El Quicio de la Mancebía [EQM]
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- Agatha Christie y la necesidad de matar negritos
SIEMPRE que se habla de censura, censura, ¡censura! me acuerdo rapidísimo –porque la busco– de una frase que escribió el poeta Heinrich Heine a principios del siglo XIX para burlar la censura, ¡censura!, en un tiempo en que la censura, ¡censura!, como comprenderán, era severa, pero también un poquito ridícula.
«Los censores alemanes………..idiotas………..».
Y ahí quedó para la posteridad.
Censura es lo que se dice que hace ahora un grupusculillo de periodistas, traductores y editores independientes –independientes, a saber qué significará eso de independientes– con las obras de Roald Dahl o Agatha Christie. Y las redes trinan porque dicen que los gordos son gordos y que si yo quiero mirar a los niños con asco puedo hacerlo aunque me parezcan adorables y sean el futuro de la sociedad. La cosa va…
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