#relatos
Marcelo se despertó. En su cabeza resonaban los frenéticos compases del canto goliardesco. Los Carmina Burana de Carl Orff eran una de sus obras musicales favoritas. Empezó a tararear el preludio de la cantata: “Oh Fortuna, velut Luna status variabilis…”.
Al cabo de poco tiempo, como una boya sumergida que sube rauda a la superficie cuando desaparece la presión ejercida sobre ella, afloraron los sueños.
Inmóvil en la cama, cerró los ojos y se proyectaron en su mente como si de una película se tratase. Los detalles se perfilaron con nitidez. Había vivido esas escenas con la misma intensidad que si fueran reales. Y ahora las revisaba liberadas de su carga emocional.
Marcelo se desperezó y se sentó en la cama. Tanteando con los pies buscó las zapatillas y se las puso. E hizo lo que hacía a diario: dirigirse a la ventana, apoyar las manos en el alféizar…
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