Nuestro tiempo rinde un culto palabrero a la libertad individual, y al mismo tiempo prohíbe a unos padres que puedan sacar a su hijo enfermo de un hospital, donde no le ofrecen ninguna esperanza de curación, a fin de someter al niño a un tratamiento experimental. (Caso Charlie Gard.) El niño muere poco después, sin que sepamos si se hubiera podido salvar o no. Probablemente no, pero ¿qué mal había en intentarlo?
Obsérvese que se trata exactamente de la situación opuesta a la de algunos padres, pertenecientes a una conocida secta, que son obligados a consentir una transfusión de sangre, en contra de sus creencias religiosas, para salvar la vida de su hijo. Aquí, un juez antepone, (correctamente, en mi opinión) el derecho a la vida del menor a la patria potestad; allí, otro juez antepone no entiendo muy bien qué (¿el aberrante “derecho a la muerte digna”?) a…
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