#relatos
Conforme me alejaba, me iba apaciguando. El encuentro con García Silva me había desazonado.
En realidad no habíamos sido amigos a pesar de vivir cerca uno de otro. Nuestras relaciones se habían limitado a un cruce de saludos y al intercambio de algunas frases.
Era un niño que no se integró en ninguna pandilla, y que no participaba en los juegos.
Aunque hacíamos chistes a su costa, nos guardábamos de burlarnos de él en su presencia, sobre todo a raíz de un lamentable incidente.
Uno de los chavales, que se las daba de gracioso, se dirigió en una ocasión a García Silva llamándolo “esparraguera”. No obtuvo respuesta. El provocador tomó nota de esta reacción y esperó el momento propicio de volver a la carga.
Mientras tanto, no se privaba de ridiculizar a García Silva. Nunca se refería a él por su nombre sino por un mote. El Cara-coliflor era…
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