Día: 23 de abril de 2023

La patria de las personas

La patria de las personas

Avatar de Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.Historias en un folio

Es chocante que después de más de dos siglos de decadencia los hispanos todavía seamos la segunda o tercera potencia cultural del mundo. Por algo será… Acordémonos de nuestro Maestro Don Quijote y de su creador Don Miguel. El genio creó el mito, pero nosotros parece que ahora somos imbéciles manejando la mitología.

Imaginemos como hicieron los vascos matándonos y ahora hacen los catalanes cagándonos, que la patria de las personas fuera su lengua; las formas del entramado mental con el que las personas resuelven sus problemas; su sonido y su idiosincrasia al comunicarse y al pensar, es decir: la pureza de su lenguaje.

¿Qué fascista, no…? 🙄😳

Imaginémoslo…

Pues dicho ésto, en ese ámbito imaginario de la lengua, España -el español, lo hispano- estaría en el tercer puesto en cantidad de hablantes en el mundo después del inglés y del chino, y el segundo en uso y cantidad de…

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País

Avatar de Las palabras de JavierLas palabras de Javier

Vivimos, o mal vivimos en un país donde un político o responsable político es capaz de indicar que subir el SMI destrozara la economía. Esto lo dice sin arrugarse la chaqueta o vestido de falda plisada de Armani, percibiendo unos emolumentos anuales de 300.000 euros anuales aproximadamente.

Los sinvergüenzas no sólo duermen a pierna suelta con miles de euros en sus arcas bancarias y otros millones públicos a su disposición. Duermen tranquilamente, sin pensar (o si) que existen seres humanos que pasan hambre, HAMBRE!!!, sufren la ignominia de no tener un hogar que la sacrosanta Constitución española les prometió de la mano de los que nos estuvieron machacando, hundiendo, humillando explotando durante más de cuatro decadas. Duermen en su colchón de dos mil euros sin remordimientos. El pueblo en cartones que después de esa noche al raso han de vender para comer.

Vivimos o mal vivimos en un país donde…

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El hombre menguante en la Ciudad de los 15 Minutos

Seguramente muchos de ustedes conocen una expresión coloquial, atribuida a la milenaria cultura china, que es, por su ambigüedad, bendición y maldición a la vez. Me refiero a ese «¡Ojalá te toque vivir tiempos interesantes!», que según parece se deseaban de reojo y con retranca unos a otros al cruzarse…

Por Julio Murillo

Seguramente muchos de ustedes conocen una expresión coloquial, atribuida a la milenaria cultura china, que es, por su ambigüedad, bendición y maldición a la vez. Me refiero a ese «¡Ojalá te toque vivir tiempos interesantes!», que según parece se deseaban de reojo y con retranca unos a otros al cruzarse. Si lo analizamos, a todos se nos antoja que la felicidad, el bienestar, es más fácil de alcanzar en tiempos estables, apacibles, de rutina bien llevada, sin exceso de sobresaltos, que en épocas turbulentas, presididas por cambios, revoluciones y pérdida colectiva del oremus.

Que estamos viviendo «tiempos interesantes» es más que evidente. Tras dos años de pandemia, confinamiento y restricciones, nos hemos zambullido en un marco global de crisis e inestabilidad económica, hiperinflación, incremento estratosférico del coste de vida, pobreza y desigualdad social galopante, guerra a las puertas de casa e innegable geoestrategia de bloques, y muy negros augurios en el horizonte. Es decir, que vamos de sobresalto en sobresalto comiéndonos las uñas, si es que nos queda alguna por morder.

Los capitostes que mueven los hilos del mundo nos advirtieron nuevamente, hace muy pocos días, durante la reciente reunión del Foro Económico Mundial, de que la huella de carbono que vamos dejando diariamente en nuestras pequeñas e insignificantes vidas no es asumible, y que de seguir así nos vamos todos al garete; también de que más de dos terceras partes de la población del planeta sobra… Y de que en los dos próximos años –la alerta la emite la Interpol, no la T.I.A. de Mortadelo y Filemón– la probabilidad de que un ciberataque terrorista nos deje sin electricidad, a oscuras, sin Internet, sin cajeros, sin dinero de plástico y sin poder ir a Mercadona o a Zara –más que para comprar, que todo está carísimo, para pasar la tarde y hacer rabiar un rato a Pablo EcheniqueIone Belarra y compañía– es altísima. El caos, vaya…

El Reto Climático de Santa Greta Thunberg, el Big Reset, y un imprescindible cambio de paradigma planetario a todos los niveles, se han convertido en el nuevo caballo de batalla, en el becerro de oro a idolatrar con la fe del carbonero. Consumimos exceso de energía; exceso de agua y alimentos –toma grillo que te crió; «¡rico, rico!» como diría Karlos Arguiñano–; abusamos del transporte todo el año; y producimos residuos por un tubo cada día. Pues menuda novedad… ¡Maldita Revolución Industrial! ¡Malditos ingleses! ¡Maldita máquina de vapor de Watt!

Y de nada sirve ante dogma de fe tan asumido el que eminentes científicos nieguen rotundamente lo que consideran un bulo; o que brillantes escritores y analistas de lo político y social, como Konstantin Kisin, orador ruso-británico, autor de «An Inmigrant’s Love Letter To The West», desarbolara con su viral y demoledor discurso anti-woke en la Oxford Union Society toda la argumentación que sostiene la teoría del apocalipsis climático.

En lo personal, amigos, yo «ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor». Eso dicen que dijo Bertrand Duguesclin, condestable francés, al voltear y dar ventaja a Enrique de Trastamara en su sañudo combate cuerpo a cuerpo con Pedro I «El Cruel». Pues eso. Que personalmente ni suscribo ni niego lo del Cambio Climático, pero ayudo a mi señor, que en mi caso es la duda eterna que me lleva, y tal vez debería llevarnos a todos, a someter a revisión constante todas nuestras convicciones, todo lo que damos por hecho. Y ahí incluyo, por descontado, la fidelidad de voto. Que de borregos está el prado lleno.

Cuanto más uno lee, se informa, analiza y reflexiona (sobre cualquier cosa), más interrogantes y dudas afloran. Y la duda es el motor de combustión del pensamiento crítico, libre y no adscrito a ningún credo institucionalizado. Cada vez resulta más difícil dilucidar lo que es cierto de lo que no lo es. Porque además, la tentación que supone considerar escenarios distópicos y teorías de la conspiración, acaba convirtiéndose en un imán tan irresistible como poco aconsejable.

No pasa día, ni semana, en que no nos lleven, con su orwelliano bombardeo mediático, al paroxismo; porque tan pronto nos venden la probabilidad de una invasión extraterrestre tras derribar, aquí y allá, media docena de ORNIS (Objetos Ridículos No Identificados) en forma de globo, como nos hielan la sangre con la ralentización del núcleo de la Tierra. Menos mal que lo del núcleo seguro que ya lo está arreglando –tentado estuvo de dar explicaciones en el Congreso– Super Pedro Sánchez. Podemos estar tranquilos.

Ahora, como guinda al pastel, Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea, acaba de anunciar que en 2035 quedarán prohibidos por completo los coches de combustión. Y lo argumenta diciendo que «los incendios o huracanes son solo un botón de muestra de lo que puede ser nuestro futuro». Las estadísticas dicen, además, que la contaminación de los vehículos en las ciudades causa en Europa 30.000 muertes prematuras anuales. Pues nada… ¡Que viva el tren de San Fernando, un ratito a pie y otro andando! Porque el coche gilipijo eléctrico, que es ahora mismo ecológicamente –¿estamos hablando de ecología, no?– inasumible en su fabricación masiva, y carísimo, y se quema, y la lía parda, y no tiene apenas puntos de carga, no lo va a comprar ni Dios. Así que estamos condenados, nos guste o no, al downsizing empezando por el coche. Si lo sé me pulo los doce puntos del carné que aún tengo intactos.

Tras explorar durante siglos un mundo que se nos antojaba inmenso, inagotable en recursos, de horizonte inalcanzable, el nuevo paradigma nos dice ahora, en su Agenda 2030, que donde dijeron consumismo querían decir: consumismo pantalón y consumismo calzoncillo (serán ustedes felices). Y que todo debe ser pequeño, mucho más pequeño, de proximidad y sostenible, y BIO, y vegano a tope. Bueno, vale, pues muy bien…

Y ahí tenemos, en esa Hégira de lo macro a lo micro, a todas las grandes capitales del mundo estudiando cómo remodelar a contrarreloj su filosofía, su razón de ser y su trazado urbano, a fin de poder izar cuanto antes la bandera verde que las homologue como Ciudad de los 15 Minutos. Ya saben, todo a tiro de piedra: domicilio, trabajo, centro de salud, institutos y facultades, zonas verdes y deportivas, área lúdica y centro comercial. La idea, aplicable a ciudades de más de 50.000 habitantes, es de Carlos Moreno, urbanista francocolombiano, profesor de La Sorbona y autor del libro «La Revolución de la Proximidad». Anne Hidalgo, alcaldesa de París, se pirra con sus teorías. Y Ada Colau ya se ha puesto manos a la obra, creando ejes verdes y supermanzanas de felicidad, ínsulas de paz. Barcelona es indudablemente la urbe perfecta para implementar una remodelación de esas características, gracias al trazado reticular, hipodámico –de Hipodamo de Mileto–, de su gran Ensanche central. En Pontevedra también están en ello.

Ese nuevo concepto a aplicar en aras de la ciudad verde, ecológica, humana y sostenible cuenta con el apoyo entusiasta de muchos, pero también con el rechazo de tantos otros, que consideran que esas zonas se revalorizarán en detrimento de las circundantes, o que las supermanzanas afectarán negativamente el comercio, o que son el primer paso, de muchos pasos, hacia el barrio gueto y vulneran la libertad de movimiento. We will see

Todos tranquilos, porque en el peor de los casos, si todas las medidas de la Agenda 2030 fracasan, y todo se pone aún más feo, los que dirigen el mundo encontrarán nuevas salidas. Seguro que ya están en ello. Me viene al recuerdo esa maravilla de película de la Sci-fi clásica, «El increíble hombre menguante», y también «Una vida a lo grande», protagonizada por Matt Damon y el gran Christoph Waltz, en la que la salvación del planeta y sus recursos pasa por reducir, gracias a la tecnología, el tamaño de los seres humanos a poco más de diez centímetros de altura y ponerlos a vivir en un diorama perfecto, a escala, adecuado a  su nueva medida.

Un invento así podría solventar todos los problemas habidos y por haber. Con un garbanzo cocido o cinco granos de arroz por persona al día se acabaría el hambre. Y con una bobina de tela vestiría media ciudad. Todo es una cuestión de magnitudes. Y el tamaño, siendo lo que somos, no importa un pito. A nivel cósmico somos infinitamente menos que un microbio, ni la lente del telescopio James Webb lograría detectarnos.

Sean felices y no pierdan nunca el buen humor.     

Sin propiedad

Por  Juanma Badenas

Leí con atención el último artículo de José Javier Esparza publicado en este periódico. En él se aborda el llamado “Gran Reinicio” (Great Reset, según su nombre original en inglés). No me voy a extender sobre su contenido (de imprescindible lectura), simplemente voy a recordar al lector que el reinicio consiste en lo que las élites financieras mundiales han decidido que será nuestro mundo dentro de diez años. Esparza nos advierte de que no se trata de un plan oculto, sino de una planificación completamente abierta y transparente en la que están de acuerdo el Fondo Monetario Internacional, el Foro Económico Mundial y otras instituciones globalistas, entre las que se encuentra el Partido Demócrata norteamericano. La reelección de Trump hubiera supuesto un pequeño inconveniente en la producción de estos planes, así que había que hacer todo lo posible (los lectores ya me entienden), para evitar la reelección, tal y como los hechos acontecidos antes, durante y después de las elecciones del pasado 3 de noviembre han demostrado con claridad.

El Gran Reseteo se apoya en ocho puntos, siendo el primero de ellos, a mi juicio, el de mayor transcendencia: “No tendrás propiedades y serás feliz, alquilarás lo que quieras y será entregado por un dron”. Expuesto así, parece algo inofensivo, diríase que incluso bienintencionado, pues habla de que seremos felices sin necesidad de tener nada. Me recuerda un refrán que bien podría haber inventado el papa Francisco: “no es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita”.

En efecto, ser propietario implica preocupaciones, ya que hay que cuidar y conservar la cosa, mantenerla, pagar impuestos y otras molestias. Así que si —de acuerdo con la Agenda 2030— en los próximos diez años vamos siendo todos y cada uno de nosotros progresivamente despojados de la carga de la propiedad, seguramente seremos más felices. ¿O no? 

Veamos algunos ejemplos. Hoy, muchos tenemos un coche e incluso una casa, lo cual nos permite desplazarnos por cuenta propia y habitar en una morada estable en compañía de nuestra familia. Es verdad que poseer un coche obliga a mantenerlo, pagar un seguro, impuestos, etc., y que para tener una casa casi siempre hace falta constituir una hipoteca, contribuir con el IBI, cuidarla e incluso tener que pagar los gastos de comunidad; pero mientras somos propietarios estamos seguros de que normalmente, hasta que decidamos venderlos, podemos seguir utilizando el coche y la casa sin que haya nadie que nos lo pueda impedir.

Sin embargo, como sabe el lector, la propiedad no es lo mismo que el arrendamiento. El inquilino tiene un contrato temporal que necesita ser renovado cada cierto tiempo. No es lo mismo ser el propietario de un coche que ser su arrendatario, y tampoco es igual ser el dueño del inmueble que estar a merced de un alquiler. Hay algunas cosas que conviene tener en cuenta: sólo el propietario de la vivienda puede hacer reformas en ella y ajustarla plenamente a sus necesidades, mientras que el inquilino ha de pedir permiso al propietario a veces incluso para cambiar el color de las paredes. La situación actual de propiedad e inquilinato se corresponde con la de un mercado en el que hay una gran variedad de propietarios (grandes y pequeños, empresarios y particulares), con unos Derechos nacionales muy protectores de los intereses de los inquilinos (en España vamos a tener hasta una Ley antidesahucios). Pero la situación no será la misma si los propietarios son solo unos pocos fondos internacionales, radicados en no se sabe dónde, con unos Derechos nacionales cada vez más irrelevantes, sin papel moneda —sino simplemente monedas digitales, controladas por unos pocos bancos centrales y otros agentes desconocidos— en la que todos los arrendamientos serán celebrados por medio de smart contracts (contratos inteligentes), que seguidamente explicaré.

Los smart contracts son un tipo de programas informáticos que, según una definición bastante extendida, “facilita, hace cumplir y ejecuta acuerdos registrados entre dos o más partes”. Es decir, son unos contratos digitalizados que al mismo tiempo que formalizan un acuerdo entre las partes (por ejemplo, un arrendador y un arrendatario), permiten que el contrato se vaya ejecutando minuto a minuto y segundo a segundo, de acuerdo con la programación establecida en el propio contrato. De manera que ya no hace falta que haya leyes ni jueces, ni nada parecido, porque es el propio contrato, basado en la tecnología blockchain (cadena de bloques), el que actúa como intermediario entre las partes. Todo se debe realizar conforme a lo establecido en la cadena de bloques de información, de manera que si una de las partes deja de cumplir lo estipulado en el contrato inteligente la relación queda escindida desde ese mismo momento. Veamos otro ejemplo. Algunas compañías de alquiler de vehículos están empezando a plantearse el uso de smart contracts para la celebración de sus contratos con los consumidores. Cuando el arrendatario del coche firma digitalmente el contrato recibe una llave que le permite acceder al vehículo y usarlo, a condición de que cumpla todo lo estipulado; porque, en caso de que el contrato detecte algún tipo de irregularidad, la llave del coche queda automáticamente bloqueada, de manera que el arrendatario es privado, desde ese mismo instante, de su uso.

La misma práctica se podría trasladar a los arrendamientos de viviendas o de cualesquiera otros bienes. Si el contrato inteligente, tal y como ha sido programado por la parte arrendadora, detecta algún tipo de incumplimiento por parte del inquilino (por ejemplo, un “uso inadecuado” del inmueble, un retraso en el pago de la renta, etc.), automáticamente se bloquea la llave de acceso a la casa, el suministro de gas y electricidad y cualquier otra cosa vinculada con la vivienda. Todo ello en cuestión de segundos, sin posibilidad de reclamación ni desahucio, porque es el propio contrato inteligente el que actúa como intermediario y juez entre las partes.

Esto, desde el punto de vista jurídico es muy interesante; pero, desde el de los usuarios, no parece tan divertido. Sobre todo, si —tal como prevé el Gran Reseteo— en los próximos diez años la propiedad queda concentrada en muy pocas manos (las de los grandes plutócratas globales) y Europa se convierte en un continente de arrendatarios. Aunque felices (¿o no?).

Durante la Edad Media la propiedad también estuvo concentrada en pocas manos; pero, al menos, los señores, por medio del acuerdo de vasallaje, tenían un compromiso de defensa y protección de los vasallos que trabajaban sus tierras, cosa que no estoy seguro de que se produzca entre los inquilinos y los titulares anónimos de los fondos internacionales que terminarán por convertirse en propietarios de los bienes. Porque la Agenda 2030 habla de que todos seremos arrendatarios, sin decir que alguien deberá seguir siendo el dueño de las cosas; pues no puede haber arrendamiento sin que alguien ostente la propiedad del bien que se arrienda. Lo que se nos viene encima no será como el comunismo (en que la propiedad de los bienes correspondía al Estado), pero acaso sea mucho peor.

Como decía Aynd Rand, “sin derechos de propiedad ningún otro derecho es posible”. Quien tiene el control sobre tus cosas tiene el control de tu vida. ¿De qué sirve reclamar el derecho a la libertad de expresión o de asociación, ideológica o religiosa, si tu vida depende de que un gran fondo internacional esté contento contigo? El derecho a disfrutar de “tu casa”, de “tu coche”, de “tu teléfono”, de tu conexión de internet, estará a merced de un click del gran suministrador de los bienes y de los servicios, por medio de los contratos inteligentes. También los “jueces” (aunque se habilitará una especie de justicia automática por medio de programas informáticos) y los “políticos” habitarán en las casas y utilizarán los coches y los teléfonos, ordenadores, etc. de las grandes compañías, controladas por los fondos internacionales, señores de todos los bienes.

Al final todo va concordando. Santiago Niño-Becerra lleva algunos años vaticinando la defunción del sistema capitalista que trajo consigo la Ilustración, la democracia liberal y el Estado de derecho, tal como hasta ahora lo estábamos conociendo. Él sitúa el colapso definitivo en torno a 2065, aunque reconoce que la crisis del Covid-19 va a acelerar el derrumbe. Coincide con los representantes del Foro Económico Mundial y de las restantes organizaciones globalistas en que el futuro al que nos encaminamos será sin derecho de propiedad, en un mundo lleno de arrendatarios felices que esperarán la llegada del dron milagroso.

¿Por qué las predicciones de Niño-Becerra y del Foro Económico Mundial se van a cumplir tan rápidamente? Pues porque el empobrecimiento causado por la “gran pandemia”, que nos ha traído el coronavirus —que no se sabe muy bien cómo se originó— provocará, más pronto que tarde, un abaratamiento del precio de los bienes que muchas personas no tendrán más remedio que vender, lo cual producirá, a su vez, que quienes tengan liquidez (especialmente, los grandes fondos internacionales) compren muy barato. Y si esto no se consigue a la primera, vendrán dos, tres o más crisis económicas —como la de 2008— que conseguirán que se produzca el definitivo abaratamiento de los bienes y que todos terminen siendo comprados por los citados fondos (esto en lo que respecta a los inmuebles). La proscripción de los combustibles fósiles también traerá consigo que, en menos de diez años, todos nuestros coches de gasoil y gasolina resulten inservibles y que terminemos recurriendo al alquiler de vehículos eléctricos de uso temporalizado. En fin, seremos muy felices, aunque ya no tengamos nada. También la molestia de pensar cómo repartir nuestra herencia dejará de ser una preocupación; pues lo único que tendremos será un puñado de contratos inteligentes y de cadenas de bloques de información, junto a la esperanza de que un dron nos traiga algo que realmente no necesitamos, pero que los grandes amos del mundo han decidido que sí deberíamos necesitar.

Juanma Badenas es catedrático de Derecho civil y miembro de la Real Academia de Ciencias
de Ultramar de Bélgica. Su último libro publicado es La Derecha (Almuzara, 2020).

El WEF dice que es hora de legalizar el sexo con animales para promover la inclusión

El WEF ha ordenado a los principales medios de comunicación que comiencen a impulsar la narrativa en otros países. No se equivoquen, esto no se trata solo de España. Quieren extender esta enfermedad por todo el mundo.

FUENTE (INGLÉS/ENGLISH): WEF Says It’s Time To Legalize Sex and Marriage With Animals To Promote Inclusion

El Foro Económico Mundial ha ordenado a los gobiernos mundiales infiltrados que tomen medidas inmediatas hacia una nueva y controvertida iniciativa que debería hacer que todas las personas sensatas se levanten en armas.

El Foro Económico Mundial ahora pide que las personas tengan derecho a juntarse con animales en un esfuerzo por promover la diversidad y la inclusión.

España es el primer país en aprobar una nueva legislación dando pasos agigantados hacia la iniciativa. Esto no es sorprendente si se considera que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, es tanto un socialista declarado como colaborador de la agenda del Foro Económico Mundial. Dentro del gobierno socialista de Sánchez, la ley pro-zoofilia fue impulsada por Ione Belarra Urteaga, afiliada al WEF, ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030.

Así es, España está tan infiltrada por el WEF que de hecho tienen un Ministro para la Agenda 2030.

El mundo estaba en una pendiente resbaladiza con toda la locura de género y pedofilia, pero la nueva Ley de Bienestar Animal de España que despenaliza el sexo con animales es un nivel completamente nuevo de locura.

La nueva ley establece: “La persona que por cualquier medio o procedimiento maltrate a un animal doméstico o amansado, a un animal habitualmente domesticado, a un animal que temporal o permanentemente viva bajo control humano fuera de las actividades legalmente reguladas, incluidos los actos de carácter sexual, causando lesiones que requieran tratamiento veterinario para el restablecimiento de su salud, será sancionado con un mínimo de tres meses hasta un máximo de 18 meses de prisión.”

Básicamente, esto significa que mientras no haya una lesión física que requiera tratamiento veterinario, las personas son libres de tener relaciones sexuales con animales.

Si esto no es lo suficientemente perturbador, el WEF ha ordenado a los principales medios de comunicación que comiencen a impulsar la narrativa en otros países. No se equivoquen, esto no se trata solo de España. Quieren extender esta enfermedad por todo el mundo.

Según la élite mundial, los zoófilos son solo otro espectro en la bandera del orgullo trans. Esto ya no es una pendiente resbaladiza. Estamos en caída libre por un precipicio. La élite mundial está decidida a destruir nuestra civilización y todo lo que hemos construido como sociedad.

Porque no se equivoquen, las élites tienen la intención de hacer colapsar las economías y destruir nuestra civilización. ¿Cuándo fue la última vez que las personas se casaron con animales? La respuesta es la antigua Roma, en los oscuros días del emperador Calígula, justo antes de que el imperio romano colapsara.

Calígula cometió incesto con sus hermanas y tuvo conversaciones con la luna —hasta ahora se parece mucho a uno de los hijos de Joe Biden— y también planeó casarse con su caballo favorito Incitatus y solo fracasó porque primero lo asesinaron.

Los últimos días del imperio romano tienen sorprendentes paralelismos con nuestros propios tiempos.

Las protestas están comenzando en toda Europa a medida que los zoófilos exigen el derecho a tener relaciones sexuales y relaciones con animales en sus países.

Según los manifestantes en Alemania, los ciudadanos deberían tener derecho a tener relaciones sexuales con animales y quieren que el movimiento arcoíris LGBTQ+ agregue una Z a su nombre.

En una entrevista publicada por RUPTLY, uno de los manifestantes del orgullo de Zoophilia defiende el concepto de relaciones sexuales con animales. Según la marchante del orgullo, el sexo con animales debería despenalizarse porque “es mucho más fácil entablar una relación con animales que con humanos”.

La principal razón por la que los zoófilos no deberían ser aceptados por la sociedad en general tiene que ver con el tema del consentimiento. El sexo con animales es similar al abuso infantil, donde el dominio se impone a una parte más débil que es incapaz de dar su consentimiento.

Pero la influencia tóxica del Foro Económico Mundial y sus legiones de Jóvenes Líderes Globales corruptos incrustados en los gobiernos de todo el mundo está moviendo a la sociedad en la dirección opuesta a la decencia común y los valores tradicionales.

La zoofilia y la pedofilia están siendo normalizadas actualmente por la élite mundial y aquellos que se consideran liberales están cada vez más presionados para aceptar la desviación como algo normal. No se equivoquen, vienen por nuestros hijos.

Un consejero del Departamento Correccional de Pensilvania que trabaja con delincuentes sexuales avivó la controversia la semana pasada después de defender a las ” personas atraídas por menores “, también conocidas como MAP, y quejarse de que el término ” pedófilo ” es un ” insulto hiriente y crítico”. 

En un video publicado en YouTube que desde entonces ha sido recortado y se ha vuelto viral en Twitter, Miranda Galbreath dice que los pedófilos son “probablemente la población más vilipendiada de nuestra cultura”.

El sexo con bebés tan pequeños como de 1 año no está mal, según el profesor de SUNY Fredonia, Stephen Kershnar, quien ha dejado constancia de que no ve nada malo en que los hombres adultos tengan relaciones sexuales con niños “dispuestos”.

Según el profesor Kershnar, que enseña ética aplicada en la universidad de Nueva York, existen “ ventajas evolutivas” de la pedofilia que la raza humana debería utilizar en su beneficio.

La podredumbre llega hasta la cima. Los gobiernos de todo el mundo, que operan bajo el control del Foro Económico Mundial, están librando una guerra contra nuestros niños.

El año pasado, en Nueva Zelanda infiltrada por WEF, un juez declaró que los niños de 12 años pueden consentir en tener relaciones sexuales con adultos. No es necesario presionar rebobinar. Me escuchaste bien. El caso en cuestión presentaba a un hombre de 45 años cuya defensa se centró en la afirmación de que su víctima de 12 años “lo quería”. Según el hombre de mediana edad, la niña de 12 años lo presionó para tener relaciones sexuales.

Francia, también dirigida por un joven líder mundial en Emmanuel Macron, no tiene edad de consentimiento.

Hollywood y CNN impulsan constantemente una agenda a favor de la pedofilia.

Con las élites globales detrás del plan, la única pregunta es si primero se agrega una P o una Z al movimiento del arcoíris LGBTQI+.

Si quieres vivir en un mundo seguro para aquellos que no pueden protegerse a sí mismos, es hora de tomar una posición.

Ver:

@hectorespinorueda

Increíble pero cierto, España aprueba la zoofilia.

♬ sonido original – Refugio Canino Larryguaruma

Inteligencia artificial y el marketing del miedo

Se crea un monopolio, prohibiendo que particulares desarrollen IA, fuera del circulo de las big tech, bajo la excusa de IA es demasiado peligroso para la humanidad. El mejor cliente es el Estado asustado y temeroso

por Jeffrey Kihien

IA dio el gran salto durante los encierros forzados por el Covid, donde miles de millones de personas se sumergieron en el internet. (Flickr)

Hace tres años empezó como un murmullo la existencia de un súper virus que mataría cientos de millones de personas. El virus había saltado de un murciélago hacia humanos, no creo se haya escogido al murciélago al azar, este mamífero está asociado con el mal, con Drácula y puede confundir a muchos, como el agua traída de las islas Fiji, que es solamente agua, dijeron también que había sido creado en un laboratorio con fines militares, imágenes de películas sobre virus mortales y zombis alimentaron el mito, luego se bombardeó al mundo las veinticuatro horas con el número de muertos y lo mortal del virus, contagios y filas de ataúdes. Nunca nadie pudo comprobar su autenticidad y, a los que denunciaban los callaban.

Venimos viviendo con la mal llamada inteligencia artificial, desde hace ya varias décadas. Digo mal llamada inteligencia artificial, IA, porque sólo el hombre, el ser humano es inteligente, no lo son los animales, menos las máquinas, mucho menos los algoritmos, que son sistemas de datos. Pero, para fines prácticos continuaré llamándola IA, con la cual tuve el primer contacto al observar una calculadora Casio realizar las ecuaciones básicas, allá por los ochentas. Un aparatito que sumaba, restaba, dividía, multiplicaba, que luego fue mejorando al agregar más fórmulas. Lo que quiero manifestar es que la tecnología no es nueva y, nos acompaña en nuestra vida diaria desde hace décadas. El buscador Google, es IA y, la base de datos más grande del planeta, datos e información que tú produces.

IA dio el gran salto durante los encierros forzados por el Covid, donde miles de millones de personas se sumergieron en el internet para entregar toda su vida; incluyendo recuerdos, confesiones, secretos, fotografías, videos, audios, perversiones, a la IA. La masiva acumulación de información, nunca antes vista en la historia, es el trampolín que permite ahora al software reconocer fotografías y describirlas, antes se tenía que describirla para que Google entregue la foto, esta es un innovación en IA, la capacidad para ver, el robot puede ver, reconocer miles de millones de objetos que tú le has proporcionado con las fotos y videos que cuelgas constantemente en la web. El robot tiene todas tus fotos y conoce también tu voz, y hasta tus sentimientos. Toda la información en la web es parte de su memoria.

Las compañías de big tech fueron las promotoras del encierro pandémico y, Bill Gates la cara y voz que lo promocionaba para salvar al mundo, mientras le comprábamos sus productos tecnológicos y luego su vacuna, siendo lo más interesante la información que las big tech prácticamente nos obligaron a entregarle para alimentar la memoria de IA y, hacer posible lo que ahora es; un software que habla, escucha, ve, escribe, dibuja y miente. Cuando IA miente, sus creadores le llaman “alucinación,” jamás aceptaran la maquina miente, pues es una aberración humana, pero sí, tenemos que aceptar llamarla Inteligencia, esa característica únicamente humana a las combinaciones estadísticas que el software desarrolla. Me hace pensar mal sobre estos billonarios filántropos de la tecnología, más ahora que la estrategia de marketing de IA es similar a la del Covid, el miedo. He escuchado a Elon Musk manifestar que se debería retardar el lanzamiento y desarrollo de IA, por su peligro, ocasionando el murmullo global sobre la posibilidad de que las maquinas destruyan el planeta si les damos autonomía, pero al mismo tiempo Musk desarrolla su propia IA. El miedo es la herramienta de dominación. En reciente entrevista en Fox, Musk propone que el estado regule IA. Esa propuesta merece análisis y protesta. IA es utilizada por el Partido Comunista Chino para controlar a sus ciudadanos, les descuenta puntos si se portan mal, y son constantemente vigilados cuando caminan por las calles, cuando realizan cualquier transacción e interacción humana, porque también están obligados a utilizar moneda digital, haciendo posible que el gobierno conozca todos sus hábitos. Lo que Musk propone, a mi entender, es que las big tech desarrollen la tecnología, la administren y luego la arrienden al gobierno, el cual les dictará ciertas pautas, mientras utiliza IA para espiar en todo el mundo incluyendo a sus propios ciudadanos. Se crea un monopolio, prohibiendo que particulares desarrollen IA, fuera del circulo de las big tech, bajo la excusa de IA es demasiado peligroso para la humanidad. El mejor cliente es el Estado asustado y temeroso, ya lo hemos visto con la pandemia, en donde se desarrolló el marketing del terror. El Estado asustado es siempre arbitrario y, reacciona como un animal atacado, por instinto.

Existen muchas industrias y oficios desplazados por IA, el periodismo y los ensayos de opinión son unos de ellos, luego vendrá la práctica legal, médica, el cine, música, arte, literatura. Como en toda innovación, siempre existe el temor, lo hubo con el fuego, la rueda, la máquina a vapor, los trenes, la internet, pero el hombre, creación divina e inteligente, siempre está cientos de pasos delante de cualquier creación artificial, podríamos por ejemplo dejar de utilizar redes sociales, pobladas de señuelos IA, y eso es lo que opino sucederá. Pero les confirmo y juro, el que escribe estas líneas es un humano de carne y hueso, nacido de una mujer.