Las autoridades españolas no pueden consentir que se confunda a refugiados con delincuentes. En muchos casos son indeseables que representan en su país lo más despreciable y «perroflauta» de su sociedad.
El «mena» no es un refugiado sino resultado de la picaresca, casi siempre magrebí, y que representa una avanzadilla de las familias que pretenden vivir en España de las subvenciones y ayudas, así como cobrar futuras jubilaciones sin haber contribuido en país.
