#relatos
Estaba tan afligido que me había olvidado de García Silva. Se había acercado y noté su presencia a mis espaldas. Lo que menos deseaba en esos momentos era tener detrás esa sombra funesta.
Me volví para comunicarle que el paseo en coche se había ido al garete. Pero lo vi tan contrariado que sólo dije: “Ya lo has oído”.
Me alejé porque quería reflexionar y con él a mi lado me resultaba imposible.
Me siguió arrastrando los pies por la tierra. Haciendo de tripas corazón y en un tono lo más persuasivo posible, hablé de nuevo.
“Nos han fastidiado a los dos. A mí más que a ti, pero en fin…Quiero pensar y descansar un rato. Desde que salí de Sevilla, no he parado. Espero que lo comprendas. De todas formas, si tengo que quedarme dos días en Aracena, vamos a tener tiempo de conversar. Ahora necesito estar solo».
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