Cómo construir un Enemigo paso a paso

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Nada hay más útil para el poder político que un Enemigo. En primer lugar, un Enemigo facilita obtener numerosos apoyos, porque activa ciertos resortes emocionales (es decir, irracionales) que anidan en lo más hondo de nuestra naturaleza de origen animal. Pero sobre todo, el Enemigo resulta inmejorable como medio para neutralizar cualquier crítica u oposición: basta señalar al discrepante, al disidente como un colaborador del Enemigo, o identificarlo directamente con él.

Por supuesto, el mejor Enemigo es el imaginario, porque contra él no hay necesidad de defenderse realmente. Como más abstracto y de contornos borrosos sea, tanto mejor, porque eso dificulta que su existencia pueda ser puesta en duda y, sobre todo, porque se le puede achacar casi cualquier mal, convirtiéndolo en invisible y omnipresente.

Otra característica del Enemigo es que debe ser muy poderoso, con capacidad para hacernos retroceder a todos hacia edades oscuras, convenientemente recreadas. Pero tampoco conviene…

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