
Leyendas urbanitas
cuentan de un tonto,
que a un gran aparcamiento,
de carruajes casi vacío,
conduciendo llegó,
y que tanto espacio libre
el pobre vio,
que ningún sitio,
al principio
para aparcar escogió,
y un buen cuarto de hora,
por la zona dando vueltas
el pobre diablo se tiró,
hasta que al fin,
bajo la sombra de un árbol,
y cerca de la puerta
entre el Suburban del Sheriff
y el Crown Vic del ayudante,
el muy tunante,
no tan tonto,
como al llegar
nos parecía,
a parar se decidió.
Y parecido le ocurrió,
al concienciado
y cívico ciudadano
que muy Obamizado,
por ecologistas adoctrinado
y virtualmente lobotomizado,
frente a un gran número
de inútiles contenedores,
y con la cáscara del huevo
recién almorzado,
sujeta en la mano,
escoger tampoco podía
entre el contenedor,
color verde acampanado
o el oloroso cubo de basura
más cercano.
Pero volviendo a lo…
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