
He de reconocer que me fascina por completo cada una de las personas que tienen un don y son capaces de vivir, o malvivir a veces, por llevar a cabo su gran pasión. Me da igual el campo en el que se desarrollen: música, literatura, cine, arquitectura u otras mil. Pero lo que verdaderamente me maravilla son los artesanos, aquellos que con sus propias manos son capaces de crear piezas únicas que resplandecer por el sudor y el esfuerzo depositadas en ellas. Da igual que sea un mueble, un vino, un vestido… y otras miles de creaciones, porque lo que de verdad las hace únicas es el contacto humano que reciben, los mimos con los que han sido creados. Hay oficios, por desgracia, que prácticamente han desaparecido, porque millones de insípidas máquinas han reemplazado a millones de personas de sus puestos de trabajo, de sus pasiones, de sus sueños. No…
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