
En los años 60 el prestigioso investigador subacuático Jacques Cousteau, junto con su familia, llevó a cabo una serie de experimentos sobre habitabilidad bajo el agua. Durante varias semanas, vivieron en habitáculos submarinos situados a profundidades de hasta 100 metros.
Nótese que no tenían problema alguno en fumar a pesar de estar en un ambiente cerrado con atmósfera controlada. Bastaba con renovar y filtrar el aire cada cierto tiempo, cosa recomendable en cualquier circunstancia, se fume o no. El resultado: un aire de mayor calidad que el que se respira en cualquier ciudad.
No fueron los únicos que fumaron bajo el agua. Hoy en día, la moderna flota de submarinos nucleares de la armada de los Estados Unidos, dispone de salas para fumar y relajarse. Una vez más, el aire se renueva y se filtra con frecuencia y la calidad de la atmósfera abordo es superior a la de cualquier…
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