Hola, esta vez quiero tratar un tema que está muy de moda últimamente, y que se oye mucho en los llamados “medios de comunicación” (cuando en realidad, para que haya una comunicación debe haber alguien que emita un mensaje y alguien que responda, lo que excluye a la televisión, a la prensa y a la radio). Se trata de los discursos del odio. Escuchad, no hay dictadura más totalitaria que la que afirma ser ejercida en nombre de la libertad, del amor, de la paz, de la tolerancia. Ninguna dictadura podría funcionar a las claras, por lo que necesitan muchísimas capas de maquillaje lingüístico, palabras que suenen bien al oído, que deleiten al que escucha, que haga caer en sus redes a cualquiera que no sea crítico o que no piense por si mismo. Pues eso es lo que está pasando en los tiempos actuales sin que la inmensa mayoría de la población se dé cuenta de ello. Estamos llegando al punto alarmante en el que a cualquiera que discrepa de los temas predominantes en la “opinión pública” (opinión difundida mediante el marketing masivo y asimilada sin razonar por las masas) se le tacha de realizar algo llamado un discurso del odio.
Lejos de mi intención querer propagar el sentimiento del odio. Este sentimiento puede comprenderse cuando ha sucedido algo horrible en nuestras vidas, causado por otros, por ejemplo, si han asesinado a alguien muy querido, o si han quemado nuestro hogar, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, nunca es un sentimiento que nos favorezca: lo ideal es mantenernos en un estado de calma, de serenidad sostenida. Sin embargo, el hecho de que se aplique la palabra odio a la simple discrepancia con un punto de vista predominante, es algo que no deberíamos permitir, y muy peligroso, pues nos acerca cada vez más a una dictadura ideológica, política y social.
Cuando veáis en lo sucesivo que alguien o algo (como la televisión o la prensa) habla de discurso del odio, hazte la siguiente pregunta: ¿realmente quien habla ha manifestado que desea algún mal a otras personas, o simplemente está hablando de lo que piensa?
Muy lejos de defender la libertad de expresión, quienes hablan de discursos del odio creen que hay una serie de dogmas que son incuestionables, que nunca pueden ni deben ser criticados, porque hacerlo es para ellos expresar odio. Por eso, imágenes como la siguiente no tienen ningún sentido (a veces, el supuesto discurso del odio es, precisamente, un simple uso de la libertad de expresión, aunque algunos totalitarios quieran llamarlo de otro modo):
Otra pregunta que podéis haceros es: ¿quién está cortando realmente la libertad de expresión, quién no permite hablar al otro, el que emite su opinión, aunque sea discrepante, o quien le tacha de emitir un discurso del odio por ello?
De este modo, usando el sentido común, podréis distinguir entre lo que es dar una simple opinión o punto de vista, y la ignorancia más profunda. Pongamos algunos ejemplos.
1) El feminismo.
Este es sin duda uno de los dogmas incuestionables de nuestro tiempo, si lo criticas se te califica como emisor de un discurso del odio (contra las mujeres en este caso) si no de cosas aún peores. Y sin embargo, ¿qué pasa si simplemente dudas de algunos de los postulados de este movimiento ideológico? Por ejemplo, si dudas que exista un patriarcado (pues los hombres son sometidos al mismo nivel o más que las mujeres) o de esa otra afirmación según la cual las mujeres cobran menos que los hombres en igualdad de condiciones, siendo que esto carece de datos o evidencias? Si dudas de esto, se te calificará como machista, agresor, o de odiar a las mujeres en general, o de considerarlas inferiores. Cosas todas muy distantes de la realidad, que no provienen del uso de la lógica, sino de la estupidez, y que no honra al movimiento feminista actual (le honraría más bien dar datos objetivos de lo que afirman sin alarmarse de que alguien se los pregunte).
1) La inmigración masiva a Europa.
Otro de los temas en los que se tergiversa la realidad es la inmigración de millones de personas de los inmensos continentes africano, asiático, etc, a la pequeña Europa. Muchas son las dudas o planteamientos que esto puede generar de un modo natural, pero todos serán calificados como ‘discurso del odio’ o xenofobia por todos aquellos que solo se centran en el dogma de que la inmigración es algo bueno y solidario, y que solo puede traer bien, o de que tenemos la obligación moral de aceptarlo. ¿Qué tiene que ver dudar de las ventajas de esta inmigración masiva de extranjeros a Europa con el odio personal a esas gentes? Creo yo que absolutamente nada. Pero cuidado con no estar conforme o de acuerdo con lo que está ocurriendo, con nada que tenga que ver con los extranjeros, porque ellos están “libres de crítica” como un limbo que escapa a la lógica humana, a la razón. Se esconde tras ello la ideología de que ellos son buenos y nosotros malos. Si te sales de ese patrón, serás tachado de racista, xenófobo, o fascista.
Voluntarios de la progre Caritas haciendo campaña en favor de de la diversidad y la gratuidad de las ayudas.
BD.- Vivimos inmersos en la representación continua de una formidable farsa que se ha dado en llamar “la Cultura de la Solidaridad” (así con mayúsculas). Esta ridícula comedia, que mortifica cualquier inteligencia medianamente exigente y ofende sin miramientos todo estómago normalmente constituido, consiste en loar polifónicamente sobre todos los tonos y registros la buena nueva de la fraternidad multicolor que ha de prohijar la era del amor eterno. “¡Hermanos, formenos una cadena y cantemos todos juntos: “¡We are the world, we are the childrens!” La verdadera solidaridad no puede ser esta indigna bufonada. Rechazamos sin contemplaciones esta bazofía. Cadena, que corra el agua.
La solidaridad es una actitud moral que distingue a las personas decentes, es un sentimiento superior que enaltece al que lo profesa y ennoblece al que se ha hecho merecedor de él. No es una simple demostración superficial o convencional de simpatía, es identificación activa con un igual: la solidaridad no tiene sentido de ser con los diferentes, con los “otros”. Eso es un contrasentido, un error, un imposible, o entonces estamos confundiendo la solidaridad con la compasión, la caridad, la misericordia, la piedad que toda criatura viviente, incluso la más vil, tiene derecho a reclamar. La solidaridad sólo puede darse entre miembros de una misma especie, entre componentes de una misma familia, entre las partes de un mismo todo, entre grupos afines, entre seres que profesan una comunión de intereses, se reconocen una unidad de espíritu y participan de unos valores comunes.
La solidaridad no es esa estúpida y aberrante moda de amar y ensalzar incondicional e irreflexivamente todo lo sucio y hediondo, todo lo deforme y ofensivo, todo lo ajeno y diferente, todo lo malo y lo peor que camina o se arrastra sobre la superficie de la tierra, biblia actual de una sociedad narcotizada de propaganda alienante y ebria de eslóganes huecos que se cree (que le han hecho creer) que la solidaridad es adorar sin freno ni medida las infinitas miserias y las repulsivas lacras del Tercer Mundo y sus comarcas vecinas y a colmar de atenciones a los extraños al tiempo que se impone ignorar a los hermanos. Ya decía Rousseau: “Desconfíen de esos filántropos que van a buscar lejos de su país o de sus compatriotas unos deberes que desdeñan cumplir en casa. Tal filósofo ama a los tártaros para estar dispensado de amar a sus vecinos”.
La solidaridad significa coincidencia y afinidad con aquél a quien va dirigida. No se puede ser solidario con el enemigo, el adversario, el extraño, el ajeno, o con un exponente de degradación sin cubrirse asi mismo de oprobio ni ensuciarse con la mancha indeleble de la infamía. Un acto de esa naturaleza entrañaría abdicar de la propia estatura como consecuencia de un impulso indigno y un gesto equivocado. Toda vez que los valores son expresiones del espiritu, si los valores se corrompen es porque el espíritu está corrompido. Este es el verdadero sentido de la solidaridad actualmente en boga: una perversión espiritual, una aberración moral.
Esta equivocada solidaridad es el síntoma de una profunda tara intelectual, la expresión inequívoca de un desequilibrio mental severo, la manifestación de una quiebra interior, de un extravío sin remedio, de una renuncia sin excusa, de una debilidad sin perdón, de una traición sin redención, de una capitulación sin honor.
La vocinglera moda de la presente solidaridad mediatizada en un derroche indecoroso de exhibicionismo farisaíco es, en la mejor de las eventualidades, una grosera impostura, y en todos los casos, un escándalo para la inteligencia humana, una afrenta al sentido común, una humillación para todo sentimiento elevado. Que esa encumbrada solidaridad sea celebrada como un valor supremo por la cultura dominante, seca, estéril e inhumana, habla a las claras de lo hundida y desorientada que está esta sociedad, aquejada de una devastadora subversión de los valores y ayuna de todo ideal verdadero, y volcada toda ella a una empresa de autosabotaje que es la prueba definitiva de la confusión en la que se halla. Tirar piedras a su propio tejado es la etapa última de la cretinidad, la firma auténtificada del desvario.
La mejor demostración de la falsedad de esta cacareada solidaridad es que pocas veces como hoy en España se había vivido una realidad tan huérfana de genuino hermanamiento entre compatriotas, un clima tan enrarecido de enfrentamiento entre hijos de un mismo suelo e historia, una alarmante y áspera desunión en medio de contínuas llamadas al odio entre españoles (de aquellos que quieren dejar de serlo contra los que pretenden seguir siéndolo), habiendo llegado a un grado tal de indiferencia e insolidaridad, cuando no de abierta hostilidad entre españoles de toda clase y condición, que vuelve risible y despreciable toda pretensión y exhibición de “buenas intenciones”, “amor al prójimo” y filantropía gaseosa: un festival de hipocresía travestida de ideales superiores, que es una de las peores plagas de nuestro tiempo.
Mientras la patria común amenaza ruina y nuestra casa se tambalea sobre sus cimientos corroidos por el veneno de la sedición, fuera arrecia con alegre inconciencia e insultante descaro la ruidosa cantinela de la solidaridad, el canto de todo lo extraño, la alabanza de todo lo enemigo, la exaltación del mal que nos aqueja y que nos habrá de llevar a la catástrofe.
Los medios de comunicación, en su abrumadora mayoría, son hoy un mero aparato de propaganda de la ideología progresista. La idea de que su tarea principal es informar, y que cada cabecera, cada canal, posee su propia línea editorial, que se limita a ver con el color de su cristal los hechos de los cuales nos informa diligentemente, peca de una ingenuidad totalmente injustificada. Prácticamente todos los medios no hacen apenas otra cosa que dictarnos, de manera más o menos explícita, lo que tenemos que pensar, lo que tenemos que opinar, lo que nos debe interesar o inquietar. Y prácticamente todos lo hacen en una misma dirección. Los periódicos de tendencia supuestamente conservadora se limitan en España a apoyar al Partido Popular, en la sección de política nacional; en todo lo demás, y en consonancia con la borrosa ideología de esa formación, son indistinguiblemente progresistas, sin apenas excepciones.
Estos son algunos de los principales métodos por los cuales se nos inocula la propaganda.
1) El más descarado es la mentira directa, lo que ahora está de moda llamar fake news, como si se tratara de un fenómeno nuevo que nos hubieran traído los “populismos”. No es tanto que los periodistas u otros agentes se inventen directamente hechos, o los fabriquen (que también), como que nos los sugieren sutilmente, sobre todo mediante el uso manipulador de imágenes. La imagen tiene la fuerza de un hecho incontestable, pero se puede usar, incluso sin necesidad de ningún montaje, para apoyar interpretaciones en absoluto evidentes. Así se hace con las fotografías o vídeos del deshielo estacional en regiones polares, utilizadas rutinariamente para crear alarmismo sobre el cambio climático en los espectadores profanos, que somos la inmensa mayoría. Toda imagen fuera de una adecuada contextualización objetiva (no la totalmente insuficiente y ya tendenciosa que suele aportar el pie de foto) debe siempre inspirarnos la máxima desconfianza.
2) Mucho más corriente es la confusión de opinión e información. El ejemplo paradigmático es el titular de portada de El País del 12 de setiembre de 2001, al día siguiente de los atentados islamistas contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono: “El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush”. A partir de un hecho como que unos terroristas suicidas habían estrellado varios aviones de pasajeros contra objetivos civiles y militares, provocando miles de muertos y heridos, el periódico dirigido entonces por Juan Luis Cebrián se sacó de la manga un sentimiento imaginario (estar en vilo) aplicado a un sujeto sin voz propia (el mundo) respecto a algo que no había ocurrido, y que se anticipaba a juzgar, implícitamente, con un término (represalias) más cercano semánticamente a la venganza que a la Justicia o la Defensa.
Esa utilización de falsos sujetos es un procedimiento constante y generalizado de la prensa. A veces son puramente ficticios, otras se basan en confundir a las organizaciones que se arrogan la representación de los trabajadores, los estudiantes, las mujeres o los homosexuales con estos conjuntos de personas. Se da por sentado que todos los trabajadores o todas las mujeres piensan igual, salvo que sean idiotas. Un ejemplo de ayer mismo, 7 de agosto, entre miles, leído en el Diari de Tarragona: “La comunidad hispana pide a Trump que cese su discurso antiinmigrantes.” Habitualmente, el carácter manipulador del titular se puede descubrir o al menos sospechar simplemente con leer el cuerpo de la noticia. En este caso descubrimos que la “comunidad hispana” son en realidad cuatro personas entrevistadas: tres dirigentes de asociaciones de inmigrantes y un “estratega demócrata”.
También es frecuente sugerir una interpretación con la mera elección de una palabra aparentemente inocente. Por no salirnos del sesgo sistemático que se aplica a toda noticia relacionada con el actual inquilino de la Casa Blanca, el mismo periódico local titulaba el 6 de agosto: “Trump condena ahora el racismo”. Observen las connotaciones que se introducen con un simple adverbio como “ahora”, que no aporta ninguna información objetiva: que Trump antes no rechazaba el racismo, que su postura es hipócritamente electoralista… Por supuesto, uno puede pensar que esto es así, pero para decirlo están las columnas de opinión, no los titulares de las noticias.
3) Un tercer método es la burla o caricaturización, tanto gráfica como verbal. La fuerza de este procedimiento no es en absoluto desdeñable, porque incide directamente sobre nuestras emociones, no sobre la razón. El humor, bajo su carácter innegable de saludable ejercicio crítico o de mera diversión, en ocasiones se prostituye con el fin de ridiculizar, denigrar o incluso fomentar el odio contra determinadas personas, ideas o actitudes, sin apenas necesidad de argumentos o datos. A ello contribuye eficazmente el carácter gregariamente contagioso de la risa, que refuerza eficazmente los sentimientos que se pretenden inculcar.
4) Ahora bien, el recurso más poderoso y más difícil de detectar de los medios de comunicación no se basa en lo que dicen, sino en lo que no dicen: es decir, en su selección de los hechos que “son noticia” y su constante ocultamiento de información que es imprescindible para comprender adecuadamente la realidad, en especial para situar en su justo lugar la que nos proporcionan selectivamente. Por supuesto, es imposible contarlo todo; siempre resultará inevitable seleccionar, recortar, priorizar, dadas las limitaciones humanas. Pero lo cierto es que los periodistas encuentran aquí la excusa perfecta para imponernos su visión del mundo progresista.
Pensemos en algo tan premeditado como ocultarnos la nacionalidad de los delincuentes extranjeros, o en no contabilizar delitos cometidos por mujeres, o aquellos en los que las víctimas son hombres, para alimentar la ideología de género que criminaliza al varón. O, por terminar de decirlo todo sobre Trump, reflexionemos sobre la gran cantidad de informaciones favorables al presidente americano, que se nos hurtan sistemáticamente con el fin de crear una sensación, por acumulación de noticias exclusivamente negativas y desagradables, de que se trata de un personaje impresentable, que no hace una buena, ni de obra ni de palabra.
Los ejemplos en muchos otros temas son innumerables. Para no alargarnos, recordemos sólo la cobertura del conflicto palestino-israelí, que de manera sistemática oculta la mayor parte de la violencia ejercida por los palestinos, tanto contra la población civil israelí como contra los propios palestinos, en unos casos reprimidos brutalmente por sospechas de disidencia, y en su gran mayoría utilizados por los terroristas como escudos humanos.
Hemos aportado sólo unos pocos ejemplos muy obvios de información política. Pero para comprender el alcance de la propaganda mediática progresista deberíamos analizar no sólo la información de todas las demás secciones periodísticas, en especial la cultural y la social, sino la entera industria del entretenimiento, tanto televisivo como cinematográfico. En todos estos ámbitos se transmite, como quien no quiere la cosa, y con métodos muy similares a los aquí descritos, una misma cosmovisión poscristiana, que a la postre resulta siempre anticristiana, con la que se cuestionan de manera constante y reiterativa las bases de nuestra civilización occidental.
No se trata de imaginar conspiraciones. No hay probablemente ninguna conspiración mundial y eterna, no al menos de carácter humano. Sin negar la importancia de sociedades secretas como la masonería, o el poder de ciertas organizaciones y corporaciones internacionales, o de “filántropos” como George Soros, ellos por sí solos no son la explicación de los pecados de cada uno de nosotros, de las idolatrías en las que una y otra vez cae el hombre. Son solo agentes del error, que es lo que debemos identificar y combatir realmente, más que buscar chivos expiatorios. Los intelectuales son en general progresistas, incluso de izquierdas, porque el progresismo es un error intelectual. Los intelectuales son de izquierdas de manera análoga a como los médicos, y no los profanos, son los que cometen errores médicos. No debería hacer falta decir que señalar esto no es ir contra la inteligencia o contra la medicina. Ni tampoco contra el periodismo.
Diseccionamos el programa electoral de los morados en aquellas áreas en las que se planteó su entrada en el Ejecutivo.
Pedro Sánchez escucha a Pablo Iglesias durante su intervención en la tercera jornada del debate de investidura, este jueves, en el Congreso. | EFE
Pablo Iglesias no será ministro, ni Irene Montero vicepresidenta. Al menos por ahora. En septiembre, ya veremos. Las negociaciones para un Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos han fracasado. Y sí, se ha hablado mucho de cargos y de nombres propios. Pero no podemos olvidar el contenido. Lo sustancial. Las propuestas.
Como explicanCristina LosadayAlberto Penadés, nunca ha habido un gobierno de coalición en la UE formado exclusivamente entre socialistas y comunistas. Ni siquiera aquel primer Ejecutivo de François Miterrand de comienzos de los años 80 era como éste que proyectaban Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, porque en aquel caso había otros partidos involucrados. Por una parte, parece que a los socialdemócratas europeos no les atrae demasiado la posibilidad de compartir en exclusiva el Consejo de Ministros a unos tipos poco preparados, en muchas ocasiones sin ninguna experiencia de gestión y con propuestas que ya parecían antiguas en 1989.
Desde el lado de la extrema izquierda, entrar en un Gobierno como socio minoritario puede ser un arma de doble filo: durante unos años pisas moqueta y ganas relevancia, pero también perderás la pureza ideológica ante tu electorado al que tendrás que explicar por qué se aprueban o no se aprueban determinadas medidas. Y casi siempre, en las siguientes elecciones, el socio minoritario sale trasquilado. Quizás por eso el empeño de Podemos en crear una especie de Gobierno B, en el que los ministros de uno y otro partido marchasen en paralelo, cerca pero sin tocarse.
Mientras tanto, los españoles se preguntan qué habrían hecho los ministros de Podemos si hubieran llegado al poder.Por ahora, es una incógnita. Eso sí, las peticiones de ministerios de los de Iglesias no son producto de la casualidad. Hablamos de carteras clave en el área económica, con mucho presupuesto y competencias muy relevantes. Con una enorme capacidad para intervenir el mercado, las relaciones laborales y la vida de las empresas.
Para los seguidores de Podemos, éste será un resumen de lo que España se pierde. Los que temían la llegada de la dupla Iglesias-Montero al Consejo de Ministros pensarán «de la que nos hemos librado».
Las propuestas
Dividimos las propuestas en cinco apartados. Los que corresponden con los cinco ministerios incluidos en eldocumento que filtró el PSOEcon las exigencias de Podemos. Y tomamos como referencia el programa de la formación de extrema izquierda para las elecciones del pasado abril.
– Ministerio de Trabajo, Seguridad Social y Lucha contra la Precariedad
En este punto, el objetivo está claro. Podemos quiere «derogar las dos reformas laborales, de Zapatero y Rajoy». Por aquí se intuye el primer elemento de fricción con sus posibles socios. Porque en cada punto del programa en el que se habla del tema, se asocian las reformas aprobadas en 2011 y 2013, por PP y PSOE. Tanto en lo que hace referencia al coste del despido, como en lo que tiene que ver con la negociación colectiva. Podemos quiere cargárselo todo.
De hecho, en las modalidades de contratación y coste del despido, Podemos pide ir más allá de lo que había vigente hasta 2011. No les gusta que se diga esto, pero lo cierto es que plantea un modelo de relaciones laborales más parecido al que salió del franquismo que a cualquiera que haya vigente en la Europa actual. Así, la contratación temporal sería casi imposible: se prohíben los contratos de menos de un mes, se obliga a hacer fijo a los seis meses de contrato y se amenaza con inspecciones a las empresas que despidan temporales para comprobar que no se hace para evitar hacerlos fijos.
Evidentemente, este endurecimiento contra los contratos temporales no va en la línea de promover una contratación indefinida algo más flexible (similar al contrato único propuesto por Ciudadanos), sino todo lo contrario. Podemos pide endurecer las causas de despido objetivo para hacer más complicado recurrir a esta herramienta. Por lo tanto, lo que tendríamos es un encarecimiento muy importante de la contratación, menos flexibilidad para hacer frente a imprevistos en las empresas y un mercado laboral más rígido.
Además, en este mismo sentido, Podemos propone «recuperar el poder de la negociación colectiva, devolviendo a los sindicatos la fuerza que les quitaron las reformas de Zapatero y de Rajoy», otorgando prioridad a los convenios sectoriales sobre los de empresa (más poder para las centrales sindicales frente a los sindicatos de empresa) y retomando la ultraactividad de los convenios (un arma de bloqueo para los sindicatos, que pueden exigir lo que deseen en la negociación, porque mientras no haya acuerdo, se mantiene el convenio anterior).
Pero hay más en este Ministerio. Podemos también propone una «jornada laboral de 34 horas semanales (siete horas de lunes a jueves y seis horas los viernes), sin reducción de salario, y reorganización de los tiempos de trabajo, ocio y cuidados». Puede que a algunos les suene bien, pero en realidad es un aumento de costes muy importante para unas empresas españolas que no andan precisamente sobradas en productividad y competitividad.
A los autónomos, se les promete que cotizarán por los «ingresos realmente obtenidos». En el programa electoral se asocia esta promesa a los autónomos de muy bajos ingresos que, efectivamente, verían una reducción de su cuota. A cambio, más del 85% de los trabajadores por cuenta ajena verían un incremento en lo que pagan mes a mes.
Por último (y hablamos de una selección de artículos, en el programa hay mucho más), Podemos introduce una de esas medidas que pueden pasar desapercibidas, porque suenan a lo ya escuchado, pero que tendrían un enorme impacto. Así, la formación morada propone que se considere «discriminación salarial una brecha de más del 20% en las retribuciones de las empresas, de manera que deberán justificarlas ante los tribunales». O lo que es lo mismo, cualquier empresa en la que esto ocurra (el 20% de diferencia) se considerará culpable por defecto y tendrá que demostrar su inocencia. Es decir, se invierte la carga de la prueba, con una consecuencia indeseada muy posible: habrá empresas que se pensarán mucho contratar mujeres con baja cualificación, porque sólo por tenerlas en plantilla se podría ampliar la brecha estadística y tener un problema con la inspección.
En pensiones, Podemos pide derogar la reforma de 2013 (es decir, acabar con cualquier medida de control del gasto) y subir las mínimas y no contributivas (erosionando, todavía más, el carácter contributivo del sistema). Además, propone cambiar las reglas de cálculo para que los nuevos jubilados puedan elegir los años para el cómputo de su base (de nuevo, más gasto). Y, por supuesto, eliminar los topes de cotización (sin tocar la pensión máxima, es decir, sistema todavía menos contributivo) y acabar con los incentivos fiscales a los planes de pensiones.
Por cierto, para cerrar este capítulo, una curiosidad: las políticas activas de empleo, ese conejo que se sacó de la chistera Podemos justo antes de la segunda votación, el pasado jueves, sólo tienen una mención en el programa electoral, en el apartado dedicado a los españoles que viven fuera y quieren retornar. No hay nada sobre el tema en el resto del documento ni propuestas concretas para mejorar la formación de parados o los trabajadores. Es extraño que cobrara tanta importancia a última hora.
– Ministerio de Justicia Fiscal y Lucha contra el Fraude
Detrás de este novedoso nombre (y no es el único ministerio bautizado de forma algo peculiar), lo que se esconden son las propuestas de podemos en materia de impuestos. Aquí el resumen es sencillo: los de Iglesias piden subirlos todos. O casi todos. Hay algunos productos (pocos) que verían reducido el IVA. A cambio, las principales figuras impositivas incrementarían sus tipos:
«Tipo efectivo mínimo en Sociedades del 15% sobre el rendimiento neto positivo de los grupos empresariales y del 20% para entidades financieras y empresas de hidrocarburos». A cambio, proponen una rebaja del 25 al 23% para las pymes que facturen menos de un millón de euros al año.
«Crear un impuesto para las grandes fortunas que grave los grandes patrimonios con el fin de recaudar un 1el PIB. Este impuesto sustituirá al actual impuesto sobre el patrimonio, que es inoperativo, y no podrá bonificarse por parte de las comunidades autónomas»
Subida del IRPF: por un lado, con dos nuevos tipos del 47 y el 55% para rentas superiores a los 100.000 y 300.000 euros. A esto se le suma la igualación de la tributación sobre el ahorro a los tipos de las rentas del trabajo (esto afectaría a todos, no sólo a las rentas más altas). A cambio, Podemos propone fijar el tramo más bajo del IRPF en el 18% desde el 19% actual.
Fijar «un impuesto de transaccionesfinancieras que grave las ventas brutas en el mismo día, y no solo las netas».
Establecer un impuesto a la banca que aumente 10 puntos el tipo impositivo de las entidades financieras en el impuesto sobre sociedades.
«Bajar el IVA al tipo del 4% a más alimentos y bebidas no alcohólicas, y del 10% a todos los suministros básicos (calefacción, gas, electricidad). También se bajará el IVA de los servicios veterinarios, del 21% actual al 10%, y de los productos de higiene femenina y de alimentación animal, del 10% actual al 4%».
Fijar un impuesto para operaciones de la economía digital para «empresas con ingresos anuales totales mundiales de al menos 500 millones y con ingresos en España superiores a los 3 millones».
Eso sí, aquí hay un desequilibrio: son muchas subidas tributarias, pero no especialmente importantes en términos de recaudación. A pesar de la retórica habitual, el grueso de lo que recauda el Estado llega de las clases medias, no de las grandes fortunas (que no hay muchas en España) o de las multinacionales. Si no subes los impuestos a esas clases medias, no subirás sustancialmente los ingresos.
Por eso, si combinamos estas propuestas con el resto del programa de Podemos que, como veremos, implica muchísimo más gasto, las cuentas no salen. La clave está en lo que proponen los de Iglesias en su primer punto para el Ministerio de Hacienda: derogar el artículo 135 de la Constitución, aquel que se reformó en 2011 y dice que «el Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros. Una ley orgánica fijará el déficit estructural máximo permitido al Estado y a las Comunidades Autónomas, en relación con su producto interior bruto. Las Entidades Locales deberán presentar equilibrio presupuestario». Y junto a ese artículo de la Constitución, pide derogar también la «Ley de Estabilidad Presupuestaria«.
En resumen, lo que quería Podemos es un ministro de Hacienda con las manos libres en lo que tiene que ver con el déficit. Con barra libre de gasto «social» y apenas medidas impopulares por el lado de los impuestos. Con unos números rojos disparados y sin restricciones legales a ese desequilibrio. Otro problema, y este de los gordos, para Sánchez y para el ministro de Economía al que le tocase ir a Bruselas a defenderlo ante los socios comunitarios.
– Ministerio de Transición Energética, Medioambiente y Derechos de los Animales
Éste es un tema central para Podemos. De hecho, es el que abre su programa electoral: el primer capítulo está dedicado a estos temas. ¿Y qué es lo que se proponía hacer el posible ministro designado por Pablo Iglesias? Pues intervenir en el mercado energético de una forma desconocida en nuestro país desde hace décadas: volvemos, de nuevo a un diseño que se parece más a lo que había vigente durante el franquismo que a cualquier otra cosa.
En este punto, la formación neo-comunista es coherente con lo que tradicionalmente ha propuesto la extrema izquierda y pide crear una «empresa pública de energía» que, para empezar, recupere la gestión de las centrales hidroeléctricas. Y por supuesto, intervenir en el mercado eléctrico de forma directa, entre otras cosas abaratando la factura de la luz vía decreto y escogiendo tecnologías ganadoras (con ayudas) y perdedoras.
El ministro morado tendría también el cometido de cerrar cuanto antes las centrales nucleares y las de carbón. Eso sí, con un matiz interesante: Podemos asegura que «antes de que se pierda un empleo del sector de los combustibles fósiles, se crearán dos empleos con condiciones laborales idénticas o mejores en la misma comarca y que tendrán prioridad absoluta de acceso a ellos las personas afectadas». ¿Cómo se crearán esos empleos en las comarcas mineras afectadas? ¿Quién los creará? ¿Por decreto? No hay detalles al respecto.
Por supuesto, esta lucha por un futuro «más verde» se haría con subvenciones: a la compra de coches eléctricos, a las instalaciones de renovables (pasadas y futuras), a la rehabilitación de viviendas, a las empresas que «adopten las tecnologías más eficientes», a la inversión en baterías, a las infraestructuras de recarga, a las infraestructuras ferroviarias, a la implementación de una estrategia de «reindustrialización verde y economía circular»… ¿Quién pagará todo esto? ¿A cuánto ascendería el coste? Sobre eso no se dice nada. De eso se ocuparía el ministro de Hacienda, el que quiere cargarse la Ley de Estabilidad Presupuestaria.
En este punto Podemos plantea otra propuesta que sería muy polémica, en Madrid y en Bruselas. La formación morada quiere crear un «Banco de Inversión para la Transición Tecnológica y Económica (BITTE) con el fin de asumir las principales inversiones para la transformación productiva que vamos a emprender» y «aprovechar Bankia como banco público» que atienda las «funciones sociales de la banca». ¿Un sector financiero público que disponga barra libre de crédito para lo que el Gobierno exija y sin atender a criterios comerciales? Nuestros socios en la UE, los que pusieron el dinero para el rescate financiero, algo que no hay que olvidar, seguro que tendrían bastante que decir al respecto.
– Ministerio de Derechos Sociales, Igualdad y Economía de los cuidados
En este epígrafe hay un poco de todo. Sonaba a Ministerio batiburrillo, que mezclaba dependencia, mayores, educación infantil, pobreza infantil, lucha contra la pobreza, derecho a la vivienda, juventud, familia…
En la mayoría de estos capítulos hay mucho margen para políticas de poco presupuesto (en términos relativos), algunas cedidas a las CCAA, pero con mucho impacto en la opinión pública, con grandes titulares y muy populares para el público de izquierdas: subvenciones, ayudas, programas integrales, observatorios, comisionados contra la pobreza…
Pero por encima de todo, destaca la política de vivienda. Aquí Podemos sí quería entrar a por todas. Su programa electoral implicaba una intervención radical en el mercado inmobiliario que empezaba por la exigencia de «blindar» en la Constitución el derecho a la vivienda. ¿Y esto qué significa? ¿Cómo se hace? Pues garantizando, todavía más, que el ocupante de un inmueble, no importa cuáles sean las circunstancias de esa ocupación, tendrá prioridad sobre el propietario del mismo.
De esta manera, Podemos propone «prohibir los desalojos sin alternativa habitacional»: o lo que es lo mismo, una vez que una persona o familia esté dentro de una casa, no podrán sacarla de la misma si no le garantizan otra vivienda similar (sin que eso quiera decir que tengan que pagar algo, por la primera o la segunda vivienda). En términos prácticos, esto supondría legalizar la ocupación. De hecho, supondría incentivarla hasta extremos desconocidos en ningún otro país europeo. Para tener casa gratis sólo habría que entrar en una que ya estuviese construida y hacerse fuerte allí.
Evidentemente, la formación morada no se queda ahí. También quiere meter la mano en el mercado de alquiler: obligará a los grandes tenedores a ceder sus viviendas vacías para ponerlas en el mercado en régimen de «alquiler social», aseguran que incrementará el parque público de viviendas durante toda la legislatura y prometen «garantizar un alquiler estable, asequible y seguro» limitando las causas de rescisión del contrato. Por supuesto, todo esto unido a una «intervención» decidida en el mercado para «impedir subidas abusivas mediante el control de los precios». Ningún Gobierno europeo ha planteado nunca un programa de intervención del mercado inmobiliario como éste.
Pues bien, esto es lo que lleva Podemos en su programa y lo que habría hecho en el Gobierno. Porque, además, si hay una cartera que desde el principio se dio por hecho que terminaría en sus manos, era la de vivienda.
– Ministerio de Ciencia, Innovación, Universidades y Economía Digital
Aquí Podemos rompe con todo lo anterior, al menos en lo que tiene que ver con la retórica fiscal. Para las universidades, la formación morada apuesta por la política más regresiva posible: la gratuidad total de la matrícula en la educación superior. Los ricos del pasado y los del futuro podrán acceder a un servicio de primer nivel financiado con los impuestos de todos los contribuyentes, ricos y pobres. Ni una palabra de posibles préstamos o de otras opciones similares, que garanticen la igualdad de acceso sin que esto implique cargar al contribuyente con la financiación de este servicio.
En lo que tiene que ver con Ciencia, Podemos promete convertir la «I+D+i en un puntal de nuestra economía», aumentando la inversión pública hasta el equivalente al 2% del PIB. Además, hablamos de «ayudas directas», que superarán «ampliamente a los créditos». En resumen, dinero a fondo perdido, con retorno o no. En esta misma línea, el programa incluye aumentar la inversión de la Agencia Estatal de Investigación con préstamos del citado BITTE (el nuevo banco público que plantean).
Por último, están una serie de propuestas que podríamos denominar voluntaristas acerca de los investigadores y científicos. El partido morado habla de lograr «un aumento neto de 5.000 investigadores e investigadoras cada año» y que «hasta un 75e las personas que inician una carrera científica puedan dedicarse de manera estable a la ciencia o a la educación superior». Es complicado imaginar cómo puede asegurarse esto. ¿Van a ofrecer un puesto de trabajo, sí o sí, al 75% de los licenciados en las carreras de ciencia? ¿Una nueva empresa pública para incluirlos a todos? ¿Sin más requisitos? ¿El objetivo es puramente numérico? Tampoco sobre esto hay demasiados detalles. Como no habrá ministro, por ahora quedará la incertidumbre de cómo lo habrían intentado lograr.
El primer ministro húngaro, Viktor Orban, advirtió que la crisis de inmigrantes de 2015, que vio a millones de inmigrantes principalmente musulmanes en Europa, fue solo el comienzo y una nueva ola de inmigrantes musulmanes africanos pronto podría abrumar completamente al continente. Por supuesto, se refiere a Europa occidental, con la excepción de Italia. Europa del Este (Hungría, Polonia, República Checa, Eslovaquia) ya ha cerrado sus fronteras a los invasores musulmanes.
Todo lo que experimentamos en 2015 volverá a suceder, y será más grande”, dijo el líder nacionalista al diario alemánDie Welt. “Pronto los países árabes superarán a los países europeos en población. Y aún no he mencionado África, donde pronto habrá más personas de las que puedan alimentarse “.
Orban se ha convertido en uno de los opositores más vocales de la inmigración no europea en los últimos años. En 2015, a medida que las olas de migrantes fluían desde el Medio Oriente, Orban construyó una cerca de alambre de púas y rechazó el paso de los solicitantes de asilo cuyas solicitudes fueron rechazadas. Desde entonces, se ha negado a cumplir con las cuotas de reubicación de migrantes de la UE y hacriminalizado aindividuos y ONG sospechosas de “permitir la inmigración ilegal”.
“Hungría es un país fronterizo”, dijo Orban a Die Welt. “Vivimos nuestras vidas en completa disposición. Tenemos muchos miles de soldados y policías en nuestra frontera sur “ , agregó, y advirtió que ” hoy depende solo de las decisiones del gobierno turco si los muchos millones de refugiados que están allí se dirigirán a Europa “.
A medida que avanzaba la crisis de los migrantes musulmanes, África reemplazó a Oriente Medio como la fuente de la afluencia de migrantes en Europa. Orban pidió el establecimiento de un nuevo cuerpo de ministros en Europa para tratar con cualquier futura inmigración del continente de 1.300 millones de personas.
“Se necesita crear un cuerpo separado para esto, donde solo los ministros del interior de la zona Schengen se sentarían” , explicó. “Los ministros del interior de la zona de Schengen tendrían que convertir esto en un consejo muy fuerte, donde las cuestiones que conciernen a toda la zona de Schengen se decidirían a la manera de expertos y no de políticos”.
Sin embargo, es poco probable que el liderazgo de la UE recurra a Orban en busca de asesoramiento sobre políticas. El Parlamento Europeo votó para sancionar a Hungría por las políticas contra la migración de Orban en septiembre, y actualmente se está desarrollando un impulso para expulsar al partido Fidesz del líder húngaro del grupo paraguas del Partido Popular Europeo.
El primer ministroindependiente deHungría, Viktor Orbán, del partido Fidesz, fuereelegido para un cuarto mandato en la aplastante victoria de abril, e hizo una campaña implacable a un tamborileo de la retórica xenófoba, culpando a la totalidad de los problemas de Hungría, desde su colapso educativo. Sistema de corrupción política generalizada, a los pies del migranj .
Orban, que disfruta de niveles de popularidad casi mesiánicos, se ha referido a todos los refugiados como” invasores musulmanes ”y a los inmigrantes que intentan llegar a Hungría como un ” veneno ” que su país no necesita. Alentado por el resultado de las elecciones, el gobierno de Orbán ha presentado una nueva legislación contra los migrantes, llamada de manera informalel proyecto de ley “Stop Soros”.
Hungría está construyendo o ya ha levantado cercos con guardias de seguridad armados en todas sus fronteras.
La propuesta lleva el nombre del donante estadounidense / húngaro y de la sociedad civil,George Soros, quien afirma que el Sr. Orbán está tratando de “liquidar a millones de África y Oriente Medio” para alterar la homogeneidad de Hungría.
Controversialmente, el proyecto de ley declara que cualquier ONG que “patrocine, organice o apoye la entrada o permanencia de ciudadanos de terceros países en territorio húngaro” se considerará como un “riesgo de seguridad nacional”.
Las ONG deberán obtener el permiso del ministro del interior de Hungría para continuar operando y se les ha dicho a las personas que infringen las reglas para apoyar a los migrantes de cualquier tipo que serán multadas y cerradas. Increíblemente, sus empleados también podrían enfrentarse a la cárcel
Según el Comité Húngaro de Helsinki (HHC), solo 1,216 solicitantes de asilo recibieron protección en Hungría en 2017. En el mismo año, 325,400 solicitantes de asilo recibieronprotección en Alemania, seguidos de 40,600 en Francia, 35,100 en Italia, 34,000 en Austria y 31.200 en Suecia.
JIHAD DE INMIGRACIÓN, también conocida como la invasión islámica de Europa, que fue acelerada en 2015, gracias a las políticas de Angela Merkel y las fronteras abiertas de la UE.
Necesitamos una nueva Comisión Europea comprometida con la defensa de las fronteras de Europa. Necesitamos una Comisión después de las elecciones europeas que no castigue a esos países, como Hungría, que protejan sus fronteras ”. El Primer Ministro húngaro, Viktor Orbán.
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, se comprometieron a crear un “eje contra la inmigración” destinado a contrarrestar las políticas de inmigración de la Unión Europea.
Orbán y Salvini, reunidos en Milán el 28 de agosto,prometierontrabajar junto con Austria y el Grupo Visegrad (República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia) para oponerse a un grupo pro-migrante de países de la UE liderado por el presidente francés Emmanuel Macron.
Orbán y Salvini estánbuscandouna estrategia coordinada antes de las elecciones al Parlamento Europeo de marzo de 2019 para derrotar al Partido de los Socialistas Europeos (PSE) pro inmigración, un partido paneuropeo que representa a los partidos socialistas a nivel nacional de todos los estados miembros de la UE. El objetivo es cambiar la composición política de las instituciones europeas, incluido el Parlamento Europeo y la Comisión Europea, para revertir las políticas de migración de puertas abiertas de la UE.
Salvinipropusoque la red incluya al canciller austriaco Sebastian Kurz, al líder del Partido de la Libertad Holandesa Geert Wilders, al líder del Frente Nacional de Francia Marine Le Pen, y al húngaro Orbán, entre otros. Tambiéndijoque las elecciones al Parlamento Europeo en 2019 deberían ser un referéndum sobre “una Europa sin fronteras” frente a “una Europa que protege a sus ciudadanos”.
Cómo Hungría y los otros 3 países de Visegrad se salvaron de la invasión musulmana:
Y gracias a la elección de Donald Trump, las políticas migratorias anti-musulmanas de Estados Unidos están empezando a parecerse a las de Hungría:
Grupos violentos y extremistas emprenden de manera sistemática guerras de comunicación para erosionar de forma deliberada la cohesión social de las democracias liberales consolidadas. Aprovechan que las instituciones públicas han perdido el monopolio en la creación de mensajes hegemónicos y que los medios ya no juegan el papel de mediadores para comunicarse y dialogar de manera directa con la ciudadanía.
Una innovación tecnológica revolucionó la gobernanza mundial a partir del siglo XV. La invención de la imprenta permitió reproducir, difundir y compartir ideas y conocimientos a gran escala. La razón, la ciencia y la perspectiva, que caracterizan la época de la modernidad, comenzaron a abrirse paso de manera global y forjaron movimientos culturales y políticos que transformaron la política y las estructuras de gobierno durante siglos. Las revoluciones liberales de finales del siglo XVIII —Revolución Francesa e Independencia de Estados Unidos— no pueden entenderse sin la producción y difusión de ideas políticas que permitió la imprenta. Pero, sobre todo, esta innovación tecnológica facilitó la consolidación de un modelo de gobierno que ha permanecido exitoso hasta el siglo XXI: la democracia liberal.
Seis siglos después de la gran revolución tecnológica, social y política que provocó la imprenta, el mundo debate sobre las consecuencias que está generando en la gobernanza la última gran innovación tecnológica: internet y las redes sociales. Existe la hipótesis generalizada de que un buen uso del potencial de estas nuevas herramientas de comunicación puede contribuir a perfeccionar y consolidar el modelo de democracia liberal. Sin embargo, también se está generalizando el temor de que una mala utilización de estas innovaciones puede acabar erosionando de manera irreversible tanto al modelo liberal de democracia como a la misma figura del estado-nación. Las consecuencias de este último escenario son tan inquietantes como impredecibles.
De momento existe la evidencia de que la irrupción de internet y las redes sociales ha alterado de manera considerable el escenario en el que se conformaba la opinión pública y el debate público, un elemento que según pensadores como Jürgen Habermas es la “piedra angular” de una democracia liberal. Hasta finales del siglo XX, la opinión pública se formaba mediante la interacción de tres actores perfectamente identificados: instituciones públicas, medios de comunicación y ciudadanos. Igualmente, existía un consenso al afirmar que en el proceso de creación de mensajes hegemónicos entre la opinión pública existía una relación vertical, en la que las instituciones públicas tenían más facilidades para enfocar el debate público y los medios ejercían de mediadores entre los mensajes de la administración y los ciudadanos.
Las instituciones públicas han perdido el monopolio en la creación de mensajes hegemónicos y los medios ya no juegan el papel de mediadores
La irrupción de internet y de las redes sociales, así como la democratización en el acceso a la tecnología de grabación, edición y difusión de material audiovisual, han provocado que en el siglo XXI estos modelos de configuración de la opinión pública y, por ende, de la propia cohesión de las democracias liberales quedaran obsoletos. En primer lugar, las instituciones públicas han perdido el monopolio que venían ostentando en la creación de mensajes hegemónicos y, en segundo lugar, los medios ya no juegan el papel de mediadores, puesto que nuevos agentes políticos pueden comunicarse y dialogar de manera directa con los ciudadanos sin la necesidad de tener que pasar por un mediador.
Este nuevo panorama se ha convertido en una gran oportunidad para que grupos violentos y extremistas emprendan de manera sistemática guerras de comunicación para erosionar de manera deliberada la cohesión social de democracias liberales consolidadas.
Los ex directivos de Google, Schmidt y Cohen1, ya asumieron en el año 2013 que la guerra y los conflictos violentos utilizarían las nuevas tecnologías para combatir contra los Estados en nuevos campos de batalla. Según estos autores: “La tecnología es una herramienta que genera igualdad de oportunidades y ofrece recursos muy poderosos para que las personas logren sus objetivos: algunos de ellos muy constructivos, otros de una inimaginable fuerza destructora. La verdad innegable es que la conectividad también beneficia a grupos terroristas, violentos y extremistas. La actividad terrorista del futuro incluirá aspectos físicos y virtuales, desde el reclutamiento a la implementación de actos terroristas”2.
Lo cierto es que, casi diez años antes (2005), el actual líder de Al Qaeda, Ayman Al Zawahiri, ya expresó de manera muy clara las expectativas que el nuevo panorama comunicativo estaba generando entre los grupos terroristas: “y yo os digo: estamos en una batalla, y más de la mitad de esta batalla está teniendo lugar en el terreno de los medios de comunicación. Y esa batalla en los medios es una batalla por ganar las mentes y los corazones de los miembros de la Umma”3.
Al Qaeda, desde comienzos del siglo XXI puso en marcha una ambiciosa campaña de comunicación digital destinada a elaborar productos de comunicación audiovisual de calidad y personalizados para distintas audiencias que se distribuían de manera directa a sus públicos potenciales a través de páginas web. Uno de los mejores ejemplos de esta estrategia fue la revista Inspire, lanzada en junio de 2010 con el objetivo de socializar el mensaje de Al Qaeda entre audiencias jóvenes de Estados Unidos, Inglaterra y otros países angloparlantes. El encargado de elaborar y diseñar esta revista fue precisamente un ciudadano estadounidense, con doble nacionalidad yemení, nacido en California el 22 de abril de 1971, Anwar Al Awlaki.
La estrategia de comunicación de Al Qaeda a comienzos del siglo XX permitió a este grupo terrorista comunicar sus mensajes de manera directa a sus audiencias, sin tener que depender del papel mediador de los medios de comunicación. Esto permitía al grupo terrorista no solo marcar la agenda mediática y política, sino también controlar el enfoque con el que sus mensajes impactaban finalmente entre las audiencias. Así, el uso de la tecnología facilitó que un grupo subnacional violento y extremista pudiera competir de manera directa con los estados a la hora de forjar sentimientos de pertenencia y alianzas identitarias que movilizaran a sus públicos objetivos y pudieran generar cambios de comportamiento político.
Sin embargo, la estrategia comunicativa de Al Qaeda planteaba dos importantes limitaciones. El principal obstáculo consistía en que la comunicación de este grupo terrorista era unidireccional. Es decir, los responsables de comunicación de Al Qaeda publicaban su material en internet en sus medios de comunicación propios, pero quedaban a la espera de que, de manera proactiva, los usuarios accedieran a estos contenidos. Este flujo unidireccional suponía que, en la práctica, solo accedieran a los contenidos elaborados por los terroristas públicos ya familiarizados y previamente influenciados por la dialéctica yihadista. Resultaba muy complicado para los terroristas impactar en nuevas audiencias.
La segunda limitación estaba condicionada por la escasa variedad temática de las narrativas de Al Qaeda, que pivotaban exclusivamente en torno a dos áreas: la justificación de la violencia en base a la interpretación yihadista del Islam; y el victimismo ante una supuesta guerra perpetúa de Occidente contra los musulmanes que, según la dialéctica islamista, se inició con las cruzadas y que se extendería hasta pleno siglo XXI. Esta escasez temática apenas generaba resonancia e interés en audiencias ajenas a este pensamiento, lo que limitaba la expansión ideológica y el reclutamiento en nuevos grupos sociales.
La irrupción de Estado Islámico en el año 2014 permitió superar estos retos. Los terroristas de Dáesh lograron afianzar un innovador uso de internet y de las nuevas tecnologías de la comunicación que se ha demostrado de gran eficacia para los intereses de grupos violentos y extremistas y una terrible amenaza en el largo plazo para instituciones públicas y democracias liberales.
El objetivo final de la estrategia de comunicación del Califato digital es el de quebrar la relación de confianza entre los ciudadanos y sus instituciones públicas mediante la construcción y difusión de una narrativa de construcción nacional alternativa en torno a un proyecto político totalitario y extremista. Esta propuesta comunicativa está diseñada e implementada en un proceso de cuatro pasos que se ha demostrado de gran eficacia para seducir y movilizar a decenas de miles de ciudadanos —incluso a aquellos no familiarizados previamente con la causa yihadista— en torno a un proyecto político violento que pretende sustituir al estado en el largo plazo.
Los cuatro pasos de la estrategia de comunicación digital de Dáesh son los siguientes:
Detección de las vulnerabilidades sociales y política un estado. Dáesh entendió y analizó correctamente la marginalización social, económica y política en la que se encontraban los ciudadanos suníes de Irak y de Siria en los últimos diez años. Igualmente entendió la crisis de confianza en las instituciones públicas que se estaba produciendo entre las nuevas generaciones de muchos países occidentales.
Crear una narrativa de construcción nacional. Las narrativas del autoproclamado Estado Islámico, a diferencia de Al Qaeda o de otros grupos yihadistas previos, no se centraron exclusivamente en temáticas propias del islamismo, sino que se centraron en explotar las vulnerabilidades sociales, económicas y políticas detectadas entre sus audiencias potenciales y en ofrecer una alternativa política que canalizara y movilizara a decenas de miles de ciudadanos frustrados con sus administraciones públicas. El análisis de los 1.500 vídeos publicados por el Estado Islámico desde enero de 2014 hasta diciembre de 2018 demuestra que más de la mitad de la narrativa está destinada a construir un nuevo contrato social positivo con sus públicos potenciales. El 22 por ciento de los vídeos explican su capacidad de gobernar y de gestionar servicios públicos y el 31 por ciento son entrevistas con milicianos o ciudadanos suníes que expresan las supuestas bondades de vivir en el Califato. Esta narrativa de construcción nacional se distribuye a través de productos de comunicación en diversos formatos para que puedan ser difundidos en distintas plataformas y puedan impactar en diferentes audiencias.
Creación de una red de medios propios. El Estado Islámico creó desde el año 2014 una red de empresas multimedia que trabajaban de forma coordinada y permitían difundir de manera directa y segmentada sus mensajes a diferentes audiencias. Esta red consistía en una agencia de noticias, una agencia de infografías, una revista en árabe, cuatro revistas en inglés, ruso, francés y turco, una emisora de radio, tres productoras audiovisuales generalistas y treinta cuatro productoras audiovisuales locales.
Automatización de las redes sociales. El último paso de la estrategia de comunicación del Estado Islámico consistió en la difusión de manera masiva de sus productos de comunicación a través de las redes sociales, con el objetivo de impactar en las audiencias potenciales, sin tener que esperar a que estas accedieran de manera proactiva al contenido.
Un estudio pormenorizado sobre la distribución de mensajes en redes sociales de Dáesh realizado con la empresa española Alto Analytics permitió identificar cómo el Califato utiliza para distribuir sus productos de comunicación en Twitter una media de 522 perfiles digitales que generan en torno a 1.700 tuits en aproximadamente dos horas. Los responsables de comunicación de Dáesh utilizan una media de nueve bots en cada una de sus campañas con el objetivo de lograr el máximo volumen de mensajes en el menor tiempo posible. Así mismo, es muy habitual que estos bots inserten el contenido de las campañas de Dáesh parasitando los principales hastags que son trending topic en aquellas conversaciones donde se encuentran sus audiencias principales.
Es cierto que el Estado Islámico ha sido derrotado sobre el terreno. Sin embargo, el Califato digital sigue aún activo. Los terroristas siguen siendo capaces de publicar cada mes una media de ocho vídeos, cuatro revistas y más de medio centenar de notas de prensa y comunicados. Solo en noviembre de 2018 los responsables de comunicación del Califato lograron publicar 853 enlaces con contenido a su material audiovisual en plataformas digitales comerciales disponibles abiertas para ser consultados por cualquier usuario de internet. Un mes después de la publicación de estos enlaces, el 30 por ciento de ellos permanecían aún disponibles.
La capacidad de resistencia del Califato digital representa un importante reto para la seguridad pero no es el único. Las lecciones aprendidas y el modelo de comunicación digital diseñado por este grupo terrorista han creado escuela. El grupo terrorista islamista sirio, Hayat Tahrir Al Sham, que oficialmente no está alineado ni con Al Qaeda ni con Dáesh, publicó solo durante 2018 un total de 188 campañas de comunicación, mientras que los grupos vinculados con Al Qaeda llegaron a las 146 campañas de comunicación. Gran parte de los contenidos de estos grupos terroristas, especialmente en el caso de Hayat Tahrir Al Sham, está basado en el modelo del Califato destinado a generar un nuevo contrato social con la población suní mediante la comunicación digital y el uso de las nuevas herramientas y tecnologías de la comunicación.
Gobiernos, empresas y sociedad civil afrontan un reto generacional. La tecnología se ha convertido en un arma de doble filo que, en malas manos, se ha probado como una eficaz herramienta para movilizar a decenas de miles de ciudadanos contra la base fundacional del estado-nación y la democracia liberal.
Notas
1Cohen, J, y Schmidt, E. (2014): El futuro digital. Madrid, Ediciones Anaya Multimedia
2Schmidt, E.; Cohen, J.. Op. cit., p. 151.
3Mansfield, L. (2006): His Own Words. A translation of the Writings of Dr. Ayman al Zawahiri. Nueva Jersey: TLG Publications. Pg. 214.
Bibliografía
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