#relatos
La pérdida de sangre no me angustiaba tanto como el temor de quedarme paralítico. A causa de la presión que ejercía el correaje, no me notaba las piernas.
Me revolví furioso. Grité y juré. Poco a poco las ataduras se fueron aflojando. Conforme disponía de más espacio, más violentas eran mis sacudidas. Por fin, volqué mi peso sobre un lado y caí al suelo de golpe.
El batacazo y el frescor de las losas me trajeron a la realidad. Estaba sudando y tenía el corazón palpitante. Me toqué las piernas, las encogí, las estiré. A continuación enderecé el tronco para aliviar la tensión de la columna vertebral.
Me apoyé en la cama y permanecí así un rato.
A través de la ventana abierta contemplé las lejanas estrellas que agonizaban en el cielo.
Me puse en pie y encendí la lámpara de la mesita de noche.
La habitación estaba en…
Ver la entrada original 233 palabras más

