
Acabábamos de entrar en aquel restaurante tan auténtico que nos habían recomendado: La Maruxía… Situado justo, junto al dique del pequeño y coqueto puerto pesquero de La Guardia, en Pontevedra. Recuerdo que como hago siempre me acodé en la barra del bar esperando a que nos atendiesen, cuando de repente y empujando de espaldas la puerta de entrada al restaurante con un lado del culo, entró un hombre rana con una enorme red colgada al hombro, llena hasta los topes de percebes chorreando agua de mar recién acabados de mariscar.

Cuando se acercó el camarero a ver qué se nos ofrecía, yo, como haciéndome un poco el gracioso me puse a guiñarle el ojo y a señalarle tímidamente con el dedo al marisquero. «Quiero de eso…» No sé si se lo dije realmente o si solo lo pensé. Lo que sí recuerdo es cómo sonreía el camarero al mirarme: «Síganme…
Ver la entrada original 525 palabras más
