#relatos
Debían de estar celebrando una fiesta. Me picó la curiosidad y, aunque sospechaba que a la entrada habría un portero con gorra de plato y gesto adusto, decidí probar suerte.
Pero no había cancerbero. Me aventuré entonces por el vestíbulo, recelando que en cualquier momento alguien se acercase para preguntarme si estaba invitado.
Avancé hacia la cancela, tras la que colgaba un cortinaje de terciopelo rojo que se hallaba descorrido en parte. De vez en cuando me paraba y observaba el zócalo o el artesonado.
A mi lado pasaban alegres parejas sin prestarme atención. Incluso un petimetre estuvo a punto de tropezar conmigo.
Metí las manos en los bolsillos de mis vaqueros y crucé la cancela. Lo único que podía ocurrir era que me echasen.
No era un salón, como pensé cuando estaba fuera, sino un patio porticado y cubierto por una montera. Las columnas y las losas eran…
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