Como si del número final del Gran Houdini se tratara Pablo Iglesias parece haber desaparecido de la faz de la tierra. Todo son especulaciones y cotilleos sobre la existencia de quien fuera el azote, perdón Mariló, de cuantos le contradecían.
Hoy las nalgas de la ex de Carlos Herrera descansan más tranquilas en su lugar original y han dejado de sentirse acosadas por el deseo imaginario de aquel tipo con pinta de comisario político de Stalin que armado de una fusta de nylon trenzado las imaginaba y deseaba.
Pablo ya no está en la escena política y eso intranquiliza más que lo contrario. No saber donde está este tipo, que hace, que pergeña, resulta frustrante para quienes como yo disfrutábamos azotándole con el verbo y el adjetivo, a él no a sus nalgas, Dios nos libre.
Las malas lenguas dicen que ha abandonado el marquesado de Galapagar y que su…
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Un comentario sobre “Adiós a las nalgas”