Categoría: ACTUALIDAD

El hombre blandengue. Por Vicky Bautista Vidal

El hombre blandengue

«Peligrosa campaña del Ministerio ese de igualdad desigual que funciona con arreglo a desigualdades y miserias casi obsoletas»

POR: Vicky Bautista Leal en La Paseata

No voy a ser yo quien niegue a “algunas” los tiempos oscuros de la diferencia entre géneros que en la tribu terráquea hubo y que sigue existiendo en mayor medida en ciertas partes del planeta, fomentada por la ignorancia y por la comodidad de quienes han asumido la “lotería” de pertenecer al género dominante en sus, para mí mal llamadas culturas: “El hombre”. Ese algo abstracto que montó el tenderete humano y que proviene de la misma humanidad, se encargó desde el principio de ensuciar todo trato, todo acuerdo, toda necesidad entre los habitantes del mundo: La Paz debe siempre ser erradicada. El amor discriminado, las diferencias vestidas de enemistad, la muerte y el asesinato publicitados, el miedo potenciado, la inseguridad viene de fábrica debido a que ninguno tenemos ni idea consciente de que es esto y que hacemos aquí…

Llegamos a acuerdos y constituciones entre sexos, que fueron, en los comienzos, necesarios. Éramos pocos, dispersos en grupos familiares donde cada uno tenía un cometido para la supervivencia de la tribu.

Con inteligencia se dividieron las labores. El hombre, físicamente más fuerte cumplía el cometido de enfrentarse a mamuts, leones y toda clase de animales feroces para conseguir el alimento del grupo. Mientras, la mujer, cubría las necesidades manteniendo el fuego encendido, preparando las pieles, cocinando la caza, pariendo los hijos, manteniendo el orden de lo cotidiano para que la comunidad avanzase hacia adelante.

La misma mujer, la que criaba, fomentaba y alentaba en los varones que paría la “bestialidad” necesaria en el momento para cumplir con su papel de futuro proveedor “porque era lo que tenía que ser”.

Lo malo es que esos acuerdos no evolucionaron. Y cuando las necesidades fueron otras y las formas avanzaban, el mundo, que podría haber adelantado en todos los campos, mantuvo a algunos de ellos apartados del desarrollo, como la relación entre géneros, que siguió, por comodidad para uno de ellos, como en las cuevas Neandertales.

El hombre y la mujer, diferentes en su sexo por la necesidad de reproducir la especie, no supieron compensar las diferencias ni igualar derechos porque, la comodidad de unos y la inercia obligada de la mayoría de las otras, desembocaron en las culturas presentes. Algunas más desarrolladas que otras, pero sin pulir ese subconsciente colectivo y ancestral al que ayudan los procesos típicos de cada sexo en cuestión de hormonas y mecanismos corporales que exigen y que son los gobernantes de ciertos cerebros que ignoran por completo cual podría ser su verdad si decidieran permitir que el intelecto (La parte que nos diferencia de los animales) presentara ante ellos las posibilidades de dar el salto cuántico definitivo para hermanar y no separar a los seres humanos de distinto sexo pero igual alma, intelecto y sentimiento en lo que son: seres complementarios que se necesitan mutuamente.

El pobre hombre, pues de él tratamos, se encontró desde el principio de los tiempos con un papel a interpretar donde se le exigían cualidades que no tenía por qué tener.

Emocionalmente castrado en tiempos en los que se le exigía fuerza, silencio emocional y una energía que no todos disfrutaban, el hombre entrenado asumía forzosamente lo que “debía ser” y pagaba un precio común: La muerte prematura.

Tanto a causa de las guerras como por la forma de vivir insana y por el cansancio vital que debía proporcionarles “cumplir” con su cometido, mantener un grupo familiar, mostrarse viril y enérgico, disimular sus miedos y sus sensibilidades… Aparentar lo que se llamó hombría sin dejar resquicio a la debilidad e incluso a la cobardía, que los hombres no eran ni vulnerables ni lloraban.

El mundo ha estado desde siempre lleno de viudas. Se dice que se debe a que la mujer, genéticamente es más fuerte debido a que tiene que lidiar con embarazos y partos…

Seguramente sí. Pero la presión de ser macho dominante, se quiera o no y la obligación de “demostrar” para que luego el Fary no les llamase “Hombres blandengues”, consumiría a cualquiera.

El hombre, en la historia, por necesidad de su fama y de sus obligaciones se degradaba físicamente en las guerras, en su forma de vivir, de beber y de comer. Pero también le pasó factura el miedo a no estar a la altura, el exceso de responsabilidades y la educación machista, normal hasta hace no muchos años.

Se conocen los problemas de obesidad y enfermedades como la gota y la diabetes a causa de los excesos de reyes, y nobles. Sin embargo, no era el caso de los pobres que, aunque mantenían por su sexo y educación la misma forma de sentir y sentirse, eran por fuerza más frugales en todo y mantenían su salud algo más de tiempo.

Respecto al pasado machista, también es verdad que pocas madres enseñaban a su hijo a comprender al otro género, no fuera a ser que se volviera un “calzonazos”: traducción materna de hombre blandengue que de ninguna manera debía disfrutar la futura nuera. ¡Faltaría más! Porque su nenuco había nacido para ser servido, convirtiéndose ellas en servidoras sin horario y sin ayuda de marido e hijos hasta su muerte para demostrar lo muy dignas y sacrificadas en aras del antiguo sistema Neandertal que eran. Por supuesto, esperaban de las futuras mujeres de sus hijos la misma filosofía y comportamiento, como mandaba la tradición, y lo que es peor, de sus hijas también.

Tampoco recibieron muchos una mínima educación ética realmente con arreglo a sus relaciones con las mujeres y sobre todo la ética de sexo que sobrevuela a los modales y a la buena educación incluso.

– ¡Nene! ¡Caca! ¡Ahí no se poliniza! – Perdonen la broma. Pero en su verdadero contexto quiere decir, de nuevo, que la empatía entre géneros no se fomentaba, llegando a sentir muchos que tenían derecho al uso y disfrute, literalmente, de todo lo que llevase faldas. Búsquese, por ejemplo, lo que era el “derecho de pernada”: El dueño de la propiedad feudal tenía derecho a acostarse en toda boda con la novia antes que el marido, de forma que muchos campesinos eran hijos del señor del castillo. Así, por la cara y por unas leyes miserables que ya dan a entender lo que se consideraba a la mujer en épocas pasadas: botín de guerra, esclava, sustraída por piratas para venderla, violada; que lo mismo da que fuera en un harem como concubina que en una choza en el campo por soldados que la consideraban un premio a sus asesinatos.

Lo cierto es que, en lugar de igualar las relaciones entre los dos sexos, el egoísmo y la falta de formación, quisieron considerar a la mujer como un objeto, una propiedad, utilidad que debía ser vendida, otorgada como botín de guerra y esclavizada…

Si las madres eran colaboradoras necesarias mucho más lo eran los padres, que inculcaban en sus hijos desde muy niños, según la tradición, lo que “debía” ser un hombre.

Tiempos hubo en los que muchos padres, con el pretexto de hacer de su hijo un hombre, los llevaban al burdel para lanzarlos en los brazos de cualquier prostituta, lo que podía resultar un trauma enquistado para la futura vida sexual del chico o, con suerte, una lección más positiva que le ayudase a relacionarse físicamente el resto de su vida con las mujeres.

Que las cosas siguen estado así en algunos países es cierto. Que las guerras hacen emerger a la canalla atávica de violadores y abusadores, también es cierto; pero el paso del tiempo y los cambios necesarios, nos han llenado el mundo, por suerte, de “Hombres blandengues” que llevan a sus hijos al colegio, hacen la compra, las cosas de la casa y lo que se tercie sin que se les caiga la barba y el bigote y su masculinidad sufra ni un ápice. Y que lloran si están tristes y demuestran sus sentimientos sin que sus atributos viriles se descompongan o se caigan al suelo como se ve que tanto se temían nuestros ancestros, y el Fary, que no era precisamente un filósofo de alguna escuela griega ni el adalid de la actualidad.

Las cosas han cambiado, menos para las bellas durmientes que viven del ministerio de Igualdad, que parece que se durmieron un día del siglo XI y se han despertado hoy intentando reivindicar con muy poca gracia cosas que ya lo están, porque, hace mucho tiempo que las mujeres podemos salir solas y volver a casa borrachas y solas o acompañadas sin que pase gran cosa.

Que sí, existen violadores y maltratadores de género, que son, en primer término, tarados mentales que utilizan los últimos ramalazos machistas para justificar sus asesinatos por lo que en realidad son criminales. Que las “culturas” atrasadas de gente que no come jamón no ayudan, pues también, pero que el mundo dispone de grandes cantidades de hombres blandengues que van dejando de lado una historia algo siniestra.

En estos momentos no se justifica la existencia de un ministerio que debería llamarse del tiempo, porque sus “integrantas”, cuestionan las cosas como si no hubiera pasado nada desde el siglo XII, por ejemplo y considerando a todos los hombres como a esos asesinos aislados que son delincuentes y que existirán siempre hasta que la ciencia no descubra la manera de sanar cerebros con taras psicóticas o discapacidades ocultas.

Los problemas sentimentales entre hombres y mujeres normales siempre serán: “Tú me quieres, pero yo no… o viceversa. Nos querremos hasta que Dios quiera… Te dejo porque se ha acabado el amor” … Pero lo otro, lo que sí causaba dolor y aislamiento y de alguna manera, aunque en ocasiones pareciera tolerable, posesión y servidumbre, se ha disuelto, quedando dos o tres nenes de mamá, algún hombre de otra época, ya mayor, y un puñado de animales sin cerebro exigiendo servicio y pleitesía… pero, poco más…

De momento, y si algún cataclismo social o sísmico no destruye todo y la historia vuelve a empezar. ¡Que pereza!

La novela de George Orwell y lo actual

Diferentes portadas de la novela 1984 de George Orwell

1984 es una obra fuerte, pero real y no muy lejana a la actualidad.

Por Lisbeth Samaniego G.

“No estamos lejos de 1984, quien sabe si ya lo hemos estado viviendo desde el momento en que llegamos al mundo”. 

1984 es una obra fuerte pero real y no muy lejos de la actualidad. Como hemos evidenciado fue escrita en 1949, un tanto revolucionaria, y anticipatoria.

El ser humano desde el momento en que nace llega al mundo como una tabula rasa, sin conocimientos, sin ideas, sin objetivos. Al crecer vamos formándonos las ideas de los demás, las costumbres que observamos de quienes nos rodean. Somos como una cámara que va captando desde lo más minucioso hasta lo más grande.

Pero la libertad no llega a ser del todo nuestra, pero si es, lo que a lo largo de nuestra vida nos han hecho creer, siendo esto todo lo contrario a lo que se conoce como libertad. En 1984 se menciona “Al gran hermano” el cual te vigila, dando a comprender que bajo vigilancia están todos seguros. 

En la actualidad este “gran hermano” se da mediante aquellas personas que nos rodean, la sociedad que nos impide la libre expresión de ideas, la sociedad que nos impide un sueldo igualitario entre hombres y mujeres, las etiquetas, las utopías de la lucha  contra  la esclavitud femenina, la lucha contra el machismo, o como se menciona en El cuento de la criada: “Benditas sean las sumisas”  la realidad y el control en el que nos encadena la sociedad. Una lucha desde tiempos memorables e incansable sin poder ponerle un fin. 

Sí nos enseñan a ser libres, pero crecemos con cadenas; estas cadenas no son visibles debido a que se encuentran en nuestros pensamientos, en nuestra conciencia, ese algo que nos frena y ese “gran hermano” que nos vigila llamado sociedad y etiquetas.

Lo que pretenden las series como El cuento de la criada y Black Mirror es una base de 1984 que desea explicarnos la realidad que vivimos de manera desnuda ante nuestros ojos. 

“La guerra es la paz, La libertad es la esclavitud, La ignorancia es la fuerza”. 1984

“Odia y vivirás tranquilo, sé libre y te esclavizarán tus decisiones, piensa igual que los demás y serás aceptado por la sociedad”.

¿Fuerte no?, ¿real?, sí. 

Nuestra sociedad se ha caracterizado por la autonomía, por creer que el pensamiento crítico es un acto de rebeldía y un cambio de opinión una lucha inalcanzable, manteniéndonos bajo su yugo de ideales, de etiquetas, que han salido favorecidas gracias a aquellos que no han conseguido un pensamiento crítico, llegando a convertirse en una gangrena cerebral. Logrando así la sociedad una doble moral, por temor a perder su autoridad, por temor a perder a los adeptos sin pensamiento crítico ni lógico; porque los ignorantes son muchos. 

Humanos alienados, subvencionados, transparentes y culpables

A la sombra de la rémora socialista, en la urgencia de encontrar nuevos campos en los que hacer efectivas las máximas marxistas de igualitarismo, control del individuo, colectivismo y justicia social, y ante la imposibilidad de volverse de nuevo contra los ricos – aquí casi todos los somos– surgen nuevas formas de vasallaje no menos liberticidas.

POR: LUIS I. GÓMEZ

Corrían los años 1989-1990 y los marxistas de todo el mundo se hundían en su perplejidad. El socialismo real no sólo era derrotado por el odiado capitalismo, había implosionado en su propia incapacidad para generar incluso la menor de sus premisas: los pobres, los alienados, los obreros seguían siendo pobres, alienados y obreros. Eso que los “progresistas” llaman capitalismo no sólo era superior en todos los aspectos: no había alternativa.

Dondequiera que el capitalismo tendía sus redes, aumentaban el poder adquisitivo y el bienestar social de las personas, provocando la aparición de nuevos Estados de Derecho incluso allí dónde nadie osaba vaticinar, no hablo ya de promover, un movimiento de democratización (curiosamente exceptuando los países ricos en recursos naturales, en manos de las oligarquías locales). Ése y no otro es el verdadero efecto de la “globalización”. Allí donde no ha sido posible una integración en la globalización capitalista – como en buena parte de África – se mantienen la injusticia, el hambre y la pobreza como dolorosos denominadores comunes.

Del socialismo se dice que es el mejor sistema, aunque no haya logrado funcionar NUNCA en la vida real. Paradójicamente, en la misma medida que iba en aumento el bienestar social ha ido creciendo el cáncer del “Estado social”, que nos sugiere a todos la ilusión de que la socialdemocracia (la de “derechas” y la de “izquierdas”) nos libera y protege de todos los riesgos posibles en nuestras vidas. Ninguno de los teóricos y políticos del “bienestar social” ha sido capaz de despedirse de sus queridas estructuras mentales, apenas desenmohecidas con los elixires homeopáticos del 68. A la sombra de la rémora socialista, en la urgencia de encontrar nuevos campos en los que hacer efectivas las máximas marxistas de igualitarismo, control del individuo, colectivismo y justicia social, y ante la imposibilidad de volverse de nuevo contra los ricos – aquí casi todos los somos– surgen nuevas formas de vasallaje no menos liberticidas.

La redistribución de riquezas no se logra hoy mediante embargos y asesinatos de Estado, basta una política impositiva que permita controlar un número cada vez mayor de individuos y grupos subvencionados, atrapados en la trampa de una solidaridad fingida en tanto que obligatoria. El beneficiado cae ingenuo en el ardid, deja de ser dueño de su destino para convertirse en marioneta de las agencias de trabajo, cifra en las estadísticas de los centros de salud, número en los ministerios de interior y hacienda. Olvida el orgullo y el amor propio para alinearse en la cola de los que esperan, derrotados, la limosna mensual del Estado. Ya no son su trabajo, ni su talento, ni su mérito los que otorgan valor a su vida. El Estado es quien decide quién cobra más, quién menos, quién por trabajar y quién por no hacerlo. Y si tiene la osadía de ahorrar, tampoco podrá decidir quiénes son beneficiarios de su ahorro cuando fallezca: el Estado se encarga, vía impuesto de sucesiones, de designar a los agraciados, mayormente él mismo y su aparato.

Hoy no son necesarios «KGBES» ni “Stasis” para hacer de nosotros seres transparentes al arbitrario escrutinio del Estado. El miedo, bien utilizado como argumento, se ha encargado de ello. El chantaje surte su máximo efecto bajo la amenaza de violencia cuando estamos desarmados. La amenaza terrorista es usada por el Estado -monopolista de la violencia- para obligarnos a los ciudadanos -desarmados, maniatados por las leyes incluso en el ejercicio de la legítima defensa- a desnudarnos ante los voyeurs ministeriales: datos personales, videocámaras, control de lo publicado en Internet. La divisa es sencilla: renunciemos a nuestra intimidad a cambio de la protección del Estado.

Y el sentimiento de culpa. El buen socialista sabe que lo más importante para conseguir colectivizar al ser humano es la motivación. Es imprescindible disponer de una idea-motor, un lema, un objetivo común por el que “merezca la pena” luchar juntos. Hay cientos de ellas aplicables en lo local: nación, lengua, identidad. Pero en un mundo globalizado estos son conceptos demasiado limitados, por particulares. Por ello hemos retomado la vieja idea del hombre como ser malvado en sí mismo y necesitado de educación, de ilustración para liberarle de sus “culpas”. Aparecen nuevos delitos de odio, somos culpables del heteropatriarcado opresor, del neocolonialismo neoliberal, de toda el hambre y toda la pobreza en el planeta, del cambio climático… así, sin filtro.

El hombre que come carne, que ensucia el aire con su coche, que “impacta” el medio con sus fábricas es culpable. El hombre es una bestia para el hombre y es la bestia del planeta, y debemos ser conscientes de nuestra culpa, incluso si para ello tenemos que olvidar o ignorar que hemos de comer para vivir, que hemos de movernos para ganar dinero, que sin fábricas no hay ni hospitales ni comida. La solución de los problemas que genera nuestra maldad innata no puede ser abandonada en manos del individuo, ignorante y sedicioso. Ellos toman las riendas y nos muestran el camino de redención.

El humano alienado, subvencionado, transparente y culpable. Bienvenidos a un mundo feliz. El futuro a la vuelta de la esquina. Un futuro que, de hecho, ya está aquí.

Esta columna fue publicada originamente en la revista Disidentia.

Las olas de calor ni son más frecuentes ni más largas que antes en todo el mundo

La tesis de que las olas de calor son ahora más frecuentes y más largas que en el pasado es incierta, ya sea porque los datos anteriores a 1950 son escasos o se ignoran por completo.

Uno de los principales registros de olas de calor y temperaturas mundiales procede de un grupo internacional de científicos del clima y meteorólogos cuyos datos se actualizaron por última vez en 2020. Dichos datos proceden de la base de datos de temperaturas diarias del Centro Hadley de la Oficina Meteorológica de Reino Unido.

Los datos del Centro Hadley parecen apoyar la afirmación de que las olas de calor han aumentado a escala mundial desde aproximadamente 1990. Los datos también indican que las olas de calor actuales son mucho más frecuentes que durante la década de los treinta, una conclusión que contradice los datos sobre la frecuencia de las olas de calor en Estados Unidos, que cuenta con datos detallados sobre las olas de calor que se remontan a 1900.

En Estados Unidos las olas de calor eran mucho más frecuentes y más largas y calurosas en la década de 1930 que en la actualidad. La duración total anual de las olas de calor ha descendido de 11 días en la década de los treinta a unos 6,5 días en la década de 2000. El índice máximo de ola de calor en 1936 fue tres veces mayor que en 2012 y hasta nueve veces mayor que en muchos otros años.

Aunque los registros de Estados Unidos y del resto del mundo muestran un aumento de la duración total anual de las olas de calor desde 1970, el aumento en Estados Unidos es mucho menor que el nivel de los años treinta, que era de 11 días, en comparación con el nivel actual, que es de sólo unos 7 días.

La discrepancia entre los dos conjuntos de datos refleja probablemente la diferencia en el número de estaciones de temperatura utilizadas para calcular la temperatura máxima media. Los datos del Centro Hadley proceden de 942 estaciones, frente a las 11.000 de los datos estadounidenses. Para que la compilación general del Centro Hadley se considere fiable, debería probarse con el conjunto de datos de Estados Unidos, mucho más amplio.

Una característica notable de los datos de la tendencia mundial a partir de 1950 es la pronunciada variación de las olas de calor de un país a otro, que va desde un aumento de más de 4 días por década en países como Brasil, a menos de 0,5 días por década en la mayor parte de Estados Unidos y Sudáfrica, hasta una disminución de 0,5 días por década en el norte de Argentina.

Un calentamiento generalizado en todo el planeta contradice unas variaciones regionales tan acusadas en las olas de calor. Es más probable que las disparidades se deban a la insuficiencia de datos. Además, la tendencia está exagerada artificialmente porque la fecha de inicio de 1950 se encuentra en medio de un período de 30 años de enfriamiento mundial, de 1940 a 1970.

Las olas de calor de la década de los treinta en Estados Unidos se vieron agravadas por la sequía del Dust Bowl, que agotó la humedad del suelo y redujo los efectos moderadores de la evaporación. Pero no sólo el Dust Bowl experimentó temperaturas abrasadoras en la década de los treinta.

En el verano de 1930 dos olas de calor consecutivas que batieron el récord, cada una de las cuales duró ocho días, afectaron a Washington DC; mientras que en 1936, la provincia de Ontario (muy alejada de las Grandes Llanuras, donde se concentraba el Dust Bowl) vio cómo el mercurio se elevaba hasta los 43 grados centígrados en la ola de calor canadiense más larga y mortífera de la que se tiene constancia.

El “dust bowl” en Estados Unidos, durante los años treinta

El “Dust Bowl” (tazón de polvo) fue un período de fuertes tormentas de polvo que dañaron la agricultura de las llanuras y praderas que se extienden por norteamérica, desde el golfo de México hasta Canadá, impactando principalmente en Estados Unidos. Se prolongó al menos entre 1932 y 1939, y fue precedida por un largo periodo de precipitaciones por encima de la media.

FUENTE: mpr21

Carta abierta a Irene Montero, ministra de España. Por Javier Ygartua

Carta abierta a Irene Montero

«Esto que dice señora, ministra de España, es la mayor aberración que se ha pronunciado jamás en sede parlamentaria. Irene Montero dimisión»

POR: Javier Ygartua Ybarra en La Paseata

Señora Irene Montero: Dejen en paz a nuestros niños. Los niños son niños y tienen que vivir como niños, que para ser adultos ya hay tiempo.

Una ministra del Gobierno de España que ve lícitas las relaciones sexuales de un menor con una persona adulta no puede estar ni un día más al frente de un cargo público.

Cuando repasemos el legado del Ministerio de Igualdad quedará eso: menos penas para los violadores, la confusión sexo/género en las seseras, vidas de menores destrozadas, cientos de informes absurdos… y millones de euros al sumidero en una época de crisis económica.

Con meridiana claridad, señora Montero usted descubre lo que esconde una parte de esa ideología de género: la hipersexualización de los menores y la promoción de actos sexuales entre menores y mayores de edad,  corrompiendo su inocencia.

Un constitucionalista británico dijo una vez que la democracia lo puede todo, hasta cambiar un hombre en mujer. Aunque así sea, la democracia tiene que tener límites. No todo vale y en este caso ministra usted atenta contra la infancia y sus derechos.

Quieren pudrirlo todo. Ya lo he dicho muchas veces que lo que pretenden es cambiar los valores de la sociedad, en eso están y en eso consiste la agenda 2030.

Nuestros niños y niñas deben seguir siendo eso. No es posible que pretendan convertirlos en adultos cuando lo que son son niños. Ya está bien hombre ya esta bien. A mi no me sorprenden estas declaraciones ya que es a lo que lleva la degeneración que emana de sus podridas ideas. La autonomía de la voluntad sin límites mas que su propia apetencia.

Señora Montero usted sabe perfectamente lo que dice, es consciente de su discurso y eso pone los pelos de punta. Se ha propuesto destruir la infancia y va por el camino.

Sacad vuestras manos de nuestros niños y niñas. Esto que dice señora, ministra de España, es la mayor aberración que se ha pronunciado jamás en sede parlamentaria. Irene Montero dimisión.

Igualdad, igualitarismo y otros vicios

Radica en la esencia de nuestra naturaleza el ser diferentes. La genética ya nos separa y permite una clasificación. El igualitarista, además de llamarme racista, argumentaría que somos iguales en un 99%. Claro, eso es lo que nos iguala a, por ejemplo, los cerdos. No se habrá parado a pensar que la señora de al lado es genéticamente igual en un 99,99% y, sin embargo, ella puede tener hijos y él no.

POR: LUIS I. GÓMEZ

Esto de la igualdad es el cuento de nunca acabar, el producto más espectacular de la mitología postmoderna. Las cosas -los humanos- son únicamente iguales cuando enturbiamos la vista. Igualdad es ausencia de resolución. Colocamos peras y manzanas en una cesta y ya tenemos “fruta”. Todos los humanos caemos al cesto del igualitarismo y ya somos iguales. Nadie es listo, nadie tiene una nariz enorme. Vistos así, en el cesto, tras la neblina igualitarista, son imposibles el mérito, el libro, la historia. ¿De qué íbamos a hablar, disputar, si todos fuésemos “fruta”? ¿De dónde saldrían la genialidad o la excelencia? Los escritores contarían siempre la misma historia, los medios las mismas “verdades” y los historiadores el mismo cuento.

Radica en la esencia de nuestra naturaleza el ser diferentes. La genética ya nos separa y permite una clasificación. El igualitarista, además de llamarme racista, argumentaría que somos iguales en un 99%. Claro, eso es lo que nos iguala a, por ejemplo, los cerdos. No se habrá parado a pensar que la señora de al lado es genéticamente igual en un 99,99% y, sin embargo, ella puede tener hijos y él no.

Sólo somos iguales en la masa, como fans de una banda de rock, amantes del Hip-Hopp o hinchas de un club de fútbol, diluyendo nuestra individualidad. El amante de Wagner me decía: los hiphopper son imbéciles. En principio correcto, pues el wagneriano es muy libre de clasificar a quien quiera como quiera. Por otro lado, el wagneriano no es más que un adaptado, quien con semejantes afirmaciones busca fundamentalmente el aplauso de sus iguales. Esto le convierte en, cuando menos, igual de imbécil que el hiphopper, quien siempre podrá responder con un: “los wagnerianos también son imbéciles, …”.

LO INCORRECTO ES MASCULINO, BLANCO Y VIVE EN OCCIDENTE

Luego tenemos algunas denominaciones diferenciales, que, según las reglas de lo políticamente correcto, deben ser usadas por los sujetos correctos en el contexto correcto: el negro, que no significa otra cosa que “el hombre de color”, puede permitirse cambios en su autodenominación (e imponerlos a los demás) desde que es dueño de su propia denominación, algo que el pobre blanco no conseguirá jamás. Así es que un negro puede llamar “negro” a otro negro, pero un blanco no puede hacerlo. En mi caso, la cosa no funcionaría, pues mi caso no está sujeto a las sagradas reglas de la corrección política: ¿se imaginan que mañana saliese a la calle y le dijese a todo el mundo algo como “no me llame blanco, llámeme hombre descolorido, o rostro pálido”?  … aunque esto último también tiene connotaciones racistas. Ya saben, lo incorrecto es masculino, blanco y vive en occidente. Evidentemente, las mujeres son mejores, aunque sean “iguales”, blancas y vivan en occidente.

Ese poder sobre la propia autodenominación es el que también pretenden alcanzar los representantes de algunas religiones cuando rechazan cualquier crítica con la disculpa del racismo (o el multiculturalismo). Y quienes están dispuestos a aceptar ese mantra no caen en lo absurdo que resulta hablar de una raza cristiana, o católica, o musulmana, … ¿qué les parece la raza budista? Todo absurdo es posible bajo la niebla de la corrección política, desde la miopía del igualitarismo a ultranza.

EN LAS EXCELENCIAS DE LOS DEMÁS APRENDEMOS A RECONOCER NUESTRAS PROPIAS VIRTUDES Y NUESTRAS LIMITACIONES

Sólo somos iguales en nuestra libertad. En nuestra capacidad de llegar a ser todo aquello en lo que podemos convertirnos. En lo demás, nadie se parece a nadie. La igualdad no es una meta, es el principio. La única igualdad a la que aspiro es aquella que me sitúa al nivel de quien puedo llegar a ser yo. Y sólo los ignorantes y los soberbios renuncian a ello.
Todos somos diferentes y, por ello, todos somos excelentes. Quien renuncia a descubrir su propia excelencia amparado en el igualitarismo es un necio. Quien renuncia reconocer la excelencia en el otro también. En las excelencias de los demás – ¡ojo!  no sólo en los excelentes- aprendemos a reconocer nuestras propias virtudes y nuestras limitaciones.

La única igualdad que existe, que debemos proclamar y defender, es la igualdad sin excepciones ante la ley. Sigo esperando que alguien me explique por qué, que un hombre asesine con premeditación y alevosía a una mujer es peor que si una mujer asesina a un hombre con premeditación y alevosía. Sigo esperando que alguien me explique por qué alguien que gracias a su trabajo y esfuerzo y las gotas de suerte (oportunidad) que de ello se generaron no puede ser más rico (incluso infinitamente más rico) que alguien que, o bien no tuvo esa suerte, o no se esforzó lo suficiente, o simplemente no tenía las mismas cualidades que el primero.

EL DESCUBRIMIENTO DE LA EXCELENCIA EN LAS MUJERES, EN LOS DISCAPACITADOS, EN LOS HOMBRES … NO SE CONSIGUE POR LEY, NI POR MEDIO DE SUBVENCIONES

El igualitarismo es la peor forma de totalitarismo, pues niega al humano toda posibilidad de crecimiento, en tanto que nos mantiene ignorantes de nuestro virtuosismo. Si además está revestido de “solidaridad compasiva” hacia quienes – por el motivo que fuere – no son conscientes de sus propias virtudes, o no pueden desarrollarlas, genera la peor de las desigualdades: la que nace de la imposición por la cual los sujetos de dicha “solidaridad compasiva” sólo son conscientes de su minusvalía.

El descubrimiento de la excelencia en las mujeres, en los discapacitados, en los hombres … no se consigue por ley, ni por medio de subvenciones. Basta con re-conocerles como lo que son: humanos capaces de llegar a ser todo aquello en lo que pueden convertirse, que siempre será diferente a aquello en lo que yo puedo convertirme y, por tanto, nuevo y enriquecedor.

Recuerden: al final, cuando ya no veamos más que la cesta llena de “fruta”, terminaremos en smoothie, fácil de envasar, cómodo de conservar. Bueno, ya lo están haciendo.

Esta columna fue publicada originalmente en la revista online Disidentia.

El ser humano, cien por cien natural

Lo natural está de moda. Vamos al supermercado y nos encontramos con que las patatas, los zumos, los huevos, la leche de coco y hasta las barritas energéticas son cien por cien naturales -quién lo hubiera sospechado de las patatas- y en algunos casos incluso “bio”. Aún recuerdo cuando allá por los setenta y principios de los ochenta, a caballo de los movimientos neohippies, cuatro gatos reclamaban para sí mismos y los demás la vuelta al naturalismo. Hoy, incluso las centrales nucleares diseñan sus campañas publicitarias presentándose como respetuosas con el medioambiente, climaneutrales y, por lo tanto, las mejores aliadas de la naturaleza. La naturaleza es al mismo tiempo pura y sagrada, disponible y un recurso. ¿No se trata de una seria contradicción? De manera enrevesada, reaparece aquí la dialéctica entre la dominación y la liberación. El tipo de concepto de naturaleza que uno elige no solo es decisivo para cuestiones éticas o políticas, sino que también revela la cuestión de la misma naturaleza del ser humano.

Parece ser que a la hora de definir naturaleza nos ocurra lo mismo que le ocurría a San Agustín con el concepto del tiempo: sabía lo que era, siempre y cuando no le preguntaran al respecto; porque cuando trataba de explicarlo, nunca lo conseguía. Hablar de la naturaleza en la vida cotidiana es tan usual como extrañamente misteriosa cuando pensamos detenidamente en ella. La naturaleza es ambigua y un viejo concepto. En primer lugar, significa transformación, crecimiento, adaptación, desarrollo. Podríamos seguir dándole atributos y ampliando el concepto hasta convertirlo en algo tan abstracto que lo incluya todo o la nada en absoluto. Nuestra mente necesita un “algo” opuesto o al lado -o fuera- de la naturaleza para poder definirla con precisión: frecuentemente hemos recurrido a la razón, la cultura, la costumbre, Dios o incluso la tecnología. Llevamos siglos en busca de una fórmula mágica, una teoría general de la naturaleza, que nos permita mantener intacto el abismo conceptual históricamente generado en occidente entre naturaleza y cultura, o civilización si lo prefieren.

REPASANDO LA HISTORIA

El término «naturaleza» proviene del latín natura, que coincide en su significado lógico con la palabra griega physis. Bajo este concepto se coloca todo aquello que no ha sido hecho por el hombre, la techné, es decir, el arte y la artesanía, que no se consideraban algo natural. En la antigüedad, el término “naturaleza” significaba la totalidad de las cosas que se originaron sin intervención humana y existen independientemente del ser humano. Caracterizando todo el ser y el devenir, el principio orgánico está integrado en la physis / natura. Así, en Platón, el organismo se concibe como una imagen del mundo viviente. En Aristóteles, la naturaleza es el devenir de la materia, la causa de su forma y su propósito. En el caso de los estoicos, la physis se reduce a lo externo, que se distingue precisamente de la naturaleza (racional) superior del hombre: el orden moral como instancia enfrente del orden natural. En la Edad Media cristiana (occidental), la naturaleza aparece como la creación de Dios, independientemente actuante, como el verde viviente. La naturaleza humana se define desde su semejanza a Dios creador. Dios es la naturaleza creativa (natura naturans) que creó las entidades mundanas (natura naturata).

EN JEAN-JACQUES ROUSSEAU, LAS IDEAS DE LA ILUSTRACIÓN SE MEZCLAN CON LA ALABANZA DE LA NATURALEZA, Y NACE LA IDEA DE QUE EL HOMBRE SE HA ALEJADO DEMASIADO DE LA NATURALEZA

El humanismo y el Renacimiento permiten la aparición de la idea de la intervención y la viabilidad de generar naturaleza: ya sea como médico o mago, arquitecto, mecánico o alquimista, la materia se redescubre como algo esencialmente disponible para el ser humano. La comprensión moderna de la naturaleza, que surgió en el período moderno temprano, se puede identificar con dos nombres: René Descartes y Francis Bacon. «Someter a la tierra» – de acuerdo con la palabra bíblica (ver Génesis 28), Bacon equipara el conocimiento natural con su dominación. La naturaleza se convierte en  cuestionable mediante la medición y el experimento, al tiempo que se vuelve autónoma mediante la formulación de las leyes generales de la naturaleza. Déscartes hace una separación entre lo que él llama res extensa y la esfera mental. Esta separación dualista entre la mente y la naturaleza todavía es muy poderosa hoy en día. Mediante el desarrollo tecnológico y los hallazgos científicos, el ser humano ha llegado al antiguo lugar creado y está modelando demiúrgicamente la machina mundi, que se piensa que es una estructura altamente compleja pero controlable.

En Jean-Jacques Rousseau, las ideas de la Ilustración se mezclan con la alabanza de la naturaleza, y nace la idea de que el hombre se ha alejado demasiado de la naturaleza. Los románticos contribuyen como mejor saben a mitificar lo natural como lo primigenio y bueno, mientras que Alexander von Humboldt reúne la naturaleza física y moral del hombre. Más tarde, al valor estético de la naturaleza se le une un valor ético, tal como la religión lo había hecho anteriormente con la naturaleza como producto de la creación.

EL PAISAJE SUPUESTAMENTE NATURAL EN REALIDAD DEBERÍA LLAMARSE PAISAJE CULTURAL

Hoy en día se pueden identificar dos conceptos de la naturaleza en competencia: el mecanicista y el organicista. El primero, basado en la metáfora de la máquina, se caracteriza, en primer lugar, por la división sujeto-objeto, en segundo lugar, por el mecanicismo, en tercer lugar, por el experimento y, en cuarto lugar, por la relación dominación-esclavitud. En el segundo concepto, el órgano sirve como una alegoría, que contiene la idea de totalidad, organicidad, simpatía y la igualdad de todos los seres vivos. Desde ambas concepciones, sin embargo, nos encontramos con un problema nuevo: la naturaleza virgen, la pura, aquella sobre la cual la sociedad no ha trabajado aún, no existe. Desde que existe el ser humano no ha dejado de cambiar su entorno, afectando a la naturaleza. El paisaje supuestamente natural en realidad debería llamarse paisaje cultural.

EL SER HUMANO ES PARTE DE LA NATURALEZA

Hablamos de la naturaleza y nos olvidamos de nosotros mismos: nosotros mismos somos la naturaleza, parte inseparable de ella. En consecuencia, la naturaleza es algo bastante diferente de lo que sentimos cuando pronunciamos su nombre. Convertir nuestras ideas, nuestras percepciones del medio en que vivimos en principios absolutistas no nos acerca a la realidad. En absoluto.

Y, sin embargo, más allá del etiquetado de productos de consumo procedente del entorno (natural), obviamente naturales, con la marca “bio” o “cien por cien natural”, caemos una y otra vez en la tentación de deificar todo aquello que no somos “nosotros” a costa, siempre, de demonizar todo lo que nosotros hacemos. El caso de la llamada “huella ecológica” es aquí un buen ejemplo. Sus promotores describen la influencia humana en la naturaleza como intrínsecamente mala. Somos vistos como una enfermedad en el planeta. La metáfora de la huella ecológica transmite la idea de que pisoteamos la tierra con nuestras sucias botas. En consecuencia, por ejemplo, somos juzgados moralmente por el alcance de nuestras emisiones de CO2. Un viaje a Los Ángeles supone tres toneladas y media de CO2, el viaje al restaurante X kilos, el filete en el plato sigue sumando y así sucesivamente.

SI NO HUBIÉRAMOS AUMENTADO NUESTRA HUELLA ECOLÓGICA, AÚN VIVIRÍAMOS EN CUEVAS, TENDRÍAMOS UNA ESPERANZA DE VIDA DE APROXIMADAMENTE 35 AÑOS Y MORIRÍAMOS DE HAMBRE

Esta actitud hacia la existencia humana está en profunda contradicción con las ideas nacidas del humanismo y la Ilustración. Si no hubiéramos aumentado nuestra huella ecológica, aún viviríamos en cuevas, tendríamos una esperanza de vida de aproximadamente 35 años y moriríamos de hambre. La metáfora de la huella ecológica busca destruir la aspiración histórica e inspiradora de la humanidad de conseguir progreso, bienestar y libertad enfrentándose -adaptándose- a los caprichos crueles de la naturaleza.

Los promotores de este tipo de ideas son como una autoridad religiosa moderna ansiosa por controlar nuestro comportamiento. Recuerda el Galileo Galilei de Bertold Brecht, donde los pobres deben ser felices sabiendo que Dios lo quiere así y les está poniendo a prueba. En el mismo estilo, los ecoverdistas de hoy quieren que los pobres sean felices sabiendo que la naturaleza requiere de su pobreza o les exige lograr un equilibrio místico indefinible. Pero deben seguir siendo pobres.

A diferencia de los ecoverdistas, creo que deberíamos sacar a los pobres de su miseria y mejorar las vidas de todos: hacer crecer nuestras economías, aumentar nuestra huella ambiental y liberar nuestro potencial creativo y adaptativo. O, como habría dicho Francis Bacon, necesitamos dominar más la naturaleza y obligarle a revelar sus secretos.

POR: Luis I. Gómez en DESDE EL EXILIO

La conjura de los niñatos. Por Rodolfo Arévalo

«Hay niñatos en la universidad que parecen querer tener que volver a cubrir heridas de bala con vendas negras como decía la canción de Cecilia»

Rodolfo Arévalo en La Paseata

Estos días están de regreso los tontos de baba de los estudiantes, que parecen salidos de la época en que corríamos delante de los caballos de los grises por la universidad, pero sin tantas agallas, ni tanto huevos, porque los niñatos saben que no van a acabar en la dirección general de seguridad, tras unas buenas leches, saliendo ante el juez a cumplir su condena. Menos por haber impedido entrar a unos viejos a oír una conferencia de Olona, que ni siquiera milita en VOX por real decreto de Abascal, y eso que se supone que esto es una democracia.

Estos infantiles caletres no solo no saben lo que es, fue y será el comunismo sino que les parece Tope Guay ¡Jatetú!. ¡Pero qué panda de imbéciles! hemos creado tras la muerte del dictador Franco. Creo que se nos a ido la mano con los gilipolles y estamos saturados de sal pimentado comunista a diestra y a siniestra. Si estás criaturas desnortadas supieran cuantos grandes comunistas se pudrieron en las cárceles castristas, leninistas, estalinistas y de cualquier otros istas de ultra izquierda moderarían un poquito, no mucho su lengua viperina y desconocedora de lo que no sea el chupete de la chiquillada de este principio de siglo. Claro que si quieren repetir, los primeros años del siglo veinte, son libres, por estúpidos y bobos, de volver a jugar con la misma pólvora y quemarse otra vez en la mierda de sociedades en las que triunfó su ideología.

Sin ir más lejos preguntad al Putin, Stalin redivivo de la modernidad. O a los herederos de Castro o por cierto Maduro y otros. Claro que el Putin ex KGB, sabe de la barbarie y crueldades de las policías políticas de la Rusia comunista, como de las de cualquier otra “democracia por los cojones” constituidas en Repúblicas socialistas. Perdón socialistas, también por los cojones, que últimamente no se puede tener otra palabra en la boca, porque nos los están tocando continuamente.

Pero discúlpenme, debo de aclarar que solo son socialistas para los miembros del polit buró y sus esbirros. Si comparamos es lo mismo que los estudiantes o Talibanes de los países islámicos, igual de sectarios y crueles pero también igual de bobitos al servicio de una ideología que para ellos, los “estudiantes” de allí es Allah. Perdón Dios Lenin que estás bajo una losa por la gracia de Dios, poco tienes por hacer frente a una dictadura bastante peor que la tuya política, la teocracia religiosa.

Que a estas alturas del siglo XXI todavía haya memos que quieren ver las ventajas de las sociedades dictatoriales comunistas, dice muy poco del nivel intelectual de muchos jóvenes en España y por ende, de la inteligencia de la actualidad, que nos retrotrae a otras épocas más digamos cazurras. Se supone que los estudiantes son lo más granado de la sociedad, y es por esto que no me extraña en absoluto que los empresarios demócratas que hoy regentan empresas en España tengan problemas para encontrar trabajadores despabilados y valiosos por estos lares patrios. Si todos se debaten entre estertores comunistocircenses de infantilidad, no me extraña nada de nada.

Yo cuando en el setenta y ocho vote por la Constitución, creía que la caterva de imbéciles pro Estalinistas que había en España durante la guerra civil, habrían desaparecido como piojos tras un baño con vinagre extra fuerte, pero mira tu por dónde, la incombustibilidad de los bobos seguidores de la post Rusia de los Zares sigue permaneciendo y no arderá hasta que sus propios cerebros no revienten en las propias cárceles futuras de sus encumbrados dictadores comunistas.

Aquí está visto que la gente solo aprende a base de bombazos, por eso las bombas en los trenes de Atocha, de esta forma se deduce que aprender se aprende más en una guerra civil que en una democracia de lujo y fantasía de ahí el interés de estos remama huevos de repetir las agresiones que conducen la las guerras. Aprender también aprendieron del comunismo los Etarras a la hora de combatir el Estado Democrático Español y creí, mira por dónde, que la gran mayoría de los españoles habían tomado nota de lo divertido que es ver salir muertos y heridos, de las casas cuartel, de las calles, incluso niñas de cinco años de comandancias de policía nacional, que qué culpa tendrían ellas de nada, también de las vías del tren de Atocha, pero no, mira tu por dónde hay niñatos en la universidad que parecen querer tener que volver a cubrir heridas de bala con vendas negras como decía la canción de Cecilia, mujer inteligente donde las hubiera, no como otras de la actualidad militantes de grupoides feminoides, absurdoides.

Que sí majetes que sí, que basta ya de vuestras niñadas gilipollas y si queréis comunismo pedid pasaje para cualquier Edén comunista que por el mundo hay varios. Porque si pretendéis ser vosotros los mandamases, vais de culo y cuesta abajo por gilipollas. Como decía la canción de un amigo “Mequetrefe, pelo largo y gafas de intelectual, métete en tus asuntos, que tienes mucho que estudiar

Qué sociedad estamos creando en España que no nos protege de los okupas. Por Rodolfo Arévalo

«No sé qué mierda de sociedad estamos creando en España que da alas a cualquier tipo de maleantes, ladrones, corruptos u okupas»

POR: Rodolfo Arévalo en La Paseata.

Estaba viendo durante el desayuno la televisión y hablaban sobre una okupación de la vivienda, que fue denunciada por una vecina al parecer extranjera a cuyo marido propinaron los sinvergüenzas una paliza de muerte en la que le partieron un hueso con un bate de beisbol. Parece mentira que esta situación se pueda dar en la España del siglo XXI y tanto la familia afectada como la propia Guardia Civil tenga pocas herramientas para contestar de manera contundente a los allanadores, ladrones y matones.

No se si se trata de precaución por el origen étnico de los matones, para no ser tildados de racistas o xenófobos, pero lo que está claro es que esto es una usurpación de un derecho, el derecho a la propiedad, con descarado y no se puede permitir. No podemos confiar en unos políticos electos que proporcionan cobertura a estos delincuentes por inacción en legislar medidas duras y cuando digo duras, son duras, penas con privación de libertad de al menos diez años, por los perjuicios causados a las familias víctimas.

Nadie es culpable de que haya individuos que no quieran trabajar, o sin medios, que en vez de recurrir a la caridad del estado, decidan por su ley del más fuerte desproveer de vivienda, tanto habitada como dedicadas a cualquier otro uso, a personas que las han comprado con el sudor de su frente. Eso se llama CARADURA en cualquier lugar del mundo.

Esta claro que en las sociedades democráticas, no se puede acusar a nadie de tener bienes legalmente adquiridos, porque todos son libres de ganarse la vida para poder adquirirlos a su vez. Otro asunto es que haya gente que decida que por su cara bonita tiene derecho a todo, hasta de subyugar a los demás y a hacerles comulgar con ruedas de molino. Que estos asuntos queden muchas veces sin resolver, durante mucho tiempo, es inadmisible, la policía nacional o la guardia civil deberían tener derecho a intervenir expulsando del lugar ocupado a cualquiera que no pueda demostrar tener el alquiler pagado al día, y no con meses de retraso, o la propiedad del lugar.

Parece mentira que en la España del siglo XXI todavía haya que tolerar esas practicas medievales de asalto a los castillos, que como dicen los ingleses son la casa de cada cual. Algún día va a haber más que palabras por parte de alguna familia expropiada por estos sinvergüenzas con resultados que todos quisieran evitar y es entonces cuando la ciudadanía debería pedir las cabezas, no de los asaltantes o de los propietarios, si no de los políticos que con su falta de legislación y severidad lo hayan permitido.

Véase entre otros la ultra izquierda a los que parece que la propiedad les causa urticaria, salvo que se trate de la suya. Que se lo cuenten a Pablo Iglesias con su casa de Galapagar. Yo si fuera uno de esos afectados me encargaría de hacer el listado de propiedades de algunos políticos que parecen gustar de la ocupación y poner esa información a la libre disposición de los caraduras que okupan, para darles algo en que entretenerse. Si esto fuera así el tema se terminaba en unos pocos días. Si esto se hiciera así, las leyes contra ocupas se volverían duras y la policía y la guardia civil podrían actuar en minutos sin mayor preocupación.

No sé qué mierda de sociedad estamos creando en España que da alas a cualquier tipo de maleantes, ladrones o corruptos sin que parezca que se les caen los anillos a las bien asentadas posaderas de políticos de todo el espectro parlamentario. Recuerdo que hubo un asalto al Congreso hace años, pero sigan legislando así señores Parlamentarios y o generan otro asalto al Parlamento o cosas peores porque los ciudadanos legales que cumplen la ley se están empezando a hartar, y bastante, raro será que no empiecen a caerles palos de todo tipo encima a los diputados que permiten estas guarradas, nunca mejor dicho.

O Europa acaba, por vía policial con todos estos problemas, sin mayores complejos o veremos, tanto en estos casos, como en los temas de inmigración de gente que no se amolda a la sociedad que les acoge de la ley del Talión. Puedo asegurarles que las personas, todas, tienes su límite y al final algunos van a preferir matar y vivir seguros en las cárceles y no como el vecino apaleado brutalmente por los ocupas caraduras. Ya que estos no van a la cárcel, debería el estado crear cárceles de acogida para las personas que pierdan sus viviendas a manos de la hez de la sociedad. Nos va a salir por un congo, pero peor es que haya muertos cualquier día y no solo de la parte agredida, sino también de la parte agresora, porque cuando el estado no defiende al ciudadano este no tiene nada que perder defendiéndose a sí mismo, y habrá que ver quiénes son los jueces que se atrevan a mandar a la cárcel a individuos que hagan cualquier majadería por recuperar sus bienes y su vida. Mediten esto parlamentarios, jueces, y policías, variopintos. ¿Queremos que el siglo veintiuno se convierta en el medievo dos? Ustedes mismos.

OBSERVANDO UN PERVERSO SISTEMA CERRADO

El profundo problema de las personas, comunidades, que priorizan valores morales, respeto de derechos individuales, es que son víctimas.

No pueden detectar el nivel de deshumanismo, maldad, perversión, sadismo, de los psicópatas en el poder, por cuestiones profundas y graves.

Algo en sus mentes, en sus genes, les impide ver. Y por eso proyectan sus parámetros citados, en la imaginaria posibilidad de que estos degenerados de La Creación, malnacidos, «comprendan» y sean buenos, los traten bien, justamente, mañana.

Se indignan diariamente como expresión crónica y esquizofrénica circular, de las nuevas barbaridades, ilegalidades y la conocida lista de brutalidades del gobierno y la política toda, contra ellos.

Ese nivel de ceguera, proyección ficticia, es en realidad de una estupidez sin límites para quienes comprendemos la profundidad del mal, su absoluta ausencia de empatía, de los que – al ser psicópatas – necesitan el poder como su ecosistema natural. Y así lograr depredar, esclavizar a aquellos que se entregan de manera ciega, inconsciente a su sometimiento gracias a un sistema deformado y deforme llamado «democracia», «gobierno». Que aceptan como necesario gracias a otro programa-defecto en sus genes/mentes: la fantasía de «la autoridad».

Y decimos «fantasía» porque esos criminales – sus amos – no son poseedores de real autoridad, autoridad natural, sino seres que ese sistema por ellos deformado y aceitado, les permite «llegar»: Los peores de la población tienen su paraíso en todo el engranaje político-gubernamental y de ese modo, tipos criminales de diverso grado e índole, vagos, improductivos, mentirosos, manipuladores, pueden soñar en ser mañana «señor presidente», «señor diputado», «señor intendente», etc. etc.

Y sus víctimas en el llano, aceptando todo gracias a esa condición nata, más el adoctrinamiento escolar, el de los medios masivos (herramienta del poder para mentir, ocultar, programar), los hace totalmente inermes. Más allá de berrinches, manifestaciones, publicaciones, que no son más que la catarsis del impotente.

Por todo esto, es «normal» y no de sorprender a aquellos que observamos esta moneda de dos caras entre víctimas y victimarios e intentamos «despertarlos», que se nieguen a ello e incluso nos acusen de todo tipo de estupideces imaginarias, a su nivel. (Individuo Libre)