
Si hubiera que encarnar en una fuerza política la perturbación de la paranoia habría que mirar hacia el PSOE que dirige Pedro Sánchez o, mejor aún, a Podemos y su macho alfalfa, Pablo Manuel Iglesias Turrión. Iglesias, que fue apeado de la política por Isabel Díaz Ayuso, y de los debates electorales por Rocío Monasterio se ha plantado ante estas elecciones generales con una ejecutoria lamentable: Él resignó su vicepresidencia en Yolanda Díaz, que le falló en los primeros compases, su ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 en Ione Belarra, que le salió rana al universo mundo por una incapacidad que solo admite parangón con su compañera de pupitre y avecindada de tálamo del propio Iglesias.
Pablo Iglesias ejerció de copresidente del Gobierno, vale decir que tenía la misma facultad que el artículo 100 de la Constitución asigna a Pedro Sánchez: proponer el nombramiento y la separación de SUS…
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