Mi nombre es Manuela, aunque todos me llaman Manolita. Tengo diecisiete años y dicen que soy graciosa y bonita. Paso el día trabajando como costurera en un taller que no está lejos de aquí. Trabajamos mientras hay luz. Es duro pasar el día encorvada hilvanando y deshilvanando; pero las otras y yo nos entretenemos cantando y rezando el Rosario, que el ama no lo perdona ninguna tarde. El Rosario y el Ángelus.
En el taller vivíamos tranquilas; pero en la calle los vecinos estaban siempre enfadados: antes echaban la culpa al Choricero, y ahora al duque de Berzas.
Finalmente, esta mañana Madrid se ha despertado hecho una furia contra los franchutes. “Motín, motín contra los franceses” se oía gritar desde dentro del taller. Nadie pensaba ya en más guerras; y menos en una que sabíamos que nunca podríamos ganar; tan solo queríamos recuperar el respeto que se nos negaban cada…
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