En el más-humeante-que-nunca retorno de Twin Peaks.
Sin excusas, sin paliativos, sin tapujos y con descaro rebelde y revolucionario. David Lynch se ha hartado de que le persigan. Y ha dispuesto que sus guiones y su cámara cuenten las cosas como no las cuenta Hollywood.
En la serie original de Twin Peaks, la gente aún fumaba. El tabaco era presentado como algo natural, perfectamente normal y en muchos casos glamuroso. Incluso se mostraba como un símbolo de poder, sexual y monetario.
Pero a principios de los 90, comenzaba a arreciar la galerna antitabaco que obligaría a dejar de fumar y rendirse al guión «políticamente correcto», en el último episodio, a irredentos fumadores como el Teniente Colombo, el detective Mike Hammer o el también detective Rockford.
Twin Peaks debió salvarse por los pelos, pensé hace un par de años al volver a ver la serie.
Y dado…
Ver la entrada original 964 palabras más
