
Los peligros que acechan a las democracias occidentales no son tanto externos, como se nos ha querido hacer creer invocando el terrorismo islamista, los extremismos religiosos o los regímenes dictatoriales, sino internos.
En el caso de España nadie pone tan en peligro nuestra democracia como la forma de gobernar de Pedro Sánchez y su gobierno. Al mesianismo del personaje y su tendencia a gobernar según su propio capricho en un permanente culto vacuo a su imagen por encima del bienestar de los ciudadanos, se une el uso descarado de los medios de comunicación afines, sobre todo los medios públicos, el ataque constante a las instituciones y el desmantelamiento caprichoso del estado del bienestar, el populismo de su socio de gobierno y su política de promesas vacías y leyes demenciales y el aumento del independentismo excluyente de la mano de cesiones indiscriminadas.
Así pues, el enemigo está en nuestro propio gobierno…
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