Categoría: CENSURA

DELITOS DE ODIO: LA POTENTE «LEY MORDAZA» QUE NOS TRAGAMOS COMO UN AVANCE PROGRESISTA (VÍDEO)

Censura, persecución y «cancelaciones» en nombre de las minorías y los Derechos Humanos

El llamado «delito de odio», incorporado a la legislación española en el año 2015, se presentó a la opinión pública como una normativa destinada a proteger a colectivos susceptibles de ser agredidos, como los homosexuales, los inmigrantes o las minorías étnicas. Una finalidad más que loable contra la que muy pocos – acaso tan solo algún nazi orgulloso de serlo- se podrían manifestar. Sin embargo – opina nuestro colaborador Cristóbal García Vera – la propia redacción de la ley abría las puertas para que, finalmente, se utilizara como una suerte de nueva «ley mordaza» contra la libertad de expresión (…).

Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

Un fantasma parece estar recorriendo el mundo. Y no es el del comunismo, sino el de una nueva y recrudecida forma de represión que, cual postmoderno caballo de Troya, ha traspasado nuestras murallas disfrazada de legislación para «defender a los más vulnerables».

   Nos referimos, como apunta el título de este artículo, al llamado «delito de odio», incorporado en el Código Penal de la legislación española mediante la Ley Orgánica 1/2015,  que se presentó a la opinión pública como una normativa destinada a proteger a colectivos susceptibles de ser agredidos, como los homosexuales, los inmigrantes o las minorías étnicas. Una finalidad más que loable contra la que muy pocos  – acaso tan solo algún nazi orgulloso de serlo- se podrían manifestar.

    Según ha apuntado Jon-Mirena Landa, director de la Cátedra Unesco de Derechos Humanos de la Universidad del País Vasco, la expresión  «delito de odio» (hate crimeprocede de los Estados Unidos, donde se acuñó a finales de la década de los ochenta del pasado siglo, y con el tiempo se extendió a los códigos penales de otros países occidentales, con la consecuencia de un incremento de las penas asociadas a acciones delictivas cuando éstas estaban relacionadas con determinados prejuicios.

   Este sería el caso, por ejemplo, de una paliza propinada por un grupo de supremacistas blancos estadounidenses a un hombre o una mujer afroamericana,  un homosexual o una persona transexual, motivada por la propia condición de la víctima.

    Una legislación de ese tipo, huelga decirlo, tiene un sentido evidente que justifica su promulgación y el apoyo a la misma de los sectores progresistas de la sociedad. 

CUANDO EL «DELITO DE ODIO»  COMIENZA A ENCUBRIR  LA CENSURA Y LA INCAPACIDAD PARA CONFRONTAR IDEAS

   El problema con los llamados «delitos de odio», que los convierte de facto en una legislación mordaza y en un peligrosísimo instrumento de censura, se genera cuando el  «odio» perseguido por el Código penal no tiene que ver ya con actos concretos y objetivos, sino que se comienza a buscar, de forma subjetiva, en la simple expresión de ideas u opiniones contrarias al pensamiento dominante.

   En este punto, que ya estamos sufriendo en el Estado español, el «hate crime» es sustituido por el «hate speech». Los «discursos de odio», entendidos como tales por cualquier persona o colectivo que, subjetivamente,  sienta que otra ideología, o incluso argumentos lógicos y evidencias empíricas, «atentan» contra su propia concepción del mundo o contra su identidad.

Si preguntáramos en la calle qué es un delito de odio, muy probablemente, las respuestas se encaminarían hacia declaraciones insultantes, humillantes o amenazantes contra personas que son o piensan diferente. Sin embargo, la mayoría de las acusaciones por este presunto delito que hoy se producen tienen que ver, más bien, con una respuesta, por parte de los más diversos colectivos, pero también del propio Estado,   contra aquellos que cuestionan sus planteamientos o la visión de la realidad que ellos consideran como la única justa y admisible.

      No nos estamos refiriendo, pues, a discursos realmente agresivos o deshumanizantes con los que, en más de una ocasión, se han preparado las condiciones para proceder a auténticos genocidios. Y mucho menos a  llamamientos directos a atacar a los miembros de cualquier colectivo. Hablamos, específicamente, del intento de convertir el disenso en una acción punible por la ley.

   Aunque por el momento no tenemos noticias de que los colapsados tribunales españoles estén dictando condenas al respecto, parece como si, en nombre de los «derechos humanos» o la «defensa de las minorías» se pretendiera sustituir el debate y la confrontación de ideas por el recurso a la judicialización de todo aquel discurso que pueda «ofender» alguna sensibilidad. 

«No nos estamos refiriendo a discursos realmente agresivos o deshumanizantes con los que, en más de una ocasión, se han preparado las condiciones para proceder a auténticos genocidios, sino al intento de convertir el disenso en una acción punible por la ley»

   Este tétrico panorama, cada vez más común en muchos países occidentales, es posible gracias  al efecto conjunto de una creciente e interesada banalización de la política y de una «subcultura» infantilizada que, en efecto, identifica la discrepancia con una agresión. Una forma de pensar, o más propiamente de sentir, cada vez más extendida entre amplios sectores de la juventud, a la que se está maleducando y debilitando hasta el punto de que ya se los empieza a conocer como la generación de cristal.    

LA DERECHA TAMBIÉN SABE VICTIMIZARSE Y DENUNCIAR A «ODIADORES»

  La «caja de Pandora» abierta por estas leyes contra la libertad de expresión, en cualquier caso, no se circunscribe a unos pocos grupos etarios, ni se limita, como podría imaginarse por su origen, al cuadrante «izquierdo» del espectro político institucional. También la derecha más extrema ha aprendido a victimizarse y no manifiesta reparos a la hora de denunciar a sus propios «odiadores». 

En el Estado español, donde hace bastantes años el juez Baltasar Garzón impuso la doctrina del «todo es ETA» para criminalizar a cualquiera que defendiera el derecho a la autodeterminación del pueblo vascotampoco era muy difícil imaginar que el propio Estado, y la derecha política, serían los primeros en sacar provecho de la nueva legislación.

   Así, en el año 2019, la Fiscalía General emitía la circular 7/2019, según la cual el rechazo radical a los grupos nazis expresado por colectivos antifascistas quedaba tipificado como «delito de odio» (1).

   Por su parte, el Partido ultraderechista VOX se permitía denunciar ante la Audiencia Nacional, «por delito de odio y enaltecimiento del terrorismo»,  a colectivos de solidaridad con los jóvenes de Alsasua condenados a desproporcionadas penas de cárcel por un altercado de bar con un grupo de guardias civiles de paisano.

En febrero de 2018, la Policía Nacional ya había denunciado a un humilde mecánico de Reus,  Jordi Perelló, por presunta «incitación al odio», por negarse a reparar el vehículo particular de una agente de este Cuerpo policial (2).

Un año después, en la Isla de Gran CanariaMiguel Ángel Ramírez –presidente de la UD Las Palmas y empresario conocido por no pagar a sus empleados y por cometer otros presuntos delitos contra la Hacienda pública- también se refugiaba en el socorrido «delito de odio» para expulsar a un socio del club que se había atrevido a colocar una pancarta con el lema ‘¡Ramírez vende ya!’, en las lomas que circundan la Ciudad Deportiva de ese equipo de fútbol (3).

Son tan solo un puñado de ejemplos que no representan, como algunos creen, un mal uso de la norma, sino la consecuencia previsible de la formulación de la ley, cuyo artículo 510 establece que:

    «serán castigados con la pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses: los que provocaren a la discriminación, al odio o a la violencia contra grupos o asociaciones, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad».

    Una redacción lo suficientemente ambigua como para que cualquiera pueda ampararse en la ley para tratar de penalizar a quienes le desagradan o lo cuestionan, por motivos meramente ideológicos o, incluso, de inquina personal.

ACALLANDO LA DISIDENCIA EN NOMBRE DE LAS MINORÍAS Y LA «CULTURA DE LA CANCELACIÓN»

   El problema fundamental no es la utilización que nuestros adversarios ideológicos puedan hacer de esta ley, sino el mismo hecho de penalizar la expresión de las ideas ajenas, desde una presunta atalaya moral  cuyas reglas, a la postre, siempre acaban determinando los poderes realmente existentes o sus representantes políticos institucionales.

«Con la coartada de defender a colectivos vulnerables se avanza hacia la penalización de las ideas ajenas, desde una presunta atalaya moral  cuyas reglas, a la postre, siempre acaban determinando los poderes realmente existentes»

   Solo desde una posición de poder, en efecto, se pueden imponer censuras a actos sobre la participación de atletas trans en la categoría de deporte femenino, como hacía el pasado año el Cabildo de Gran Canaria, por mediación de la consejera de Igualdad de Unidas Podemos, Sara Ramírez (5) porque -de acuerdo a la ideología ahora dominante – el mero debate sobre este tema, o la aportación de datos contrastables al respecto, constituiría «un delito de odio». «Delito», por cierto, decretado por la propia consejera podemita como censora y juez,  sin proceso debido, con anterioridad a la celebración del acto y sin ningún derecho a la defensa.

VÍDEO SOBRE LA CENSURA IMPUESTA AL CONGRESO «MUJERES Y DEPORTE», CON LA JUSTIFICACIÓN DE PROTEGER LOS «DERECHOS HUMANOS»

En la misma línea, la nueva ley trans aprobada por el Ejecutivo central del PSOE y Unidas Podemos contempla la imposición de altísimas multas  a quienes se atrevan a cuestionar públicamente algunas de las «verdades» contenidas en la norma, aunque para ello puedan apoyarse en la evidencia científica.

   Es decir, que el ala «izquierda» del Ejecutivo más progresista de la historia de España, literalmente, ¡ha prohibido disentir de su discurso oficial!  Y ello, con el silencio cómplice, o incluso el aplauso, de una parte de la izquierda «alternativa» supuestamente crítica con Unidas Podemos, aparentemente incapaz de entender que su acuerdo en este tema concreto con el partido del Gobierno no los tendría que llevar a suscribir el silenciamiento forzado de quienes mantienen otros puntos de vista.

Estas actuaciones impuestas desde las propias instituciones del Estado, y presentadas ante la opinión pública como medidas destinadas a defender a las minorías de supuestos «ataques de odio», constituyen una nueva forma de censura «progresista» que viene de la mano de la «cultura de la cancelación» de lo políticamente incorrecto, importada de Estados Unidos, y representada en ese país norteamericano por el guerrerista Partido Demócrata.

   Más tarde o más temprano, los sectores de la izquierda extraparlamentaria que han asumido esta lógica perversa, influidos de una u otra forma por las ideologías postmodernas, también tendrán que pagar la factura por el  ecosistema político represivo que están contribuyendo a establecer.  Y es muy probable que, como en la Alemania de los años 30 del siglo XX, «cuando vayan a buscarlos a ellos, ya no haya nadie para protestar».

EL ABOGADO Y YOUTUBER RUBÉN GISBERT DENUNCIADO POR INFORMAR Y OPINAR SOBRE LA GUERRA DE UCRANIA

   Nadie con una mínima conciencia crítica podrá quedar para defenderlos, en efecto, si hoy todos decidimos callar, cobardemente, ante esta nueva forma de «inquisición bienpensante». O si no levantamos la voz cuando los censurados, multados o encarcelados solo por expresarse y opinar son otros con quienes no coincidimos ideológicamente o incluso nos situamos en sus antípodas.

   De ahí que también sea obligatorio en un texto como éste denunciar la reciente imputación por la Fiscalía del  abogado y youtuber español Rubén Gisbert, por una presunta «incitación al odio».

   Gisbert ha sido acusado de «dar noticias falsas sobre la guerra de Ucrania y actuar como agente de desestabilización política», solo por atreverse a ofrecer una información alternativa a la impuesta por los medios occidentales sobre este conflicto bélico, contando para ello con la participación de varios especialistas en el tema, como el coronel Pedro Baños, censurados en dichos medios por negarse a reproducir la propaganda de Guerra de la OTAN.

VÍDEO: GISBERT REBATIENDO, DESDE UCRANIA, ALGUNOS ASPECTOS DE LA PROPAGANDA DE GUERRA OCCIDENTAL 

En el vídeo que adjuntamos a esta nota (*), el joven letrado responde con firmeza a su imputación, manifestando que no se dejará amedrentar y explicando claramente cuál es el significado de este ataque que ha recibido.

DEFENDER EL DERECHO BÁSICO A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN: BATALLA DE IDEAS Y ORGANIZACIÓN POPULAR

   Por nuestra parte, defender el derecho de Gisbert a realizar su labor informativa sin ser represaliado por ello resulta perfectamente compatible con nuestra radical discrepancia con su ideología y muchos de sus posicionamientos políticos. Dicha defensa, como la del derecho de las especialistas en deporte femenino a cuestionar aspectos de la ley trans; el derecho de una activista transexual a disentir a su vez de esas especialistas; el de un ultraconservador católico  a sostener  que solo la familia tradicional debería ser promovida por el Estado o el de un liberal a exponer sus ideas sobre la economía capitalista desregulada, no implica en realidad más que defender un mínimo terreno de juego político en el que nosotros mismos no podamos ser encarcelados, en cualquier momento, solo por hablar sobre la necesidad de que una revolución socialista evite la barbarie  inherente a este sistema económico y político promovido por el liberal. 

«Defender el derecho de los otros a expresar sus opiniones, por «odiosas» que éstas nos resulten, no es más que defender un mínimo terreno de juego político en el que nosotros mismos no seamos represaliados por discrepar del discurso dominante»

   El debate, el intercambio de ideas y la confrontación dialéctica con quienes defienden propuestas contrarias a las nuestras, así como la organización imprescindible para que se escuche la voz de las clases trabajadoras, son las herramientas que debemos utilizar quienes, desde las coordenadas del marxismo, aspiramos a transformar la realidad en un sentido auténticamente progresivo. 

   Por el contrario, la «moda» de recurrir a la represión estatal contra quienes tienen un discurso que nosotros rechazamos, por «odioso» que éste nos resulte, constituye un claro síntoma de que, en algún momento, se abandonó el campo de batalla de las ideas y de la construcción popular. O de que, al menos, la ideología dominante ha logrado permear lo suficiente a quienes así actúan como para que su lucha se perdiera en los enrevesados y variopintos senderos del capitalismo woke (5). 

(*) VÍDEO RELACIONADO:

Notas y referencias bibliográficas:

(1) Incitar al odio contra el nazismo es un «delito de odio», dice la Fiscalía General del Estado

(2) Mecánico acusado por «delito de odio» por negarse a arreglar los coches de la Policía Nacional

(3) Miguel Ángel Ramírez expulsa a un socio de la UD Las Palmas por un «delito de odio»

(4) Suspendido por censura el congreso estatal «Mujeres y Deporte» que se iba a celebrar en Gran Canaria

(5) Capitalismo «woke»: A la diversidad rogando y con el mazo dando

Los espías y los policías se encargan de ‘moderar’ los contenidos en internet

Redacción

En mayo del año pasado la policía española detuvo al ucraniano Anatoly Shariy, a quien el gobierno de Zelensky acusó dos veces de “alta traición” por informar sobre Ucrania en su canal de YouTube.

La primera “traición” consistió en publicó un mapa de Ucrania que excluía a Crimea y el Donbas. La policía española ejerció de mamporrero del servicio secreto ucraniano (o seea de la OTAN) y detuvo a Shariy.

La segunda “traición” se anunció en julio: el periodista había proporcionado a los servicios de inteligencia rusos “consejos de filmación”, quizá porque son tan ineptos que no saben sujetar una cámara de vídeo.

Esa detención, y otras, como la de Pablo García en Polonia, ponen de manifiesto la colaboración represiva de las policías europeas con las ucranianas (*), lo cual era algo conocido, y también que internet se está convirtiendo en una especie de ratonera dirigida por los servicios de espionaje de las grandes potencias y las multinacionales tecnológicas.

Ucrania ha elaborado una lista negra de webs, no sólo a efectos de censura, sino para cometer asesinatos o iniciar montajes judiciales a sus administradores, al más puro estilo Assange.

Por su parte, el Pentágono ha subcontrado con la inteligencia británica la censura de ciertos comentaristas, como Max Blumenthal, Aaron Maté o Jeffrey Sachs, a los que imputan la elaboración de mensajes “prorrusos”.

Como es costumbre, el gobierno británico está al frente de la campaña internacional de censura e intoxicación, para lo cual ha subcontratado a Zinc Network, una empresa británica de relaciones públicas que trabaja para las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses.

Una red de expertos y periodistas financiada por el gobierno de Londres recomendó una campaña coordinada para presionar a las empresas tecnológicas y “actores del mercado digital” para eliminar las críticas a los gobiernos alineados con la OTAN.

De la cárcel de Abu Ghraib a las oficinas de Kiev

La estrategia consiste en redefinir el concepto de “desinformación” para incluir las críticas al ejército estadounidense o a la OTAN, y luego presionar a las empresas tecnológicas a fin de que “moderen” ciertos contenidos. El espionaje de los países de la OTAN califica como “desinformación” los reportajes de los medios independientes, que nunca son suficientemente sumisos.

La empresa de relaciones públicas Zinc tiene su sede en Reino Unido y saltó a la fama hace más de dos años por una filtración de documentos que mostraban algo ampliamente conocido: vínculos vergonzosos entre las centrales de inteligencia occidentales y el “periodismo de investigación”. Destaquemos de pasada que los gacetilleros más ineptos llaman de esa manera, “periodismo de investigación”, a lo que no es otra cosa de periodismo de filtración, es decir, a propagar los mensajes que fabrican las propias centrales de inteligencia.

Zinc Network ha cobrado más de 500.000 dólares del Comando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos en Kenia y más de 3 millones de “un subcontratista del ejército estadounidense en Europa y África” a nombre de la empresa de inteligencia estadounidense CACI.

Para que no falte de nada, añadamos que el mes pasado un juez federal admitió una demanda contra CACI por su participación en las torturas practicadas por el ejército estadounidense en la prisión de Abu Ghraib.

11 tinglados diferentes para analizar las noticias sobre la Guerra de Ucrania

En Estados Unidos de la censura sea encarga el Departamento de Seguridad Nacional a través de un “Consejo de Gobernanza de la Desinformación” que ha estado presidido por Nina Jankowicz que, a su vez, es miembro de la junta asesora de la OIP (Open Information Partnership), un tinglado financiado, al menos parcialmente por Zinc entre 2019 y 2021.

La OIP no trabaja con los contenidos sino con los autores de los mismos, especialmente firmas cuyas opiniones tienen difusión en las redes sociales del munto entero.

Desde el inicio de la guerra de Ucrania, Zinc y la OIP mostraron mucho interés por analizar la “desinformación”, una tarea que encomendaron a 11 tinglados diferentes, como la empresa ucraniana de seguimiento narrativo LetsData, que se encargó de analizar los contenidos de las redes sociales. Cada una de las diez regiones de Europa del este fue estudiada por un grupo de “expertos”.

Por ejemplo, el análisis de Ucrania se atribuyó a Detection Media, financiado por la embajada de Estados Unidos en Kiev, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Dinamarca. Este tinglado se dedicó a identificar el origen de las informaciones “prorrusas” sobre la Guerra de Ucrania, o sea, la fuente inspiradora de todos aquellos que no repiten los partes de guerra de la OTAN.

Es un ejemplo perfecto de eso que ahora llaman “economía circular” en las facultades universitarias: los gobiernos pagan a empresas para que les hablen de lo que quieren oir.

(*) https://jackpoulson.substack.com/p/exclusive-british-government-funded

Lula llevará al G-20 su plan de controlar las redes sociales a escala mundial

El presidente de Brasil destacó desde Emiratos Árabes Unidos que «acabar con la diseminación del odio en las redes sociales de todos los países» es un tema que debería ser abordado por las mayores potencias del planeta. En febrero envió una carta a la conferencia global Internet for Trust, realizada por la Unesco, en la que pidió que se establezca una regulación de las plataformas digitales a escala mundial con la excusa de evitar que «amenacen la democracia»

por José Gregorio Martínez

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, fue recibido en Abu Dabi por su homólogo de los Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed Al Nahyan. (EFE)

La insistencia del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, de controlar las redes sociales no tiene límites ni fronteras. Luego de haber enviado una carta en febrero a la conferencia global Internet for Trust, realizada por la Unesco en París, en la que pidió que se establezca una regulación a las plataformas digitales a escala mundial, este domingo anunció desde Abu Dabi su intención de elevar este debate al G-20, poniendo así la mirada en la próxima cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de este bloque que se celebrará el 9 y 10 de septiembre en Nueva Delhi, India.

“Necesitamos discutir en el G-20 cómo vamos a cuidar de las plataformas digitales, que no tienen ninguna responsabilidad con las ‘fake news’, con la transmisión de odio, con verdaderas prácticas terroristas a través de una red digital que de social tiene muy poco”, dijo a periodistas al finalizar su visita a Emiratos Árabes Unidos, donde hizo una parada a su regreso de China.

Así como en esta ocasión Lula invoca la supuesta lucha contra los discursos de odio, que se ha convertido en un arma de la izquierda para imponer el relato de la políticamente correcto, hace un par de meses argumentaba que su cruzada contra la libertad de expresión en las redes sociales tenía como objetivo evitar que estas “amenacen la democracia”, aprovechando como excusa el asalto a los poderes del 8 de enero en Brasilia.

La nueva excusa de Lula para controlar las redes sociales

Ahora usa la violencia desatada en escuelas de Brasil –siendo el caso más grave el ocurrido el 5 de abril en la ciudad de Blumenau, en el estado de Santa Catarina, donde un hombre mató a cuatro niños con un hacha– para justificar su pretensión de controlar el contenido que se publica en las redes sociales, lo cual viene promoviendo desde mucho antes que ocurrieran los hechos que hoy le sirven de sustento a su tesis.

Y es que a raíz de los ataques ocurridos en escuelas de Brasil, desde el miércoles el Gobierno del líder izquierdista endureció las normas que rigen la actividad de estas empresas en el país, las cuales deberán ahora fiscalizar el grado de “amenaza” y colaborar “inmediatamente” con la Policía en la debida “identificación” de usuarios “peligrosos”, entre otras exigencias.

Si bien los hecho de violencia pueden ameritar la implementación de medidas de seguridad por parte del Estado, la intención de Lula no se limita a estas situaciones. Su idea de controlar las redes sociales no solo es de larga data sino que además pretende buscar el apoyo de otros gobiernos para que se aplique de manera global, quedando una vez más en evidencia que el fin de todo socialista es aumentar el control estatal en todos los ámbitos, tanto el político como el económico, el social y el comunicacional.

¿Copiar el modelo chino?

El régimen chino es el mejor ejemplo, donde todas las plataformas digitales están vigiladas por el Partido Comunista de China (PCCh) que gobierna el país bajo un sistema de partido único sin oposición, lo cual por cierto alabó Lula durante la visita al gigante asiático que culminó el viernes.

Resulta además preocupante que los medios de comunicación y agencias de noticias al servicio del mal llamado progresismo se sumen a este discurso que a la larga terminará marcando el inicio de su propia censura, como es el caso de EFE, que culmina su nota sobre este información destacando que Lula –a quien exalta reiteradamente como “líder progresista” (nunca izquierdista)– subrayó que “acabar con la diseminación del odio en las redes sociales de todos los países” es un tema que está “a la orden del día” y, por tanto, debería ser abordado por las mayores potencias económicas del planeta.

La intención de imponer una censura global es clara y más que evidente.

El timo de las banderitas

IVÁN CANTERO

Tal vez usted, sufrido lector, ha llegado a pensar alguna vez que está fuera de lugar. Las redes  sociales están llenas de perfiles con banderitas que ni le suenan, triangulillos pabajo, lazos de  colorines y todo tipo de símbolos horteras compuestos con emoticonos que facilitan a los  desaprensivos de Silicon Valley o Pearl River Delta la tarea de segmentar a los idiotas que  compartimos contenido en ellas (créame, la inteligencia artificial no da para tanto como  dicen).

Si se centra en los medios, la cosa no mejora demasiado: el derrumbe de la prensa  escrita hace florecer cientos de diarios o filiales digitales, a menudo de rentabilidad tan  precaria que los hace rehenes de un par de patrocinadores (a veces escondidos en la sombra)  con derecho de pernada, dado que la gente se ha malacostumbrado a no pagar por la  información que consume. 

También habrá experimentado una sensación extraña al comprobar que muchas  grandes firmas hacen publicidad y comunicación cada vez más extraña y propagandística, tal  vez para hacernos pensar que los estereotipos exóticos son en realidad los más comunes, o  que los clásicos han dejado ya de existir. Además, estas mismas marcas y las grandes  instituciones presumen públicamente de autoimponerse cuotas a la hora de gestionar sus  recursos humanos que nada tienen que ver con la excelencia profesional ni los méritos  curriculares; amén de implantar medidas y protocolos que tratan de resolver problemas  imaginarios en lugar de los que en realidad atenazan a la sociedad (como por ejemplo la  racionalización de los horarios laborales, de modo que la creación y crianza de una familia  amplia no esté reservado solo a los ricos por poder adquisitivo y las clases más bajas por  inercia). De la ficción mejor no hablamos, pues apenas existen ya personajes o conflictos en  los guiones que no tengan significación o intencionalidad vulgarmente política. 

Gran culpa de esto la tienen muchos «espertos» en «márquetin» y directivos. Los primeros,  porque creen que la sociedad se parece a su grupo pedorro de conocidos en el ecosistema del barrio madrileño de Malasaña; los segundos por pura burricie más allá del trabajo  ejecutivo, que los lunes creen haber descubierto un continente cuando comentan en un  comité un par de ideas de cualquier cantamañanas con pinganillo que ha colgado una charla  en YouTube en la que argumentaba con grandes aspavientos su solución para una cuestión  social de Estados Unidos. Al cabo, no hay nada más eficaz y eficiente que solucionar  problemas que no existen, pues fácilmente se popularizan y son más sencillos de mediatizar  que los reales. 

¿Ha cambiado el eje de rotación de la opinión pública? Para nada, pero eso es lo  que se pretende que pensemos. A la mayoría de los responsables de los grandes agentes  económicos y sociales les importa un carajo la agenda 2030 o las reivindicaciones lobísticas,  pero la mafia del mal ha utilizado una estrategia brillante para extorsionarlos a todos desde  el poder político: se obliga a adoptar determinadas medidas a todo aquel que participe en  procesos regulados por la administración pública, opte a recibir subvenciones… o  directamente sea obligado por ley; y a su vez capilariza este veneno en entidades de menor  tamaño imponiendo dichas reglas también a los proveedores de los anteriores. Muy pocos se  libran de caer en esta telaraña, y una gran parte de ellos (que a veces pueden llegar a parecer  independientes), comen de pesebres más grandes a cuenta de poderes económicos diferentes. 

No se prive, por tanto, de pensar y opinar lo que le salga de los propágulos: el mundo  no está contra usted, más bien al contrario, y las majaderías son cosa de unos pocos. Pero  cuando nos enfrentamos a la realidad de manera individual, el malvado brujo Frestón troca  los gigantes en molinos, como al Quijote, para hacernos creer que estamos locos al cargar  contra ellos.

La Unión Europea regula la censura en las redes sociales

El 16 de noviembre del pasado año entró en vigor la Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea. Según esta ley, las grandes plataformas en línea con más de 45 millones de usuarios activos mensuales, como Twitter, Facebook e Instagram, tienen que eliminar rápidamente de sus plataformas los contenidos ilegales, la incitación al odio y la llamada “desinformación”. De lo contrario, se enfrentarán a multas de hasta el seis por ciento de sus ingresos mundiales anuales. Las plataformas más grandes deberán cumplir la ley antes de este verano, mientras que las más pequeñas estarán obligadas a abordar estos contenidos a partir de 2024.

Las ramificaciones de esta medida son inmensas. La ley no sólo impondrá por primera vez la regulación de los contenidos en internet, sino que se convertirá en una norma mundial, no sólo europea.

En los últimos años la Unión Europea se ha convertido en una reguladora mundial. Puede dictar cómo debe comportarse cualquier empresa del mundo si quiere operar en Europa, el segundo mercado mundial. Como resultado, sus estrictas normas reguladoras a menudo acaban siendo adoptadas en todo el mundo tanto por las empresas como por otros reguladores, en lo que se conoce como el “efecto Bruselas”.

Tomemos como ejemplo el Reglamento de Protección de Datos, una norma sobre la intimidad que entró en vigor en mayo de 2018. Entre otras muchas cosas, exige que las personas den su consentimiento explícito antes de que se puedan procesar sus datos. Desde entonces, esta normativa de la Unión Europea se ha convertido en la norma mundial, y ahora va a ocurrir lo mismo con la Ley de Servicios Digitales.

La aplicación del Reglamento de Protección de Datos por parte de la Unión Europea ha sido algo vacilante. Solo ha generado alrededor de 1.700 millones de euros en multas desde 2018, según The Economist, lo que es muy poco para una industria que genera más de un billón de euros en ingresos anuales.

La Comisión Europea ha creado un organismo interno de vigilancia del sector que contará con más de 100 trabajadores a tiempo completo el año que viene. Además, se espera que los especialistas supervisen también las operaciones de las grandes tecnológicas.

Se trata de lo que Thierry Breton, Comisario de Mercado Interior de la Unión Europea, califica de “momento histórico de la regulación digital”. Se espera que las grandes plataformas en línea financien ellas mismas esta operación de control, pagando cada año a la Comisión hasta el 0,05 por cien de su facturación anual mundial.

Esto confiere a la Unión Europea un poder extraordinario. La aplicación de la Ley de Servicios Digitales será supervisada por la propia Comisión, no por un regulador independiente. Además, la ley incluye un “mecanismo de gestión de crisis”, añadido el año pasado en una enmienda de última hora. La Comisión argumentó que necesita poder dirigir la respuesta de las plataformas ante ciertas informaciones, como la Guerra de Ucrania.

En una crisis, no es suficiente con la censura que habitualmente imponen las empresas tecnológicas. El control de la información tiene que ser mucho más estricto. En virtud de la nueva ley, la Comisión se ha otorgado a sí misma el poder de determinar si existe tal “crisis”, definida como “un riesgo objetivo de perjuicio grave para la seguridad pública o la salud pública en la Unión”.

Las normas europeas “normalizan” la censura para que nos vayamos acostumbrado a lo peor. Es la consecuencia lógica de las aberraciones que se vienen aireando desde hace unos años: desinformación, posverdad…

FUENTE: mpr21

La muerte de la prensa libre

Como ya sabrán, hace pocos días se aireó la noticia de los pagos del F.C. Barcelona a los árbitros, con la sospecha de que esas mordidas buscaban comprar un trato de favor. Una noticia de este calibre justificaría inundar las portadas de la prensa catalana. Pero no...

POR: Joan Puig

Cuando se descubrió el pastel, eché un vistazo a la prensa deportiva catalana. Asombroso. Ni una sola línea. Repito: ni una sola línea. No hace falta imaginar que habría pasado si lo mismo hubiese ocurrido con el Real Madrid.  En los días siguientes echaba ojeadas a la prensa generalista —La Vanguardia, El Periódico, Ara, etcétera…—. Y lo único que encontré fue un artículo que se hacía eco de los comentarios del entrenador del Barça, en el que decía que era raro que algo así se publicase justo ahora, siendo líderes. O sea, que era una conspiración. 

Sigamos. A las puertas de la huelga de Sanidad en Cataluña, La Vanguardia publicaba un artículo a página completa… ¡Sobre Ayuso y la Sanidad! ¿Saben que Cataluña es la Comunidad Autónoma que lidera las listas de espera para operarse? Es vergonzoso.

Hace unos días ocurrió algo terrible: el suicidio de una niña en Sallent. Aunque se intentó ocultar, finalmente se descubrió que la causa era el bullying que sufría en la escuela, entre otras razones porque se burlaban de su nivel de catalán. Cuando encontré alguna mención a esta noticia, era sobre la lacra del bullying en España. Cataluña, la tierra de la Omertá.

Recuerdo que cuando se descubrió el caso Pujol, un periodista y exdirectivo de un periódico importante de Cataluña hizo autocrítica: “hemos mirado demasiado hacia otro lado durante demasiados años”. Obviamente no han aplicado lo aprendido. Es más… proliferan los artículos de opinión que loan la figura figura histórica del expresidente. Aquí todo es intocable.

Tampoco leerán nada sobre los suicidios en las cárceles catalanas, que ostenta el triste récord de ser líderes en España,  por ejemplo. O sobre la tasa de fracaso escolar en Cataluña, que es aterradora. Es deprimente, créanme.

Estos días nos hemos enterado del hackeo de varios centros hospitalarios. Es gravísimo. Entre otras consecuencias, es posible que los datos de los pacientes acaben en las aseguradoras y que éstas lo utilicen para denegar solicitudes para ser cliente de la entidad. Algo así, en cualquier democracia occidental, conllevaría la dimisión del máximo responsable político. Pero en Cataluña, no. ¿Por qué? Porque saben que, con la inestimable ayuda de los medios de comunicación catalanes, la sociedad seguirá en la inopia. Es desolador. 

Y si hablamos de las radios, tres cuartos de lo mismo. Estos días, tan prolíficos en noticias escandalosas en Cataluña, ¿saben de qué hablan en RAC1 (emisora líder)? Pues de la Operación Cataluña, Villarejo, etcétera.

Los medios de comunicación catalanes han contribuido, y siguen contribuyendo, a construir una sociedad idiotizada, que se mira el ombligo. “Somos los mejores” es la letanía que emiten los medios, sin mostrar nunca la más mínima exigencia o crítica hacia los organismos públicos que les gobiernan.

Algo tan saludable como la crítica sirve para que los Gobiernos estén obligados a ser mejores y, sobre todo, a que la sociedad sea exigente. Fíjense que jamás ha habido ninguna manifestación como protesta contra la corrupción. Impensable. Los medios de comunicación catalanes sólo se calientan con el tema de la lengua. Tenemos un ejemplo reciente. El caso de la enfermera que protestaba por tener que obtener el nivel C de catalán. ¡Anatema, herejía! Ahí sí, ahí entraron al trapo, como un rebaño de miuras, TV3, la prensa, la radio, las tertulias, magnificando un caso puntual. 

Sí, señores, no les quepa la menor duda: el periodismo en Cataluña no existe. Y es cómplice y responsable de haber creado una sociedad infantilizada y manipulada, que alimenta un vergonzoso sentimiento de superioridad que roza el racismo. ¿Exagero? ¡En absoluto! Miren, recientemente, por un extraño milagro de origen desconocido, TV3 emitió un reportaje sobre el protagonismo de los catalanes en la explotación de los negros de Cuba. ¿Han oído hablar del repugnante papel jugado por los negreros catalanes en el tráfico de esclavos? Seguramente sí. Las grandes fortunas catalanas se amasaron comerciando con seres humanos, a miles, decenas de miles. Como en todas partes, la Historia tiene etapas luminosas y otras mucho más oscuras. Pues bien… ¿Saben cuál fue la reacción que generó ese programa? Negación, absoluta, rotunda. Y balón por la banda. Y cortina de humo. Y que eso era culpa de España, porque los catalanes, seres de luz, no hacían estas cosas.

Este último ejemplo refleja perfectamente en qué han convertido a la sociedad catalana los medios controlados por los gobiernos nacionalistas: no conciben, ni admiten, ni analizan, que los catalanes no sean seres luminosos, ahora y en toda su historia pasada. Cataluña es una sociedad adolescente,  estúpida, sumamente inculta, y sumamente fanatizada. Da mucha pena, muchísima, toda.   

Recuerdo que hace ya algún tiempo mantuve un intercambio de tweets sobre lo “sangrientos que fueron los españoles, el Duque de Alba, etcétera». Cuando argumenté que en aquel contexto histórico era algo habitual, la guerra, las conquistas, mi interlocutor me contestó —¡cómo no— que los catalanes no eran así. Que ellos eran seres élficos. Le puse un ejemplo de lo contrario y documentado. De hecho, todavía a día de hoy, el recuerdo de la terrible «Venganza Catalana», bajo la figura del Katalan, como respuesta al asesinato de Roger de Flor aún persiste en los países balcánicos, donde la figura de un guerrero-gigante, sediento de sangre, se usa para asustar a los niños. O en Bulgaria, donde es un insulto llamar a alguien “hijo de catalán”. En la respuesta incluí un enlace a un excelente artículo histórico. ¿Saben que ocurrió? ¡Me bloqueó de inmediato! Y es que esta parroquia de fanáticos no soporta ninguna verdad que pueda estropear su falsa luminosidad.

¿Tiene solución el periodismo en Cataluña? Pues me temo que no. Hace ya unos cuantos años publiqué un artículo sobre este tema, en el que utilizaba como ejemplo un texto del periodista Enric Juliana, subdirector de La Vanguardia. Me pareció correcto enviárselo en un mensaje privado de Twitter. Lo leyó. Vaya si lo leyó. De cabo a rabo se lo leyó… ¿Y saben que hizo? ¡Bloquearme a los pocos minutos! 

Mientras he escrito estas líneas, más y más ejemplos de la muerte del pensamiento crítico y del periodismo libre se han producido en Cataluña. Es inútil intentar siquiera consignarlos todos. Descanse en paz el periodismo en Cataluña, tierra de silencio.

Google crea una Inquisición Internacional para censurar la información

El objetivo de Google no es ayudar a encontrar información, sino a controlarla y crear un nuevo “Index”, una lista negra de fuentes independientes y alternativas

Con 12 millones de dólares Google financiará una red mundial de inquisidores a través del Instituto Poynter Media. Los nuevos Torquemada están encuadrados en 135 chiringuuitos que operan en 65 países y en más de 80 idiomas.

Es un mordisco de los 13,5 millones de dólares concedido por los grandes monopolios tecnológicos a la IFCN (International Fact-Checking Network), una división del Instituto Poynter que, sin embargo, asegura que no tiene ánimo de lucro.

En España forman parte de la IFCN los censores de Newtral y Maldita.

El dinero se utilizará para ampliar las actuales operaciones de la IFCN, así como para estrechar el control del flujo informativo sobre lo que consideran como “desinformación”, que es todo aquello que desmiente las versiones oficiales de los gobiernos y las grandes empresas.

La IFCN fue creada en 2015 por el Instituto Poynter para reunir los inquisidores de todo el mundo en una red unificada. En la actualidad colabora con más de 100 tinglados de todo el mundo que adiestran a los nuevos Torquemada y demás aficionados a quemar libros.

A pesar de que no tiene ánimo de lucro, los ingresos de Poynter han aumentado un 150 por cien desde 2017. Este año sus ingresos superaron los 15 millones de dólares. Entre sus principales financiadores se encuentran Facebook, TikTok y Google.

La privatización de la censura

El objetivo de Google no es ayudar a encontrar información, sino a controlarla y crear un nuevo “Index”, una lista negra de fuentes independientes y alternativas, como mpr21.info, enterrándolas entre los resultados de su buscador.

La distinción entre lo que constituye “información” y lo que constituye “desinformación” es arbitraria y depende de si se alinea con la versión oficial que suministran quienes detentan el gobierno, la industria, la universidad, las instituciones o los colegios profesionales.

En Estados Unidos, en un reciente pleito, Facebook ha reconocido que la llamada “verificación de hechos” que encubre la censura, son opiniones y, como tales, están protegidas por la libertad de expresión. No son declaraciones objetivas, por lo que unas opiniones, las dominantes, sirven para censurar otras, las independientes.

La transferencia de la censura de los organismos públicos a los privados es característico de los nuevos tiempos. Permite que el Estado, los fiscales, los jueces, los policía y demás aparatos de represión queden al margen y se mantenga la imagen de la defensa de los derechos fundamentales. Son las empresas tecnológicas las censuran, no el Estado, que no puede inmiscuirse en una cuestión que parece “comercial” más que política.

Sin embargo, en Twitter se ha demostrado que no es así, que las nuevas empresas tecnológicas actúan por encargo o en connivencia con los gobiernos y que la Unión Europea ha exigido a Twitter que imponga un censura más estricta a las opiniones.

Así se refuerzan los aparatos represivos del Estado, mientras que su responsabilidad pública desaparece. El cierre gubernamental de un periódico se puede recurrir ante el juez; el cierre de una cuenta de Facebook no.

Las redes sociales aumentan la capacidad del Estado para vigilar, controlar, censurar y despersonalizar a los “bichos raros” que suministran informaciones fuera de los circuitos oficiales de las grandes cadenas.

El siguiente paso ya está en marcha. Se trata de controlar la información por medio de inteligencia artificial, que es más barato que tener a un Torquemada visitando las páginas de los “bichos raros” a tiempo completo.

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Meta lanza amenaza «antidemocrática e impropia» para censurar noticias en EEUU

A Mark Zuckerberg parece no gustarle el proyecto de ley que se cocina en el Congreso estadounidense, por eso pretende suprimir contenidos noticiosos. en lugar de negociar con medios.

Si el Congreso de EEUU no actúa, las redes sociales se pueden convertir «en el periódico local de facto de Estados Unidos». (Archivo)

 por Oriana Rivas

Los contenidos noticiosos podrían desaparecer de Facebook. El motivo es que la empresa matriz de la red social, Meta, amenazó con eliminarlos debido a una nueva ley que se gestiona en el Congreso estadounidense. Allí, una iniciativa bipartidista plantea que se deberán negociar compensaciones con medios de comunicación a cambio de la publicación de artículos en la red social.

Sin embargo, a Mark Zuckerberg parece no gustarle la idea. Por eso su solución —al igual que lo hizo en Australia en febrero de 2021— es eliminar todo contenido informativo. Su amenaza aún no se concreta, pero ya está puesta sobre la mesa de acuerdo con palabras difundidas por Andy Stone, jefe de comunicaciones de políticas de Meta.

El proyecto de ley en cuestión se llama Ley de Preservación y Competencia del Periodismo (Journalism Competition and Preservation Act, JCPA). Y según fuentes citadas por Reuters, su objetivo es ayudar a medios de comunicación afectados por las redes sociales. Por ende, es una iniciativa importante, ya que los lectores de ese país han sido víctimas de censura informativa. El caso más relevante hasta ahora, fue la desinformación aplicada previo al asalto al Capitolio en enero de 2021.

Entonces, lo que quiere evitar la JCPAC es el monopolio informativo. Según News Media Alliance, asociación comercial que agrupa a unos 2000 periódicos en Canadá y Estados Unidos, la amenaza de Facebook es “antidemocrática e impropia”. Además, agrega que «a medida que las plataformas tecnológicas compensan a los editores de noticias de todo el mundo, demuestra que existe una demanda y un valor económico para las noticias».

«El periódico de facto de EEUU»

Si el Congreso no actúa pronto, «corremos el riesgo de permitir que las redes sociales se conviertan en el periódico local de facto de Estados Unidos», eso aseguró la asociación comercial en un comunicado.

Una y otra vez, Meta ha tomado decisiones que cercenan la libertad de expresión y por eso tanto republicanos como demócratas promueven el proyecto de ley. Sin embargo, es evidente hacia dónde se inclinan las preferencias políticas de Zuckerberg. Por ejemplo, al favorecer a Biden antes y después de las elecciones presidenciales,  al igual que perjudicar el tráfico de medios conservadores.

La JCPA también retrata que «si las negociaciones conjuntas con las plataformas cubiertas no dan como resultado un acuerdo dentro de los seis meses, la ley autorizaría a los editores a exigir el arbitraje de la oferta final para resolver la disputa», según un texto replicado por Univisión.

En Australia pasó algo similar que demostró la prepotencia del fundador de Meta. Incluso hubo un boicot contra Facebook ya que noticias de medios de comunicación nacionales e internacionales no eran visibles. La censura fue total. La decisión se basó en ese momento es un proyecto de ley que planteaba a las compañías tecnológicas llegar a un acuerdo con los medios para pagarles por la creación de noticias en relación a la monetización de los enlaces publicados en la plataforma. Pero Zuckerberg tuvo intenciones de no acatarla.

Una amenaza infundada

Según Andy Stone, el empleado de Zuckerberg, el proyecto de ley sentaría un «terrible precedente para todas las empresas estadounidenses» porque crearía una «entidad similar a un cartel que requiere que una empresa privada subvencione a otras entidades privadas».

No obstante, sus motivaciones son comerciales. No toman en cuenta la libertad de expresión que por el contrario, sí se está impulsando en Twitter con el empresario Elon Musk dirigiéndola desde hace pocos meses, dando como resultado revelaciones de lo que sucedía dentro de la junta directiva con el fin de silenciar informaciones y así favorecer a la Administración Biden.

Por los momentos, el proyecto de ley cuenta con el apoyo no solo de grupos independientes, sino de figuras como el senador republicano Ted Cruz. Si ocurre como en Australia, que el Código de Negociación de Medios de Noticias, quedó aprobado, los gigantes tecnológicos tendrán que firmar acuerdos con medios de EE. UU. para compensarlos por sus contenidos y los clics que generan. En consecuencia, Meta tendrá que ahorrarse más amenazas.

El Foro de Davos propone que la Inteligencia Artificial limite las «opiniones odiosas»

#Censura #Davos

Por/By: Carlos Esteban

A medida que fracasa a ojos vista el proyecto globalista en todo el planeta, desde Estados Unidos a Sri Lanka pasando por Holanda y toda la Unión Europea, se hace cada vez más imperativo limitar las informaciones incómodas, la disidencia en medios y redes sociales y las «opiniones odiosas». Por eso el Foro Económico Mundial, más conocido como Foro de Davos, propone hacer frente a las malas noticias con una censura automatizada.

Es la solución que se avanza en un artículo aparecido en la web del foro, titulado «¿La solución al abuso online? La Inteligencia Artificial más la inteligencia humana», cuya tesis, una vez que se expurga el texto de sus eufemismos buenistas, es que ni los algoritmos por sí solos ni la vigilancia de los censores humanos bastan para mantenernos a oscuras sobre lo que está pasando y no conviene que conozcamos, o sobre perspectivas y voces contrarias al pensamiento único.

Es evidente que la riada de información que se vierte a diario en redes sociales por parte de cientos de millones de usuarios hace imposible que un equipo de censores humanos, por gigantesco que sea, pueda controlarla y expurgarla. Eso es lo que ha hecho necesario a las tecnológicas recurrir al famoso/infame «algoritmo», es decir, patrones de lenguaje que puede reconocer y denunciar un programa de inteligencia artificial.

Pero las máquinas son solo máquinas, por muy listas que sean, y resultan incapaces de detectar las mil y una formas a las que recurren los usuarios que quieren burlar la censura, desde las faltas de ortografía deliberadas, el empleo de signos, la separación de letras de la palabra o palabras prohibidas y otras aún más ingeniosas. Por eso el foro propone combinar el poder de la máquina con la inteligencia humana, haciendo que ambas se refuercen mutuamente y «aprendan» una de la otra.

«Combinando de la manera adecuada el poder de las últimas tecnologías, la recopilación de datos a partir de las plataformas y la destreza de los expertos en la materia -que entienden cómo operan los perpetradores de amenazas-, la detección escalada del abuso en línea puede alcanzar una precisión casi perfecta», dice el foro.

Las vueltas que da el autor para aclarar de qué está hablando realmente (y que, naturalmente, no se aplica solo ni especialmente a «amenazas») son tales que hay que avanzar en el artículo para llegar al meollo: “Al prestar la información multilingüe y cribada por seres humanos de la plataforma a la Inteligencia Artificial, esta podrá detectar abusos nuevos y matizados antes de que lleguen a las principales plataformas. Complementar esta detección automatizada más inteligente con la experiencia humana para revisar casos extremos e identificar falsos positivos y negativos y luego volver a introducir esos hallazgos en conjuntos de entrenamiento nos permitirá crear IA con inteligencia humana integrada”.

Desde aquí nos preguntamos cuánto tiempo tardará la inteligencia artificial en detectar la ironía, porque quizá en no demasiado tiempo sea lo único que nos quede para expresarnos en libertad.

© La Gaceta de la Iberosfera

La policía del pensamiento / The thought police

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La policía del pensamiento

«Suetonio escribe en la vida de Tiberio que «en una ciudad libre conviene que la mente y la lengua sean libres» y en la actualidad sufrimos a la policía del pensamiento»

Por Jorge Hernández Mollar

Se viene desarrollando en algunas redes una nueva “policía de pensamiento” que sin pudor alguno censura o pone cortapisas a opiniones que contradicen determinadas ideologías.

La era digital ha revolucionado la vida del hombre y será estudiada en un futuro como una de las edades que abre un nuevo ciclo de la historia de la humanidad a continuación de la era contemporánea, esto es tan cierto como que una simple palabra, relato o la expresión de un pensamiento circula por todo el globo terráqueo en una fracción de segundo gracias a las redes de comunicación que internet ha creado.

Suetonio escribe en la vida de Tiberio que en “una ciudad libre conviene que la mente y la lengua sean libres” (“in civitate liberta mentemque linguam libertas esse decet), pero esta nueva era digital ¿nos hace mas libres? ¿son nuestras ciudades más libres? ¿nuestras mentes y lenguas pueden expresarse más libremente?

No son baladíes estas preguntas a la vista de cómo se viene desarrollando en algunas de estas redes una nueva “policía de pensamiento” que sin pudor alguno censura o pone cortapisas a opiniones que contradicen determinadas ideologías. Simplemente la transcripción que he hecho en Facebook de los párrafos de un artículo sobre la utilización hoy de menores en parlamentos y cumbres como si fueran mayores, al estilo de la sobreactuación de Greta Thunberg en la COP25, ha originado una reacción inmediata de la red censurándola como “Información falsa” por considerar “objetivamente inexactas” las afirmaciones que se contenían en dicho artículo.

Es de extrema gravedad que por un lado se confunda la información y la opinión en cuanto esconde una peligrosa línea inquisitorial de limitar la libertad de expresión y pensamiento y por otra parte se va diluyendo subrepticiamente con esa censura, el aprecio y el gusto por la libertad dejando paso a un nuevo fundamentalismo que no respeta la “la libertad del otro” para opinar sobre temas discutidos o discutibles como ocurre con el cambio climático, el aborto, la eutanasia o la ideología de género.

Si a esto se le añade la perversión del lenguaje que se nos trata de imponer como es la insistente y a veces ridícula diferenciación de géneros masculino y femenino; llamar “interrupción del embarazo” al aborto; pre-embrión al embrión o incluso desterrar las palabras de padre o madre por progenitores estamos ante lo que se podría calificarse ya de un intento de la nueva progresía, de estatificar la libertad a la medida de una falaz dictadura cultural de pensamiento único.

La persecución inquisitorial está llegando ya al extremo de proponer penalizar la inadaptación a esta nueva cultura o incluso animar a la delación ante la opinión o pública o a las autoridades para represaliar tamañas desviaciones de la auténtica cultura. El gran Quevedo se hizo eco en su época de afán absolutista en estos conocidos tercetos. “¿No ha de haber un espíritu valiente? / ¿Siempre se ha de de sentir lo que se dice? / ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”.

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