Mes: julio 2023

El comisario Thierry Breton lanza la Ley de Servicios Digitales

Europa vuelve a la censura. Será el poder el que decida quién odia y quién miente.

El comisario de Mercado Interior Thierry Breton no ha dudado en promulgar los nuevos mandamientos progresistas que permitirán borrar aquellos sitios de Internet que no gusten al poder

POR Eulogio López

Sé que la sociedad actual tiene unas tragaderas increíbles pero resulta difícil de comprender por qué nadie levanta la voz cuando la censura que viene ya es paneuropea. El misil se llama Ley de Servicios Digitales y es inminente.

El comisario de Mercado Interior Thierry Breton no ha dudado en promulgar los nuevos mandamientos progresistas que permitirán borrar aquellos sitios de Internet que no gusten al poder. Y ojo: no hablamos de los derechos y libertades habituales sino de odio y de bulos.

Delitos de odio: la carga de la prueba se invierte: que el acusado demuestre que no odia. Es decir, imposible y estúpido, pero penado en España con condenas que pueden alcanzar los cuatro años de prisión. En cuanto la ley -insisto, paneuropea- entre en vigor se podrá censurar cualquier sitio que, según los lobbies que marcan cómo debemos vivir, considera que promocionan el odio: censurado.

Y luego está lo de los bulos. Por lo  general, cuando el poder se mete a perseguir bulos no castiga las mentiras sino las opiniones que no le gustan y cualquier postura políticamente incorrecta. Es decir, que niegue las mentiras que el poder propaga como verdades.

Lo más curioso es que hace no más de un cuarto de siglo estas obviedades no era necesario explicárselas a nadie. Un planteamiento como el de la Ley de Servicios Digitales de don Thierry Breton habría acabado con su carrera. Hoy me temo que no.

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Enchufes, endogamia, nepotismo y puertas giratorias en la ‘red internacional’ de la policía sanchista

La red clientelar policial está promovida por la cúpula policial de la Dirección General de Pardo Piqueras

Por MANUEL CERDÁN

La red clientelar de policías sanchistas en el extranjero ha sido construida gracias a una serie de enchufessituaciones de endogamianepotismo y puertas giratorias que fueron promovidas desde la cúpula policial de la Dirección General de Pardo Piqueras con la anuencia del presidente Pedro Sánchez y el ministro Grande-Marlaska.

En esa dinámica el respeto a las páginas del BOE no ha sido una máxima para el ex magistrado de la Audiencia Nacional, convertido ahora en el propietario de la cartera de Interior. Sobresalen varios casos que indignan a los integrantes del Cuerpo Nacional de Policía.

El más chirriante es el que afecta al comisario Alfredo García Miravete, que ha ocupado todos los cargos de influencia en el extranjero. Se trata del ejemplo más descarado sobre abuso de poder en lo que supondría un caso flagrante de puerta giratoria.

García Miravete, tras aterrizar el Europol como Oficial de Enlace, ascendía a inspector jefe y alcanzaba el puesto de jefe de la Oficina de Enlace de Europol con un salario de 14.000 euros mensuales. Su mentor era el comisario Mariano Simancas, que llegó a ser director adjunto de Europol y otro de los nepotistas del Cuerpo Nacional de Policía.

García Miravete, que fue catapultado a lo largo de toda su trayectoria profesional, cesó como jefe de la Oficina de Enlace en La Haya para ocupar la jefatura de la Unidad de Grupos de Crimen Organizado a Europol, no sin antes dejar su cargo a un amigo, el inspector jefe Ignacio Barbosa. El hermano de éste, el inspector Borja Barbosa, también trabajaba entonces en Europol en un destino inferior.

Pero como Borja Barbosa no podía aspirar al cargo de su hermano porque se necesitaba la categoría de inspector jefe se desvinculó de Europol a la espera de la vacante. Entre tanto ascendería. ¿Qué sucedió? Una solución a la carta: desde Madrid prolongaron la permanencia de Ignacio Barbosa en la Oficina de Enlace de 5 a 7 años, en una decisión plenamente nepotista e irregular. Cuando el pequeño de los Barbosa ascendió en el escalafón la puerta giratoria se abrió y ocupó el cargo ansiado con la autorización de la Dirección de la Policía.

La puerta giratoria no acababa ahí. Para premiar a otro compañero de la 13 promoción con la misma plaza, como si se tratara de la herencia de un título nobiliario, una vez más tuvieron que forzar las normas y el escalafón policial. Luis García Ríos, tras ascender a inspector jefe fue destinado a la Comisaría de Burgos, pero pronto pidió un destino en La Haya -en Europol- de menor categoría como experto cedido. Suponía una anomalía, ya que estos puestos suelen ser solicitados por agentes de la escala básica, que conlleva un salario de unos 6.000 euros mensuales.

El truco

Sin embargo, esa maniobra tenía truco: sólo era temporal. Al poco tiempo, Borja Barbosa dejó la Oficina de Enlace y colocó a García Ríos en su puesto. Automáticamente, pasaba de experto cedido a jefe de la Oficina de Enlace en La Haya, con unos emolumentos de unos 13.000 euros mensuales. Borja Barbosa tampoco quedó huérfano: pasó a ser secretario del Consejo de Administración de Europol.

Entretanto, el comisario Miravete pasó de Europol a la empresa pública Tragsa durante el gobierno socialista, y de Tragsa a la Subdirección de Eurojust, puesto que ocupó durante 5 años, justo antes de conseguir su ascenso a comisario. En tan sólo un año consiguió la recalificación del puesto de jefe de la Oficina de Enlace para poder volver a ocuparlo, esta vez, con la categoría de comisario.

El carrerón de García Ríos no concluyó como jefe de la Oficina de Enlace de La Haya. Más tarde, fue nombrado agregado de la Embajada en la capital holandesa, después de que Madrid forzara el cese de Fuentes Gago, uno de los policías de la época de Mariano Rajoy. Cuando se le terminó a García Ríos el contrato en la Embajada le buscaron otro puesto para él en Europol, esta vez como Oficial de Enlace de ese organismo en Interpol (Lyon), donde sigue en la actualidad.

El círculo se vuelve a cerrar. Según fuentes policiales, está previsto que la agregaduría de Interior en la Embajada de La Haya sea ocupada por otro inspector jefe de la 13 promoción, que habría formado parte durante 9 años de la plantilla de EUROPOL y con anterioridad Oficial de Enlace.

Un autonombramiento

Otro caso que refleja el enchufismo y nepotismo en la Dirección General de la Policía es el del actual consejero del Ministerio del Interior en la Embajada de Washington. El comisario principal Carlos Vázquez Ara fue designado para ese cargo en julio de 2020 cuando era jefe de la División de Cooperación Internacional (DCI). La publicación en el BOE no tendría ninguna trascendencia si no fuera porque el policía premiado era el responsable en la atribución de ese destino. O sea, que fue una autodesignación, con el visto bueno del director de la Policía, Pardo Piqueras y el ministro Grande-Marlaska.

Vázquez Ara, que por su cargo de jefe de la DCI formaba parte de en la Comisión de Destinos en el Exterior, se calificó a sí mismo como el candidato «más apto» frente a otros once comisarios principales que optaban por la plaza. De esa manera se convertía en otro meteorito, ya que había sido promocionado por el ex ministro Juan Ignacio Zoido con la ayuda de Mariano Germán Simancas Carrión, uno de los pilares del socialismo policial.

El consejero de Interior en la Embajada de EEUU había estado antes destinado en Pakistán y en la Representación Permanente de la Unión Europea (Reper), con sede en Bruselas. También palpó el poder en la Secretaría de Estado como vocal asesor con nivel 30 de su titular Francisco Martínez, que demostraba una excepcional vista para elegir a sus colaboradores.

Carlos Vázquez Ara, según fuentes de Interior, es viudo de la sobrina de José María Rodríguez Colorado, quien fuera director de la Policía entre 1986 y 1991 durante el segundo gobierno de Felipe González. Sus primeros ascensos los logró a la sombra de su tío político. La endogamia también persigue al comisario sanchista: su esposa, ya fallecida, también trabajó para la Policía en el departamento de expedición de pasaportes.

El programa de los verdes: el suicidio de Europa

En la imagen: el Parlamento Europeo en Bruselas. (Foto de James Arthur Gekiere/Belga Mag/AFP vía Getty Images)

por Drieu Godefridi

Traducción del texto original: The Greens’ Program: The Suicide of Europe
Traducido por Voz Media

Debemos reconocer que los ecologistas europeos, y la extrema izquierda en general, tienen una envidiable capacidad de comunicación. Mientras que los movimientos conservadores siguen encarnándose con demasiada frecuencia en lo que parecen caricaturas políticas deshumanizadas, los ecologistas europeos, sin contar a una histérica Greta Thunberg, se han dotado de rostros frescos y agradables como portavoces que exponen los peores horrores de forma atractiva, tranquila y articulada.

Tomemos, por ejemplo, el recientemente concluido Beyond Growth 2023 en Bruselas, Bélgica. Beyond Growth (Más allá del Crecimiento) es la reunión ideológica anual de los ecologistas europeos y sus innumerables altavoces en el mundo de las organizaciones supuestamente «no gubernamentales»(ONG) financiadas por los gobiernos.

Beyond Growth no se reúne en los salones de un prestigioso hotel o en alguna mansión campestre, sino que confluye y se reúne directamente en los edificios del Parlamento Europeo. Esto no ocurre por casualidad: cuando la prensa informa con cariño sobre la conferencia «Beyond Growth», difunde imágenes de personas reunidas y hablando en las ordenadas filas del Parlamento Europeo. ¿Qué recuerda la mayoría de la gente cuando mira el informe «Beyond Growth»? El Parlamento Europeo. El vínculo entre las propuestas radicales de este cónclave y el Parlamento Europeo se presenta como perfectamente natural: si el Parlamento Europeo quiere un ecologismo radical, ¿cómo podría usted, pequeño votante local, oponerse?

La estrella de la última conferencia fue Anuna De Wever, una belga flamenca que representa a los jóvenes verdes.

Hay que leer y escuchar lo que dicen estos activistas. La mayoría anuncian lo que harán si alcanzan el poder. Escuchemos, pues, las «propuestas» de la encantadora y sonriente De Wever:

  1. «Hay que redistribuir la riqueza», empieza De Wever. ¿A quién, cómo? No hay detalles. Este ha sido un rasgo estándar de todo discurso europeo que se precie y se precie durante un siglo. ¿Sería descabellado sugerir que se empezara a redistribuir la riqueza con los sueldos y bienes de los diputados verdes al Parlamento Europeo?
  2. «Cancelar la deuda climática»: En la mente de los activistas medioambientales, países del «Norte global». que han experimentado un desarrollo significativo, tienen una obligación ecológica con los países del «Sur global». Aunque el capitalismo occidental ha rescatado de la pobreza al mayor número de personas en la historia del mundo, al parecer Occidente también ha creado las mayores emisiones de gases de efecto invernadero. Además, Europa y Estados Unidos siguen supuestamente «explotando» y «colonizando» muchas regiones del «Sur global» a través de sus empresas multinacionales, agotando sistemáticamente los recursos naturales. Por lo tanto, hay que cancelar la «deuda» con el «Sur», aunque esta «deuda» no tenga nada que ver con el clima.
  3. Introduzcamos una «renta básica universal» inmediatamente, mañana mismo. Cabe imaginar el afán de China, Rusia, Japón, Estados Unidos y Cuba por introducir una renta universal común, algo que, por supuesto, probablemente sólo sea concebible mediante el establecimiento de un gobierno mundial «universal»: una mera formalidad.
  4. Occidente debe declinar. En efecto, Occidente es el mal. La prueba es que es «rico». Por lo tanto, hay que castigar a Occidente, lanzándolo a un colapso –un «decrecimiento»– mientras que otros que no son occidentales seguirán creciendo, por supuesto.
  5. Hay que aumentar los servicios públicos universales (¿duplicarlos? ¿triplicarlos?). ¿Cómo, en un contexto de declive, se financiará este aumento? No se especifican esos detalles.

«Todo esto», continúa De Wever, entre grandes aplausos, «sólo será posible, por supuesto, si destruimos… la supremacía blanca».

¿Supremacía blanca? ¿Qué tiene que ver la supremacía blanca con la economía? Parece que en la mente de muchos ecologistas, el crecimiento económico y la supremacía blanca son efectivamente sinónimos. Al fin y al cabo, parece decirse, fue Occidente, encarnado por Adam Smith en 1776, quien «inventó» el crecimiento económico, y Occidente en aquella época era mayoritariamente blanco, así que destruyendo la supremacía blanca destruimos la idea misma de crecimiento económico.

Parecen estar en una especie de pensamiento mágico que, al ver dos realidades en el mismo conjunto – «blancura» y capitalismo-, postulan un vínculo causal entre ellas.

Si, según Adam Smith, el crecimiento económico para todos es la clave para salir de la pobreza -con el objetivo de hacer más ricos a los pobres, no más pobres a los ricos-, entonces destruir el crecimiento no parece un modelo económico que vaya a proporcionar mucha ayuda. Peor aún, ahora existen esas molestas opciones: ¿Prefieres fomentar el crecimiento permitiendo que los habitantes de los países pobres utilicen combustibles fósiles -carbón, petróleo y gas natural- o hundir aún más a esas personas en la pobreza negándoles los combustibles fósiles?

Este extraño batiburrillo de restos marxistas -imperialismo, descolonización y Teoría Crítica de la Raza mal digerida- crea un programa que difícilmente unirá a la mayoría de los europeos. El programa incluso ha recibido un nombre: Suicidio Europeo Inmediato. Si Europa emprende el «decrecimiento» económico, como desean los Verdes, este «decrecimiento» implica la destrucción de secciones enteras de las economías europea y occidental. «Decrecimiento» y destrucción económica son sinónimos perfectos. «Decrecimiento» significa reducir las actividades económicas, o gravarlas con impuestos tan punitivos que dejen de existir.

Estos defensores de los verdes representan el 10% de los escaños del Parlamento Europeo, y parecen estar en proceso de ser erradicados electoralmente en muchos estados miembros de la UE. No importa: la UE, no democrática, no elegida, no transparente y no responsable, les ofrece un recurso: las instituciones de la UE, donde los Verdes están por todas partes. Los«10 Verdes«, por ejemplo, son una coalición de diez de las mayores organizaciones y redes ecologistas activas a escala europea. Trabajan para que la UE dé prioridad al clima, el medio ambiente local, la biodiversidad y la salud humana dentro y fuera de sus fronteras. Para difundir sus ideas, estas ONG no elegidas son generosamente financiadas por las propias instituciones de la UE.

El problema fundamental de «Beyond Growth» es que nunca se define lo que ocurriá tras el «decrecimiento». Si los marxistas, y antes que ellos los socialistas, incluidos los nacionalsocialistas alemanes, siempre han intentado definir una teoría económica -proyectos concretos y destrucción de lo existente-, los ecologistas nunca se han molestado en hacerlo. ¿O es que arrojar a Europa a la dependencia energética de Rusia es la principal agenda de los ecologistas?

Esta reticencia a describir «el mundo del después» es comprensible. En el contexto de una Europa endeudada hasta las cejas y que ya grava a sus ciudadanos sólo para pagar los intereses de la deuda, reducir la producción económica significa enfrentarse a la cuestión de quién morirá primero. La sanidad, por ejemplo, ya está siendo racionada y parece que se ha convertido más en una cuestión de recortar costes que de prestar servicios, y más en hacer crecer una burocracia administrativa con un papeleo masivo que en invertir en más médicos y en una atención al paciente mejor y más puntual.

¿Qué pasaría si hubiera «decrecimiento»? ¿Cómo concebir, por ejemplo, una disminución obligatoria de la actividad económica sin someter toda innovación tecnológica al control de una «agencia administrativa»? La UE soñada por los ecologistas empieza a parecerse a una versión de Atlas Shrugged: un país distópico en el que las empresas privadas sufren bajo leyes, reglamentos y burócratas cada vez más onerosos. Tal vez los Verdes deberían reflexionar sobre el mensaje del libro: a pesar de los intentos del Estado de esclavizar las mentes por la fuerza, las personas salen victoriosas en su compromiso con la libertad. La mente humana es el poder que mueve el mundo, no la coacción.