esa esperanza pueda mantenerse por mucho tiempo más.

inglaterra

«If modern dictatorships are characterized by constituting political regimes that operate with authoritarianism outside the will of the citizenry, it is evident that we are in the presence of the formation of an international dictatorship.»

On January 9, we learned that the Inter-American Court of Human Rights issued an Advisory Opinion supporting with determination the gender ideology. The opinion was requested by Costa Rica, with clear political objectives: the ruling party is aware that it will cost to impose the gender ideology in its legal structure without external support. A few weeks ago, it is worth remembering, thousands of Costa Rican citizens – people of little political effervescence – took to the streets to march against the gender ideology.

 In summary, the Court stated that the so-called «gender identity» is «the internal and individual experience of the gender as each person feels it, which may or may not correspond to the sex assigned at the time of birth», for then insist that there is a «right to gender identity». We know well that, in this context, «right» does not mean freedom to live their sexuality and identity as it pleases each one, but obligation for others to be part of what is, strictly speaking, a very personal fantasy.

For example, the Court tells us that it is a «human right» for the State to modify the records and identity documents of people, without considering anything other than their «self-perception»: no one can be required to even medical, surgical or psychological accreditations. If the self-perception of an individual happens to condition the entire state perception, this means that, in addition, it conditions the perception of the whole society. Why would a women’s hockey team, for example, have to exclude from their roster a man who, by virtue of his self-perception, has been consecrated by the state as a woman?

On the other hand, the Court establishes in the same way that any union constitutes family and, therefore, that of any union between persons, regardless of the gender and sexual orientation of its parts, derive the same rights inherent to marriage. What is this if not the external imposition of homosexual «marriage» and the consequent adoption of minors by it?

In effect, that of «Advisory Opinion» is euphemistic. The «opinion» of the Court has legal, political and administrative effects in all the States that are part of the American Convention: 22 in total. The Court makes it very clear when, in reference to its support for the gender ideology, it states that «it is considered necessary that the various organs of the State carry out the corresponding control of conventionality by applying the standards established in this Advisory Opinion». For this reason, the Court urges «those States to really and in good faith promote the legislative, administrative and judicial reforms necessary to adapt their internal systems, interpretations and practices».

Power in postmodern society, according to Toni Negri, is off center. The sovereignty of nation-states is a thing of the past. The national realities are today a product of the double determination of an internal and an international power. In this case, power is not divided: it multiplies. By virtue of its international dimension, it becomes inescapable.

It is not, of course, a democratic power. If the democratic ideal can be defined by a political regime that emanates power from the people to govern the people, and that in practice translates into the determination of the citizen’s will according to the use of electoral instruments, the current order International lacks all these components. Even more: it destroys the democratic regimes of the States that have opted for them, insofar as the decisions of the International Organizations are imposed on our societies in a movement that goes from top to bottom, not from bottom to top.

What role can a National Congress have in the issue of homosexual «marriage», after this «Advisory Opinion» of an imperative nature? What faculties will you have in other matters such as homoparental adoption? Any. These questions were already resolved and decided not by those nationals that the citizens elected as representatives of the people, but by 9 foreign persons who have power over 22 American States and their respective societies.

If modern dictatorships are characterized by constituting political regimes that operate with authoritarianism outside the will of the citizenry, it is evident that we are witnessing the formation of an international dictatorship. The margin of maneuver of nation-states is increasingly reduced. From now on, for example, a State that does not recognize homosexual adoption may be denounced by the LGBT lobby in the Inter-American Commission on Human Rights, and then have a problem in the Court itself. What government will want to win a problem of this caliber for the State under its management?

In modern dictatorships, the last escape that an individual had within reach of the tentacles of power was exile. Escaping to power meant escaping from the place where that power was centered. The current deterritorialization of power, however, implies the impossibility of exile. Internationalization erases all territorial limits; the space is modified, everything being determined by it, which means that every possibility of self-determination is gradually erased. How to avoid a power that, based on the opinion of 9 people, conditions the regulatory, legal and administrative framework of 22 States?

There is still, however, a hope. We said earlier that national realities are at this moment the product of two forces that sometimes collide and sometimes feed back: internal and international power. In a democratic system, the internal power is structured from the popular vote. Politicians who embark on a democratic career, if they want to win, need to adapt to what they think the public thinks. If mobilizations of such magnitude were achieved that the politicians perceived that the price to pay for submitting to the Inter-American Court is greater than the price of eventually having problems of international law with it, the internal power could wipe out the international power.

Citizen mobilizations are of vital importance as an information mechanism: in the mass of people mobilized the politician receives the message of what he has to do and say if he wants to continue being voted. Where citizens do not mobilize, the media, gender groups and international organizations inform the politician.

There are reasons to still hope. What there are not are reasons to think that, if not acting with urgency, that hope can be maintained for much longer.

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