Fue hace muchos años, quizás en el Pleistoceno Inferior. O en el Cretácico-Terciario.
Una bella historia de amor, de promesas que no se quebrarían, de lealtades eternas. Por ella dejé hasta la cerveza en el bar tras el trabajo. «¿Por qué prefieres estar en el bar a estar conmigo?»
Y tenía razón. Y por eso mandé el bar a la mierda (y eso que entonces se podía fumar), pues ella era mucho más interesante.
«No quiero que sigas teniendo amigas. A mi me gustan las cosas a la antigua. Y esa chica de internet, no quiero que hables con ella, por favor. Y quiero que salgas solo conmigo. A mi las moderneces no me van».
Y de nuevo ella tenía razón. Así que de nuevo le hice caso. Y fui muy feliz solo con ella, «a la antigua». Muy muy feliz. Yo solamente la necesitaba a ella.
No reniego ni…
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