Categoría: ARTÍCULOS

Revalorando a los viejos

El filósofo Lisandro Prieto enjuicia a una sociedad que desprecia y margina estructuralmente a los viejos, y nos insta a rescatar su rol y su experiencia.

Por Lisandro Prieto.- “Y si fuego es lo que arde en los ojos de los jóvenes, luz es lo que vemos en los ojos del anciano”. Víctor Hugo.

Hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre la vejez, que en distintas tradiciones filosóficas ha sido considerada como una etapa vital en la que la experiencia se materializa en sabiduría.

Para ilustrar brevemente mi interpretativa procedo a comentarles una experiencia personal: en una clase de filosofía para alumnas de un profesorado de inglés, yo pregunté «¿Quién quiere llegar a viejo?». Todas me respondieron afirmativamente. Paso seguido, proseguí la mayéutica inquiriendo: «¿Quién quiere llegar a viejo y ser despreciado?». Todas me respondieron negativamente. Ante estas respuestas, no tuve remedio que indicar que, si bien es casi unánime el afán de vivir muchos años, los adeptos de proteger, cuidar y valorar a los seres más longevos de nuestra comunidad, son muy pocos. Qué paradoja, ¿verdad? Pero había que explicar a Platón para la cátedra.

Platón sugería que la vejez no es solamente un signo del paso del tiempo, sino un momento propicio para el desarrollo de una vida reflexiva y justa. Concretamente, en «La República», Sócrates señala que la vejez trae consigo una gran paz interior y una liberación de muchos deseos desordenados, indicando con ello que al llegar a viejos tenemos la capacidad de poner una distancia crítica a las pasiones que de jóvenes nos quitaban tanto tiempo, es decir, tener una vida más guiada por la razón, en contraste con las inquietudes y deseos propios de una vida joven y ajetreada (y en muchos casos, vacía).

Por su parte, Aristóteles sostenía en su «Ética a Nicómaco» que la sabiduría práctica («phrónesis» o prudencia) sólo se desarrolla plenamente con el tiempo. La experiencia acumulada es esencial para la capacidad de juzgar adecuadamente, ya que «la experiencia es la que produce la sabiduría», por lo que «ser viejo», lejos de ser un obstáculo, se convierte en un recurso valioso para la toma de decisiones más prudentes y justas.

¿Qué bonito todo, no? Pues bien, desde la modernidad hasta n1uestros días se ha desplazado sistemáticamente el valor en la vejez hacia la vereda de la marginalidad. En contraposición a las visiones clásicas presentadas en los párrafos anteriores, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han en su obra «La sociedad del cansancio» describe cómo esta cochina obsesión contemporánea por la eficiencia y el rendimiento ha marginado violentamente a quienes no se adaptan a la rapidez que exige el sistema productivo actual.

En otras palabras, amigos míos, a la loable capacidad reflexiva propia de un ritmo de vida más pausado y sabio, el mundo la está tratando como obsoleta en su afán ridículo de priorizar la juventud y la velocidad (que va rápido hacia la nada misma).

«La vejez, que representa la lentitud y la pausa, es vista como una anomalía en un mundo donde todo debe estar disponible inmediatamente» (Han, 2017, p. 52). Si no, haz la prueba e intenta que un sexagenario o, aún alguien mayor también, te atienda o te responda el móvil cuando intentas comunicarte con ellos. Imposible, gracias a Dios.

Evidentemente, Han observa que la «hiperactividad» y la «sobreactuación» del individuo contemporáneo lo condenan a vivir en un estado de auto-explotación perpetua. En este contexto, los ancianos, que ya no pueden, ni deben, rendir según esos estándares, son excluidos del mercado laboral, pero también de todos los ámbitos sociales.

La cultura dominante parece despreciar abiertamente el tiempo reflexivo y pausado de la vejez, que en lugar de ser apreciado como un insumo valioso del saber, es descartado como algo que no aporta al ciclo de la productividad o del interés. Y, seamos realistas amigos, salvo los Rolling Stones, ¿cuántos viejos son aclamados por lo que hacen?

Esta marginalización de los viejos no sólo se ve manifestada en la exclusión económica, sino también en una pérdida tristísima de estatus social. En este punto es conveniente recordar a Zygmunt Bauman quien señaló en su «Vida líquida» que la modernidad no tiene lugar para los ancianos, ya que éstos no encajan en un sistema que exalta solamente lo efímero y desechable. Bauman nos advirtió que la vejez ha pasado a ser vista como un estado de debilidad y vulnerabilidad, o sea, decadencia, en lugar de ser un período en el que las personas puedan transmitir sabiduría, experiencia y cariño.

Y no es casual que mencione la palabra «cariño». Así como los ancianos son tratados como basura, también los niños lo son, por la misma valoración posmo-vacía de considerarlos vulnerables para justificar el frecuente maltrato, subestimación y negación de su existencia. En este sentido Hannah Arendt, en su ensayo «La crisis de la cultura» nos advierte sobre la posibilidad de una sociedad que descarta a aquellos que no se ajustan a los ideales de eficiencia y productividad al servicio del consumo.

Tanto nuestros chicos como nuestros abuelos, que representan los extremos de la vida, son vistos como molestias dependientes, o peor, gastos innecesarios, prescindibles en un mundo donde la autonomía económica prima por sobre el amor y el compromiso del cuidado del otro.

«El desprecio por los que no pueden participar en la economía productiva es el signo de una civilización que no valora la vida humana»  (Arendt, 1968, p. 43)

A pesar de la tendencia a marginar precedentemente descrita, es necesario recordar que, para los que no intentamos ser idiotas, la vejez sigue siendo una fuente invaluable de sabiduría y afecto. Los viejos, o sea, nuestros viejos (porque no salen de un coliflor, son quienes nos dieron la vida y nos hicieron llegar hasta donde hemos llegado) poseen una capacidad única para ofrecer cariño y transmitir conocimientos que han adquirido a lo largo de sus vidas.

¿En qué mundo cabe la necesidad de tratar como tarado a un viejo, sólo por ser viejo? En éste. Ante esta situación, es preciso explicitar que sólo aquellos que han tenido el honor, el orgullo y el privilegio de haber vivido mucho tiempo, tienen infinitamente más capacidad de comprensión de la vida humana que cualquier joven que se está haciendo camino en la supervivencia de esta jungla y/o picadora de carne que llamamos vida moderna.

Retornando a Platón, recordemos brevemente su alegoría o mito de la caverna, que nos presenta a los prisioneros encadenados, quienes sólo ven sombras proyectadas en una pared, tomando esas sombras como si fueran la realidad. Solo aquellos que logren liberarse y salir de esa prisión, pueden contemplar la verdadera luz del conocimiento y comprender la naturaleza de las cosas. Pues bien amigos, los ancianos, en ese sentido, podrían ser vistos como aquellos que ya han recorrido este arduo camino de liberación. Después de haber atravesado la confusión y las ilusiones que caracterizan la estupidez propia de la juventud, los mayores han tenido el tiempo y la experiencia para salir de la caverna y observar el mundo con una mayor claridad y sabiduría.

Lejos de quedar atrapados en nuestras sombras de apariencias y deseos fugaces y falaces, los viejos han adquirido la capacidad de distinguir (discernir) entre lo esencial y lo superfluo, entre lo verdadero y lo ilusorio. Son nuestros viejos los que portan la llave de entrada y salida de la caverna, pues no sólo han logrado salir de ella, sino que también pueden guiar a las futuras generaciones hacia la luz.

Esta capacidad de ofrecer orientación no debería ser despreciada o menospreciada, y mucho menos marginada, sino valorada como un recurso invaluable para quienes aún permanecen en la confusión de las sombras. Los ancianos, al haber vivido y reflexionado sobre su existencia, se convierten en auténticos custodios de la sabiduría puesto que son aquellos que pueden hacernos comprender cómo es posible una vida más plena y más justa.

Queda claro, entonces, que la vejez no es un estado de inutilidad, sino un tesoro de experiencias que pueden guiarnos en tiempos de incertidumbre: si pudiéramos ver a los viejos como lo que realmente son, queridos amigos lectores, entonces quizá aprenderemos un poco más cómo vivir de manera más digna y plena.

La vejez, lejos de ser una etapa de la vida que deba ser menospreciada y posteriormente descartada, es un período vital glorioso de transmisión de sabiduría: en mi vida nunca nadie me ha enseñado más y mejor, que un viejo, se los aseguro. Y sí, es justo y triste decirlo, también sucede que hay gente que llega a grande y nunca entendió absolutamente nada, pero eso no es culpa de la vejez en sí misma, sino que es un problema más profundo que desarrollaremos en otro artículo: hay gente que pasa por la vida, pero no vive, es decir, no aprende.

Aunque nuestro tiempo tienda a marginar a los ancianos, es preciso revalorizar esta etapa como una fuente de conocimientos indispensables para las generaciones más jóvenes justamente en medio de este mundo cada vez más veloz y efímero, porque la pausa, la calma y la prudencia que traen consigo los viejos nos enseñan a vivir, sin dudas, con mayor profundidad y sentido. Al final, la vejez no es sólo una prueba de cuánto dura una vida, sino una oportunidad de apreciar lo mucho que vale toda vida.

DELITOS DE ODIO: LA POTENTE «LEY MORDAZA» QUE NOS TRAGAMOS COMO UN AVANCE PROGRESISTA (VÍDEO)

Censura, persecución y «cancelaciones» en nombre de las minorías y los Derechos Humanos

El llamado «delito de odio», incorporado a la legislación española en el año 2015, se presentó a la opinión pública como una normativa destinada a proteger a colectivos susceptibles de ser agredidos, como los homosexuales, los inmigrantes o las minorías étnicas. Una finalidad más que loable contra la que muy pocos – acaso tan solo algún nazi orgulloso de serlo- se podrían manifestar. Sin embargo – opina nuestro colaborador Cristóbal García Vera – la propia redacción de la ley abría las puertas para que, finalmente, se utilizara como una suerte de nueva «ley mordaza» contra la libertad de expresión (…).

Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

Un fantasma parece estar recorriendo el mundo. Y no es el del comunismo, sino el de una nueva y recrudecida forma de represión que, cual postmoderno caballo de Troya, ha traspasado nuestras murallas disfrazada de legislación para «defender a los más vulnerables».

   Nos referimos, como apunta el título de este artículo, al llamado «delito de odio», incorporado en el Código Penal de la legislación española mediante la Ley Orgánica 1/2015,  que se presentó a la opinión pública como una normativa destinada a proteger a colectivos susceptibles de ser agredidos, como los homosexuales, los inmigrantes o las minorías étnicas. Una finalidad más que loable contra la que muy pocos  – acaso tan solo algún nazi orgulloso de serlo- se podrían manifestar.

    Según ha apuntado Jon-Mirena Landa, director de la Cátedra Unesco de Derechos Humanos de la Universidad del País Vasco, la expresión  «delito de odio» (hate crimeprocede de los Estados Unidos, donde se acuñó a finales de la década de los ochenta del pasado siglo, y con el tiempo se extendió a los códigos penales de otros países occidentales, con la consecuencia de un incremento de las penas asociadas a acciones delictivas cuando éstas estaban relacionadas con determinados prejuicios.

   Este sería el caso, por ejemplo, de una paliza propinada por un grupo de supremacistas blancos estadounidenses a un hombre o una mujer afroamericana,  un homosexual o una persona transexual, motivada por la propia condición de la víctima.

    Una legislación de ese tipo, huelga decirlo, tiene un sentido evidente que justifica su promulgación y el apoyo a la misma de los sectores progresistas de la sociedad. 

CUANDO EL «DELITO DE ODIO»  COMIENZA A ENCUBRIR  LA CENSURA Y LA INCAPACIDAD PARA CONFRONTAR IDEAS

   El problema con los llamados «delitos de odio», que los convierte de facto en una legislación mordaza y en un peligrosísimo instrumento de censura, se genera cuando el  «odio» perseguido por el Código penal no tiene que ver ya con actos concretos y objetivos, sino que se comienza a buscar, de forma subjetiva, en la simple expresión de ideas u opiniones contrarias al pensamiento dominante.

   En este punto, que ya estamos sufriendo en el Estado español, el «hate crime» es sustituido por el «hate speech». Los «discursos de odio», entendidos como tales por cualquier persona o colectivo que, subjetivamente,  sienta que otra ideología, o incluso argumentos lógicos y evidencias empíricas, «atentan» contra su propia concepción del mundo o contra su identidad.

Si preguntáramos en la calle qué es un delito de odio, muy probablemente, las respuestas se encaminarían hacia declaraciones insultantes, humillantes o amenazantes contra personas que son o piensan diferente. Sin embargo, la mayoría de las acusaciones por este presunto delito que hoy se producen tienen que ver, más bien, con una respuesta, por parte de los más diversos colectivos, pero también del propio Estado,   contra aquellos que cuestionan sus planteamientos o la visión de la realidad que ellos consideran como la única justa y admisible.

      No nos estamos refiriendo, pues, a discursos realmente agresivos o deshumanizantes con los que, en más de una ocasión, se han preparado las condiciones para proceder a auténticos genocidios. Y mucho menos a  llamamientos directos a atacar a los miembros de cualquier colectivo. Hablamos, específicamente, del intento de convertir el disenso en una acción punible por la ley.

   Aunque por el momento no tenemos noticias de que los colapsados tribunales españoles estén dictando condenas al respecto, parece como si, en nombre de los «derechos humanos» o la «defensa de las minorías» se pretendiera sustituir el debate y la confrontación de ideas por el recurso a la judicialización de todo aquel discurso que pueda «ofender» alguna sensibilidad. 

«No nos estamos refiriendo a discursos realmente agresivos o deshumanizantes con los que, en más de una ocasión, se han preparado las condiciones para proceder a auténticos genocidios, sino al intento de convertir el disenso en una acción punible por la ley»

   Este tétrico panorama, cada vez más común en muchos países occidentales, es posible gracias  al efecto conjunto de una creciente e interesada banalización de la política y de una «subcultura» infantilizada que, en efecto, identifica la discrepancia con una agresión. Una forma de pensar, o más propiamente de sentir, cada vez más extendida entre amplios sectores de la juventud, a la que se está maleducando y debilitando hasta el punto de que ya se los empieza a conocer como la generación de cristal.    

LA DERECHA TAMBIÉN SABE VICTIMIZARSE Y DENUNCIAR A «ODIADORES»

  La «caja de Pandora» abierta por estas leyes contra la libertad de expresión, en cualquier caso, no se circunscribe a unos pocos grupos etarios, ni se limita, como podría imaginarse por su origen, al cuadrante «izquierdo» del espectro político institucional. También la derecha más extrema ha aprendido a victimizarse y no manifiesta reparos a la hora de denunciar a sus propios «odiadores». 

En el Estado español, donde hace bastantes años el juez Baltasar Garzón impuso la doctrina del «todo es ETA» para criminalizar a cualquiera que defendiera el derecho a la autodeterminación del pueblo vascotampoco era muy difícil imaginar que el propio Estado, y la derecha política, serían los primeros en sacar provecho de la nueva legislación.

   Así, en el año 2019, la Fiscalía General emitía la circular 7/2019, según la cual el rechazo radical a los grupos nazis expresado por colectivos antifascistas quedaba tipificado como «delito de odio» (1).

   Por su parte, el Partido ultraderechista VOX se permitía denunciar ante la Audiencia Nacional, «por delito de odio y enaltecimiento del terrorismo»,  a colectivos de solidaridad con los jóvenes de Alsasua condenados a desproporcionadas penas de cárcel por un altercado de bar con un grupo de guardias civiles de paisano.

En febrero de 2018, la Policía Nacional ya había denunciado a un humilde mecánico de Reus,  Jordi Perelló, por presunta «incitación al odio», por negarse a reparar el vehículo particular de una agente de este Cuerpo policial (2).

Un año después, en la Isla de Gran CanariaMiguel Ángel Ramírez –presidente de la UD Las Palmas y empresario conocido por no pagar a sus empleados y por cometer otros presuntos delitos contra la Hacienda pública- también se refugiaba en el socorrido «delito de odio» para expulsar a un socio del club que se había atrevido a colocar una pancarta con el lema ‘¡Ramírez vende ya!’, en las lomas que circundan la Ciudad Deportiva de ese equipo de fútbol (3).

Son tan solo un puñado de ejemplos que no representan, como algunos creen, un mal uso de la norma, sino la consecuencia previsible de la formulación de la ley, cuyo artículo 510 establece que:

    «serán castigados con la pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses: los que provocaren a la discriminación, al odio o a la violencia contra grupos o asociaciones, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad».

    Una redacción lo suficientemente ambigua como para que cualquiera pueda ampararse en la ley para tratar de penalizar a quienes le desagradan o lo cuestionan, por motivos meramente ideológicos o, incluso, de inquina personal.

ACALLANDO LA DISIDENCIA EN NOMBRE DE LAS MINORÍAS Y LA «CULTURA DE LA CANCELACIÓN»

   El problema fundamental no es la utilización que nuestros adversarios ideológicos puedan hacer de esta ley, sino el mismo hecho de penalizar la expresión de las ideas ajenas, desde una presunta atalaya moral  cuyas reglas, a la postre, siempre acaban determinando los poderes realmente existentes o sus representantes políticos institucionales.

«Con la coartada de defender a colectivos vulnerables se avanza hacia la penalización de las ideas ajenas, desde una presunta atalaya moral  cuyas reglas, a la postre, siempre acaban determinando los poderes realmente existentes»

   Solo desde una posición de poder, en efecto, se pueden imponer censuras a actos sobre la participación de atletas trans en la categoría de deporte femenino, como hacía el pasado año el Cabildo de Gran Canaria, por mediación de la consejera de Igualdad de Unidas Podemos, Sara Ramírez (5) porque -de acuerdo a la ideología ahora dominante – el mero debate sobre este tema, o la aportación de datos contrastables al respecto, constituiría «un delito de odio». «Delito», por cierto, decretado por la propia consejera podemita como censora y juez,  sin proceso debido, con anterioridad a la celebración del acto y sin ningún derecho a la defensa.

VÍDEO SOBRE LA CENSURA IMPUESTA AL CONGRESO «MUJERES Y DEPORTE», CON LA JUSTIFICACIÓN DE PROTEGER LOS «DERECHOS HUMANOS»

En la misma línea, la nueva ley trans aprobada por el Ejecutivo central del PSOE y Unidas Podemos contempla la imposición de altísimas multas  a quienes se atrevan a cuestionar públicamente algunas de las «verdades» contenidas en la norma, aunque para ello puedan apoyarse en la evidencia científica.

   Es decir, que el ala «izquierda» del Ejecutivo más progresista de la historia de España, literalmente, ¡ha prohibido disentir de su discurso oficial!  Y ello, con el silencio cómplice, o incluso el aplauso, de una parte de la izquierda «alternativa» supuestamente crítica con Unidas Podemos, aparentemente incapaz de entender que su acuerdo en este tema concreto con el partido del Gobierno no los tendría que llevar a suscribir el silenciamiento forzado de quienes mantienen otros puntos de vista.

Estas actuaciones impuestas desde las propias instituciones del Estado, y presentadas ante la opinión pública como medidas destinadas a defender a las minorías de supuestos «ataques de odio», constituyen una nueva forma de censura «progresista» que viene de la mano de la «cultura de la cancelación» de lo políticamente incorrecto, importada de Estados Unidos, y representada en ese país norteamericano por el guerrerista Partido Demócrata.

   Más tarde o más temprano, los sectores de la izquierda extraparlamentaria que han asumido esta lógica perversa, influidos de una u otra forma por las ideologías postmodernas, también tendrán que pagar la factura por el  ecosistema político represivo que están contribuyendo a establecer.  Y es muy probable que, como en la Alemania de los años 30 del siglo XX, «cuando vayan a buscarlos a ellos, ya no haya nadie para protestar».

EL ABOGADO Y YOUTUBER RUBÉN GISBERT DENUNCIADO POR INFORMAR Y OPINAR SOBRE LA GUERRA DE UCRANIA

   Nadie con una mínima conciencia crítica podrá quedar para defenderlos, en efecto, si hoy todos decidimos callar, cobardemente, ante esta nueva forma de «inquisición bienpensante». O si no levantamos la voz cuando los censurados, multados o encarcelados solo por expresarse y opinar son otros con quienes no coincidimos ideológicamente o incluso nos situamos en sus antípodas.

   De ahí que también sea obligatorio en un texto como éste denunciar la reciente imputación por la Fiscalía del  abogado y youtuber español Rubén Gisbert, por una presunta «incitación al odio».

   Gisbert ha sido acusado de «dar noticias falsas sobre la guerra de Ucrania y actuar como agente de desestabilización política», solo por atreverse a ofrecer una información alternativa a la impuesta por los medios occidentales sobre este conflicto bélico, contando para ello con la participación de varios especialistas en el tema, como el coronel Pedro Baños, censurados en dichos medios por negarse a reproducir la propaganda de Guerra de la OTAN.

VÍDEO: GISBERT REBATIENDO, DESDE UCRANIA, ALGUNOS ASPECTOS DE LA PROPAGANDA DE GUERRA OCCIDENTAL 

En el vídeo que adjuntamos a esta nota (*), el joven letrado responde con firmeza a su imputación, manifestando que no se dejará amedrentar y explicando claramente cuál es el significado de este ataque que ha recibido.

DEFENDER EL DERECHO BÁSICO A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN: BATALLA DE IDEAS Y ORGANIZACIÓN POPULAR

   Por nuestra parte, defender el derecho de Gisbert a realizar su labor informativa sin ser represaliado por ello resulta perfectamente compatible con nuestra radical discrepancia con su ideología y muchos de sus posicionamientos políticos. Dicha defensa, como la del derecho de las especialistas en deporte femenino a cuestionar aspectos de la ley trans; el derecho de una activista transexual a disentir a su vez de esas especialistas; el de un ultraconservador católico  a sostener  que solo la familia tradicional debería ser promovida por el Estado o el de un liberal a exponer sus ideas sobre la economía capitalista desregulada, no implica en realidad más que defender un mínimo terreno de juego político en el que nosotros mismos no podamos ser encarcelados, en cualquier momento, solo por hablar sobre la necesidad de que una revolución socialista evite la barbarie  inherente a este sistema económico y político promovido por el liberal. 

«Defender el derecho de los otros a expresar sus opiniones, por «odiosas» que éstas nos resulten, no es más que defender un mínimo terreno de juego político en el que nosotros mismos no seamos represaliados por discrepar del discurso dominante»

   El debate, el intercambio de ideas y la confrontación dialéctica con quienes defienden propuestas contrarias a las nuestras, así como la organización imprescindible para que se escuche la voz de las clases trabajadoras, son las herramientas que debemos utilizar quienes, desde las coordenadas del marxismo, aspiramos a transformar la realidad en un sentido auténticamente progresivo. 

   Por el contrario, la «moda» de recurrir a la represión estatal contra quienes tienen un discurso que nosotros rechazamos, por «odioso» que éste nos resulte, constituye un claro síntoma de que, en algún momento, se abandonó el campo de batalla de las ideas y de la construcción popular. O de que, al menos, la ideología dominante ha logrado permear lo suficiente a quienes así actúan como para que su lucha se perdiera en los enrevesados y variopintos senderos del capitalismo woke (5). 

(*) VÍDEO RELACIONADO:

Notas y referencias bibliográficas:

(1) Incitar al odio contra el nazismo es un «delito de odio», dice la Fiscalía General del Estado

(2) Mecánico acusado por «delito de odio» por negarse a arreglar los coches de la Policía Nacional

(3) Miguel Ángel Ramírez expulsa a un socio de la UD Las Palmas por un «delito de odio»

(4) Suspendido por censura el congreso estatal «Mujeres y Deporte» que se iba a celebrar en Gran Canaria

(5) Capitalismo «woke»: A la diversidad rogando y con el mazo dando

Lo que hemos aprendido de un siglo de comunismo

Es poco probable que un Estado comunista pueda seguir siendo democrático durante mucho tiempo, aunque empezara así

 por FEE

A más de un centenario de la toma del poder por los bolcheviques, que condujo al establecimiento de un régimen comunista en Rusia y, con el tiempo, en muchas otras naciones de todo el mundo. Es un momento apropiado para recordar la inmensa marea de opresión, tiranía y asesinatos en masa que los regímenes comunistas desataron en el mundo. Aunque los historiadores y otras personas han documentado numerosas atrocidades comunistas, gran parte del público sigue sin ser consciente de su enorme magnitud. También es un buen momento para considerar qué lecciones podemos aprender de esta horrenda historia.

Un historial de asesinatos masivos y opresión

En conjunto, los Estados comunistas asesinaron a 100 millones de personas, más que todos los demás regímenes represivos combinados durante el mismo periodo. Los esfuerzos comunistas por colectivizar la agricultura y eliminar a los campesinos propietarios independientes fueron, con diferencia, los que más víctimas causaron. Sólo en China, el Gran Salto Adelante de Mao Zedong provocó una hambruna artificial en la que perecieron 45 millones de personas, el mayor episodio de asesinato masivo de toda la historia mundial. En la Unión Soviética, la colectivización de José Stalin, que sirvió de modelo para iniciativas similares en China y otros países, se cobró entre 6 y 10 millones de vidas. En muchos otros regímenes comunistas, desde Corea del Norte hasta Etiopía, se produjeron hambrunas masivas. En todos estos casos, los gobernantes comunistas eran muy conscientes de que sus políticas estaban causando muertes masivas y, sin embargo, persistieron en ellas, a menudo porque consideraban que el exterminio de los campesinos “kulak” era una característica más que un defecto.

Aunque la colectivización fue la principal causa de muerte, los regímenes comunistas también llevaron a cabo otras formas de asesinato masivo a escala épica. Millones de personas murieron en campos de trabajo esclavo, como el sistema Gulag de la URSS y sus equivalentes en otros lugares. Muchos otros murieron en ejecuciones masivas más convencionales, como las de la Gran Purga de Stalin y los “campos de exterminio” de Camboya.

Las injusticias del comunismo no se limitaron a los asesinatos en masa. Incluso los que tuvieron la suerte de sobrevivir fueron objeto de una severa represión, que incluyó violaciones de la libertad de expresión, la libertad religiosa, la pérdida de los derechos de propiedad y la criminalización de la actividad económica ordinaria. Ninguna tiranía anterior pretendió un control tan completo sobre casi todos los aspectos de la vida de las personas.

Aunque los comunistas prometieron una sociedad utópica en la que la clase trabajadora disfrutaría de una prosperidad sin precedentes, en realidad engendraron una pobreza masiva. Allí donde existían Estados comunistas y no comunistas en las proximidades, eran los comunistas quienes utilizaban los muros y la amenaza de muerte para evitar que su pueblo huyera a sociedades con mayores oportunidades.

Por qué fracasó el comunismo

¿Cómo una ideología de liberación condujo a tanta opresión, tiranía y muerte? ¿Fueron sus fracasos intrínsecos al proyecto comunista o se debieron a defectos evitables de determinados gobernantes o naciones? Como cualquier gran acontecimiento histórico, los fracasos del comunismo no pueden reducirse a una sola causa. Pero, en general, sí fueron inherentes.

Dos factores fueron las causas más importantes de las atrocidades infligidas por los regímenes comunistas: los incentivos perversos y los conocimientos inadecuados. El establecimiento de la economía y la sociedad centralmente planificadas que exigía la ideología socialista requería una enorme concentración de poder. Aunque los comunistas aspiraban a una sociedad utópica en la que el Estado pudiera “desaparecer” con el tiempo, creían que primero tenían que establecer una economía dirigida por el Estado para gestionar la producción en interés del pueblo. En este sentido, tenían mucho en común con otros socialistas.

Para que el socialismo funcionara, los planificadores gubernamentales debían tener autoridad para dirigir la producción y distribución de prácticamente todos los bienes producidos por la sociedad. Además, era necesaria una amplia coerción para obligar a la gente a renunciar a su propiedad privada y realizar el trabajo que el Estado exigía. La hambruna y los asesinatos en masa fueron probablemente la única forma en que los gobernantes de la URSS, China y otros Estados comunistas pudieron obligar a los campesinos a renunciar a sus tierras y ganado y aceptar una nueva forma de servidumbre en las granjas colectivas, que a la mayoría se les prohibía abandonar sin permiso oficial, por temor a que buscaran una vida más fácil en otro lugar.

El enorme poder necesario para establecer y mantener el sistema comunista atrajo naturalmente a personas sin escrúpulos, entre ellas muchos egoístas que priorizaron sus propios intereses sobre los de la causa. Pero es sorprendente que las mayores atrocidades comunistas no fueran perpetradas por jefes corruptos del partido, sino por verdaderos creyentes como Lenin, Stalin y Mao. Precisamente porque eran verdaderos creyentes, estaban dispuestos a hacer lo que fuera necesario para hacer realidad sus sueños utópicos.

Aunque el sistema socialista creó oportunidades para que los gobernantes cometieran grandes atrocidades, también destruyó los incentivos de producción para la gente corriente. En ausencia de mercados (al menos legales), había pocos incentivos para que los trabajadores fueran productivos o se centraran en fabricar bienes que pudieran ser realmente útiles para los consumidores. Mucha gente intentaba trabajar lo menos posible en sus empleos oficiales y, en la medida de lo posible, reservaba sus verdaderos esfuerzos para la actividad en el mercado negro. Como dice el viejo refrán soviético, los trabajadores tenían la actitud de “nosotros fingimos trabajar y ellos fingen pagar”.

Incluso cuando los planificadores socialistas buscaban realmente producir prosperidad y satisfacer las demandas de los consumidores, a menudo carecían de la información necesaria para hacerlo. Como describió el Premio Nobel de Economía F.A. Hayek en un famoso artículo, una economía de mercado transmite información vital tanto a los productores como a los consumidores a través del sistema de precios. Los precios de mercado permiten a los productores conocer el valor relativo de los distintos bienes y servicios y determinar cuánto valoran los consumidores sus productos. En la planificación central socialista, por el contrario, no hay sustituto para este conocimiento vital. Como resultado, los planificadores socialistas a menudo no tenían forma de saber qué producir, con qué métodos o en qué cantidades. Esta es una de las razones por las que los Estados comunistas sufrían habitualmente escasez de bienes básicos, al tiempo que producían grandes cantidades de productos de mala calidad para los que había poca demanda.

Por qué no se puede explicar el fracaso

Hasta el día de hoy, los defensores de la planificación central socialista sostienen que el comunismo fracasó por razones contingentes evitables, y no por razones intrínsecas a la naturaleza del sistema. Tal vez la afirmación más popular de este tipo sea que una economía planificada puede funcionar bien siempre que sea democrática. La Unión Soviética y otros Estados comunistas eran todos dictaduras. Pero si hubieran sido democráticos, quizá los dirigentes habrían tenido mayores incentivos para hacer que el sistema funcionara en beneficio del pueblo. Si no lo conseguían, los votantes podían “echar a los cabrones” en las siguientes elecciones.

Desgraciadamente, es poco probable que un Estado comunista pueda seguir siendo democrático durante mucho tiempo, aunque empezara así. La democracia requiere partidos de oposición eficaces. Y para funcionar, esos partidos tienen que ser capaces de difundir su mensaje y movilizar a los votantes, lo que a su vez requiere amplios recursos. En un sistema económico en el que todos o casi todos los recursos valiosos están controlados por el Estado, el gobierno en el poder puede estrangular fácilmente a la oposición negándole el acceso a esos recursos. En el socialismo, la oposición no puede funcionar si no se le permite difundir su mensaje en los medios de comunicación estatales o utilizar propiedades estatales para sus mítines y reuniones. No es casualidad que prácticamente todos los regímenes comunistas suprimieran los partidos de la oposición poco después de llegar al poder.

Las atrocidades y los fracasos del comunismo fueron los resultados naturales de un esfuerzo por establecer una economía socialista. Incluso si un Estado comunista pudiera seguir siendo democrático de alguna manera a largo plazo, es difícil ver cómo podría resolver el doble problema del conocimiento y los incentivos. Ya sea democrática o no, una economía socialista seguiría requiriendo una enorme concentración de poder y una amplia coerción. Y los planificadores socialistas democráticos se encontrarían con los mismos problemas de información que sus homólogos autoritarios. Además, en una sociedad en la que el gobierno controla toda o la mayor parte de la economía, sería prácticamente imposible que los votantes adquirieran conocimientos suficientes para supervisar las numerosas actividades del Estado. Esto agravaría enormemente el ya grave problema de la ignorancia de los votantes que aqueja a la democracia moderna.

Otra posible explicación de los fracasos del comunismo es que el problema fue el mal liderazgo. Si los regímenes comunistas no hubieran estado dirigidos por monstruos como Stalin o Mao, les habría ido mejor. No hay duda de que los gobiernos comunistas tuvieron más que su parte de líderes crueles e incluso sociópatas. Pero es poco probable que éste fuera el factor decisivo de su fracaso. Resultados muy similares se dieron en regímenes comunistas con líderes que tenían un amplio abanico de personalidades. En la Unión Soviética, es importante recordar que las principales instituciones de represión (incluidos los gulags y la policía secreta) no fueron establecidas por Stalin, sino por Vladimir Lenin, una persona mucho más “normal”. Tras la muerte de Lenin, el principal rival de Stalin por el poder -León Trotsky- defendió políticas que en algunos aspectos eran incluso más opresivas que las del propio Stalin. Es difícil evitar la conclusión de que, o bien la personalidad del líder no era el factor principal, o bien -alternativamente- los regímenes comunistas tendían a colocar a personas horribles en puestos de poder. O quizá algo de ambas cosas.

Es igualmente difícil dar crédito a las afirmaciones de que el comunismo fracasó sólo por defectos en la cultura de los países que lo adoptaron. Es cierto que Rusia, la primera nación comunista, tenía una larga historia de corrupción, autoritarismo y opresión. Pero también es cierto que los comunistas practicaron la opresión y el asesinato en masa a una escala mucho mayor que los gobiernos rusos anteriores. Y el comunismo también fracasó en muchas otras naciones con culturas muy diferentes. En los casos de Corea, China y Alemania, personas con antecedentes culturales iniciales muy similares soportaron terribles privaciones bajo el comunismo, pero tuvieron mucho más éxito con las economías de mercado.

En general, las atrocidades y los fracasos del comunismo fueron los resultados naturales de un esfuerzo por establecer una economía socialista en la que toda o casi toda la producción está controlada por el Estado. Si no siempre era completamente inevitable, la opresión resultante era al menos muy probable.

Al igual que las atrocidades del nazismo son lecciones abyectas sobre los peligros del nacionalismo, el racismo y el antisemitismo, la historia de los crímenes comunistas enseña los peligros del socialismo. La historia del comunismo no demuestra que deban evitarse todas y cada una de las formas de intervención gubernamental en la economía. Pero sí pone de relieve los peligros de permitir que el Estado se haga con el control de toda o la mayor parte de la economía, y de eliminar la propiedad privada. Además, los problemas de conocimiento e incentivos que surgen en el socialismo también dificultan los esfuerzos de planificación económica a gran escala que no llegan al control total de la producción por parte del gobierno.

Lamentablemente, estas lecciones siguen siendo relevantes hoy en día, en una época en la que el socialismo ha comenzado de nuevo a atraer adeptos en diversas partes del mundo. En Venezuela, el gobierno intenta establecer una nueva dictadura socialista que aplica muchas de las mismas políticas que la anterior, incluyendo incluso el uso de la escasez de alimentos para acabar con la oposición. Incluso en algunas democracias establecidas desde hace tiempo, los recientes problemas económicos y sociales han aumentado la popularidad de socialistas declarados al viejo estilo, como Bernie Sanders en Estados Unidos y Jeremy Corbyn en Gran Bretaña. Tanto Sanders como Corbyn son viejos admiradores de brutales regímenes comunistas. Incluso si quisieran hacerlo, es poco probable que Sanders o Corbyn sean capaces de establecer un socialismo en toda regla en sus respectivos países. Pero, no obstante, pueden hacer un daño considerable.

En el otro lado del espectro político, existen inquietantes similitudes entre el comunismo y varios movimientos nacionalistas de extrema derecha recientemente populares. Ambos combinan tendencias autoritarias con desdén por los valores liberales y un deseo de extender el control gubernamental sobre grandes partes de la economía.

Las peligrosas tendencias actuales, tanto de la derecha como de la izquierda, no son todavía tan amenazadoras como las de hace un siglo, y no tienen por qué causar ni de lejos tanto daño. Cuanto mejor aprendamos las dolorosas lecciones de la historia del comunismo, más probabilidades tendremos de evitar que se repitan sus horrores.

Este artículo fue publicado originalmente en la Fundación para la Educación Económica


Ilya Smoin es profesor de Derecho en la Universidad George Mason. Su investigación se centra en el derecho constitucional, el derecho de propiedad y el estudio de la participación política popular y sus implicaciones para la democracia constitucional.

La locura de criminalizar el «odio»

La conclusión es ineludible: el único objetivo de este tipo de leyes contra el «odio» es crear una categoría especial de delito basada totalmente en la identidad de la víctima

por Instituto Mises

Muchas personas se escandalizaron cuando más de 1.000 manifestantes fueron detenidos en el Reino Unido y encarcelados por diversos delitos, entre ellos «desórdenes violentos» e incitación al odio racial. Lo más chocante fueron los casos de los detenidos por publicar comentarios en las redes sociales sobre los disturbios, a pesar de no estar presentes en el lugar de los hechos y de no haber pruebas de que nadie de los que se sumaron a los disturbios hubiera leído ninguno de sus comentarios.

En las sociedades que defienden el valor de la libertad individual, el único propósito del derecho penal debería ser contener y castigar a quienes cometen actos de agresión contra otras personas o sus bienes. El derecho penal no debe utilizarse para impedir que las personas «odien» a otras o para obligarlas a «amarse». Al anunciar otra serie de leyes «para ampliar la lista de cargos que pueden ser perseguidos como delitos de odio», la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul declaró en que «en estos tiempos difíciles, seguiremos defendiéndonos los unos a los otros. Lo estamos dejando claro: el amor siempre tendrá la última palabra en Nueva York». Para ello, presentó «legislación para ampliar significativamente la elegibilidad para el enjuiciamiento de delitos de odio».

Los intentos de promover el amor entre los diferentes grupos raciales o religiosos de la sociedad, por ejemplo, acusando a la gente de incitar al «odio» cuando protestan contra la inmigración, malinterpretan el papel del derecho penal. Las amenazas al orden público implican atentar contra la persona o la propiedad de otros ѿcomo ocurre en una revuelta violenta—, no la mera exhibición de «odio» hacia los demás. Sin embargo, cada vez más, los delitos contra el orden público se vinculan a la incitación al odio o a los delitos de odio.

Las leyes que prohíben la incitación al odio y los delitos motivados por el odio suelen definir el «odio» como hostilidad basada en la raza, el sexo, el género, la orientación sexual o la religión. A menudo, la hostilidad se entiende simplemente como palabras que ofenden a otros. Por ejemplo, en RU, la Ley de Comunicaciones de 2003 prohíbe enviar «un mensaje u otro asunto que sea gravemente ofensivo o de carácter indecente, obsceno o amenazador». La Ley de Seguridad en Línea de 2023 se centra en los contenidos ilegales en línea, incluida tanto la «incitación a la violencia» como la publicación de «delitos de orden público con agravantes raciales o religiosos». La conducta en línea incluye escribir posts o publicar blogs o artículos en sitios web.

Dado que la incitación a la violencia ya es un delito —«conducta, palabras u otros medios que insten o conduzcan naturalmente a otros a la revuelta, la violencia o la insurrección»—, no parece haber ningún propósito discernible en añadir el concepto de «odio» a tales delitos. Por poner un ejemplo, escribir «quemen la tienda» en las redes sociales podría considerarse una incitación a la violencia, pero escribir «quemen la tienda musulmana» en las mismas circunstancias se tipificaría como delito de odio. El incendio provocado (quemar realmente la tienda) es un delito, pero en función de la identidad racial o religiosa del propietario de la tienda, el incendio provocado se considera un delito «peor», —un crimen de odio— a pesar de que el daño en ambos casos y la pérdida sufrida por los propietarios de tiendas que son víctimas de incendios provocados no varían en función de su raza o religión.

Por lo tanto, no se necesitan leyes de «conducta de odio» para «criminalizar» aún más lo que ya es un delito. La conclusión es ineludible: el único objetivo de este tipo de leyes contra el «odio» es crear una categoría especial de delito basada totalmente en la identidad de la víctima. La política de identidad forma ahora parte del derecho penal. El «odio» basado en la raza o la religión es ahora una prioridad en la aplicación de la ley penal, con recursos cada vez más desviados hacia ella. Por ejemplo, Nueva York ha dedicado un presupuesto de 60 millones de dólares a la «lucha contra el odio».

Los sucesos ocurridos en el Reino Unido la semana pasada ilustran de forma escalofriante las consecuencias de un enfoque policial basado en la identidad. En la actual purga policial de alborotadores, quienes escribieron mensajes de «incitación al odio» en plataformas de medios sociales fueron acusados de «incitación al odio racial» y condenados a penas de prisión de hasta dos o tres años. Lejos de luchar contra el «odio», es probable que esto sólo alimente aún más el resentimiento y el antagonismo racial.

Libertad de expresión y primera enmienda

Hasta ahora, EEUU ha evitado seguir este camino socialmente destructivo, como el RU, gracias a la primera enmienda de la Constitución de los EEUU. La importancia de la primera enmienda para frustrar los intentos de ilegalizar la «incitación al odio» puede verse en el proyecto de ley de la Asamblea de Nueva York A7865A (2021-2022), que establece que humillar o vilipendiar a cualquier persona en las redes sociales basándose en su identidad es una conducta de odio y, por tanto, ilegal. El proyecto de ley exige a las redes sociales que informen de «conductas de odio en su plataforma» y define la conducta de odio como «el uso de una red social para vilipendiar, humillar o incitar a la violencia contra un grupo o una clase de personas por motivos de raza, color, religión, etnia, origen nacional, discapacidad, sexo, orientación sexual, identidad de género o expresión de género». Este intento de regular las «conductas de odio» es una clara restricción de la libertad de expresión, y como era de esperar se opusieron grupos de defensa de la libertad de expresión alegando que viola la Primera Enmienda.

Al vincular el derecho penal a la protección de los derechos de propiedad, Murray Rothbard sostiene que la «incitación» es un elemento de la libertad de expresión. Según el principio del libre albedrío, nadie debería alegar que la razón por la que cometió un incendio provocado (un crimen contra la propiedad de otro) fue que leyó un post en las redes sociales que decía «quemen la tienda». El pirómano sería responsable de su propio delito. Puede que leyera el post, pero la decisión de salir y cometer el crimen fue suya. Rothbard explica:

“¿Debería ser ilegal, podríamos preguntarnos a continuación, «incitar a los disturbios»? Supongamos que Green exhorta a una multitud: «¡Vamos! ¡Quemen! ¡Saqueen! ¡Maten!» y la muchedumbre procede a hacer exactamente eso, sin que Green tenga nada más que ver con esas actividades delictivas. Dado que todo hombre es libre de adoptar o no adoptar cualquier curso de acción que desee, no podemos decir que de alguna manera Green determinó a los miembros de la turba a sus actividades delictivas; no podemos hacerle, debido a su exhortación, en absoluto responsable de sus crímenes. «Incitar a los disturbios», por lo tanto, es un puro ejercicio del derecho de un hombre a hablar sin verse implicado en un delito”.

Rothbard añade que mucho dependería, por supuesto, del contexto: «hay un mundo de diferencia entre el jefe de una banda criminal y un orador de tribuna durante una revuelta». Uno de los británicos encarcelados por publicaciones en las redes sociales escribió en Facebook que «todo hombre y su perro deberían destrozar el hotel Britannia», conocido por alojar a inmigrantes. El autor del mensaje —un joven de 28 años sin muchos seguidores— no estuvo presente en los disturbios, ni había razón alguna para pensar que los presentes en los disturbios hubieran leído su mensaje o tuvieran intención de seguir su exhortación. En ese sentido, no parece haber sido más que un «orador de tribuna» que comentaba los disturbios desde la seguridad y comodidad de su sillón. Sin embargo, fue acusado de «palabras o comportamientos amenazadores, abusivos o insultantes con la intención de incitar al odio racial» y encarcelado durante 20 meses. El hecho de que los comentarios en las redes sociales se traten ahora de este modo como motivo para encarcelar a personas por «odio racial» representa una grave amenaza para la libertad individual e ilustra la insensatez de criminalizar el «odio».

Este artículo fue publicado inicialmente en el Instituto Mises.


Wanjiru Njoya es académica residente del Instituto Mises. Es autora de Libertad económica y justicia social (Palgrave Macmillan, 2021).

Ignorancia, manipulación y el nivel de los mares

El ser humano es tan insignificante que su actividad no es capaz de cambiar el clima del mundo, son procesos naturales y cíclicos.

Por Fernando del Pino Calvo-Sotelo

Como colofón de la habitual campaña veraniega de alarmismo climático, a mediados de agosto el telediario de la televisión pública andaluza anunció que, según «las predicciones científicas» de un estudio de Greenpeace, el nivel del mar subiría 1 metro en los próximos seis años, lo que supondría «la desaparición de 200 playas en nuestro país»[1], particularmente en el Golfo de Cádiz. Dado que la tendencia a largo plazo (1880-2009) del aumento del nivel del mar en Cádiz es de 1mm al año[2], esta noticia no sólo contradecía el sentido común, sino otros pronósticos (también alarmistas, pero no tan ridículos) publicitados por la misma cadena tan sólo cuatro semanas antes[3].

El disparate podría ser sólo un ejemplo más de la ausencia de rigor y nulo amor a la verdad del periodismo actual, pero, siendo la fuente una televisión pública controlada por el PP, también sirve como ejemplo del unipartidismo que gobierna España cuando se trata de defender las consignas del globalismo.

Calma: los mares no nos engullirán

En realidad, el «estudio» de Greenpeace[4], de carácter más propagandístico que científico (como casi todo lo que publica la organización), no pronosticaba que el nivel del mar en Cádiz subiría 1 metro en seis años, sino 12 milímetros, pero estimaba que, con esos 12 milímetros de subida del mar, la anchura de las playas podría reducirse en 1 metro. Es decir, que los intrépidos periodistas confundieron anchura (de la playa) con altura (del mar), algo que no hace ni un alumno de Primaria ni un seguidor de Barrio Sésamo, poniendo de manifiesto, una vez más, la descomunal ignorancia y falta de integridad del gremio. Así, de cumplirse el pronóstico del referido «estudio», la magnífica playa gaditana de Camposoto a la que los reporteros fueron a amargar a los bañistas con la noticia, no desaparecería, como ellos afirmaban, sino que su anchura en bajamar pasaría de forma imperceptible de 300m a 299m. Sin embargo, la realidad probablemente no sea siquiera esa.

En efecto, la trigonometría más básica nos indica que la relación entre el aumento del nivel del mar y la reducción de la anchura de las playas depende fundamentalmente de la pendiente de la costa (la tangente): por ejemplo, playas con muy poca pendiente ven su anchura muy afectada por los cambios de marea mientras que playas con mucha pendiente apenas notan cambios. Algo tan sencillo recibe desde 1962 el nombre de regla de Bruun, que estima que la reducción de la anchura de la playa (el retroceso de la línea de costa) será de entre 10 y 50 veces el aumento del nivel del mar, según algunos estudios[5],  o entre 50 y 100 veces, según otros[6]. Sin embargo, esta regla está basada en un ceteris paribus demasiado simplista y debe tomarse con cautela, pues existen variables que afectan a la relación entre el aumento del nivel del mar y el retranqueo del perfil de la playa, como el movimiento vertical del terreno, la sedimentación y la erosión, o el traslado de la arena de un lugar a otro por causa de temporales, corrientes o cambios artificiales producidos por la construcción de espigones o puertos.

Los periodistas también parecen ignorar que, desde el origen de los tiempos, dos veces al día, 365 días al año, el mar sube y baja en Cádiz con carreras de marea (diferencia entre pleamar y bajamar) de hasta 3,5m en mareas vivas[7], lo que hace que la mencionada playa de Camposoto, por ejemplo, tenga una anchura que varía entre los 300m en marea baja y los 150m en marea alta[8]. Que dentro de unos años esas mediciones quizá sean 299,5m y 149,5m, respectivamente, no es noticia.

La arrogante pretensión de precisión

Pretender que podemos medir al milímetro o incluso a la décima de milímetro algo tan difícil de medir como es el nivel de los océanos no deja de ser un ejemplo más del cientificismo hoy imperante, que asigna a la Ciencia (con mayúscula, pues se trata de una divinidad) los atributos divinos de la omnipotencia y la omnisciencia. Así, el crédulo ciudadano actual, consumidor compulsivo de noticias, tiende a creer a pie juntillas las afirmaciones catalogadas como «científicas» aunque se trate de aserciones absurdas que nuestros mayores, que confiaban más en su sentido común, se habrían tomado con escepticismo e incluso con humor.

Muchos datos de la cuestión climática pretenden rodearse de un aura de exactitud y seguridad inexistentes, como es el caso de la medición de temperaturas de volúmenes gigantescos como la atmósfera o el océano: los datos mínimamente fiables son muy recientes y los históricos no dejan de ser estimaciones. Con la variación en el nivel de los mares ocurre lo mismo. Piensen lo difícil que es medir el nivel de una superficie tan enorme como el océano, superficie  que no está nivelada (por ejemplo, en EEUU el mar tiene mayor elevación absoluta en la costa del Pacífico que en la del Atlántico) y que está afectada por ondulaciones que se producen cada pocos segundos (las olas), por la rotación de la Tierra (Coriolis), por corrientes y vientos y, sobre todo, por variaciones diarias y estacionales de origen gravitatorio, las mareas, que llegan a alcanzar en algunas zonas más de 14 metros de diferencia entre pleamar y bajamar.

Intentando medir el nivel de los mares

Existen dos fuentes de medición del nivel del mar: los satélites (sólo desde 1992, apenas tres décadas) y los mareógrafos. Los primeros miden la variación absoluta del nivel de los mares, pero sus lecturas están sujetas a ajustes orbitales que no dejan de ser intervenciones más o menos arbitrarias. De sus resultados se desprende que los mares están subiendo a un ritmo de 3,4mm al año desde 1992 (¡vaya precisión!). Sin embargo, los mareógrafos, de los que existen muy pocos con lecturas fiables a largo plazo, sólo aprecian una subida de 1-2mm al año en el mismo período[9], ritmo al que los mares tardarían entre 250 y 500 años en subir 50 cm (medio metro). Dado que sabemos que el nivel de los mares ha aumentado unos 120m desde la última glaciación hace unos 12.000 años, esta ligera subida no parece una emergencia, sino que puede entrar dentro de la variabilidad natural propia del período interglaciar en el que afortunadamente vivimos.

La diferencia de medición entre satélites y mareógrafos resulta controvertida. Cierto es que los mareógrafos miden la variación del nivel del mar relativa a la costa, cuyo terreno sube y baja a lo largo del tiempo debido al movimiento de placas tectónicas, a cambios en la capa freática o a otras causas. Ése es el motivo de que algunas ciudades que eran famosos puertos de mar en la Antigüedad se encuentren hoy tierra adentro (como Éfeso) mientras otras se encuentran sumergidas cerca de la costa (como Heracleion).

El aumento del nivel de los océanos, como el del agua contenida en un recipiente blando o de geometría variable, puede tener su origen en cambios en el continente (la corteza terrestre) o en el contenido (el agua), sea por el derretimiento del hielo del planeta o por la expansión térmica del agua al calentarse. Sin embargo, ligar a la actividad humana el ligerísimo aumento de los mares, que aparentan seguir su trayectoria natural desde la última glaciación, resulta temerario, no en balde el propio IPCC estima, con los escasos registros antiguos, que la tasa de subida comenzó a registrar un incremento «significativo» entre finales del s. XVIII y mediados del s. XIX[10], mucho antes de que el planeta se industrializara y mucho antes de que comenzara a aumentar el CO2.

La medición de temperatura de la atmósfera y los océanos

En la medición de temperaturas de la atmósfera o, más bien, de la troposfera, ocurre algo parecido. Sólo tenemos mediciones mínimamente científicas desde finales del s. XIX, pero éstas provienen de una escasa red de termómetros concentrada en países industrializados del hemisferio norte y en tierra firme, lo que supone un pequeño problema cuando los océanos ocupan el 70% de la superficie terrestre. Además, los termómetros tienen que estar bien calibrados, pues miden la temperatura indirectamente a través del aumento del volumen del mercurio o de las variaciones en la tensión eléctrica (los digitales) y tienen que estar protegidos del sol o de fuentes de calor externas y atendidos por personal que realice las mediciones sistemáticamente todos los días a las mismas horas, para que sean homogéneas y comparables.

Para más inri, el llamado efecto de isla de calor urbano (que analizamos en el artículo precedente[11]) distorsiona las comparaciones históricas, pues termómetros que en tiempos pasados se encontraban en mitad de un prado hoy están situados en plena ciudad. Por lo tanto, hasta que empezamos a disponer de satélites en 1979 ―hace sólo un instante, en términos geológicos―, las mediciones de temperatura eran bastante deficientes.

¿Y en el pasado remoto? Para medir la evolución paleoclimática de las temperaturas también se utilizan mediciones indirectas inferidas de la anchura de los anillos de los árboles y, sobre todo, de las variaciones isotópicas de catas de hielo concentradas en muy pocos puntos del planeta, sobre todo en la Antártida, donde existen las capas de hielo más profundas (p.ej., Vostok). Que estas medidas no sean demasiado precisas no significa que no sean enormemente útiles para hacernos una idea aproximada de grandes variaciones de temperatura ocurridas en el pasado. Asimismo, contamos con la geología, con los fósiles o con evidencias anecdóticas, como pueden ser testimonios o cuadros de ríos helados o cosechas de determinados frutos. Gracias a todo ello hemos conocido la existencia de las glaciaciones, del Período Cálido Romano, del Período Cálido Medieval (en ambos casos con temperaturas similares a las de hoy) o de la Pequeña Edad de Hielo (1300-1850, aproximadamente), período que la ideología climática procura ocultar a toda costa, pues desbarata su relato.

Con la medición de la temperatura de los océanos ocurre algo parecido. Hasta hace 20 años los datos eran esporádicos y se basaban en termómetros de dudosa fiabilidad instalados en la obra viva de buques que navegaban por los mares. Hace 20 años esto cambió con el programa Argo, que desplegó una flota de boyas que flotan libremente en todos los océanos y miden la temperatura y la salinidad hasta los 2000 m de profundidad. Aunque sólo cubren el 30% del volumen de agua de los océanos, nunca habíamos dispuesto de una información tan fiable, pero el calentamiento de los mares es tan inapreciable que su medición entra dentro del grado de error instrumental: desde el 2004, los océanos se habrían calentado 0,04ºC (cuatro centésimas de grado)[12].

Conclusión

La medición fiable de magnitudes clave para construir series históricas e intentar comprender un campo del saber que se encuentra en la infancia, como es el clima, entraña una gran dificultad. Sin embargo, la propaganda del cambio climático finge tener una seguridad en sus afirmaciones que no tiene en absoluto, y exalta el término «científico» aplicándolo abusivamente a aserciones muy dudosas para intimidar al incauto.

La ciencia actual, lejos de ser omnisciente, tiene enormes limitaciones, pero al hombre moderno esta realidad le molesta, pues anda fascinado consigo mismo. El problema es que, para avanzar en el conocimiento, primero hay que reconocer que hay cosas que no sabemos, e incluso cosas que ni siquiera sabemos que ignoramos, y esto el hombre convertido en dios no puede admitirlo bajo ningún concepto. ¿Sólo sé que no sé nada? Sócrates sería hoy linchado por blasfemo.

[1] 30 playas entre Cádiz y Huelva, camino de desaparecer (canalsur.es)
[2] The long sea level record at Cadiz (southern Spain) from 1880 to 2009 (csic.es)
[3] Las playas de Huelva y Cádiz, las más afectadas por la subida del nivel del mar (canalsur.es)
[4] crisis-a-toda-costa-2024.pdf (greenpeace.org)
[5] Approaches to evaluate the recent impacts of sea-level rise on shoreline changes – ScienceDirect
[6] doc00_guia_analisis_de_riesgos_y_adaptacion_al_cc.pdf (adaptecca.es)
[7] Anuario de mareas | Puerto de la Bahía de Cádiz (puertocadiz.com)
[8] Playa del Castillo-Camposoto.pdf (lineaverdesanfernando.org)
[9] The State of the Climate in 2023 (thegwpf.org)
[10] IPCC AR5, Working Group I, 3.7.4.
[11] Escuela de calor 2024 – Fernando del Pino Calvo-Sotelo (fpcs.es)
[12] The State of the Climate in 2023 (thegwpf.org)

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La comunidad de inteligencia estadounidense “WOKE” prioriza los sentimientos heridos sobre la seguridad nacional

La enorme Comunidad de Inteligencia (CI) de hoy está compuesta por al menos 18 “agencias de tres letras” cuyo lema parece ser “Las palabras desconsideradas hieren los sentimientos (musulmanes)”.

ARTÍCULO ORIGINAL EN INGLÉS: https://barenakedislam.com/2024/08/22/woke-u-s-intelligence-community-prioritizes-hurt-feelings-over-national-security/

Durante la administración Obama, la CIA y el FBI eliminaron términos como “yihad” y referencias al Islam de los documentos de entrenamiento de la IC de la era Bush, y su DHS adoptó una nueva nomenclatura, abandonando la “Guerra Global contra el Terror” en favor de “Operaciones de Contingencia en el Exterior” y declarando que en adelante el terrorismo islámico sería llamado “Desastre Causado por el Hombre”.

Muchos de los designados por Biden para el Comité Interino provienen de la administración Obama (Antony Blinken, Jake Sullivan, Alejandro Mayorkas, William J. Burns, Avril Haines, Susan Rice y otros), por lo que sus prioridades políticas son naturalmente similares, pero están cargadas de “progresismo” y “conciencia”.

La edición de invierno de 2023/2024 de The Dive , una revista trimestral de IC publicada por la “Oficina de Diversidad, Equidad, Inclusión y Accesibilidad (IC DEIA) de la ODNI (Oficina del Director de Inteligencia Nacional)”, nos muestra cuánto ha cambiado la IC desde el 11 de septiembre.

La introducción de The Dive la hace una editora en jefe anónima que anuncia que, como analista novel hace años, “le resultaba chocante lo común que era que la gente hablara y escribiera sobre países extranjeros de una manera despectiva”. La editora, susceptible, declara que el lenguaje que escuchaba al principio de su carrera era a menudo tan “hiriente” que la hacía “sentir incómoda”, pero anuncia orgullosa: “Muchas cosas han mejorado desde entonces”.

Separar el terrorismo del Islam

El primer artículo de The Dive sugiere una forma en que los funcionarios de la IC deberían cambiar su léxico antiterrorista con el objetivo de “desenredar el Islam de las palabras y frases que se utilizan para hablar del terrorismo y la violencia extremista”. Preocupado por el hecho de que “algunos cursos de formación y presentaciones oficiales confunden las creencias islámicas con el terrorismo”, el autor insta a los miembros de la IC a evitar “determinadas frases para identificar amenazas terroristas internacionales que son dañinas para los musulmanes estadounidenses”.

Entre esas palabras hirientes, las más importantes son “yihadista” y cualquier mención de la palabra “islam”. A los terroristas estadounidenses se los debería llamar “extremistas violentos locales” (HVEs), continúa el autor, pero hay que tener cuidado de asegurar que “no se haga referencia a los términos problemáticos” si resulta que los sospechosos son musulmanes.

Los terroristas musulmanes extranjeros pueden ser etiquetados como “extremistas del terrorismo internacional”, pero los miembros del CI deben asegurarse de “declarar explícitamente que manipulan y distorsionan el Islam para justificar erróneamente la violencia”.

El artículo luego presenta su sustituto preferido para “terrorismo”: “una palabra que muchos eruditos islámicos, líderes públicos y académicos usan para identificar con precisión a los extremistas: Khawarij ”.

Como señala Aymenn Jawad al-Tamimi , la palabra khawarij “no es inmediatamente comprensible para un público más amplio o para aquellos que no tienen conocimiento del uso histórico y actual del término en el discurso árabe e islámico”.

El artículo de Dive explica que la palabra “significa ‘forasteros’ y hace referencia a un grupo de individuos de la historia islámica que se rebelaron contra Ali ibn Abi Talib”. Si el objetivo de la ODNI es separar el terrorismo del Islam, elegir la palabra árabe khawarij y remontarse a los orígenes del Islam es inexplicablemente obtuso.

Sin embargo, la ODNI afirma que no tomó sus decisiones a la ligera, sino que “hizo grandes esfuerzos para entablar un diálogo con la comunidad musulmana, los académicos y un reconocido erudito islámico, el jeque Hamza Yusuf del Zaytuna College”. Además de todo eso, la ODNI recientemente “se enteró de que nuestros homólogos franceses han estado utilizando el término Khawarij en su nomenclatura”.

Bueno, si lo hacen los franceses…

Prohibir a los analistas antiterroristas utilizar las palabras “yihad” o “islam” hará que les resulte muy difícil describir o incluso identificar a las organizaciones terroristas más peligrosas, la mayoría de las cuales casualmente tienen “islam” y/o “yihad” en sus nombres. Por ejemplo:

Doblemente problemática es la nueva filial de Al Qaeda, llamada Jama’at Nusrat Al-Islam Wal-Muslimeen , y ampliamente traducida como Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (GSIM).

Se supone que “Alá” es otra palabra que no debe pronunciarse, lo que hace que los miembros del CI no puedan mencionar el nombre de Hezbolá ni llamar a los hutíes por el nombre que ellos mismos se dan: Ansar Allah .

Taqiyya, mentir en nombre de Alá

#StopIslam #StopSharia

por Eduard Yitzhak

En una reunión de jefes de un Servicio de Inteligencia de un país europeo, uno de los participantes comentó que los delincuentes musulmanes en general, y los yihadistas en particular, detenidos “mentían más que hablaban”, llegando a interiorizar sus propias mentiras hasta tal punto que no se podían comparar en absoluto con el grado de falsedad que mostraban miembros de otros grupos terroristas de extrema derecha y de extrema izquierda occidentales a los que habían interrogado. 

Esta consideración sobre la mentira de los yihadistas es compartida por muchos servicios de Inteligencia occidentales, algunos afirmaban que los delincuentes musulmanes detenidos y filmados durante el acto criminal cuando eran interrogados con detectores de mentiras, estas máquinas no podían mostrar que mentían, el aparato no lo detectaba, ¡tal era el grado de interiorización de la mentira en sus vidas!

Todo ello procede de una cultura religiosa en la que la mentira no es considerada ni inmoral ni una falta ética, sino que es loable, encomiable, dado que la doctrina islámica permite a los musulmanes mentir a los no-musulmanes, a los infieles, y faltar a la verdad entre ellos mismos, basándose en las aleyas (versículos) del mismo Corán en los cuales Alá se describe a si mismo como “el mejor (makar) engañador”:

Corán 3:54: Y mintieron y Alá mintió también. Pero Alá es el Mejor de los que mienten.

Corán 7:99:¿Es que están a salvo de la mentira de Alá? Nadie está a salvo de la mentira de Alá, sino los que pierden.

Corán 8:30:Y cuando los infieles mentían contra ti para capturarte, matarte o expulsarte. Mentían ellos y mentía Alá, pero Alá es el Mejor de los que mienten.

Corán 10:21: Apenas hacemos gustar a los hombres una misericordia, después de haber sufrido una desgracia, al punto mienten contra Nuestros signos. Di: “¡Alá es más rápido en mentir” Nuestros enviados toman nota de vuestra mentira.

Corán 13:42: Sus antecesores mintieron, pero el éxito de toda mentira depende de Alá. Sabe lo que cada uno merece y los infieles verán para quién es la Morada Postrera.

El mismo Corán indica a los musulmanes cuando tienen que mentir [1]

¿Está permitido mentir en el Islam?, en otras palabras, ¿es legítimo y ético mentir desde la perspectiva coránica? 

Los eruditos musulmanes enseñan que bajo ciertas circunstancias sí está permitido a los musulmanes mentir a los no-musulmanes. Estas circunstancias suelen ser aquellas que hacen avanzar en la causa del Islam – en algunos casos ganándose la confianza de los infieles [los no musulmanes] con el fin de debilitarlos y derrotarlos.

Para los salafistas y yihadistas, sunnitas y chiítas, el fin justifica los medios:

“Hablar es un medio para alcanzar objetivos Si un loable objetivo es igual de alcanzable a través de la verdad o la mentira, es ilegal conseguirlo mintiendo, porque no es necesario hacerlo. 
Cuando es posible conseguir ese [loable] objetivo mintiendo, pero no lo es a través de la verdad, es lícito mentir  si el logro del objetivo está permisible”. 

[Ahmad ibn Naqib al-Misri, The Reliance of the Traveller, translated by Nuh Ha Mim Keller, Amana Publications, 1997, section r8.2, page 745)]

Y agrega que “hay que compararlas malas consecuenciasque conllevamentir alasocasionadas pordecir la verdad, y si las consecuenciasde decir la verdadson más perjudiciales, uno tiene derecho amentir”.

La mentira y el engaño en el mundo musulmán no son realmente una cuestión moral, sino que son un método o sistema de protección de la honra propia, familiar, colectiva y del estado, y son empleados para evitar la vergüenza, para expandir el Islam. Si así lo exige el honor, la mentira y el engaño puede convertirse en imperativo absoluto. 

Es legal y correcto, desde la perspectiva musulmana, realizar conscientemente declaraciones falsas para evitar la denigración del Islam, para protegerse, para promover la Causa del Islam, lo que es sancionado, aprobado y encorajado en el Corán y la Sunna, incluyendo el mentir bajo juramento en su testimonio ante un tribunal, engañando al hacer declaraciones distorsionadas a los medios de comunicación con el fin de hacer avanzar la implementación y victoria del Islam.


Ibn Kathir, una autoridad prominente del Islam escribe: “es decir, a excepción de aquellos creyentes que en algunas zonas o tiempos temen por su seguridad ante los infieles. En este caso, a esos creyentes se les permite mostrar exteriormente amistad a los incrédulos, pero nunca internamente”. El cita al compañero de Muhammad, Abu Darda, quien dijo que «Nosotros sonreímos en el rostro de algunas personas, mientras nuestro corazón les maldice», y Al-Hasan, que dijo: «Taquiya es aceptable hasta el día de la Resurrección”.

Muhammad utilizó el engaño cuando firmó un tratado de diez años con los habitantes de la Meca, lo que le permitió el acceso a su ciudad, mientras en secreto preparaba sus fuerzas para conquistarla. Los residentes inocentes fueron sometidos fácilmente después de que él rompiese el tratado dos años después, y algunas de las personas de la ciudad que habían confiado en su palabra fueron ejecutadas por el mismo Muhammad.

Muhammad engaño en su guerra de expansión religiosa varias veces más, en el caso a de Kab ibn al-Ashraf, y más tarde con Usayr ibn Zarim, líder sobreviviente de la tribu de Banu Nadir, que habían sido desalojados de su casa en Medina por los musulmanes. 
Usayr ibn Zarim estaba intentando reunir una fuerza armada con árabes pertenecientes a una tribu aliada don los Quraish (contra la que Muhammad ya había declarado la guerra) para defenderse de los invasores musulmanes. Muhammad envió emisarios a Ibn Zarim y lo convenció para que abandonasen su refugio con el pretexto de mantener reunión con él en Medina para discutir la paz. El “apóstol” del Islam les pidió que fueran desarmados, ya que les daba inmunidad. Cuando Ibn Zarim y sus treinta compañeros se desplazaron desarmados fueron masacrados por los musulmanes, habiéndoseles garantizado inmunidad. (Ibn Ishaq 981).

Tal era la fama de embusteros y sanguinarios entre los habitantes de la Meca que tenían Muhammad y sus seguidores que incluso los que se convertían al Islam no se sentían completamente seguros. 

Cuando los musulmanes se acercaron a su tribu de Jadhima, al sur de la Meca, hubo un árabe que insistió en que iban a ser sacrificados a pesar de haberse convertido al Islam. Sin embargo, los otros estaban convencidos de que podían confiar en la promesa del líder musulmán de que no se verían perjudicados simplemente si no ofrecían resistencia. Después de convencer a los escépticos a deponer las armas, los hombres de la tribu fueron atados rápidamente y decapitados por Jalid, el comandante de Muhammad, y los musulmanes. (Ibn Ishaq 834 y 837).

Taqiyya, la mentira en nombre de Alá 

La “taqiyya” es de fundamental importancia en el Islam, no sólo para la autoconservación, como comúnmente se cree, sino en toda la vida cotidiana, y especialmente para el avance del Islam y su intento de implementación y expansión a nivel mundial. Prácticamente todas las ramas del Islam practican la taqiyya. [2]

La taqiyya es especialmente loable y meritoria en el contexto de la Yihad o la lucha para implementar el Islam a nivel mundial y fortalecer y ayudar a los musulmanes sobre los no musulmanes.

Taqiyya (taqiya, taqiyah, tuqyah) significa disimulo, ocultación, es una práctica habitual en el Islam que permite a sus seguidores ocultar sus creencias cuando están bajo amenaza, persecución o coacción. Esto significa una dispensa legal, según el Sharía,  y legitimizada por el Corán, por el cual un individuo puede aparentar renegar de su fe y/o cometer actos prohibidos por el Islam, (como comer cerdo, beber alcohol, etc.) y fingir una vida blasfema, y puede mentir y realizar declaraciones falsas y juramentar en falso.

Para los salafistas y los islamistas, la Yihad, es decir, la lucha armada contra los no musulmanes, es el sexto pilar. Muhammad dijo que “estar en las filas de la batalla [Yihad] es mejor que rezar durante sesenta años”, [3]a pesar de que la oración es uno de los Cinco Pilares, y calificó a la Yihad como la “segunda mejor opción”, tras creer en Allah como el único dios y a él mismo, Muhammad, como su profeta, la shahada, o primer pilar del Islam. 

El verso coránico 3:28: Que no tomen los creyentes [musulmanes] como amigos a los infieles [no musulmanes] en lugar de tomar a los creyentes – quien obre así no tendrá ninguna participación en Alá -, a menos que tengáis algo que temer de ellos. Alá os advierte que tengáis cuidado con Él.

Muhammad ibn Jarir en Tabari (d. 923), autor de un comentario estándar y autoritario del Corán, explica el versículo 3:28 de la siguiente manera: Si vosotros [los musulmanes] estáis bajo la autoridad de los no musulmanes, temiendo por vosotros mismos, os comportáis lealmente a ellos con vuestra lengua mientras albergáis animosidad interna para ellos … sabed que Ala ha prohibido a los creyentes ser amables o en términos íntimos con los infieles en lugar de otros creyentes, excepto cuando los infieles están sobre ellos en autoridad. Si ese fuera el caso, permitidles actuar amigablemente con ellos mientras preserváis vuestra religión. 

Con respecto al Corán 3:28, Ibn Kathir (fallecido en 1373), otro de las principales autoridades del Corán, escribe: “Quienquiera que en cualquier momento o lugar teme … el mal de los no musulmanes puede protegerse a sí mismo a través de un espectáculo externo” Como prueba de esto, cita al compañero cercano de Muhammad, Abu Darda, quien dijo: «Vamos a sonreírle a algunas personas mientras nuestros corazones los maldicen». Otro compañero, simplemente conocido como Al-Hasan, dijo: «Hacer taqiyya es aceptable hasta el Día del Juicio [es decir, a perpetuidad]». 

Otros eruditos prominentes, como Abu ‘Abdullah al-Qurtubi (1214-73) y Muhyi’ d-Din ibn al-Arabi (1165-1240), han extendido taqiyya para cubrir hechos. En otras palabras, los musulmanes pueden comportarse como infieles y peores, por ejemplo, inclinándose y adorando a ídolos y cruces, ofreciendo testimonios falsos, e incluso exponiendo las debilidades de sus compañeros musulmanes al enemigo infiel, todo lo que no sea matar a un musulmán: «Taqiyya, incluso si se comete sin coacción, no conduce a un estado de infidelidad, incluso si conduce a un pecado que merece el fuego del infierno».

El Corán mismo es un testimonio más para taqiyya. Ya que los seguidores de Muhammad  creen que Ala es el revelador de estos versículos, se le considera por defecto como el máximo perpetrador del engaño, lo cual no es sorprendente, ya que se le describe (a Alá) en el Corán como el mejor “makar”, es decir, el mejor engañador o intrigante. [4]

Es cierto que la doctrina islámica normativa pone énfasis en la obligación de decir la verdad, Corán 2:42: No disfracéis la Verdad de falsedad, ni ocultéis la Verdad conociéndola!  A la vez que declara y asegura que son los judíos y los cristianos los que ocultan la verdad: Corán 3:71: ¡Gente de la Escritura! ¿Por qué disfrazáis la Verdad de falsedad y ocultáis la Verdad conociéndola?Y refiriéndose a aquellos los declara infieles de la verdad: Corán 4:151: ésos son los infieles de verdad. Y para los infieles tenemos preparado un castigo humillante.

Pero no es menos cierto que la obligación de decir la verdad en el Corán se circunscribe única y exclusivamente en considerar que la verdad es el Islam; la función de los 287 versículos del Corán que hablan sobre la Verdad es representar a los verdaderos creyentes (musulmanes) y a los profetas del Islam como el epítome de la honestidad y la sinceridad.  Yquien no cree en Alá y en Muhammad como su enviado y último profeta, es mentiroso. Se da por absolutamente cierto, y sin necesidad de demostrarlo, que el auténtico musulmán no miente. Los no-musulmanes son los que mienten:

Corán 16:105: Sólo inventan la mentira quienes no creen en los signos de Alá. Ésos son los que mienten.

Corán 22:62:Esto es así porque Alá es la Verdad, pero lo que ellos [judíos y cristianos] invocan en lugar de invocarle a Él [Alá] es lo falso, y porque Alá es el Altísimo, es el más Grande.

Corán 23:90-91: Vinimos a ellos [se refiere a los cristianos por creer que Jesús es Hijo de Dios] con la Verdad, pero mienten, si. Alá no ha adoptado un hijo, ni hay otro dios junto con Él. Si no, cada dios se habría atribuido lo que hubiera creado y unos habrían sido superiores a otros. Gloria a Alá, ¡Que está por encima de lo que cuentan!

Corán 18:1-5:Alabado sea Alá, que ha revelado la Escritura [Alcorán]  a Su siervo [Muhammad] y no ha puesto en ella tortuosidad, sino que la ha hecho recta, para prevenir contra una grave calamidad que procede de Él, anunciar a los creyentes que obran bien que tendrán una bella recompensa, en la que permanecerán para siempre, y para advertir a los que dicen que Alá ha adoptado un hijo! [se refiere a los cristianos que dicen que Jesús es el Hijo de Dios]  Ni ellos ni sus predecesores [se refiere a los judíos] tienen ningún conocimiento de eso. ¡Qué monstruosa palabra la que sale de sus bocas! ¡No dicen sino mentira.

Corán 47:3:Y esto es así porque los infieles siguen lo falso, mientras que los creyentes siguen la Verdad venida de su Señor. Así es como Alá los pone como ejemplo a los hombres.

El musulmán recibe la orden de no creer a quien no es musulmán, Corán 3:73: Y no creáis sino a quienes siguen vuestra religión [el Islam] 

Significativamente, ninguno de los versículos del Corán en realidad exhorta a los musulmanes a ser honestos y sinceros con los no-musulmanes, ni incluso entre ellos mismos, totalmente diferente, por ejemplo, las declaraciones inequívocas de la Torá (Antiguo Testamento) y los textos neotestamentarios, en las que Dios se muestra como a si mismo como absolutamente veraz y que nunca engaña, y además exige categóricamente que los seres humanos no se mientan ni engañen entre ellos mismos. [5]

En el Corán no hay ni un solo versículo en el que se pida ser honestos entre los humanos. La “verdad” se refiere únicamente a aceptar al Islam y la prohibición del mentir se refiere a rechazar a Alá, Muhammad y al Islam.

La mentira está permitida – y es legítima, desde el punto de vista coránico-  a los musulmanes engañar incluso a otros musulmanes. Es tan rico y variado el permiso y legitimidad en mentir que el engaño lícito en el Islam se divide en Kizman, Tawriya, Taqiyya y Muruna.

Kizman (Kithman) significa ocultar o retener, es el mandato para que los musulmanes chiítas oculten sus creencias religiosas de los que no son de la Shía (chiísmo). Kizman es una variedad especial de mentir. En el contexto del Islam significa deliberadamente ocultar información, que por si solo no es haram ni halal, sino que su permisibilidad depende de la situación. 

El chiísmo enseña a sus seguidores a ocultar su fe y ocultar sus creencias. El “Kithman” ordena a los chiítas que oculten su religión a los no chiítas. Los siguientes dos hadices del sexto iman chiíta explican claramente este punto:

El imam Jafar Sadiq (R) dijo: «Uno, quien expone algo de nuestra religión es como alguien que nos mata intencionalmente».{Ft. # 1 Usool al Kafi, p.88}

El imam Jafar Sadiq (R) dijo: «Perteneces a una religión que lo oculta, Alá lo honrará y quien lo revele, Allah lo deshonrará».{Ft. # 2, Ibid, p.522}

Ello compromete a los chiítas a presentar un espectáculo hipócrita y a actuar de tal manera que los que no son chiítas nunca puedan estar expuestos al verdadero chiísmo. Incluso les permite decir una mentira si su intención es ocultar su religión a los musulmanes sunnitas y al resto de los seres humanos.

Los siguientes hadices chiítas  testifican claramente a este efecto:

El iman Jafar Sadi (R) dijo: «Asóciate a tus oponentes solo externamente y oponte a ellos internamente». {Ft. # 1, Usool al Kafi, p.244}

Zararah narra que le hizo una cierta pregunta al iman Baqar (R): “Me dio su respuesta. Otra persona hizo la misma pregunta y el iman le dio una respuesta diferente. Más tarde, una tercera persona hizo la misma pregunta, pero la respuesta del Imam esta vez fue diferente de las dos anteriores respuestas Entonces le pregunté: «¡Oh, hijo del Mensajero (S)! Las dos personas que vinieron para hacerte preguntas eran de Irak y eran shiítas, pero tú les diste respuestas contradictorias». El iman respondió: «¡Oh, Zararah! Esto es bueno tanto para mí como para ti, y esto nos ayudará a sobrevivir y prosperar».{ (Ft. #2 Ibid, p.37). [6]

Si bien esto parece ser un asunto sólo del chiísmo, de hecho, en las conversaciones con los sunnitas a menudo se encuentra el mismo tipo de táctica de ‘ocultar la fe’. Esto se considera “parte del juego”, o para algunos, “parte del esfuerzo en el camino de Alá” (Yihad). [7] 

Tawriya(ocultación, disimulo, hipocresía, equivocación, ambigüedad, alusión) es el doble sentido, lo que significa usar una palabra, una expresión o una frase, que tiene un significado obvio, pero que tiene la intención de otro significado al que se aplica, y que es contrario a lo que es obvio». (Vol. 1, ft. 402). El conflicto es obvio. Tawriya es

La tawriya permite mentir al musulmán en prácticamente todas las circunstancias, incluyendo a sus correligionarios musulmanes y jurar –falsamente- por Alá, siempre que el musulmán  sea lo suficientemente creativo como para articular el engaño de una manera que sea “técnicamente” verdad. Como doctrina, el “doble sentido”, describe mejor la función de tawriya. Según los estudiosos musulmanes la tawriya ocurre cuando un hablante dice algo que significa una cosa para el oyente, aunque el hablante quiere decir algo más, y sus palabras apoyan técnicamente este significado alternativo.

En palabras del jeque Muhammad Salih al-Munajid (basado en el Consenso de los Expertos del Islam): “La Tawriya es permisible bajo dos condiciones: 1) que las palabras usadas encajen en el significado oculto, 2) que no conduzca a lo que el Islam considera una injusticia.

De lo contrario, es permisible para un musulmán, incluso jurar por Alá, cuando está mintiendo a través tawriya. Munajid, por ejemplo, cita a un hombre que jura a Alá que sólo puede dormir bajo techo (saqf), pero cuando el hombre es sorprendido durmiendo encima de un tejado, se le exonera al decir “por el techo, me refería a cielo abierto.” Esto es legítimo. “Después de todo”, Munajid añade, “el Corán 21:32 se refiere al cielo como un techo [saqf], el texto reza: “Hemos hecho del cielo una techumbre protegida. Pero ellos se desvían de sus signos”.

Un ejemplo que se usa actualmente en el mundo musulmán moderno para desacreditar a los cristianos es la afirmación que estos (los cristianos) tienen diferentes “versiones” de la Biblia, lo que da a entender es que “los cristianos siempre están creando nuevas Biblias con nuevos mensajes”. Esto se hace a pesar de saber que la palabra “versión” es simplemente una referencia a una traducción, algo que no está en su idioma original.

Otro ejemplo reciente de tawriya en acción es que para los musulmanes felicitar la Navidad es un “gran pecado por lo que el jeque aconseja a los musulmanes decir a los cristianos: “Te deseo lo mejor”, mediante lo cual los cristianos pueden entender que significa que le está deseando lo mejor en términos de su celebración [la Navidad].” Pero -aquí como el jeque explica-, “diciendo te deseo lo mejor, te refieres en tu corazón al deseo que el cristianos se convierta en musulmán.”

Como con la mayoría de las prácticas musulmanas, la tawriya se remonta al profeta del Islam. Tras insistir a los musulmanes la “necesidad” de la tawriya porque “los salva de la mentira”, y del pecado por lo tanto, el jeque Uthman al-Khamis agrega que Muhammad la usó con frecuencia. De hecho, Muhammad es recordado diciendo: “Alá me ha mandado a hacer equívocos entre la gente en la medida en que Él me ha mandado para establecer las obligaciones religiosas”, y “he sido enviado con ofuscación”, y “todo el que vive su vida en el disimulo muere como mártir” (Sami Mukaram, Al taqiyya Fi al-Islam, Londres. Mu’assisat al-al-Turath Druzi, 2004, p 30).

Pero, el ejemplo más distintivo de tawriya en el Islam es la historia de Negus, quien fue obligado por sus administradores cristianos a dar cuenta de lo que creía en caso de que hubiera abandonado su religión. ¡Colocó una declaración de fe islámica sobre Jesús en su bolsillo, y los “burló” (engañó)  al fingir que estaba de acuerdo con sus creencias sobre Jesús!

Notamos todo esto en lo que escribió Ibn Ishaq, el autor de la primera biografía del Islam sobre Muhammad: “… los abisinios se reunieron y dijeron al Negus: ‘Has dejado tu religión’ y se rebelaron contra él … Entonces él (el Negus) tomó papel y escribió: ‘testifico que no hay dios sino Alá y que Muhammad es su esclavo y apóstol, y testifico que Jesús, el Hijo de María, es su esclavo, su apóstol … ‘Luego se lo puso (el papel) en su vestido cerca de su hombro derecho y se dirigió a los abisinios, y les dijo: ‘Oh, gente, ¿no tengo el mejor reclamo entre vosotros?’ ‘Ciertamente’ dijeron’. ¿Y qué pensáis de mi vida entre vosotros?’ ‘Excelente’ ‘. Entonces, ¿cuál es vuestro problema?’ Tú has abandonado nuestra religión y afirmas que Jesús es un esclavo! » ¿Entonces qué dices de Jesús? » Nosotros decimos que él es el Hijo de Dios ‘. El Negus puso su mano sobre su vestido, lo que significaba que él (el Negus) testificaba que Jesús el hijo de María no era más que «esto». Con “esto” quiso decir lo que había escrito, pero los cristianos quedaron y se fueron … ”(Sira de Ibn Ishaq, # 223).

Los seguidores del Islam conocen todos estos personajes y eventos, ya que son parte de su historia y no hay nada sorprendente en ellos. La Tawriya es admisible si es necesaria o sirve a un interés de la Sharía y el avance del Islam. [8]

Muruna significa usar “flexibilidad” para mezclarse con el enemigo o los no-musulmanes. La justificación de este tipo de engaño es una interpretación del Corán 2: 106, que dice: “Si abrogamos un verso o hacemos que sea olvidado, lo reemplazaremos por uno mejor o similar”.Por lo tanto, los musulmanes pueden olvidar algunas de los mandatos en el Corán, siempre y cuando estén siguiendo un mandato mejor. Los musulmanes que se esfuerzan por promover el Islam, a través de la Yihad, pueden desviarse de sus leyes islámicas para hacer que los no-musulmanes bajen la guardia y depositen su confianza en su contraparte musulmana.

Los salafistas y yihadistas sunnitas y chiítas practican la muruna de la misma manera que un camaleón cambia de color para evitar la detección,  a veces se afeitan la barba, usan ropa occidental o incluso beben alcohol para mezclarse con los no musulmanes. 

Otra forma común de utilizar la muruna es que un musulmán se case con un no musulmán o se comporte como un no musulmán, por lo que no se sospechará su verdadera agenda. Los secuestradores del 11/9 visitaron clubes de striptease y bares durante sus horas de descanso mientras asistían a clases en los EEUU para volar aviones contra el World Trade Center, el Pentágono y la Casa Blanca. 

Las implicaciones de estas tácticas de engaño tan afiladas podrían ser enormes para las sociedades occidentales sencillas. Hace veinte años, el psicólogo Paul Ekman escribió un libro perspicaz, “Decir mentiras”, que demostró que las personas emiten pistas reconocibles cuando practican el engaño. Sus conciencias les hacen, involuntariamente, sudar o elevar sus voces o hacer otros gestos reconocibles. Sin embargo, la investigación del Dr. Ekman fue exclusivamente con personas de cultura judeocristiana. Los salafistas y yihadistas (sunnitas y chiítas), por otro parte, no muestran signos discernibles cuando están siendo engañados porque no hay sentimiento de culpa. En sus mentes, están haciendo exactamente lo que Alá quiere que hagan para promover el Islam. [9]

Es totalmente cierto que no por el mero hecho de ser judío o cristiano se es automáticamente veraz, ni que por ser musulmán se es un mentiroso compulsivo, pero no es en absoluto menos cierto que en la cultura judeo-cristiana no se puede mentir, el engaño es considerado una falta ética y en la cultura musulmana el mentir y engañar es lícito y correcto.

NOTAS

[1]  Corán 16: 105-106: Sólo inventan la mentira quienes no creen en los signos de Alá. Ésos son los que mienten.  Quien no crea en Alá luego de haber creído -no quien sufra coacción mientras su corazón permanece tranquilo en la fesino quien abra su pecho a la incredulidad-, ese tal incurrirá en la ira de Alá y tendrá un castigo terrible.

Esta aleya (versículo) establece que únicamente los que no creen en los signos de Alá, (y uno de ellos es el reconocer que el Último de los Profetas, el Sello de los Profetas, es Muhammad. 

Son los no-musulmanes los que mienten. Y el musulmán que sufre coacción, pero permanece en el Islam –su corazón permanece en la fe del Islam-, no miente aunque no diga la verdad. Hay circunstancias que compelen a mentir al musulmán.

Corán 3:28: Que no tomen los creyentes como amigos a los infieles en lugar de tomar a los creyentes -quien obre así no tendrá ninguna participación en Alá-, a menos que tengáis algo que temer de ellos. Alá os advierte que tengáis cuidado con Él. ¡Alá es el fin de todo!


Esta aleyadice a los musulmanes que no tomen como amigos a los no-musulmanes, a menos que sea para «resguardarse», por lo que los musulmanes tendrán que simular y aparentar amistad, y obviamente mentir con los no-musulmanes para mantener la fingida “amistad”.

Corán 9:3: Proclama de Alá y Su Enviado, dirigida a los hombres el día de la peregrinación mayor. «Alá no es responsable de los asociadores, y Su Enviado tampoco. Si os arrepentís será mejor para vosotros. Pero, si volvéis la espalda, sabed que no escaparéis de Alá». ¡Anuncia a los infieles un castigo doloroso!

Esta aleya justificó que Muhammad rompiese los juramentos con los cristianos trinitarios, porque asocian a Jesús con la divinidad, y paganos que se quedaron en La Meca después de su captura. Ellos no hicieron nada contra el Islam, pero igualmente fueron unos eliminados y otros expulsados.

Corán 40:28:Un hombre creyente de la familia de Faraón, que ocultaba su fe, dijo: «Vais a matar a un hombre por el mero hecho de decir ‘Mi Señor es Alá’ siendo así que os ha traído las pruebas claras de vuestro Señor? Si miente, su mentira recaerá sobre él. Pero, si dice verdad, os alcanzará algo de aquello con que os amenaza. Alá no dirige al inmoderado, al mentiroso.

En esta aleya un hombre se presenta como un creyente, pero debe «esconder su fe», entre los que no son creyentes. 

Corán 66:2:Alá os ha prescrito la anulación de vuestros juramentos. Alá es vuestro Protector. Él es el Omnisciente, el Sabio.

Esta aleya resalta que Alá es el Protector del musulmán, y que este puede jurar en falso para protegerse.

Corán 2:225: Alá no tendrá en cuenta la vanidad de vuestros juramentos, pero sí tendrá en cuenta la intención de vuestros corazones. Alá es indulgente, benigno.

En esta aleya se explica que Alá no llamará al musulmán para que explique la irreflexión y/o falsedad de sus juramentos, sino que se tendrá en cuenta la intención del corazón. 

Alá es el más astuto, y el mejor y más rápido en intrigar, maquinar,  enredar

Si bien es cierto que el Corán afirma que Alá es el más veraz

Corán 22:6: Esto es así porque Alá es la Verdad, …

Corán 4:87: ¡Alá! No hay más dios que Él! Él ha de reuniros para el día indubitable de la Resurrección. ¿Y quién es más veraz que Alá cuando dice algo?

Corán 4:122:A quienes crean y obren bien, les introduciremos en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos, en los que estarán eternamente, para siempre. Promesa de Alá. Verdad ¿Y quién es más veraz que Alá cuando dice algo?

También no es menos cierto que el mismo Corán afirma que Alá, cuando quiere, es el más astuto, y no dice la verdad.


Corán 3:54:E intrigaron y Alá intrigó también. Pero Alá es el Mejor de los que intrigan.

Corán 8:30: Y cuando los infieles intrigaban contra ti para capturarte, matarte o expulsarte. Intrigaban ellos e intrigaba Alá, pero Alá es el Mejor de los que intrigan.

Corán 10:21:Apenas hacemos gustar a los hombres una misericordia, después de haber sufrido una desgracia, al punto intrigan contra Nuestros signos. Di: «¡Alá es más rápido en intrigar!» Nuestros enviados toman nota de vuestra intriga.

La palabra árabe utilizada en estas aleyas por intrigaes Makara, que significa literalmenteel enredo, el no decir la verdad, la maquinación. 

Tomados en conjunto estos versículos se interpretan en el sentido de que hay circunstancias en las cuales un musulmán puede sentirse «obligado» a enredar, engañar, para un propósito mayor.

Si Alá enreda a los incrédulos, cuando le conviene o le interesa,  el Corán por ende, permite a los musulmanes hacer lo mismo con los infieles. 

Los Hadices permiten enredar, engañar 

ElImam Abu Hammid Ghazali dice: “Hablar es un medio para alcanzar objetivos Si un loable objetivo es igual de alcanzable a través de la verdad o la mentira, es ilegal conseguirlo mintiendo, porque no es necesario hacerlo. 
Cuando es posible conseguir ese [loable] objetivo mintiendo, pero no lo es a través de la verdad, es lícito mentir  si el logro del objetivo está permisible”. 

Ahmad ibn Naqib al-Misri, The Reliance of the Traveller, translated by Nuh Ha Mim Keller, Amana Publications, 1997, section r8.2, page 745)

Bujari Volumen 3, Libro 49, Número 857 Um Kulthum bint Uqba narró[1]

Ella oyó esto que dijo el Apóstol de Alá:«El que hace la paz entre los pueblos inventándose una buena información o diciendo cosas buenas, no es un mentiroso.»

Está permitido mentir, cuando el fin justifica los medios.

Bujari Volumen 4, Libro 52, Número 269 Jabir bin Abdulá narró[1]: “El Profeta dijo:La guerra es engaño.”

El contexto de este hadiz es el asesinato de Usayr ibn Zarim y sus treinta hombres desarmados por los seguidores de Muhammad después de haberles garantizado el paso seguro.

Bujari Volumen 5, Libro 59, Número 369, Jabir bin ‘Abdullah[1]narrael asesinato delpoeta,Ka’bbinal-Ashraf, ante la insistencia de Muhammad.Los hombresque se ofrecieron parael asesinatoutilizaronla falta de honradezpara ganarse la confianzaKa’b, pretendiendo quese habían vuelto contraMuhammad. Esto hizo salir a la víctima de su fortaleza, y entonces fue brutalmente asesinado a pesar de luchar ferozmente por su vida.

Bujari Volumen 9, Libro 84, Número 64-65 Ali confirma [1]que la mentira está permitida con el fin de engañar a un enemigo.

“Cada vez quete digouna narración del Apóstol de Alápor Alá, yo preferiría caerdel cieloqueatribuirleuna declaración falsa, pero site digo algoentre tú y yo, entonces se trataba efectivamente deun truco(es decir, puedo decir cosas falsas  sólo paraengañar ami enemigo). No dudo de haber oído al Apóstolde Aládecir: …”

Bujari Volumen 5,  Número 668  Zahdam narró:

Cuando Abu Musa llegó (a Kufa como gobernador) honró a esta familia de Jarm (visitándola). Yo estaba sentado cerca de él, y él estaba comiendo pollo en el almuerzo, y había un hombre sentado entre la gente. Abu Musa invitó al hombre a la comida, pero éste le dijo: «Vi a los pollos comer algo sucio por lo que los considero impuros.» Abu Musa dijo: «¡Vamos! Vi al Profeta que comerlos (los pollos). «El hombre le contestó:» He hecho un juramento de que no voy a comer pollos. Abu Musa le dijo, ven, te diré acerca de tu juramento: “Nosotros, un grupo de gente de Al-Ash’ariyin fuimos a ver al Profeta y le pedimos que nos diera algo para montar, pero el Profeta se negó. Entonces le preguntamos por segunda vez que nos diera algo para montar, pero el Profeta hizo un juramento de que no nos daría nada para montar. Después de un tiempo, algunos camellos del botín fueron llevados al Profeta y él ordenó que nos dieran cinco camellos. Cuando tomamos los camellos, nosotros dijimos: Hemos hecho que el Profeta se olvidase de su juramento, y no tendremos éxito después de eso. Así que yo fui al Profeta y le dije: «O Apóstol de Alá, tú juraste que no nos darías nada para montar, pero nos lo has dado”. El me contestó: “Sí, porque si yo jurase algo, y más adelante veo una solución mejor que aquello, hago la solución posterior y doy una expiación por aquel juramento.”

Bujari Volumen 6, Número 138 Aisha narró: 

Que su padre (Abu Bakr) nunca rompió su juramento hasta que Alá reveló la orden de la expiación legal sobre los juramentos. Abu Bakr dijo: “Si alguna vez hiciere un juramento y después encontrase algo mejor para hacer, entonces acepto el permiso de Alá y hago lo que es mejor, y hago la expiación legal de mi juramento».

Musulmanes Libro 32, Número 6303 Humaidb.’Abdal-Rahman b.’Auf [1]informó quesu madreUmmKulthumhijadeUqbab.AbuMu’aitfue ella una de  entrelos primeros emigrantesqueprometieron lealtadal Apóstolde Alá(la paz sea con él), comodiciendoque había oídoal Mensajero de Alá(la paz sea con él)  decir: el mentirosonoes aquel quetrata delograr la reconciliaciónentre la gente yhabla bien(con el fin de evitar conflictos),oque transmitebuenas  IbnShihabdijoque no oyóquese concediese una exenciónen nadade lo quela gente hablacomomentira, perosi en tres casos:en la batalla,paralograr la

reconciliaciónentre las personasy la narración delas palabras del marido asu mujer, y la narración de lapalabras de unamujer con el marido.

Esuna forma torticera y retorcidacon el fin delograr la reconciliaciónentre ellos.

[2]  Sami Mukaram, At-Taqiyya fi ‘l-Islam (London: Mu’assisat at-Turath ad-Druzi, 2004), p. 7, author’s translation.

[3] John Calvert, Islamism: A Documentary and Reference Guide (Westport, CT: Greenwood Press, 2008),  p. 197.

[4]  https://www.meforum.org/2538/taqiyya-islam-rules-of-war

[5]  Levítico 19:11: No robaréis, ni obraréis con doblez, ni mentiréis al prójimo,  y Éxodo 20:16: No darás falso testimonio contra tu prójimo.

Deuteronomio 5:20: No digas mentiras en perjuicio de tu prójimo. 

Job 27:4: ¡jamás diré mentiras ni pronunciaré palabras falsas!

Salmos 34:13: Pues refrena tu lengua de hablar mal, y nunca digan mentiras tus labios.

Salmos 119:29:Aléjame del camino de la mentira y favoréceme con tu enseñanza.

Proverbios 4:24: Evita el decir cosas falsas; apártate de la mentira.

Samos 86:15: Pero tú, Señor, eres Dios tierno y compasivo, paciente, todo amor y verdad.

Salmos 89:8: Señor, Dios todopoderoso, todo el poder es tuyo y la verdad te rodea; ¡no hay nadie igual a ti!

Salmos 119:43:No quites de mi boca la palabra de verdad, pues he puesto mi esperanza en tus decretos.

Salmos 119:142: Tu justicia es siempre justa y tu enseñanza es la verdad.

Salmos 119:160: En tu palabra se resume la verdad; eternos y justos son todos tus decretos.

Proverbios 6:12: El hombre malvado y perverso anda siempre contando mentiras;

Números 23:19: D-s no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Si Él lo ha dicho, ¿acaso no cumplirá?, Si Él ha hablado, ¿no quedará establecido? 

Éxodo 34:6: Pasó delante de Moisés, diciendo en voz alta: –¡El Eterno! ¡El Eterno! ¡Dios tierno y compasivo, paciente y grande en amor y verdad!

Deuteronomio 32:4: Él es nuestro protector, a sus obras son perfectas, sus acciones son justas. Es el Dios de la verdad, en él no hay injusticia. ¡Él es justo y verdadero!

Y en los textos neotestamentarios de la Espístola a los Hebreos 6:18: “Dios no puede mentir”

Colosenses 3: 9:“No se mientan unos a otros”

Efesios 4:25: “Por lo tanto no mintáis más, sino que cada uno sea veraz cuando hable con su prójimo, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo”

[6] Las creencias chiítas hacia el Corán es una manifestación clásica de sus doctrinas de «Kithman» y «Taqiyya». Si uno le pregunta a un chií acerca de sus creencias sobre el Corán existente, dice que cree en su confiabilidad y autenticidad. Por otro lado, si uno mira los libros de origen de la religión chiíta, afirman que se han realizado numerosas alteraciones y eliminaciones en el Corán. Es una extraña paradoja que los chiítas deriven sus creencias básicas de los libros que refutan la autenticidad del Corán, sin embargo, afirman creer en la autenticidad del Corán. Por lo tanto, un no chiíta se ve forzado a concluir que lo que los chiítas dicen sobre la autenticidad del Corán es simplemente una manifestación de su práctica de ‘Kithman’ y ‘Taqayya’, y que en realidad no creen en la autenticidad del Qur’an existente «(Perspectivas sunitas y chiítas de EL SANTO QUR’AN, por el Dr. Ahmad Abdullah Salamah, p.1, 2; énfasis añadido)

https://www.answering-islam.org/PQ/ch1-index.htm#ch1

[7]  El siguiente Hadiz, así como los ejemplos bien conocidos de la historia del Islam, muestran claramente las enseñanzas aceptadas para los sunitas:

Prohibición de decir una mentira y los casos en lo que mentir está permitido

 (6303) Humaid b. `Abd al-Rahman b. `Auf informó que su madre Umm Kilthum … dijo que escuchó al Mensajero de Allah (que la paz sea con él) diciendo: Una mentirosa no trata de reconciliar a la gente y habla bien (para evitar una disputa) , o bien transmite. Ibn Shihab dijo que no escuchó que se concediera la exención en nada de lo que la gente habla como mentira, sino en tres casos: en la batalla, por traer la reconciliación entre las personas y la narración de las palabras del esposo a su esposa, y la narración de la palabras de una esposa a su esposo (en una forma retorcida para lograr la reconciliación entre ellos) «(Nota: todas las palabras son como aparecen en el texto; Sahih Muslim, p.1374, # 6303).

[8]   https://www.meforum.org/3181/tawriya-creative-lying-islam

http://www.academia.edu/37931061/The_Narrative_Structure_of_Ambiguity_A_Semiotic_Analysis_of_a_Tawriya-Epigram_by_Ibn_al-%CA%BFA%E1%B9%AD%E1%B9%AD%C4%81r_d._794_1392_

https://www.gatestoneinstitute.org/2898/tawriya-creative-lying-islam

[9] https://www.islam-watch.org/authors/139-louis-palme/1095-knowing-four-arabic-words-may-save-our-civilization-from-islamic-takeover.html

Por cierto ¿Como pudo mentir Alá, SI ALÁ ES LA MENTIRA? 😈🤣

Por qué los oligarcas americanos se están moviendo a la izquierda

El izquierdismo de vigilia no consiste en luchar por los intereses del hombre común. Las demostraciones ornamentales de victimismo de la política del agravio sólo ocultan la naturaleza oligárquica de este proyecto

por Instituto Mises

Para los miembros ricos de la sociedad que tienen inclinaciones izquierdistas, existe una utilidad marginal decreciente del dinero. (Archivo)

Hoy en día, no son los típicos milénials que beben café con leche los que se están volviendo locos. Si se da un paseo por las mayores áreas metropolitanas de América, se creerá que la justicia social es la última moda que está arrasando en las salas de juntas de las empresas. Se ha escrito mucho sobre el capital woke —el reciente giro de las empresas para señalar su afinidad con los movimientos de izquierda— y lo que significa para la sociedad en general. Basta decir que desde el año pasado, esta tendencia se ha acelerado a una velocidad vertiginosa.

Rascarse la cabeza con total confusión debería ser una respuesta natural a la señalización de virtudes de las empresas americanas. Hay que preguntarse por qué las grandes empresas, que tradicionalmente han sido percibidas como una institución reaccionaria alineada con la derecha política, hacen causa común con los radicales de la izquierda cultural. Aunque parezca contradictorio, las empresas y los magnates prominentes tienen muchos incentivos para subirse al carro de la señalización de la virtud.

Para las megacorporaciones, la señalización de woke es una cuestión de autopreservación para protegerse de las turbas voraces tanto en el ámbito virtual como en el físico. Es más, en una época en la que los vigilantes de los pasillos —estatales y no estatales— están al acecho en cada esquina a la espera de que los individuos cometan algún tipo de impropiedad, muchas instituciones se esforzarán por señalar su conformidad con las normas del régimen. No respetar el comportamiento aceptado por el régimen conlleva importantes costes sociales y financieros que la mayoría de las empresas no están dispuestas a asumir.

, como explicó el presidente del Instituto Mises, Jeff Deist, en una entrevista con Jay Taylor hace dos años. En pocas palabras, gastar cientos de millones en campañas que destruyen la civilización es un gasto ocasional para los principales magnates de América, que tienen mucho dinero de sobra después de cubrir sus gastos en necesidades básicas.

Cuando alguien es rico, digamos un individuo que tiene 10.000 millones de dólares, se permite el lujo de tirar el dinero en empresas antieconómicas sin perder el sueño por satisfacer sus necesidades económicas básicas. El multimillonario que encabeza un proyecto de teatro que es rechazado por el público no caerá en la pobreza por las consecuencias financieras. Puede volver a sus asuntos privados o pivotar hacia otra causa política que no sea tan divisiva. Por el contrario, para el propietario de una pequeña empresa, esa señalización de la virtud podría significar la bancarrota si su base de clientes tiende a ser de derechas o es, al menos, hostil a la señalización de la virtud culturalmente radical.

De hecho, uno de los desarrollos más perversos de las sociedades occidentales es la inclinación de los ricos a dilapidar la riqueza que han acumulado financiando todo tipo de proyectos sociales extraños. Sólo en una economía tan desarrollada, caracterizada por la hiperabundancia y los lujos sin precedentes, la gente puede dedicarse a actividades extrañas que en épocas anteriores habrían sido consideradas masoquistas y autodestructivas.

Personajes como George Soros Michael Bloomberg son un claro contraejemplo de las élites empresariales del pasado. Los dos titanes financieros se han forjado una reputación de financiar una amplia red de grupos de control de armas que se esfuerzan por aprobar leyes destinadas a infringir la capacidad de millones de personas para defenderse. Por el contrario, Bloomberg y sus homólogos oligárquicos de izquierdas se permiten el lujo de vivir en comunidades cerradas y confiar en la seguridad privada para defenderse. Para ser justos, es probable que los magnates de los negocios de épocas anteriores no fueran fervientes defensores de cuestiones políticas de cuña como los derechos de las armas, pero no se les vería lanzando con entusiasmo su peso detrás de las últimas modas políticas hacia las que gravita la izquierda en estos días.

Bolcheviques y multimillonarios

Aunque la izquierda ha cambiado su estrategia general, pasando de los conflictos clasistas a un enfoque de política de identidad en el transcurso del último siglo, existen varios puntos en común entre la izquierda contemporánea y sus iteraciones pasadas. El más importante es su origen elitista.

En su polémica obra, Wall Street y la revolución bolchevique, el historiador económico Antony Sutton descubrió el respaldo oligárquico del bolchevismo, el movimiento político más destructivo del siglo XX por el número de muertos y el caos económico que desató en los países que abrazaron sus preceptos.

En contra de la mitología que han creado los historiadores de izquierdas, el bolchevismo no fue un levantamiento espontáneo de los trabajadores, sino un movimiento de aspirantes a la élite. El propio Lenin contaba con una licenciatura en Derecho y trabajó como escritor y activista político durante su tiempo de exilio mientras vivía en Suiza, Alemania y el Reino Unido. Al igual que Karl Marx, que contaba con el fastuoso patrocinio del industrial Friedrich Engels para subvencionar sus actividades cotidianas, destacados financieros como el banquero sueco Olof Aschberg ayudaron a financiar a Lenin y a sus compatriotas revolucionarios, según revela el trabajo de Sutton.

Tal vez sea contradictorio que los pesos pesados de las finanzas apoyen a un individuo y a un movimiento que aboga por la destrucción de la propiedad privada, pero tiene sentido cuando se analiza cómo se comportan los actores económicos que buscan rentas en el contexto de la centralización del Estado.

La naturaleza intrínsecamente centralista de los sistemas socialistas, incluso cuando los responsables políticos hacen desviaciones en los márgenes, como se vio con la Nueva Política Económica de Lenin, sigue siendo atractiva para los actores financieros sin escrúpulos, que buscan explotar estas características para obtener beneficios fáciles sin tener que enfrentarse a ninguna competencia seria. Sutton observó cómo los radicales económicos y los grandes intereses financieros pueden convertirse en extraños compañeros de cama:

Los bolcheviques y los banqueros tienen entonces este importante punto en común: el internacionalismo. La revolución y las finanzas internacionales no son en absoluto inconsistentes si el resultado de la revolución es establecer una autoridad más centralizada. Las finanzas internacionales prefieren tratar con gobiernos centrales. Lo último que quiere la banca es una economía de laissez-faire y un poder descentralizado porque esto dispersaría el poder.

Del mismo modo, Ludwig von Mises reconocía en Gobierno omnipotente cómo la sal de la tierra no es la responsable de que los movimientos políticos colectivistas sean la corriente principal:

No es cierto que los peligros para el mantenimiento de la paz, la democracia, la libertad y el capitalismo sean el resultado de una «revuelta de las masas». Son un logro de los eruditos e intelectuales, de los hijos de los acomodados, de los escritores y artistas mimados por la mejor sociedad. En todos los países del mundo las dinastías y los aristócratas han colaborado con los socialistas y los intervencionistas contra la libertad.

La «wokidad» como estrategia de relaciones públicas

Además, la señalización woke tiene una función de ofuscación que las empresas y los individuos pueden utilizar para desviar la atención de su comportamiento cuestionable. En un mundo dominado por las normas de conducta woke, estos actores apuestan por la suposición de que ir en contra de la ortodoxia imperante constituye una ofensa social mayor que prestar servicios de mala calidad o participar en un comportamiento moralmente cuestionable.

En lugar de competir con otras empresas sobre la base de la satisfacción de los deseos de los consumidores, las empresas tratan de superar a las demás intentando mostrar sus credenciales de woke. Aquellos que tienen esqueletos en sus armarios probablemente encontrarán utilidad en este tipo de señalización como una forma de evitar cualquier atención no deseada. Ser woke actúa como una liberación de todas las obligaciones sociales. Al considerar la historia de su nación como fundamentalmente intolerante, los individuos y las instituciones ya no se sienten obligados a cumplir con las normas básicas de decencia y a servir a sus clientes y a la comunidad.

Teniendo esto en cuenta, no se puede subestimar el papel de la ideología en la configuración del comportamiento de los actores empresariales en la época contemporánea. A menudo se caricaturiza a los magnates empresariales como homines oeconomici cuya única preocupación es el beneficio y que ven las relaciones humanas a través de una lente exclusivamente transaccional. Esta percepción subestima el nivel de socialización que ha permeado a través de las líneas de clase en toda América.

No hay nada especial en la clase media-alta y superior que la exima de ser infectada por la ideología de la izquierda cultural. De hecho, las personas acomodadas de América crecen en entornos, desde las instituciones educativas en las que se inscriben hasta los clubes sociales en los que participan, que los exponen a las tendencias políticas y sociales dominantes. A lo largo de su desarrollo, muchos miembros de esta clase acaban siendo condicionados a aceptar la doctrina dominante establecida.

La actual cosecha de élites empresariales tiene poco en común con los titanes corporativos de la Edad Dorada, que todavía operaban dentro de los confines de la propiedad burguesa. De hecho, los valores tradicionales y la resistencia al radicalismo cultural pertenecen más bien a las clases trabajadoras y a otros americanas que no se han colocado en la cinta transportadora del PC que es el conducto contemporáneo de la educación a la empresa.

Sin embargo, una cosa es cierta: el izquierdismo de vigilia no consiste en luchar por los intereses del hombre común. Las demostraciones ornamentales de victimismo de la política del agravio sólo ocultan la naturaleza oligárquica de este proyecto.


José Niño es un escritor independiente con sede en Austin, Texas.

¿Salvaron vidas las vacunas covid?

#YoNoMeVacuno

Por Fernando del Pino Calvo-Sotelo

La respuesta político-sanitaria a la pandemia constituye el mayor escándalo de salud pública de la historia. Se basó en un engaño descomunal, pero la verdad se va abriendo paso.

Ya sabemos que ni los ilegales confinamientos ni las estúpidas mascarillas sirvieron para nada[1] salvo para enriquecer al entorno de nuestra clase política, pero ¿qué ocurre con las vacunas y terapias genéticas que se impusieron de forma voluntario-obligatoria a la población? Muchos se muestran hoy arrepentidos de haberse vacunado y preocupados por los efectos secundarios que ven a su alrededor y que empiezan a reconocer las propias empresas farmacéuticas. Estas personas deben estar tranquilas, pues el paso del tiempo disminuye la probabilidad de sufrir un efecto adverso, y deben ser indulgentes consigo mismas, pues tomaron la decisión bajo coacción y completamente desinformadas, no en balde el gremio médico les falló estrepitosamente (con escasas y valientes excepciones).

En efecto, la mayor parte de la población no se vacunó libremente, sino forzada por una inaguantable presión política y social. Primero les aterrorizaron mediante una campaña de terror mediática que les hizo creer que el covid era peligrosísimo para todos y que sólo las vacunas podían salvarles la vida. Luego fueron manipulados con sentimientos de culpa basados en una creencia supersticiosa, completamente acientífica: la vacuna no sólo te protege a ti, sino a los demás («si no te vacunas, matarás al abuelo»). Finalmente, fueron intimidados por la campaña de demonización de los no vacunados y chantajeados con el pasaporte covid, destinado a hacerles la vida imposible.

España fue uno de los países donde la dictadura sanitaria tuvo más éxito, pues se vacunó el 87% de la población, frente al 76% de Alemania, el 68% de EEUU o el 60% de Polonia[2]. Ahora, los mismos responsables políticos que forzaron a su población a vacunarse se lavan las manos afirmando cínicamente que la vacunación fue «voluntaria» y que las vacunas covid eran seguras y salvaron muchas vidas.

Vacunas poco testadas y poco seguras

Hoy pocos analistas serios dudan que estas vacunas y terapias genéticas tan poco testadas no eran seguras. No sólo se han ido documentando multitud de graves efectos secundarios isquémicos y cardiovasculares (trombosis, ictus, miocarditis, embolia pulmonar, etc.), inmunológicos y de otros tipos[3], sino que muy probablemente hayan causado la muerte de decenas de miles de personas, según sugieren los datos de farmacovigilancia de EudraVigilance y VAERS. En la siguiente tabla se muestran las muertes anuales reportadas en EEUU tras vacunarse desde 1991 hasta hoy[4]:

Los mismos que defendieron la falsedad de que las vacunas impedían el contagio y, más tarde, que impedían la gravedad y la muerte (otra falsedad, como veremos), defienden que estas cifras de mortalidad tan inquietantes pueden despreciarse: correlación no implica causalidad, dicen. Teóricamente correcto, pero ¿acaso por ello debemos descartar la tabla como si no tuviera valor informacional? ¿De qué sirve entonces la farmacovigilancia? ¿De verdad debemos considerar este gráfico normal? Evidentemente, no. En el 2021, el 33% de las muertes se produjo menos de una semana después de vacunarse. ¿Pura casualidad? Tengan en cuenta que éstas son las muertes reportadas, así que ¿cuántas serán las reales? ¿Cómo puede ser que la EMA (cómplice, como todos los reguladores, de este escándalo) acepte con naturalidad las 12.000 muertes reportadas en Europa[5] haciendo referencia a la baja proporción respecto del número de vacunados? ¿Existe algún precedente de algún medicamento del que se hayan reportado decenas de miles de muertes que no haya sido retirado del mercado?

¿Salvaron vidas las vacunas?

Ante la avalancha de efectos secundarios, la consigna es que, pese a ello, las vacunas han salvado incontables vidas y que, por tanto, la ratio riesgo-beneficio es positiva.

La evidencia científica no parece apoyar esa conclusión. Una revisión de ensayos controlados aleatorios aparecida como preprint en The Lancet concluyó que la tasa de mortalidad de los vacunados con vacunas ARNm era ligeramente superior a la de los no vacunados, sugiriendo que las vacunas no salvaban vidas o que las muertes causadas por sus efectos adversos (particularmente cardiovasculares) superaban las vidas supuestamente salvadas por ellas[6]. Su autora principal, una médico danesa, reconocía el intento de ocultación de la verdad: «Llevo en esto muchos años y sé que hay poderes por ahí que no están interesados en profundizar realmente en estos hallazgos»[7]. A pesar de ello, algunos estudios[8], ampliamente difundidos por los medios, llegaron a hablar de millones de vidas salvadas por las vacunas, pero parecían pura publicidad: el sesgo de estar financiados por la OMS, la Fundación Gates o la Alianza de las Vacunas Gavi (ligada a los propios productores de vacunas), unido a chocantes errores de bulto[9], les otorgaba una credibilidad muy baja.

En España, los propios datos oficiales también cuestionan que las vacunas fueran eficaces para prevenir la muerte por covid. Hace unos días algún medio publicó que el Ministerio de Sanidad reconocía (respondiendo a la Asociación Liberum) que el 30% de los fallecidos por covid había muerto a pesar de estar vacunado[10]. Cómo no, esta violación de la omertà fue castigada por los risiblemente llamados fact-checkers, chiringuitos promovidos por la oligarquía globalista que perfuman su analfabetismo numeral con conceptos (para ellos sofisticados) como la Paradoja de Simpson, aunque en su caso aplica más bien la paradoja de los Simpson: «Para mentir hacen falta dos: uno que mienta y otro que escuche» (Homer Simpson).

En realidad, los datos proporcionados por Sanidad, que reproducimos a continuación[11] deberían haber dado lugar a titulares mucho más audaces:

Estado de vacunaciónCasos diagnosticadosFallecidos
No vacunado5.595.65352.209
Vacunado incompleto644.9233.319
Vacunado completo6.900.23331.967
No consta774.00234.265
TOTAL13.914.811121.760

Antes de nada, esta tabla genera dudas sobre la fiabilidad de los datos suministrados. En efecto, resulta sospechoso que sobre el 28% de los fallecidos «no conste» estado de vacunación y, además, es imposible que la letalidad CFR de éstos (fallecidos/casos diagnosticados) sea del 4,4% cuando, siempre según la tabla, la letalidad de las otras categorías (CFR) es del 0,67%.

Pero demos por buenos los números. A priori, si cerca del 30% de los fallecidos por covid estaba vacunado, podríamos concluir (prematuramente) que las vacunas tenían una cierta eficacia para prevenir la muerte, no absoluta (como nos habían prometido), pero al menos sí relativa, dado que cerca del 87% de la población llegó a estar vacunada. Sin embargo, este argumento aparentemente lógico es falaz.

En primer lugar, no se pueden comparar cifras de dos períodos distintos, puesto que el porcentaje de fallecidos abarca toda la pandemia (desde principios de 2020) y el porcentaje de vacunados máximo no se alcanza hasta mediados o finales del 2022. Otra cosa sería comparar el porcentaje de fallecidos con el porcentaje medio (no máximo) de vacunación desde que empezó la distribución de vacunas, a principios del 2021.

En segundo lugar, el número de fallecidos por covid en 2020, antes de la llegada de las vacunas, asciende a casi 51.000 personas[12], prácticamente el mismo número de no vacunados de la tabla. Como para medir la efectividad de las vacunas debemos eliminar este número de fallecidos y comenzar la comparación desde el momento en que aquéllas estuvieron disponibles, podemos estimar, siendo prudentes, que entre el 50% y el 75% del total de fallecidos por covid desde principios del 2021 murió estando vacunado. Para más inri, estas personas murieron a pesar de que las variantes posteriores al año 2020 eran mucho más leves que las primeras y que había ya un porcentaje de la población inmunizada naturalmente.

En 2022 el 84% de los fallecidos por covid estaba vacunado

Otros datos oficiales abundan en las dudas sobre la eficacia vacunal. En efecto, el Ministerio de Sanidad publicó durante la pandemia actualizaciones epidemiológicas semanales en las que a partir del 2021 empezó a figurar el estado de vacunación. Quienes las seguíamos pudimos observar que la caza de brujas de los no vacunados no sólo era liberticida, sino acientífica.

Efectivamente, los medios hablaban de una «epidemia de no vacunados», pero los datos mostraban que la vacuna no protegía en absoluto contra el contagio ni detenía la transmisión[13], lo que no fue óbice para que el Tribunal Supremo avalara el infame pasaporte covid en una sentencia verdaderamente bochornosa[14]. Cuando ya fue imposible ocultar la evidencia ―a principios del 2022 cerca del 90% de los casos diagnosticados por covid eran personas vacunadas[15]―, los mismos medios pasaron a defender una nueva consigna: si bien los vacunados se contagiaban igual (o más) que los no vacunados, la inmensa mayoría de personas hospitalizadas, en la UCI o fallecidas pertenecía a la minoría no vacunada. También era mentira. Una vez más, los datos brutos del Ministerio de Sanidad de España y de otros países como Reino Unido[16] lo desmentían. Semana tras semana, el porcentaje de hospitalizados y fallecidos vacunados subía. Pronto superó el umbral del 50%, y luego del 60% y más tarde del 70%.

Finalmente, a finales de marzo de 2022, y a pesar de ofrecer tasas estimadas contradictorias, los datos del Ministerio de Sanidad mostraban que el 84% de los fallecidos por covid en los dos meses anteriores (sobre los que constaba información de vacunación) había muerto a pesar de estar vacunado con pauta completa[17]. Dado que el 85% de cobertura vacunal de la población diana no se alcanzaría hasta dos meses más tarde, el porcentaje de fallecidos vacunados durante el primer trimestre del 2022 era prácticamente idéntico al porcentaje de vacunados entre la población, lo que indicaría que la efectividad de las vacunas para evitar la muerte por covid era, en ese período, cercana a cero. Sanidad no volvió a desglosar el número de fallecidos por pauta de vacunación.

Vacunas ineficaces e innecesarias, pero muy lucrativas

Las vacunas no sólo resultaron ineficaces, sino que fueron innecesarias para la inmensa mayoría de la población para la que el covid fue siempre una enfermedad estadísticamente leve[18]: adultos sanos quizá hasta los 65 años, jóvenes, adolescentes y niños, para quienes era más leve que la gripe estacional[19]. Particularmente inmoral fue la vacunación de estos últimos. Finalmente, las vacunas también eran superfluas para quienes habían pasado la enfermedad, pues contaban con la superior inmunización natural[20].

Sin embargo, el contubernio político-mediático-farmacéutico empujó a la vacunación indiscriminada con el absurdo argumento de que la vacuna sólo funcionaba si todos estaban vacunados. Un motivo de este engaño fue, desde luego, económico ―la maximización del lucro de las empresas farmacéuticas―. Así, Pfizer, BioNTech y Moderna habrían obtenido en dos años unos 75.000 millones de dólares de beneficios[21] por la venta de un medicamento que ha sido, de lejos, el más lucrativo de la historia. Pero hubo otros motivos.

En efecto, se quiso crear un precedente de vacunación universal, que la industria farmacéutica y la siniestra OMS desean hacer recurrente, pero, sobre todo, se quiso impedir la existencia de un grupo de control para que no pudiera medirse la eficacia de las vacunas, pues la eficacia de cualquier medicamento se mide comparando los resultados de quienes reciben el tratamiento con los de quienes no lo reciben (el «grupo de control»). Así, la causa del linchamiento sufrido por Suecia cuando decidió no confinar a su población ni obligar a portar las inútiles mascarillas fue otro intento de impedir un grupo de control sobre las absurdas «intervenciones no farmacéuticas», cuya inutilidad epidemiológica quedó demostrada en parte gracias al éxito sueco.

La mayoría de la población jamás debió ser expuesta a un medicamento experimental en la que el riesgo para la salud no compensaba el beneficio potencial, como cuantificó Peter Doshi en el British Medical Journal[22]Conviene recordarlo para exigir responsabilidades y no permitir que se repita el engaño. Nunca más.

[1] Davos y la OMS: ¿una dictadura sanitaria global? (I) – Fernando del Pino Calvo-Sotelo (fpcs.es)
[2] Covid World Vaccination Tracker – The New York Times (nytimes.com)
[3] La ley del silencio (II) – Fernando del Pino Calvo-Sotelo (fpcs.es)
[4] The Vaccine Adverse Event Reporting System (VAERS) Request (cdc.gov)
[5] COVID-19 vaccines: key facts | European Medicines Agency (europa.eu)
[6] Randomised Clinical Trials of COVID-19 Vaccines: Do Adenovirus-Vector Vaccines Have Beneficial Non-Specific Effects? by Christine Stabell Benn, Frederik Schaltz-Buchholzer, Sebastian Nielsen, Mihai G. Netea, Peter Aaby :: SSRN
[7] Lancet Vaccine Study Author Says Her Data Show «Danger Signal» of Vaccine Heart Deaths – But the «Powers» Don’t Want to Know – The Daily Sceptic
[8] Global impact of the first year of COVID-19 vaccination: a mathematical modelling study – The Lancet Infectious Diseases
[9] Did Covid Vaccines Save Tens of Millions of Lives? ⋆ Brownstone Institute
[10] El Gobierno desvela que el 30% de los fallecidos por covid estaban vacunados (theobjective.com)
[11] Wayback Machine (archive.org)
[12] Actualizacion_282_COVID-19.pdf (sanidad.gob.es)
[13] Todos vacunados y todos contagiados – Fernando del Pino Calvo-Sotelo (fpcs.es)
[14] Tribunal Supremo y pasaporte covid – Fernando del Pino Calvo-Sotelo (fpcs.es)
[15] Actualizacion_585_COVID-19.pdf (sanidad.gob.es)
[16] Covid Vaccines Give Zero Protection Against Death, ONS Data Suggest – The Daily Sceptic
[17] Actualizacion_585_COVID-19.pdf (sanidad.gob.es)
[18] ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7947934/pdf/BLT.20.265892.pdf/
[19] Great Barrington Declaration (gbdeclaration.org)
[20] Past SARS-CoV-2 infection protection against re-infection: a systematic review and meta-analysis – The Lancet
[21] SOMO-Pharmas-Pandemic-Profits.pdf
[22] Serious Adverse Events of Special Interest Following mRNA Vaccination in Randomized Trials by Joseph Fraiman, Juan Erviti, Mark Jones, Sander Greenland, Patrick Whelan, Robert M. Kaplan, Peter Doshi :: SSRN

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Pablo Iglesias se lamenta por el retroceso de la izquierda y pide dibujos animados comunistas

#IglesiasParásito #PodemosBasura #CorreciónPolíticaMierda

En la opinión del socialista español, la derecha ganó la batalla cultural. Quiere que la izquierda recupere terreno mediante “instituciones culturales”.

por Marcelo Duclos

Para Iglesias la derecha ganó la batalla cultural, en ámbitos alejados a la lucha electoral de los países. (Archivo PanAm Post)

El izquierdista español Pablo Iglesias lamenta el retroceso hegemónico del socialismo en el mundo. Este escenario, que a su juicio es deplorable, obedece a una respuesta que creyó encontrar para justificar la caída: la derecha gramsciana, a la que envidia metodológicamente.

En el marco de una entrevista televisiva, el fundador de Podemos (partido que sufrió en carne propia el paso de moda de la cultura socialista) aseguró que sus rivales ideológicos entendieron mejor que las toldas políticas de izquierda las lecciones del comunista Antonio Gramsci. Es decir, valorar la importancia de la lucha cultural, que podría ser más importante que la misma lucha armada.

Para Iglesias, “la derecha” ha sido más hábil a la hora de diversificar los escenarios para el discurso, por lo que se estaría imponiendo en el marco de la batalla cultural. Para él, esto va desde las opiniones de Donald Trump hasta las críticas de espectáculos como el de la apertura de los últimos Juegos Olímpicos en Francia. Según el referente socialista, estos discursos le sirven de energía al espacio de la derecha para fortalecerse ante la opinión pública del mundo.

Para revertir la situación, Iglesias pide generar contenidos que no estén directamente ligados a la cuestión electoral, que vayan desde medios de comunicación hasta, inclusive, dibujos animados. “Hacen falta programas informativos, pero también de entretenimiento que transmitan otro tipo de valores”, aseguró.

Es probable que en la actualidad la respuesta al mainstream cultural comience a emparejar la discusión política, pero lo cierto es que, hasta no hace muchos años, casi todo el aparato de entretenimiento tenía los valores de izquierda y colectivistas que Iglesias pide. Durante la década del noventa, tras la caída del Muro de Berlín, en el marco de reformas de corte aperturista en el mundo, la cultura fue hegemónicamente izquierdista, lo que explicó en muchos países el caldo de cultivo ideal para la consolidación del denominado “socialismo del siglo XXI” en América Latina.

El actor nuevo en el escenario actual es el de las redes sociales y el de la creación de contenidos de forma autónoma e independiente. Ya no hacen falta grandes sumas de dinero para emprender una producción, ni un canal o una radio que avalen un proyecto. Hay una democracia instantánea de gente que elige lo que quiere ver de otras personas que ponen a disposición del mundo por bajo costo.

Ahora, en este contexto novedoso, lo que termina siendo elegido y fomentado es lo que el sentido común de la audiencia prefiere. Aunque la izquierda siempre arremetió contra las empresas capitalistas, lo cierto es que los canales de televisión y las grandes productoras, estuvieron pendiente de los beneficios gubernamentales y los grandes lobbies, que no siempre van de la mano de los valores “capitalistas”.

En esta discusión actual, las preferencias de las personas de a pie marcan el pulso. Lo más probable es que esto termine traduciéndose en contenidos y discursos que poco y nada tengan que ver con las banderas de la izquierda. Por eso, personajes como Cristina Kirchner o Nicolás Maduro se muestran tan nerviosos con las redes sociales.

Por lo pronto, es auspicioso que la izquierda reconozca que perdió terreno en la batalla cultural y que en la discusión pública, en todos los escenarios, se ponga en tela de juicio (a veces sin anestesia) las vacas sagradas históricas del pensamiento políticamente correcto.

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